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Abril 06, 2011

Mañana, Petite y Lovecraft en Castellón

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Mañana a las seis de la tarde, servidora tiene el honor de presentar Una exposición sobre lo innombrable, la abominable colección lovecraftiana de las VII Jornadas de Cómic de Castellón, el ComiCS-11.

Algunos recordarán que el proyecto empezó en La Maison d’Ailleurs, el unico museo de ciencia ficción de europa (Yverdon-Les-Bains, suiza) y que está basada en el Commonplace Book de H.P. Lovecraft.

Antes de mi intervención, en la sala se podrá ver The Call of Cthulhu, la preciosa película muda producida por la H.P. Lovecraft Historical Society en 2005.

Noviembre 19, 2010

Dejad que los niños se acerquen a ellos

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Unas semanas antes del último Halloween, un degenerado aprovechó que su novia enseñaba a los niños de un coro infantil para llevarselos a un "retiro" de fin de semana y leerles La Sombra fuera del Tiempo, Las Montañas de la Locura y La llamada de Cthulhu.

Después, les hizo dibujar.

Del resultado se infiere que los aterrados infantes, incapacitados por su falta de experiencia para resistir el impacto, perdieron la chaveta ya donde La Sombra porque todos pintaron Yiths, que son los que viajan en el tiempo, son más viejos que su propio cuerpo y son jodidísimos de quitarse de encima, como un hijo infernal de Drew Barrimore y el hombre-lapa.

He elegido el de arriba porque de pronto me recordó al ángel de Klee que iluminó en Benjamin el ángel de la historia y que, si lo leen de nuevo, coincidirán conmigo en que bien podría ser un Yith:

Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

Va a ser verdad lo que dice Ken Robinson que los niños son genios a los que mandamos al colegio hasta que se les pasa. También me gusta el de Chloe, age 13, con una flecha señalando y etiquetando al Yith y dos niños tristísimos, perdida toda esperanza, que dan muchísima pena.

Me lo ha mandado Gonzalo Frasca, comandante de Powerful Robot, bibliotecario de cochinadas, caballero excepcional.

Bola extra: He leído en el Focoforo que en diciembre salen de Astiberri siete relatos de Lovecraft ilustrados por Alberto Vázquez.

Marzo 24, 2010

Breccia en las Montañas de la Locura

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We had expected, upon looking back, to see a terrible and incredible moving entity if the mists were thin enough; but of that entity we had formed a clear idea. What we did see - for the mists were indeed all too maliguly thinned - was something altogether different, and immeasurably more hideous and detestable. It was the utter, objective embodiment of the fantastic novelist’s "thing that should not be"; and its nearest comprehensible analogue is a vast, onrushing subway train as one sees it from a station platform - the great black front looming colossally out of infinite subterranean distance, constellated with strangely colored lights and filling the prodigious burrow as a piston fills a cylinder.

Enrique Breccia y HPLovecraft, At The Mountains Of Madness (Gracias, doctor)

Diciembre 01, 2009

Paul Naschy

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Qué día más negro: Jacindo Álvarez Molina -entre nosotros Paul Naschy- murió. No deja herederos.
A mí me deja la bonita cara de Javi Pulido después de entrevistarle durante toda una tarde cuando celebramos los 40 años del hombre-lobo español. ¡Si se pudiera embotellar la felicidad!

MÁS: La década en que España aterrorizó al mundo y otros efectos especiales. | El Pais recupera el trailer de 'La herencia Valdemar', su última y lovecraftiana película, que se estrena en enero pero ya pasó por Sitges.


Noviembre 17, 2009

It's a new day and the stars are right!

Lil Cthulhu del día, via (BB David Pescovitz!)

BOLA EXTRA: Cthulhu VS God (via)

Septiembre 25, 2009

¿A qué huele un primigenio?

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Eau de Cthulhu: sigilosa, húmeda y deslizante esencia encharcada de algas, plantas oceánicas y oscuras aguas insondables.

No me parece conveniente ni aconsejable, en estos tiempos de crisis, oler a primigenio (Black algae, drooping seaweed, salty brine, and crushed coral) pero me voy a comprar siete frascos de Miskatonic, con su olor a café irlandés, tomos polvorientos y largos pasillos encerados de madera de roble.

En cualquier caso, alguien tenía que hacerlo.

Gracias Henrique Mariño! Y gracias Monkey Ninja Robot Tentacle!

Junio 16, 2009

I ♥ Cthulhu: Marcel Van Eeden

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Mayo 09, 2009

Cthulhu del día: A terrible pilgrimage

Between the stars es el corto que Djie Han Thung based terminó en 1998 y que se habia inspirado en una búsqueda terrible:

Outside the ordered universe [is] that amorphous blight of nethermost confusion which blasphemes and bubbles at the center of all infinity—the boundless daemon sultan Azathoth, whose name no lips dare speak aloud, and who gnaws hungrily in inconceivable, unlighted chambers beyond time and space amidst the muffled, maddening beating of vile drums and the thin monotonous whine of accursed flutes.

