los palacios de la memoria
LPC en la biblioteca | Enero 16, 2007
En un banquete en casa de un honorable de Tesalia llamado Scopas, el poeta Simónides de Ceos recitó un poema en honor de su anfitrión. El poema cantaba lo típico: la generosidad de Scopas, la hospitalidad de su casa, la belleza de su señora, etc. Sin embargo, Simónides añadió unas estrofas en honor a Cástor y Pólux. Un poco picado, Scopas le dijo que, ya que debía compartir la gloria con los gemelos sagrados, era justo que también compartiera los gastos: Simonides recibiría sólo la mitad de lo acordado y no había más que hablar. Poco más tarde, un criado anunció que dos hombres jóvenes querían hablar con el poeta y Simonides salió al jardín.
Cuando llegó, la inesperada visita se había esfumado pero, al volver, Simonides se encontró que el techo del palacio se había desplomado sobre los invitados, matando a todos en el acto. Los misteriosos jóvenes -Castor y Polux in disguise- habían pagado su mitad salvándo al poeta de una muerte segura.
Los cuerpos estaban tan desmigajados que los familiares no encontraban la manera de distinguirlos para darles sepultura. Por suerte, Simonides pudo identificarlos uno por uno, recordando las posiciones en las que estaban sentados. Cicerón cuenta en su De oratore que, en ese preciso instante, nació el Arte de la Memoria, una disciplina prácticamente olvidada, pero que tuvo un lugar privilegiado en los orígenes de la cultura occidental.
Simonides se dio cuenta de que la memoria y el espacio estaban fuertemente relacionados y concluyó que cualquier persona podría desarroillar su memoria aprendiendo a formar imágenes mentales de lo que quisiera recordar y colocándolas en un espacio arquitectónico, imaginario o real, de manera que su posición en dicho espacio marcaría el órden de los objetos y los objetos, los conceptos asociados a ellos, del mismo modo que se usaban las tablillas de cera y las palabras grabadas en ellas.
Hace unos días me llegó The Art of Memory, un libro que leí hace años y que siempre quise volver a tener. Su autora, Frances A. Yates, explica los orígenes de la memoria como arte, de Simónides a nuestros días, pasando por el teatro de la memoria de Giullio Camillo, la tradición hermética de Giordano Bruno y la evolución asombrosa de su arquitectura.
En el primer capítulo, explica:
En el mundo antiguo, privado de imprenta, sin papel para tomar notas o mecanografiar discursos, entrenar la memoria era de vital importancia. Y la memoria del mundo antiguo se practicaba como un arte que reflejaba el arte y la arquitectura del mundo antiguo, que podría depender de una habilidad para crear intensas memorias visuales que nosotros hemos perdido
Me gusta especialmente este trozo porque Yates publicó su libro en 1966; si lo hubiera publicado ahora sería muy distinto. También me gusta porque me recuerda a la historia de Hermes y el faraón, que le echa la bronca porque, al inventar la escritura, los que saben olvidarán lo que saben y los que no saben aparentarán saber, convirtiendose en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad, y a mi historia favorita de Los Viajes de Gulliver, que tiene lugar en la Gran Academia de Lagado:
Fuimos luego a la escuela de idiomas, donde tres profesores celebraban consulta sobre el modo de mejorar el de su país.El primer proyecto consistía en hacer más corto el discurso, dejando a los polisílabos una sílaba nada más, y prescindiendo de verbos y participios; pues, en realidad, todas las cosas imaginables son nombres y nada más que nombres.
El otro proyecto era un plan para abolir por completo todas las palabras, cualesquiera que fuesen; y se defendía como una gran ventaja, tanto respecto de la salud como de la brevedad. Es evidente que cada palabra que hablamos supone, en cierto grado, una disminución de nuestros pulmones por corrosión, y, por lo tanto, contribuye a acortarnos la vida; en consecuencia, se ideó que, siendo las palabras simplemente los nombres de las cosas, sería más conveniente que cada persona llevase consigo todas aquellas cosas de que fuese necesario hablar en el asunto especial sobre que había de discurrir. Y este invento se hubiese implantado, ciertamente, con gran comodidad y ahorro de salud para los individuos, de no haber las mujeres, en consorcio con el vulgo y los ignorantes, amenazado con alzarse en rebelión si no se les dejaba en libertad de hablar con la lengua, al modo de sus antepasados; que a tales extremos llegó siempre el vulgo en su enemiga por la ciencia. Sin embargo, muchos de los más sabios y eruditos se adhirieron al nuevo método de expresarse por medio de cosas: lo que presenta como único inconveniente el de que cuando un hombre se ocupa en grandes y diversos asuntos se ve obligado, en proporción, a llevar a espaldas un gran talego de cosas, a menos que pueda pagar uno o dos robustos criados que le asistan. Yo he visto muchas veces a dos de estos sabios, casi abrumados por el peso de sus fardos, como van nuestros buhoneros, encontrarse en la calle, echar la carga a tierra, abrir los talegos y conversar durante una hora; y luego, meter los utensilios, ayudarse mutuamente a reasumir la carga y despedirse.
Mas para conversaciones cortas, un hombre puede llevar los necesarios utensilios en los bolsillos o debajo del brazo, y en su casa no puede faltarle lo que precise. Así, en la estancia donde se reúnen quienes practican este arte hay siempre a mano todas las cosas indispensables para alimentar este género artificial de conversaciones.
Otra ventaja que se buscaba con este invento era que sirviese como idioma universal para todas las naciones civilizadas, cuyos muebles y útiles son, por regla general, iguales o tan parecidos, que puede comprenderse fácilmente cuál es su destino. Y de este modo los embajadores estarían en condiciones de tratar con príncipes o ministros de Estado extranjeros para quienes su lengua fuese por completo desconocida.

un post magnífico, delicioso.
tanto que no puedo aguantarme plantearte una pregunta: parece que hay un modo de la memoria bien localizada en la anécdota inicial, la de los lugares de los muertos en la memoria del poeta por los lugares que ocupaban que es a la que se remite el nacimiento de las artes de la memoria.
pero en mi opinión el núcleo más interesante del relato está en realidad en la relación que se establece entre la mención de los gemelos en el relato del poeta y la bifurcación de destinos mortales que inmediatamente ella abre. una posibilidad es la de la suya, por descortés, después de una rebaja en los estipendios bien merecida.
la otra es -como alternativa- la de todos los demás, traída de alguna forma por la propia mención. en este caso la memoria del poeta sería "productiva", tendría una eficacia: la de convocar a sus propios salvadores.
en vez de rescatar a los fantasmas del pasado (como al cabo después hizo), atrajo a los del futuro. y en haciéndolo se libró de la suya propia. qué clase de memoria prospectiva sería esa? algún arte de la memoria la contempla? acaso no coincidirían en ella las artes de la memoria -y las de la retórica ... ?
Puesto por José Luis a las Enero 16, 2007 08:26 PM