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El reino de las sombras

LPC en automata | Mayo 21, 2009

img-front.jpgLeyendo libros que se acumulaban en mi mesilla me he topado con un artículo maravilloso que debería haber estado en mi libro de autómatas, por razones que solo se revelarán durante la lectura del mismo. Maximo Gorky visita el programa de los hermanos Lumière en Nizhny-Novgorod, la feria rusa que organiza el empresario victoriano Charles Aumont y escribe un texto que publicaría tres días más tarde, el 4 de julio de 1896, bajo el seudónimo I.M. Pacatus: Anoche visité el reino de las sombras.

Anoche visité el Reino de las Sombras. Si supierais cuan extraño es estar allí. Es un mundo sin sonido, sin color. Allí, todo - la tierra, los árboles, la gente, el agua y el aire - está sumergido en un gris monótono… No es la vida, sino su sombra… Y todo ello en un extraño silencio en el que no se oye el chirriar de las ruedas, ni los pasos, ni las palabras. Ni una sola nota de esa intrincada sinfonía que siempre acompaña a los movimientos de las personas

Qué texto más iluminador para acompañar a Lo Siniestro de Freud.

Yo lo he leído en el Libro de Fantasmas de la editorial 451, una edición irregular pero atípica de Juan Sebastián Cárdenas con un bellísimo fotograma del Solaris de Tarkovski en la portada, Allí dicen que es la primera traducción al castellano, aunque yo lo he encontrado también aquí.

El texto completo (la Red tiene caminos misteriosos) lo podrán leer después del salto, con el programa que tanto impresionó a Gorki.


EL REINO DE LAS SOMBRAS
por Maximo Gorki (4 de julio de 1896)

Ayer viajé al reino de las sombras. Es una región inconcebiblemente extraña, despojada de sonidos y colores. Todo, la tierra, los árboles, las personas, el aire, el agua, está pintado en grisalla. Se ven ojos grises en rostros grises. Un sol plomizo brilla en un cielo gris, y las hojas de los árboles son de un gris ceniciento. La vida se reduce allí a una sombra, y el movimiento, a un fantasma silencioso.

Estoy a punto de verme tratado de loco o de simbolista, y me veo obligado a explicarme. Esto ocurrió en el café Aumont, donde mostraban el cinematógrafo, las imágenes animadas de los hermanos Lumiére. Este espectáculo me causó una impresión tan compleja y singular que, incapaz de pintar su infinita diversidad, me conformaré con evocar su naturaleza lo más fielmente posible. Apagada la sala, una imagen grisácea surge en la pantalla, como la sombra empalidecida de un grabado malo. Una calle de París. En ella reconoce uno, en una inmovilidad petrificada, coches, edificios, personas en diferentes poses. Todo es gris, incluso el cielo. Esta imagen trivial no despierta ninguna curiosidad entre el público, que ya ha visto representadas innumerables arterias parisienses. Pero, de repente, con una extraña vacilación, la imagen se anima. Los coches se ponen en marcha y, amenazadores, ruedan derechos hacia el espectador sentado en la oscuridad. Al fondo aparecen siluetas indistintas, que crecen a ojos vista a medida que se acercan. Delante, unos niños juegan con un perro, los peatones cruzan la calle zigzagueando entre los vehículos, los ciclistas pasan y vuelven a pasar. Todo es pura vida, urgencia, movimiento. Todo se mueve y luego se desvanece.

Pero esta actividad se pierde en un silencio extraño; no se oye ni el fragor de las calles, ni el eco de los pasos, ni el de las conversaciones. Nada, ni una sola nota de la complicada sinfonía que acompaña los movimientos humanos. En silencio, el viento agita el follaje color ceniza. En silencio, seres grises se deslizan por el suelo gris, condenados al mutismo eterno, privados por un castigo cruel de los colores de la vida. Sus gestos llenos de energía son vivos, hasta el punto de que resulta difícil seguirlos, pero la vida ha abandonado sus sonrisas, y su risa es muda, a pesar de la hilaridad que contrae sus rostros grisáceos. La vida surge ante nuestros ojos, apagada, sin voz, sombría y lamentable, con sus múltiples colores desteñidos.

Es un espectáculo terrible. Y, sin embargo, no es un teatro de sombras. Uno piensa en esas ciudades que un fantasma, una maldición, un espíritu maligno, han sumido en un sueño eterno. Parece que Merlín el Encantador nos enseña una de sus malas pasadas: ha hechizado una calle, reduciendo sus edificios imponentes, desde el techo a los cimientos, a un tamaño insignificante, empequeñeciendo proporcionalmente a las personas y privándolas de la palabra, y ha difuminado los colores del cielo y de la tierra hasta fundirlos en una grisalla uniforme. Después, ha cogido su creación grotesca y la ha plantado en una sala de restaurante con las luces apagadas.

Hay unos chasquidos, y todo desaparece de pronto. Surge un tren que, como una flecha, se lanza directamente sobre el espectador. ¡Cuidado! Abalanzándose en la oscuridad, se dispone a transformarle a uno en un saco de piel mutilada, lleno de picadillo humano y huesos rotos, y teme uno que destruya esta sala, esta casa donde abundan el vicio, las mujeres y la música, donde el vino corre a raudales, y no deje tras de sí más que ruinas y polvo. Pero, en realidad, no es más que un tren fantasma.



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También se puede encontrar este artículo en el pack en dvd de josé luis guerin y, como no, en tren de sombras se reflexiona también sobre ello. Lo recomiendo encarecidamente


Puesto por Blake Doyle a las Mayo 21, 2009 04:17 PM

Es un texto magnífico; el hombre ante un descubrimiento, una gran novedad, un nuevo mundo. Gracias por compartir.

[atanorblog.wordpress.com]


Puesto por Edgar Valdés a las Mayo 21, 2009 04:38 PM

Magnífico texto, magnífica reseña de un hecho que, hoy, nos podría parecer trivial, pero que, sin duda, debió de ser fantástico ... por lo menos para Gorky y alguno más.


Puesto por Celebes a las Mayo 21, 2009 07:56 PM

que observacion tan magnifica: me e quedado sin aliento por leer este paisaje que tantas veces e querido describir, el mundo real de mis dias, el camino a llegar a casa pero de manera tan trivial que me da miedo.
pero ¿como no poder tener miedo?... si ese es el motivo de lo cual podremos describir las cosas...


Puesto por leonardo zamarripa a las Mayo 21, 2009 10:21 PM

Caray con el café Aumont. Por lo que dice Gorki debía de ser un garito con mucha marchita.


Puesto por Ondurman a las Mayo 23, 2009 12:16 AM

La pequeña Ana de El Espíritu de la colmena pregunta en voz muy baja ¿Cómo sabes que él no muere? -Porque en el cine todo es mentira. Además, yo lo he visto a él vivo. Era cierto que el monstruo de Whale ni vivía ni moría. El muerto vivo de Coppola sufría por amor al mundo real y no pudo sentir esas luces artificiales como un alivio en su condena.


Puesto por sm a las Mayo 25, 2009 01:21 AM