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Mad Men 02: el síndrome blockbuster

LPC en media | Marzo 26, 2009

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Aunque los créditos son feos de llorar, las claves más superficiales de la primera temporada se aprecian ya en el trailer: está rodada con gusto y con pasta, son unos sesenta de revista de decoración y Christina Hendricks y quienquiera que la viste son el mejor combo de la historia de la pequeña pantalla. Eso son los colorantes; las vitaminas y minerales son todo lo demás.

Piloto: Lucky Strike, cliente de la agencia de publicidad Sterling Cooper, tiene un problema. Nueve de cada diez médicos ya no aseguran que fumar es bueno para la salud; de pronto hay al menos cuatro que aseguran que da cáncer. Para resolverlo, el genio de la agencia Don Draper se reune con el fundador de la empresa y su hijo. Durante ese intercambio, Mad Men nos plantea una oscura reflexión sobre la generación que heredó américa y nos enseña el principio básico de la publicidad moderna.

Es una de mis escenas favoritas (posiblemente idealizada, cito de memoria). A Draper el asunto del cáncer se le ha hecho bola. Lleva días buscando un concepto nuevo, sin encontrarlo. ¿Por qué fuma la gente lo que fuma? Buscando la luz al final del tunel, le pregunta al joven heredero cómo procesan su tabaco y el tipo le dice que no sabe. El padre, que hasta entonces ha estado callado, le mira incrédulo y le dice: hijo, me avergûenzo de tí. Y detalla, paso a paso, el intríngülis de su negocio, que conoce como si lo hubiera parido porque, a diferencia de su perfumado repollo, ha puesto hasta el último gramo de su alma en él. Y, de repente, ocurre: Lucky Strike tuesta su tabaco.

¡Pero las otras marcas también lo hacen!- protesta el hombre. No -le explica Draper triunfante.- Las otras marcas dan cáncer. Nosotros tostamos.

La serie es tan excepcional que, cada vez que lo pienso, se me ocurren más. Como el día que Draper está montando la casita de su hija por su cumpleaños y su mujer y la vecina le miran desde la ventana. ¡Qué hombre! -dice la vecina. I know! -suspira la bella señora Draper. Acto seguido, el hombre se mete en el baño para lavarse las manos y se encuentra con otra casa de muñecas: la jabonera es una mano de porcelana que sujeta un jaboncito con forma de capullo de rosa. Todas las toallas son tamaño bidet y llevan flores bordadas hasta en la etiqueta. Y nosotros podemos oler ese baño antes de que se seque en la camiseta en plan Kowalski y vuelva al jardín a terminar lo que ha empezado. Qué momento tan sobrio y excepcional. O cuando su señora coge el rifle, en un homenaje sencillísimo pero estelar al Hitchcock freudiano de Los Pájaros. O cuando, al final de la temporada, Draper recoge la petición de Kodak de anunciar la rompedora tecnología de una nueva máquina de diapos y les devuelve el Carrusel, cerrando la temporada con el corazón en alto, hinchado de amor.

Siete años en barbecho. A diferencia de otras series -de casi todas las series- Mad Men no se revuelca en esos momentos de belleza radiante, sino que los deja caer como si no fueran nada, con el rítmo narrativo de un humilde café de máquina. No se encharca en una banda sonora omnipresente que nos indique el estado anímino de cada escena. A cambio, la cámara se restriega lascivamente donde debe: esos primeros sesenta americanos, que no son como en realidad fueron sino como los imaginamos gracias a Vogue, al filtro sepia y al Vanity Fair; esos miles de millones de cigarrillos que se fuman todos y todas durante todo el rato en todos lados; esos despliegues machistas (Even in our modern times, easy women don't get husbands!) y, sobre todo, en el glorioso culo de Christina Hendricks, que va por ahí como por su cuenta, orquestado por un Dios-Karajan generoso con la humanidad, en un plano de existencia imposible e irrefutable a la vez.

