lastsupper.jpg

babyface, el montaje del director

LPC en Filmoteca | Enero 17, 2005

babyface2.jpgTodo coleccionista, archivista o funcionario de documentación sueña con este momento. El milagro ocurre raramente, pero ocurre. Y le ocurrió al comisario de cine de la biblioteca del Congreso Michael Mashon cuando descubrió que tenía dos copias de la misma película y una era ligeramente más larga que la original: A los cinco minutos supe que se trataba de una versión diferente. No puedo ni empezar a describir la alegría inmensa del descubrimiento, la emoción de saber que era la primera persona desde 1933 que veía la versión sin censurar de Baby Face.

La nueva versión se estrenó hace un mes en el festival de cine de londres y tendrá su premiere americana en el Film Forum de Nueva York el próximo dia 24 de enero.

Baby Face es, como apunta Dave Kehr en el NY Times, uno de los títulos más emblemáticos de la era dorada de Hollywood y, al mismo tiempo, una de las diez películas que propició el cancer de consumiría a la indústria durante casi cuatro décadas: el Código Hays.

El Motion Pictures Production Code, que pasó a la historia como el código Hays en honor al ex-cartero que encabezó la oficina, fue la respuesta de las autoridades a la creciente influencia de la recién llegada indústria del cine y la falta de valores de algunos de sus títulos más populares. Los escándalos de sexo, drogas y alcohol que caracterizaron los primeros años de Hollywood salpicaron a las autoridades al cargo y se estableció un comité para asegurarse de que no picture shall be produced which will lower the moral standards of those who see it. Hays y su equipo mutilaron, prohibieron y devolvieron todas aquellas películas que no cumplieran sus estrictos códigos de conducta, incluyendo a los dos personajes favoritos de américa: la zorra y el gángster. El desnudo, los bailes pegados, los besos (sin lengua) de más de tres segundos, las bromas a costa del pastor local... todas esas diversiones quedaron fuera, junto con cualquier alusión al sexo, a las drogas, las enfermedades venéreas, la procreación, el divorcio... Familias enteras de palabras fueron expulsadas del diccionario de un Hollywood que se quedó, irónicamente, en bragas, en plena ley seca, afrontando la crisis de entreguerras y con hambre de retorcidas pasiones cenagosas que llevan a los hombres a la perdición.

Hays estableció también una estructura básica para tratar lo que hoy llamamos el Happy Ending: todo personaje cuyas actividades fueran delictivas o moralmente condenables sería castigado con la pena capital, al menos en pantalla. Ese destino fatal persiguió durante décadas, no sólo a los criminales y a los traficantes de opio que levantaban su imperio de drogas en la parte de atrás del casino. La mano implacable de dios se ensañó especialmente con la adúltera y el desviado.

El documental El celuloide oculto, un clásico imprescindible para cualquier entusiasta del género, describe detalladamente lo que le esperaba al pobre imbécil al que le tocaba hacer de gay. Mientras el negro de los noventa moría dignamente salvando al resto del casting de un edificio en llamas o una bomba a punto de estallar (¡¡seguid sin mi!! ¡¡salvaos vosotros!!), el marica de los años treinta, cuarenta y cincuenta sufría un tormento similar a la esquizofrenia que destrozaba su vida y que, invariablemente, acababa mal. Podía ser un enfermo -o un ser repulsivo que la enchufaba en cualquier sitio- y la jóven lesbiana una joven confundida por un tráuma de su niñez o un vampiro de pechos turgentes con más hambre de sexo que de sangre fresca, pero ámbos debían palmar antes de cerrar cortinas o el título se devolvía con la banda roja de Rejected. Bye bye, invertidos. ¡Bon Jour Shirley Temple!

babyfacecover.jpgBabyface, un guión original de Darryl F. Zanuck dirigido por Alfred E. Green y protagonizado por Barbara Stanwyck es, junto con Public enemy, uno de los pocos títulos de la era pre-Hayes, hoy conocida como El Hollywood Prohibido. Pero también tuvo sus tijeretazos. La historia de Lily Powers, una Estella moderna y desalmada que empieza alquilando sus encantos en el cuarto trasero de la tienda paterna y escapa de ser vendida por su propio padre a un político corrupto para subir a zancadas una dudosa escalera del éxito en la ciudad de Nueva York les pareció sin duda la película más sórdida que nadie pudiera imaginar. Los rollos llegaron de vuelta el 28 de abril de 1932 sin documento alguno que explicara las razones de su rechazo. Eran obvios.

La versión que sobrevivió, y que ha sido la oficial durante 71 años, tampoco es moco de pavo. Es fácil suponer que la misma Warner Brothers envió material caliente a sabiendas de que sería brutalmente rechazado. De este modo, al suavizar un poco los bordes, el comité quedaría contento con un producto más digerible sin bajar al nivel timorato de otras producciones, y funcionó, creando la versión contemporánea de un personaje en el que Barbara Stanwyck brillaría con luz propia durante treinta años más: la mujer fatal-fatal.

Es gracioso comprobar como, con el tiempo, el Código de Producción se convirtió en la semilla de un nuevo tipo de creatividad: tanto directores, guionistas y diseñadores de vestuario como los equipos de fotografía de cada estudio se rompieron la cabeza buscando nuevas maneras de despistar al censor, ladeando su aproximación a los temas más borrascosos y generando algunos de los guiones más ingeniosos, retorcidos y maliciosos de la historia. Una diversión que daría lugar, junto con la llegada del cine sonoro, a lo quen hoy conocemos como los años dorados de Hollywood.

Pero eso, y el porqué el mundo entero debería estar eternamente agradecido a esa diosa del cine que fue Barbara Stanwyck, sólo por existir, eso ya es otra historia que merece ser contada en otra ocasión. Quizá cuando encuentren la versión original de El Cuarto Mandamiento.



BUSCA en LPC

  

ULTIMOS POSTS
Queridos lectores, debo cerrar los comentarios mientras realizo tareas de limpieza. Ustedes sabrán disculpar las molestias....

Aquellos que todavía piensan que la enfermedad del medio se la inventó Internet deberían leer este reportaje del New...

Buscaba un extracto traducido de El Príncipe Negro de Iris Murdoch y me he encontrado con que Alejandro Gándara...

No he llegado al Gamelab, pero me da igual porque estoy viendo la mesa de Cinacia del Foro Internet...

1. ¿Por qué las palabras censura, diletante y arribista ya no significan control que ejerce un grupo de poder...


ENVÍA ESTA ENTRADA

A la dirección de correo:


Tu dirección de correo:


¿Quieres incluir un mensaje?




LPC en tu buzón

Archivos







Algo malo con ser cartero?


Puesto por Juanlo de la cruz a las Enero 17, 2005 09:03 PM

Aaaaaaaaaarghhttt! Y yo no la he visto!!!


Puesto por Keko a las Enero 17, 2005 09:11 PM

Gran artículo. Sigue así.


Puesto por sopistant a las Enero 17, 2005 09:44 PM

En "Hollywood Censurado" de Gregory D. Black, editado en España por la Cambridge University Press, apuntaba una teoría muy interesante sobre si la censura del código Hays era más social que sexual.

abrazos


Puesto por agtatodoro a las Enero 18, 2005 06:34 PM