CDSDR II: DESHAZTE DE LA VIEJA
LPC en sin dejar rastro | Junio 26, 2006
Quema toda tu documentación y todas tus fotos. No sólo las tuyas sino las de tus ex-novias, amigos, familiares, restos de bodas, cumpleaños... quema cartas, poemas, anuarios de clase, pases de piscina, partes médicos, seguros para la bicicleta. Si tienes tiempo, visita a todo aquel que tenga fotos recientes, róbalas y quémalas. Cuando se den cuenta ya estarás lejos.
Deja toda tu ropa en un contenedor de la beneficencia y cómprate tres mudas que no usarías ni muerto en cualquier otra circunstancia. Abandona tus botas de piel de lagarto, tu colección de vinilos, el sinte que le compraste a un tío que se lo compró a un tío que se lo compró a un yonqui que se lo robó a kraftwerk en su primera visita a españa cuando estaban descargando los cacharros del camión. Abandónalo todo. Tu nuevo yo es como la oruga del cuento, todo vaqueros y camisa de cuadros, antes de convertirse en George Clooney. Ya tendrás tiempo de llevar ropa interesante cuando te hayas integrado en tu nueva personalidad.
-Cancela todas tus cuentas. Cuando salgas por la puerta, lo único que debes llevar contigo es dinero contante y sonante. Pide que te den billetes pequeños, mete doscientos o trescientos euros en la billetera y el resto en una mochila cutrona que nadie quiera robar. Si te paseas con más de trescientos euros en la cartera recibirás más atención de la que te conviene y lo perderás todo en el primer callejón.
Las tarjetas con banda magnética son veneno para el fugitivo. La mayor base de datos personales del mundo no la tiene la CIA sino Walmart, la gran cadena americana, gracias a sus tarjetas de puntos. Utiliza tu tarjeta para cargar gasolina una sola vez y la habrás cagado. Por sensato que parezca, no caigas en la tentación de la "tarjeta de emergencia" o terminarás usándola y tu viaje habrá acabado más rápido que la gran orquesta del Titanic. Lo más inteligente es quemar todas las tarjetas de puntos y "perder" las tarjetas bancarias (después vaciar las cuentas) para que algún chorizo deje las pistas falsas por ti. "Pierde" también tu teléfono móvil. Deja todo por el barrio; parecerá que nunca saliste de allí.
-Vende tu coche. Siempre a un particular que no tenga la evidente intención de usarlo para asaltar un banco o secuestrar a una menor porque, si tu coche se mete en líos y tú has desaparecido, el "ruedas" será la más pequeña de tus preocupaciones. Véndelo en otra ciudad -a ser posible en dirección contraria a tu camino de huida-, pide dinero en metálico y no des explicaciones. Si tienes propiedades, véndelas a buen precio a través de tu abogado. No vendas la casa que tienes a medias con tu ex-mujer porque, en el extraño caso de que ella no te encuentre, su abogado lo hará. Nunca sobrestimes la comisión de un abogado sobre propiedades inmobiliarias.
-Deshazte de tus amigos. Ya sabes cómo es la gente; basta que desaparezcas para que todo el mundo te busque como si fueran a tener un hijo tuyo. Por eso durante meses cultivarás el desprecio y el olvido de todos aquellos que puedan echarte de menos si un día no estás. No busques aliados en tu huida; los cómplices son los eslabones débiles de cualquier operación. Deja de contestar el teléfono, haz trampas jugándo a las cartas, sé grosero con tus colegas y métele mano a sus novias. Desapúntate de cualquier club que tenga actividades periódicas y monta un escándalo en tu bar favorito. Asegúrate de que nadie te busca cuando eches a correr. Es la parte más difícil pero también la más importante. Si todo sale bien, nunca les volverás a ver.
-Destruye tu disco duro. Tu ordenador sabe más de ti más que tu propia madre. Para sellar sus labios para siempre, hazte con un LiveCD (Ubuntu, Linex, Knoppix) y llénalo de ceros con el comando 'dd if=/dev/zero of=/dev/hda'. Después del tratamiento contendrá la misma información que una patata. Si no tienes tiempo, formatéalo y mételo en el horno hasta que se ponga rojo. Cuando esté lo suficientemente frío para cogerlo sin sufrir quemaduras, tíralo a un contenedor.
No te conectes a la Red. Si es estrictamente necesario, hazlo desde ordenadores públicos en estaciones, centros comerciales y cabinas, nunca en Cybercafes. No mires el correo. ¡No tengas correo! Si y sólo si es cuestión de vida o muerte, crea un correo en el momento y usa Mixmaster, un programa que toquetea fechas y localizaciones. No uses nada que requiera identificación y usa un nick diferente cada vez. Mantente alejado de los programas de mensajería instantánea, de los chats y de Skype. Y, si has sido tan estúpido como para conservar una tarjeta de crédito, no compres nada. Menos que nada un billete de avión.
-Escoge un destino. Dependiendo del calibre de la cagada, deberás decidir si te vas de la ciudad o abandonas el país, siendo la segunda opción la más sensata, aunque terriblemente infravalorada por fugitivos vagos o ilusos. A no ser que el motivo de tu huída sean cincuenta millones de euros en billetes pequeños sin marcar -en cuyo caso estos consejos son como lágrimas en lluvia porque, vayas donde vayas, te encontrarán- escoge un lugar donde puedas encontrar trabajo y empezar otra vez. Ten en cuenta el idioma y el nivel de vida de la ciudad que elijas y no vayas a un sitio donde tengas amigos porque ya no tienes amigos, sólo intrusos que te pueden reconocer. Y prepárate para cambiar de rumbo a la menor provocación. La flexibilidad y adaptabilidad son las mejores armas de supervivencia.
En episodios anteriores: Cómo desaparecer sin dejar rastro (introducción) y CDSDR I: consigue una nueva identidad.
Próximamente: Decálogo del fugitivo (y III)

Al doctor Kimball le chiflaría este coleccionable en cómodos fascículos.
Puesto por a las Junio 26, 2006 12:52 PM