Via Ectoplasmosis!

Abril 04, 2009

I ♥ Cthulhu: Mechtorians

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Buscando cosas que hacer en Toronto me he encontrado con una galería de juguetes y allí, con los Mechtoians del Dr. A. para Mindstyle.

Conozcan la historia del pionero Stephan LaPodd, un desafortunado explorador que perdió brazos, piernas y un pulmón en una visita a los volcanes del pacífico sur y que fue reconvertido en mechtoriano cefalópodo por el departamento de cibervaporización del estado.

Marzo 31, 2009

commonplacebook reloaded

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Durante mi encierro, hubo dos acontecimientos nacidos en el oscuro universo de los pensamientos de Lovecraft que me pasaron desapercibidos, no por falta de interes sino por mi propia ceguera. El primero fue que Juan Santapau dibujó toda una historia bellísima que no llegó a tiempo a la exposición en Suiza: Unspeakable.

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Santapau me gusta tanto porque me recuerda a un Tomine que no conoce a Paul Auster y no ha crecido en la ciudad, un Tomine que pudo crecer los veranos en la playa, donde los primeros besos tienen el sabor del mar y los libros no son de biblioteca sino los encontrados en días de calor insoportable en lo más profundo de un desván con las ventanas cubiertas a trozos. Libros de viajes y de aventuras. Libros de viajes y de dioses submarinos, quizá.

El segundo acontecimiento fue que, donde Patrick hizo una exposición y un bellísimo catálogo, otros eligieron un juego.

Aquí estan los proyectos que se presentaron.

No se pierdan, por supuesto, el especial Lovecraftiano de la casa.

Marzo 01, 2009

El monstruo

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En su Tratado de Historia Natural, el obispo de Bergen, Erik Ludvigsen Pontoppidan (1698), describió al Architeuthis dux como una isla flotante: "Parece ser que son los brazos de la criatura, y que -dicen- si pusieran sus manos sobre una medusa gigante, podrían arrastrarla hasta las profunddidades..."

Hoy la Isla de Pontoppidan aterriza en El Aula del Mar. Luarca -un curioso lugar donde, entre otras asombrosas curiosidades, trabajó Reg de chica del tiempo- albergará la mayor exposición de 'kraken' del mundo.

Gracias Federico!
La imagen es un precioso origami de Brian Chang.

Enero 28, 2009

I ♥ Cthulhu: The Black Heart Gang

The Tale of How es la historia de un pulpo gigante cuya única pasión en esta vida son los Dodos. Comérselos.

The Black Heart Gang son tres artistas sudafricanos con dos manos derechas para casi todo.

Diciembre 04, 2008

Nudibranchia

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En la lista de señoras bloggers del año de la bella Susannah hay, al menos, un descubrimiento.

"Nudibranch," which comes from the Latin nudus, (naked) and the Greek brankhia (gills), is a primitive description that oversimplifies the complex nature of these creatures by deconstructing them into a single, uncomplicated idea. The body forms of the nudibranch vary enormously, but because they are opisthobranchs, they are bilaterally symmetrical. And when viewed alongside McQueen's sublime forms, dreamy fringing, and swishing filaments, it's easy to make a comparison between his collection and these amazing underwater creatures.

Quién dijo que el comentario de moda tiene que ser una experienda dolorosa.

Noviembre 28, 2008

cthulhu del día: OMG

Alien-like Squid With "Elbows" Filmed at Drilling Site. Cuánto tiempo llevará alli...

Noviembre 18, 2008

Han caído los dos (bajo el cielo de un dios venenoso)

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Con ustedes, el arte de Dan Hiller

Mil gracias NNR!

Octubre 29, 2008

I ♥ Cthulhu: Cyclopean

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Me escribe Scott Hamm, animador y director de un proyecto de RPG llamado (de momento) Cyclopean. Es muy tradicional, se juega por turnos y está ambientado en Massachusetts, 1923. La aventura comienza en Arkham y se desarrolla por varios escenarios lovecraftianos.

La cosa está muy en bragas, pero sabiendo cómo son -cómo somos- los optofílicos, Iron Tower Studioha montado un foro en el que se discuten conceptos de juego, arte y desarrollo. Aquellos interesados, Aquí la sinopsis, aquí algunos ejemplos y los dibujos (I y II) .

Son ustedes bienvenidos.

