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Marzo 11, 2009

Las siete vidas del hombre-máquina

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Algunos ya lo saben: he hecho una pequeña selección de textos para Impedimenta acerca de un asunto que me apasiona considerablemente: los automatas. Hay cuatro capítulos: los orígenes (featuring: Descartes, Julien de la Mettrie, flautista y pato de Vaucanson, niños de Jacques-Droz), El Turco (feat. ETA Hoffman, Edgar Allan Poe, Sigmun Freud), las Máquinas fatales (featuring un montón de zorras metalizadas) y A mí me hizo J.F. Sebastian, un pequeño guiño a Antonio Parade y su bonita canción, featuring algunas cosas importantes, como El Test de Turing, La Singularidad de Vinge y mi texto favorito del pack; Darwin entre las máquinas, donde Samuel Butler sugiere que nosotros somos los órganos sexuales de las máquinas.

La introducción es de Patrick Gyger, director de la Maison d'Ailleurs, el extraordinario Museo de Ciencia ficción, Utopías y Viajes Extraordinarios de Yverdon. Esta es, de momento, la nota de prensa:

Las siete vidas del hombre-máquina

“El Rival de Prometeo” reune de nuevo a los autómatas más famosos de la historia con los ingenieros, filósofos, emperadores y artistas que los soñaron.


Los autómatas no se inventaron en el siglo XVIII; han existido desde que el hombre es hombre, aunque sólo fuera en sueños, pero no fue hasta el XVIII que su presencia comezó a inundar la imaginación de la gente, que acudía en masa a los circos, teatros y ferias para ver a los prodigios mecánicos con una mezcla de fascinación y horror.

“El Rival de Prometeo (Vidas de Autómatas Ilustres)”, editado y compilado por la periodista Marta Peirano, recorre los avatares de los más conocidos autómatas de la historia, la literatura y el cine. La obra se abre con la edad dorada de los creadores de «anatomías vivientes», las asombrosas criaturas del biólogo Jacques de Vaucanson, artífice del célebre «Pato con Aparato Digestivo», capaz de «comer, beber, graznar, chapotear y hacer sus necesidades en una palangana de plata». En el segundo capítulo, «El Turco» de von Kempelen, un autómata de notoriedad extraordinaria, jugador de ajedrez invencible que derrotaría a las mejores mentes pensantes del mundo, inspira más adelante las aterradoras fantasías de E. T. A. Hoffmann, Edgar Allan Poe y el ensayo sobre "Lo Siniestro", una de las más célebres interpretaciones psicoanalíticas de Sigmund Freud.

Como en el XIX no existía la perfección femenina sin maldad, la misoginia de fin de siglo desbordaría la pintura y la literatura; un capítulo que "El Rival de Prometeo" ilustra con la andreida de Metrópolis o la Eva Futura de Villiers de l’Isle-Adam, la versiń mecánica y fatal de las nereidas, vampiros y medusas de los decadentistas. El libro cierra con un último capítulo dedicado a la Inteligencia Artificial, una transición que incluye tres textos fundacionales jamás traducidos al castellano: "¿Puede pensar una máquina?", el texto donde Alan Touring expone su famoso test de Inteligencia Artificial, "Darwin entre las máquinas", una inolvidable reflexión sobre la inmortalidad de la máquina como especie ingeniada por el irrepetible Samuel Butler y "La Singularidad", una advertencia apocalíptica del ingeniero informático y escritor de Ciencia Ficción Vernon Vinge.


Según Patrick J. Gyger, historiador y director de la Maison d’Ailleurs, Museo de la Ciencia-Ficción, de la Utopía y los Viajes Extraordinarios enclavado en Yverdon-les-Bains, Suiza, quien firma prólogo del libro: «El autómata conserva una facultad inigualable para ayudarnos a delimitar los interrogantes acerca de nuestra propia naturaleza. El androide, instrumento de ficción formidable gracias a su fuerza metafórica, nos permite entablar una investigación metafísica y nos recuerda que el ser humano no ha hecho más que interrogarse a sí mismo al sacarle brillo a su propio reflejo.»

