Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco
LPC en la biblioteca | Febrero 07, 2007
Parece que ese sentimiento de culpa que arrastramos los afortunados -eso de pensar que la felicidad tiene un precio- no es la herencia judeocristiana; es el hybris.
La religión griega ignoraba el concepto de pecado tal como lo concibe el cristianismo, lo que no es óbice para que la hibris parezca la principal falta en esta civilización. Se relaciona con el concepto de moira, que en griego significa ‘destino’, ‘parte’, ‘lote’ y ‘porción’ simultáneamente. El destino es el lote, la parte de felicidad o desgracia, de fortuna o desgracia, de vida o muerte, que corresponde a cada uno en función de su posición social y de su relación con los dioses y los hombres (véase en el artículo moira la división del mundo realizada por los tres grandes Crónidas, que determina el destino de cada uno). Ahora bien, el hombre que comete hibris es culpable de querer más que la parte que le fue asignada en la división del destino. La desmesura designa el hecho de desear más que la justa medida que el destino nos asigna. El castigo a la hibris es la némesis, el castigo de los dioses que tiene como efecto devolver al individuo dentro de los límites que cruzó.Herodoto lo expresa claramente en un significativo pasaje:
Puedes observar cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición; en cambio, los pequeños no despiertan sus iras. Puedes observar también cómo siempre lanza sus dardos desde el cielo contra los mayores edificios y los árboles más altos, pues la divinidad tiende a abatir todo lo que descuella en demasía. — Historia, VII, 10

Una interpretación distinta, esta vez a manos de los hombres. También Herodoto en Historia:
Trasibulo saca al enviado de Periandro a paseo fuera de la ciudad, y éntrase con él por campo sembrado, y al tiempo que va pasando por aquellas sementeras, le pregunta los motivos de su visita, y vuelve a preguntárselo una, y otra, y muchas veces. Era, empero, de notar que no paraba entretanto Trasibulo de descabezar la espigas que entre las demás veía sobresalir, arrojándolas de sí luego de cortadas, durando en este desmoche hasta que dejó talada aquella mies, que era un primor de alta y bella.
Donde Trasibulo responde así a la pregunta de Periandro sobre qué hacer para lograr mantener a su pueblo sumiso y acobardado bajo su mandato.
Desprovista de los matices divinos o mitológicos, la misma conducta desde los griegos a El Príncipe.
Puesto por Spleen a las Febrero 7, 2007 09:10 AM