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Junio 27, 2006DECÁLOGO DEL FUGITIVO
2. Olvídate del movil. Cualquier llamada que hagas tendrá latitud y longitud. Usa cabinas públicas y siempre monedas. 3. No cojas aviones. Coge trenes y autobuses y cambia frecuentemente de línea. Si no te queda más remedio que comprar un coche, escoge el modelo de segunda mano más vulgar, aburrido y familiar que encuentres en el periódico y paga en metálico. 4. No alquiles. Prefiere las habitaciones compartidas que los moteles, hostales y las pensiones baratas. Las pensiones suelen tener pocas habitaciones y estar regentadas por personas curiosas que gustan de escuchar conversaciones ajenas y revisar la basura de sus clientes. Paga por adelantado y no seas demasiado simpático. 5. No guardes nada. Memoriza todo lo necesario y no dejes a tu paso ningún documento revelador, como un billete de tren o un mapa. Acostúmbrate a tirar todos los billetes, resguardos y recibos inmediatamente en cualquier papelera pública. 6. No te metas en líos. Si escapas de un matón, de una organización mafiosa o de un ex-novio violento y te relaciones con gente similar, es muy probable que estén conectados. Si robas, estafas o hieres a alguien tendrás a dos equipos no coordinados pisándote los talones. Mira lo que le pasó a John Holmes. La industria del entretenimiento está llena de ejemplos que merece la pena estudiar. 7. No te fíes de nadie. Si no te queda más remedio, la única persona en la que debes confiar es tu abogado, siempre y cuando sea caro y le pagues la minuta a rajatabla. El abogado es un confesor, tiene inmunidad legal para guardar tus secretos. 8. No pierdas el dinero de vista. Si has visto Thelma y Louise sabes que ese dinero es tu único pasaporte hacia la libertad y que Brad Pitt será tu ruina. Lo mismo va para los bares con un farolillo rojo que se enciende y se apaga. 9. Paga todas tus deudas. Si dejas a deber en cualquier sitio, tus perseguidores tendrán un aliado más. Tampoco te hinches a dejar propina o compres artículos de gran valor; es igual de sospechoso. 10. No te chulees. Por muy molón que te parezca lo de ser un fugitivo, contén el impulso de imitar a Clint Eastwood, vestirte como Marlon Brando o hacerte el tío duro con un matón de bar. Te partirán la cara, te robarán la pasta y encima todo el mundo se choteará.
Junio 26, 2006CDSDR II: DESHAZTE DE LA VIEJA
Quema toda tu documentación y todas tus fotos. No sólo las tuyas sino las de tus ex-novias, amigos, familiares, restos de bodas, cumpleaños... quema cartas, poemas, anuarios de clase, pases de piscina, partes médicos, seguros para la bicicleta. Si tienes tiempo, visita a todo aquel que tenga fotos recientes, róbalas y quémalas. Cuando se den cuenta ya estarás lejos. Deja toda tu ropa en un contenedor de la beneficencia y cómprate tres mudas que no usarías ni muerto en cualquier otra circunstancia. Abandona tus botas de piel de lagarto, tu colección de vinilos, el sinte que le compraste a un tío que se lo compró a un tío que se lo compró a un yonqui que se lo robó a kraftwerk en su primera visita a españa cuando estaban descargando los cacharros del camión. Abandónalo todo. Tu nuevo yo es como la oruga del cuento, todo vaqueros y camisa de cuadros, antes de convertirse en George Clooney. Ya tendrás tiempo de llevar ropa interesante cuando te hayas integrado en tu nueva personalidad. -Cancela todas tus cuentas. Cuando salgas por la puerta, lo único que debes llevar contigo es dinero contante y sonante. Pide que te den billetes pequeños, mete doscientos o trescientos euros en la billetera y el resto en una mochila cutrona que nadie quiera robar. Si te paseas con más de trescientos euros en la cartera recibirás más atención de la que te conviene y lo perderás todo en el primer callejón. Las tarjetas con banda magnética son veneno para el fugitivo. La mayor base de datos personales del mundo no la tiene la CIA sino Walmart, la gran cadena americana, gracias a sus tarjetas de puntos. Utiliza tu tarjeta para cargar gasolina una sola vez y la habrás cagado. Por sensato que parezca, no caigas en la tentación de la "tarjeta de emergencia" o terminarás usándola y tu viaje habrá acabado más rápido que la gran orquesta del Titanic. Lo más inteligente es quemar todas las tarjetas de puntos