Noviembre 25, 2006

Diario de una heterosexual a la que le gustan las mujeres (1)

erotics.jpgHace unos años la actriz argentina Leticia Brédice confesó en una entrevista que había tenido sueños eróticos con Reina Reech. Y después dijo: "pero con animales no ¿eh?". Esta anécdota cobra sentido en cuanto se miran las fotos de Reina Reech. Y me viene al pelo para demostrar una verdad importante, que las cosas más sorprendentes suelen tener las explicaciones más mundanas. Como que la culpa de que me gusten las mujeres la tiene la política.

Haciendo honor a la verdad, no sé si lo mío vino de fábrica o la vida me torció a una edad temprana, sólo sé que no estaba sola: las niñas de mi clase también estaban allí. Y no creo que los generosos dioses me enviaran a una clase de ninfas especialmente disolutas porque las de otros cursos se desnudaban y se metían juntas en la ducha de cinco en cinco. Para echarse unas risas, seguro. Para meterse mano, también. Era una época de cambios en la que Brooke Shields y Mariel Hemingway se pasaban las fiestas sin soltarse de la mano; Maria Schneider -la morbosa compañera de reparto de Marlon Brando en "El último Tango en París"- iba a la cárcel para seguir a su amante que era una bruja con escoba que encima la chuleaba y una adolescente mejicana recién aterrizada en España se meaba en la cara de una señora y era lo más. Pero eso no salía en la bravo y la superpop y los otros catálogos de pimpollos con el pelo cortado a tazón; salía en las revistas que compraban nuestros padres por los artículos de política: Interviu, Playboy y Penthouse. Gracias a ellas -que dios las bendiga- nos salvamos de ser desvirgadas por un garrulo con cachondina y una cinta de Rick Ashley. Nosotras nos despertamos a la salud de Fidel Castro, la mafia rusa y un accidentado camino hacia Madonna, Cicolinna y la europa común.

Jugar a política. Uno de mis vecinos, padre además de mi mejor amigo y de su hermana mayor, era muy aficionado a la política, afición que manifestaba comprando religiosamente la tríada triunfal. Las tres marías incluían trípticos centrales desplegables de señoritas discutiendo de leyes, de feminismo y otros asuntos de vital importancia mientras se quitaban la ropa y se contaban los pelitos como les cuento yo a las plantas de mis vecinos, con dedicación y profesionalidad y amor por el trabajo bien hecho. Gracias al activismo de aquel señor, su hija y yo nos encerrábamos en el baño con dos o tres números e interpretábamos las escenas que más nos gustaban hasta que nos llamaban para cenar. Lo llamábamos "jugar a política". Ahora que soy más mayor y más sabia sé que se llamaba "softcore".

Aquellas maravillas nuestras no eran el saco de huesos y silicona que caracteriza hoy el sector, eran verdaderas bellezas de piel perfecta y pechos delicados que cabrían en copas de champán envueltas unas con otras en abrazos lujuriosos y manchadas de carmín ajeno en la cara interna de los muslos. Y, en muchos casos, estrellas del cine y la canción. No había hombres: estuvieron vetados por ley, tanto en las revistas de política como en nuestros cuartos de baño hasta los años noventa. ¿Quién los necesitaba? Era un reino perfecto en el que todo era posible. Y los chicos daban patadas y olían mal la mayor parte del tiempo.

Recuerdos satinados. En una salía Pia Zadora -que entonces andaba con Germaine Jackson - cubierta tan sólo (y a ratos) por unos calentadores y una bufanda. En otra, Morgan Fairchild y Terri Nunn. Hasta Deborah Harry se descalzó para Penthouse, con lo que era entonces Deborah Harry. El arcón secreto de la política se convirtió en nuestro árbol de la ciencia particular: descubrimos la verdad sobre nuestros ídolos y las imitamos como haría cualquier otra adolescente. ¿Que fueron un mal ejemplo? No sabría decirlo. Otros aún igual de famosos se dieron al alcohol y las drogas. Entre el amor y las drogas, nosotras elegimos el amor.

traci_lords_chair_shrunk.jpgHubo un número -que sostuvieron mis manitas temblorosas al menos una vez- que dio la vuelta al mundo varias veces por escándalo doble. Penthouse, septiembre de 1984, algunos de ustedes habrán oído hablar de él. En la portada, que fue la segunda más vendida de la historia del papel cuché, salía la mujer más bella de América, Vanessa Williams, como dios la trajo al mundo y una jovencita de belleza angelical como "mascota del mes". La primera le costó a Williams la corona; el jurado de Miss América tuvo la generosidad de darle el palito a una negra pero se quedó de piedra tras comprobar que, efectivamente, tenía vagina. Y parecía un acabarse el mundo hasta que una diosa del inframundo con mas veneno que los cuatro jinetes del apocalipsis juntos le dió a la industria del porno la ostia más sonada de toda su historia*. El número vendió casi cinco millones y medio de copias. Para que se hagan una idea rápido, Cat Power ha vendido, en toda su vida y en todo el mundo, más o menos medio millón.