Mad Men tiene la sangre pura y la mirada caleidoscópica y preciosista de un proyecto que ha pasado siete años en el cajón mientras Matthew Weiner hacía galeras en Los Soprano. Por eso duele tanto la segunda temporada, que llega como un frasco nuevo de tu perfume de toda la vida al que sin aviso previo le han cambiado la composición.

Para empezar, los personajes se han vuelto bidimensionales y sus penosos asuntos de cama ocupan casi todo el espacio del guión, en lugar de salpimentar los temas de fondo que de verdad importan, que es lo que hace grande a la primera. Don Draper, antes un personaje complejo pero comprensible con un pie dos décadas por delante de la suya, se ha convertido en un papanatas que corre en todas direcciones a la vez. Su mujer, heredera de Grace Kelly y de Tippi Hedren, se rebaja al cliché amarillento de esposa neurótica. Los escotes se abren, las ballenas se ensanchan. Christina Hendricks empieza a usar una talla menos de todo; ahora en lugar de Dios, parece una buscona.

Los personajes siguen estando desesperados, pero han perdido la inspiración. Aunque han invertido mucha más pasta y casi duplicado su audiencia, Mad Men 02 parece más barata, más apresurada y de alguna manera, deprimente. Es posible que a las series les ocurra lo que a los grupos después de un superventas: han pasado tanto tiempo de gira, de promo y de juerga que, cuando le toca cumplir con sus responsabilidades, acaban sacando al mercado un paquete con las caras B que descartaron en el primero y un puñado de cosas a medio cocinar.

De momento, he dejado de verla más o menos a la mitad y cruzo los dedos para que llegue la tercera y sea maravillosa. Cuando ocurra, me avisan. Por favor.




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Una serie fascinante. Al principio no me enganchó porque tenía la sensación de que se centraban más en crear un ambiente perfecto que en las historias, pero luego resultó que las historias estaban debajo de las lápidas del pasado de los protagonistas.

Aún no he empezado la segunda temporada, pero temía algo parecido a lo que cuentas. Por eso me gustan tanto las series de la BBC, porque duran lo justo para dejarte con ganas de más sin decepcionarte.

Xx


Puesto por Seretuaccidente a las Marzo 26, 2009 03:36 PM

Antológico.

Interesa lo que cuentas, tu mirada, hayamos visto o no la serie.


Puesto por Leandro a las Marzo 26, 2009 05:12 PM

Creo que no te has dejado ni uno solo de mis momentos favoritos de la primera temporada. El culo de la Hendricks incluido, claro. Y ahí tengo la segunda temporada, esperando su turno, pero después de lo que cuentas, creo que acabará pasando por mi tele más tarde que pronto. Qué bajón si es tal y como la pintas.


Puesto por Manuel B. a las Marzo 26, 2009 08:49 PM

'Mad Men' me parecía una serie interesante y le di una oportunidad pero después de 2/3 de temporada la verdad es que no he visto "esa gran serie" por ningún sitio, muy al contrario que me ha ocurrido con 'Damages' o 'In Treatment'. Ahora estoy con BSG pero voy a volver a ver 'Mad Men' y a intentar que me seduzca... aunque dudo que lo consiga.


Puesto por bydiox a las Marzo 27, 2009 09:28 AM

Lo siento, pero no estoy de acuerdo, creo que la segunda temporada de Mad men es grandiosa. Tampoco comparto lo de los títulos de crédito, me parecen preciosos.


Puesto por pomelito a las Abril 3, 2009 08:09 PM

Los créditos con su música son espectaculares,
En referencia a la 2da temporada, es lógico pensar que ha bajado su nivel, quizás los conflictos no son de tu agrado, pero siguen ahí los dialogos amargos y frustrantes.
Pero vamos que no te creo que has dejado de verla a mitad de segunda temporada.


Puesto por Alkser a las Abril 13, 2009 11:10 PM