y "perder" las tarjetas bancarias (después vaciar las cuentas) para que algún chorizo deje las pistas falsas por ti. "Pierde" también tu teléfono móvil. Deja todo por el barrio; parecerá que nunca saliste de allí. -Vende tu coche. Siempre a un particular que no tenga la evidente intención de usarlo para asaltar un banco o secuestrar a una menor porque, si tu coche se mete en líos y tú has desaparecido, el "ruedas" será la más pequeña de tus preocupaciones. Véndelo en otra ciudad -a ser posible en dirección contraria a tu camino de huida-, pide dinero en metálico y no des explicaciones. Si tienes propiedades, véndelas a buen precio a través de tu abogado. No vendas la casa que tienes a medias con tu ex-mujer porque, en el extraño caso de que ella no te encuentre, su abogado lo hará. Nunca sobrestimes la comisión de un abogado sobre propiedades inmobiliarias. -Deshazte de tus amigos. Ya sabes cómo es la gente; basta que desaparezcas para que todo el mundo te busque como si fueran a tener un hijo tuyo. Por eso durante meses cultivarás el desprecio y el olvido de todos aquellos que puedan echarte de menos si un día no estás. No busques aliados en tu huida; los cómplices son los eslabones débiles de cualquier operación. Deja de contestar el teléfono, haz trampas jugándo a las cartas, sé grosero con tus colegas y métele mano a sus novias. Desapúntate de cualquier club que tenga actividades periódicas y monta un escándalo en tu bar favorito. Asegúrate de que nadie te busca cuando eches a correr. Es la parte más difícil pero también la más importante. Si todo sale bien, nunca les volverás a ver. -Destruye tu disco duro. Tu ordenador sabe más de ti más que tu propia madre. Para sellar sus labios para siempre, hazte con un LiveCD (Ubuntu, Linex, Knoppix) y llénalo de ceros con el comando 'dd if=/dev/zero of=/dev/hda'. Después del tratamiento contendrá la misma información que una patata. Si no tienes tiempo, formatéalo y mételo en el horno hasta que se ponga rojo. Cuando esté lo suficientemente frío para cogerlo sin sufrir quemaduras, tíralo a un contenedor. No te conectes a la Red. Si es estrictamente necesario, hazlo desde ordenadores públicos en estaciones, centros comerciales y cabinas, nunca en Cybercafes. No mires el correo. ¡No tengas correo! Si y sólo si es cuestión de vida o muerte, crea un correo en el momento y usa Mixmaster, un programa que toquetea fechas y localizaciones. No uses nada que requiera identificación y usa un nick diferente cada vez. Mantente alejado de los programas de mensajería instantánea, de los chats y de Skype. Y, si has sido tan estúpido como para conservar una tarjeta de crédito, no compres nada. Menos que nada un billete de avión. -Escoge un destino. Dependiendo del calibre de la cagada, deberás decidir si te vas de la ciudad o abandonas el país, siendo la segunda opción la más sensata, aunque terriblemente infravalorada por fugitivos vagos o ilusos. A no ser que el motivo de tu huída sean cincuenta millones de euros en billetes pequeños sin marcar -en cuyo caso estos consejos son como lágrimas en lluvia porque, vayas donde vayas, te encontrarán- escoge un lugar donde puedas encontrar trabajo y empezar otra vez. Ten en cuenta el idioma y el nivel de vida de la ciudad que elijas y no vayas a un sitio donde tengas amigos porque ya no tienes amigos, sólo intrusos que te pueden reconocer. Y prepárate para cambiar de rumbo a la menor provocación. La flexibilidad y adaptabilidad son las mejores armas de supervivencia. En episodios anteriores: Cómo desaparecer sin dejar rastro (introducción) y CDSDR I: consigue una nueva identidad. Próximamente: Decálogo del fugitivo (y III) Junio 24, 2006CDSDR I: CONSIGUE UNA NUEVA IDENTIDAD