Cuando las revistas de política consiguieron introducir a miembros del otro sexo -so to speak- en las sesiones fotográficas no es que dejaran de gustarme, pero algo cambió. Mi vecina y yo acabamos peleando porque las dos queríamos ser Racquel Darrian y dejamos de hablarnos cuando sus padres se mudaron a un barrio de las afueras. Me quedaron para la nostalgia las estrellas de cine, las revistas "para ellos" y, mucho más tarde, la Red. Se me olvidó que había jacuzzis donde solo existían sirenas y que los chicos daban patadas y olían mal, pero por poco tiempo. Cualquier persona que pasa tanto tiempo como yo delante del ordenador lo sabe: antes o después acabas en una fiesta pijama de muchachas besándose unas a otras mientras se quitan el sujetador y juegan con el cepillo de dientes eléctrico de su padre. Dicen que las señoras consumen tanto o más pornografía que los hombres en Internet. Cuando no hay que bajar al kiosco a decirle al Paco "tienes esa en la que sale Angelina con el culo en pompa sujetando una recortada" las señoras se desinhiben mucho.

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*TRACI había nacido Nora Louise Kuzma algo más tarde de lo que establecía su documentación, que incluía un pasaporte y un carnet de conducir. La noticia de que sóloi tenía 15 años cuando posó para Penthouse se hizo pública pocos días después de su 18 cumpleaños y fue un bombazo de tal calibre que la casa blanca convirtió su batalla contra la obscenidad en América en una guerra contra la pornografía infantil, arrasanto todo a su paso. Todas las cintas en las que salía Traci fueron retiradas y destruídas menos una. Las pérdidas fueron de millones de dólares y afectaron a VCA, CBI, Caballero, Western Visuals y Paradise, las cinco distribuidoras más grandes de la época. Cuatro hombres fueron a la cárcel y hubo multas de más de cuatro ceros, pero Traci quedó libre de todo mal. Ella era la víctima.

Fue un golpe de puro genio. En el momento más grande de su vida, cuando su nombre se repetía en todos los telediarios y no quedaba un diputado en América que no se supiera sus diálogos de memoria, Traci consiguó que la única película suya que se podía comprar en la tierra fuera Traci, I love you, dirigida por su novio Steward Dell y producida y distribuída por TLC (Traci Lords Company), su propia compañía. Cuando los abogados llamaron a Ginger Lynn para que testificara en favor de Traci, ella se negó. Pero Andrea Dworkin y Catherine McKinnon acudieron en sus escobas en menos de lo que se tarda en decir castración universal.

Más sobre este bonito asunto en la biblioteca del crimen.
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NOTA. Diario de una heterosexual a la que le gustan las mujeres fue el título que le dió mi jefe Pedro Bravo a mi columna para Maxim. Sí, el mismo jefe. Ha sido uno de los encargos más divertidos de mi vida, además del comienzo de una gran amistad. Iré publicando los trozos poco a poco, hasta que ya no queden y, entonces, ya veremos a dónde nos lleva.

Mañana me cojo un tren a Bruselas. Deséenme suerte porque la voy a necesitar.