Mayo 22, 2008

El horror, según Lovecraft

lovecraft_Santiago_caruso.jpgTodas las semanas, desde hace una semana, tenemos un libro de la semana. El primero fue mío: Frankenstein y Drácula, más no-muertos que nunca, a cuenta del Monster Show de David J. Skal, recién editado en la formidable colección que dirige Jesus Palacios en Valdemar.

El segundo lo ha escrito Carmen y yo no he tenido nada que ver. Me gusta pensar que mi oscura influencia es subterránea como el petróleo e insidiosa como una enredadera y que controlo la voluntad de mis redactores pero la realidad cotidiana confirma todo lo contrario.

La extraña y albina Lavinia Whateley -"de la rama decadente de os Whateley"- tiene un hijo de padre desconocido. Con rostro de apariencia cabría y extremadamente precoz -mucho más que el propio Lovecraft-, el chico posee algo que perturba a los vecinos de Dunwich. La afición del abuelo por las prácticas de algo mucho más oscura que la magia negra, la desaparición de ganado y los extraños sonidos que retumban en el monte no ayudan a controlar los nervios.

Poco a poco entramos en Dunwich, y en todo momento se nos previene del Horror -sí, con mayúscula- que está a punto de suceder. No faltan recursos habituales del autor, como tentáculos perturbadores y continuas referencias al Necronomicón, ese libro de las leyes de los muertos que muchos han buscado y creído real tras las continuas referencias de Lovecraft.

Nuestro libro de esta semana es un volumen ilustrado por Santiago Caruso de El horror de Dunwich. Si quieren pueden leer el primer capítulo.

Siempre, bajo su propia responsabilidad.

Marzo 24, 2008

She walks among us but she is not one of us

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Marzo 04, 2008

I ♥ Cthulhu: Neil Gaiman

Preparando nuestro pequeño homenaje al escritor de sueños y sereno de mundos fantásticos (Elena Dixit), han sucedido algunos hallazgos cthonianos.

Ya conocíamos I Cthulhu, una aproximación confesional y hasta quasiblogosférica al día día de un primigenio. Pero hay más. Arriba, para empezar, está el extracto Gaiman de The Eldritch Influence: The Life, Vision, and Phenomenon of HP Lovecraft, el documental de Shawn Owens donde también hablan su biógrafo, S.T. Joshi y Ramsey Campbell, Brian Lumley y Stuart Dagon Gordon. Aquí, su intervención completa.

En ADN.es ofrecemos extractos, para leer y descargar, de dos libros que se publican por primera vez en español: Objetos frágiles (que yo habría traducido Las Cosas Frágiles, porque cosas es mucho más frágil que objetos si lo piensa uno) y Señal y Ruido, además del trailer de Coraline, la película de Henry Selick a partir del cuento de Gailman.

Pero, como este post está en clave Lovecraftiana, después del salto podrán leer Estudio en Esmeralda, el más cthoniano de los Objetos Frágiles.

Escribí este cuento para Sombras sobre Baker Street, antología editada por mi amigo Michael Reaves en colaboración con John Pelan. Lo que Michael me pidió fue «un cuento de Sherlock Holmes ambientado en el mundo de H. P. Lovecraft».

Yo acepté el reto pese a que de entrada me pareció que la cosa resultaría extraordinariamente difícil de encajar: después de todo, el mundo de Sherlock Holmes es esencialmente racional, todo tiene una solución lógica, mientras que las ficciones de Lovecraft son profunda y esencialmente irracionales, y el misterio es vital para salvaguardar la cordura del hombre. Para contar una historia combinando ambos elementos tenía que encontrar un modo interesante de hacerlo que, además, no traicionara ni la esencia de Lovecraft ni la del personaje creado por sir Arthur Conan Doyle.

ESTUDIO EN ESMERALDA

1. Un nuevo amigo
DIRECTAMENTE DESDE SU FANTÁSTICA GIRA EUROPEA, DON-
DE HAN ACTUADO ANTE VARIOS MIEMBROS DE LA REALE-
ZA DEL VIEJO CONTINENTE, COSECHANDO APLAUSOS
Y ELOGIOS CON SUS MAGNÍFICAS INTERPRETACIONES TANTO
COMEDIA COMO DE TRAGEDIA, LA COMPAÑÍA DE
DE LOS STRAND PLAYERS SE COMPLACE EN ANUNCIAR QUE AC-
TUARÁ EN EL TEATRO ROYAL COURT, DE DRURY LANE, DU-
RANTE UN PERÍODO IMPRORROGABLE DEL MES DE
ABRIL, DONDE OFRECERÁN LAS OBRAS MI HERMANO TOM,
LA PEQUEÑA VIOLETERA Y LOS GRANDIOSOS ANCESTROS
(ÉPICA HISTÓRICA, POMPA Y DELEITE); TODAS ELLAS EN UNA
ÚNICA FUNCIÓN EN TRES ACTOS. ENTRADAS YA A LA VENTA
EN TAQUILLA.