Por mucho que insistan en Hollywood, no se consigue una nueva identidad con agua oxigenada. El pelo malteñido, las gafas de pega y el bigote repentino despiertan la sospecha donde quiera que van. Ponte un gabán demasiado largo y la portera pensará que aireas tus gentilicios en los parques públicos. Ponte una gorra demasiado calada y el tendero encontrará pruebas de tu pertenencia a una banda armada. A no ser que seas un personaje público o tengas marcas específicas, personales y visibles que te puedan identificar, confía en tu vulgaridad para convertirte en lo que quieras. En el 99% de los casos, hay cientos de miles de personas que responden a tu descripción. En los tiempos que vivimos, la única manera de desaparecer no es hacerte la cirugía estética y emigrar a Panamá; es conseguir un nuevo número de la Seguridad Social. Necesitarás como mínimo un DNI, un pasaporte, el número de la seguridad social y la partida de nacimiento, todos con el mismo nombre y con la foto del portador, o sea, tú. Si no sabes hacerlo tú mismo todo el papeleo te costará tiempo y dinero pero, ya que te pones, compra dos; una para la huida y otra para tu nuevo hogar. A no ser que seas un genio con los acentos, exige que ambas sean de tu misma nacionalidad, de tu mismo sexo y que al menos una pertenezca a la ciudad más grande que conozcas mínimamente bien. Que no te pillen con el típico ¿Y a qué colegio ibas? Si no tienes tiempo para la documentación, escoge los datos de algún compañero de clase cuyos datos recuerdas con precisión y cuya persona aborreces sin remedio. Un empollón, un antiguo vecino. Reduce tus posibilidades pero más vale empollón en mano que los nudillos rotos. Recuerda siempre que las mejores mentiras son un 90% verdad. En episodios anteriores: Cómo Desaparecer sin Dejar Rastro: Introducción. En el próximo capítulo: CDSDR II: deshazte de la vieja. Cómo desaparecer sin dejar rastro (I)
Caso A. Tu sueño hecho realidad: después de una fiesta loca te despiertas en los brazos de Bamby, una bella modelo brasileña de 19 años. La mala noticia es que es la novia del jefe de la mafia cubana y además está muerta. Tratas de recuperarla siguiendo la técnica de Pulp Fiction pero sólo consigues que el accidente parezca un desagradable crimen sexual. Preocupado por las posibles muestras de ADN que has dejado en lugares de difícil acceso, como el intestino grueso y/o las cuerdas vocales, le prendes fuego y abandonas el lugar. Mientras ves como crecen las llamas te das cuenta de que tú no la has matado, pero que ahora ya da igual. Caso B. Tu mujer te ha dejado por otra mujer más joven. Tu casero te ha denunciado por deber el alquiler de dos años y por aparcar en una plaza que pertenece al dentista del tercero derecha. Después de dos años viviendo de las rentas de tu carrera como niño prodigio de la canción protesta, le debes un cheque de siete cifras a un individuo conocido como "El Rey del Pollo electrocutado". Intentas vender los órganos que tienes repetidos pero están tan hechos mierda que no te da ni para empezar. "El Rey" te ha enviado una caja esta mañana pero no la has abierto porque ya sabes lo que es. El olor a pollo chamuscado se filtra por los pliegues del envoltorio apestando toda la casa. Escuchas por última vez la canción que llevaste al festival de Eurovisión cuando tenías doce años: quiero besar el bigote de gertrude stein / y que no me sangren los dientes y la dejas repitiéndose mientras coges las llaves del coche y te vas. Que se jodan los vecinos. Caso C. El doce de junio del 1986 saltabas unas vallas en el patio del colegio cuando la tela de tus pantalones cortos cedió. Cuando llegaste llorando a la oficina del jefe de estudios, la secretaria miró los pantalones y sentenció: demasiada lejía. Después te alargó una braga y un paquete de compresas, lo único que tenemos para esta clase de emergencias. Hace una semana fué el décimo aniversario del accidente y todo el mundo te llama "palometas", incluídos tus colegas, las amigas de tu hermana pequeña y tu profesora particular de latín. La única manera de romper con tu oscuro pasado es huir, pero no sabes cómo. Hay muchas razones -buenas y malas- para querer desaparecer sin dejar rastro pero una sola forma de hacerlo bien. SI te quieres dar a la fuga, Hace unos meses mi jefe de Maxim (¡hola jefe!) me compró un pequeño manual para dejar la ciudad sin dejar rastro. Como de costumbre, se me fué la pinza y le mandé tres páginas más de las que necesitaba. Considerando el perfil de los lectores de La Petite Claudine he creído conveniente publicarlo entero aquí, por si les surge cualquier eventualidad. *Todos estos casos están inspirados en hechos reales. Los apodos de sus protagonistas han sido alterados para proteger su intimidad. |
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(muy estropeada por el tiempo)
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