Octubre 25, 2006

He vuelto de Ikea y mi único deseo es matar (I)

A mi me gusta mucho Ikea. Cuando mis padres compraron la casa donde yo nací, pasaron los dos primeros años durmiendo en un colchón en el suelo y los cinco siguientes ahorrando para adquirir la pieza hoy conocida como "el mueble del salón", un armatoste de madera de roble hecho a medida que les acompañaría siempre, sacrificando trozos de arriba y abajo para cumplir las regulaciones de cada nueva vivienda, siempre siete centímetros más baja, más corta o más rara que la anterior. Cuando yo me mudé a mi primera casa vacía, en una visita a Ikea resolví cama, estanterías, mesa de trabajo, sillas y sofá. Y cuando abandoné aquella casa, lo único que eché de menos fueron mi balcón, mi barrio y mi compañera de piso; el resto lo volví a comprar.
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Tiene sus bajones, como cuando llegas a casa de alguien al otro lado del mundo y te invade esa inquietante sensación de deja vu, que no viene de haber estado allí antes, quizá en sueños o en otra vida, sino de que, cambiando algunos muebles de sitio y tirando un par de tabiques, estás sentado en tu propio salón. La primera vez se te abre a los pies una hoguera de remordimiento, como se le apareció Dios a San Pablo en el matojillo camino de Damasco, gritando: ¿qué clase de rata miserable se compra la estantería Billy cuando lo exclusivo es para siempre como los diamantes, la lana virgen y el amor? La segunda vez, con suerte, ya has sufrido una mudanza con muebles y sabes que para siempre es demasiado tiempo. Tú lo que quieres es algo que cumpla con la tarea que le fue encomendada al nacer -sujetar libros, sujetar platos, aguantar las patadas y codazos cuando las cosas se ponen feas en zelda o te llama tu madre al móvil- y que no te lo recrimine cuando te vayas sin mirar atrás. Romper con los muebles de Ikea es un juego de niños. Lo realmente malo es empezar.

La experiencia Ikea es lo más próximo a una lobotomía que puede experimentar un ser humano. No me verán sorprendida el día que llegue un informe que relaciona a la empresa sueca con el desarrollo de tumores malignos, trastoros nerviosos y alzheimer prematuro porque, cuando sale, uno no es ya la misma persona que era cuando entró. Si están pensando ahora mismo que fueron la semana pasada y no notaron nada raro es que los daños son demasiado profundos e irreversibles para registrarse a sí mismos. Si no me creen hagan el siguiente experimento: la proxima vez que vayan, detengan por un segundo el impetuoso carro de su consumo desenfrenado y siéntense a mirar a los que acaban de salir. Mírenles a los ojos. Observen esa luz mortecina que parece venir del fondo mismo de su cráneo, como el haz de luz azul en los teclados de los MacBookPro. Están presenciando el momento en que el alivio fugaz que sintieron los pobres diablos al saberse vivos al final del tunel ha sido derretido por el fuego de un pensamiento fatal: que entraron sin coacción, sin un Dragunov de 7.62 milímetros apuntándoles desde lo alto del MediaMarket que les exima de toda responsabilidad. Que, sea lo que sea lo que ha ocurrido allí dentro, se lo han hecho ellos mismos por una gula pecaminosa de Kramfors, de Karlandas, de ordenados armarios Stordal de puertas corredizas.

Esa luz subterránea que les ilumina los ojos por dentro es la luz de la locura. Y saben, aunque no lo sepan, sepan como quien sabe que el merengue engorda o que la picadura de medusa se cura con pis de preñada, saben que si vuelven atrás se habrán perdido para siempre.

La ilustración es robada del newyorker y este post, el primero de una pequeña serie. Sigan sintonizados

Octubre 14, 2006

especial spam

Spam, the economy of desire. Alessandro Ludovico, director de la magnífica revista Neural, recoge los orígenes, motivaciones y recursos de ese Godzilla contemporáneo llamado spam.

Alex Dragulescu = spam sculpting +spam gardening

Brent Huston: en la mente del asesino spammer. Si te gusta enviar chistes y fotos de tu perro a toda tu lista de contactos, te conviene leer este artículo. Si eres parte de una de esas listas de contactos, también.

SP4M. D0 Y OU SWA1LOW?: el spam como herramienta de diagnóstico sobre los patrones de una nueva sociedad.

First Person Spam: Malte Steiner ha convertido su spam en espacio arquitectónico virtual, no tan distinto del que se vive en la calle.

E-mail Erosion: el spam como agente de destrucción constante.


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proyectos elásticos





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free culture
en español


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GET CREATIVE
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Un vídeo CC
sobre el Copyleft




GALERIAS de LPC


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¡Y más cosas!

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El bello sexo
Tokio ni itta koto ga arimasu ka?
Estimulantes


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