Es la inmensidad, creo yo. La enormidad de las cosas allí
abajo. La oscuridad de los sueños.
Otra vez estoy soñando despierto. Discúlpenme ustedes.
No soy un hombre de letras.
Andaba yo, por aquel entonces, buscando alojamiento. Así
fue como le conocí. Buscaba a alguien con quien compartir el
alquiler de unas habitaciones. Nos presentó un amigo común,
en los laboratorios de Saint Bart.
—Veo que ha estado usted en Afganistán —me dijo, y
aquello me dejó con la boca y los ojos abiertos de par en par.
—Asombroso —repliqué.
—En absoluto —respondió el extraño de bata blanca que
finalmente se convertiría en mi amigo—. Por el modo en
que se sujeta el brazo, deduzco que le han herido. Y se le ve
muy bronceado. También he reparado en su porte marcial, y no
hay demasiados lugares en el Imperio donde un militar pueda
adquirir ese bronceado y haber sido, además (dada la naturale-
za de la herida que tiene en el hombro y conociendo las tradi-
ciones de los cavernícolas afganos), torturado.
Visto así, naturalmente, la cuestión parecía absurda de puro
simple. Yo estaba muy moreno. Y también había sido tortura-
do, como bien había señalado el desconocido.
Tanto los afganos como sus dioses eran unos salvajes, que
rehusaban ser gobernados desde Whitehall o Berlín o incluso
desde Moscú, y no había manera de hacerles entrar en razón.
Me habían enviado allí junto con el resto del ...o regimiento.
La batalla había comenzado en las montañas, y mientras se
desarrolló allí, luchamos en igualdad de condiciones. Pero a
medida que las escaramuzas se fueron desplazando hacia la
oscuridad de las cuevas, nos encontramos perdidos y desam-
parados.
Jamás olvidaré las cristalinas aguas de aquel lago subterrá-
neo, ni el ser que emergió de él, abriendo y cerrando los ojos,
ni los cantarines susurros que acompañaron su aparición, co-
mo el zumbido de unas moscas titánicas.
Fue un milagro que lograra sobrevivir a todo aquello, pero
sobreviví, y regresé a Inglaterra con los nervios absolutamen-
te destrozados. El lugar donde me tocó aquella boca como de
sanguijuela quedó tatuado para siempre en la piel de mi brazo
lisiado. Hasta entonces yo había sido un tirador de primera.
Ahora ya no me quedaba nada, excepto un miedo al mundo
subterráneo que raya en el pánico, debido al cual prefiero gas-
tarme seis peniques de mi pensión del ejército en un coche a
pagar un solo penique por viajar en metro.
Sin embargo, la niebla y la oscuridad de Londres me recon-
fortaron, me acogieron. Había perdido mi primer alojamiento
porque solía gritar en mitad de la noche. Estuve en Afganistán;
pero ya no estaba allí.

—Suelo gritar en mitad de la noche —le dije.
—Dicen que yo ronco mucho —replicó—. Además, mis
horarios son un tanto anárquicos, y suelo utilizar la repisa de
la chimenea para mis prácticas de tiro. Necesitaré la sala de es-
tar para recibir a mis clientes. Soy egoísta, reservado, y me
aburro con facilidad. ¿Todo esto le supone algún problema?
Sonreí, negando con la cabeza, y sellamos el acuerdo con un
apretón de manos.
Las habitaciones que había alquilado estaban en Baker
Street y resultaban más que adecuadas para dos solteros como
nosotros. Tenía presente lo que me había dicho mi amigo sobre
su deseo de conservar su intimidad, y me abstuve de pregun-
tarle a qué se dedicaba. No obstante, había muchas cosas que
despertaban mi curiosidad. Recibía visitas a cualquier hora del
día o de la noche y, cuando llegaban, yo me marchaba de la sala
de estar y me retiraba a mi alcoba, preguntándome qué asun-
tos podían tener en común con mi amigo aquella dama pálida
con un ojo completamente blanco, un hombre pequeño con as-
pecto de viajante de comercio y un corpulento dandi con cha-
queta de terciopelo, entre otros muchos. Algunos venían con
frecuencia, otros sólo le visitaron en una ocasión, hablaban
con él y se marchaban, unas veces con expresión satisfecha y
otras con cara de preocupación.
Aquel hombre era un misterio para mí.
Una mañana, mientras dábamos cuenta de uno de los mag-
níficos desayunos de nuestra casera, mi amigo hizo sonar la
campanilla para llamarla.
—En unos cuatro minutos, vendrá a visitarnos un caballe-
ro —le dijo—. Habrá que poner un cubierto más en la mesa.
—Muy bien —respondió la mujer—. Pondré a asar unas
cuantas salchichas más.
Mi amigo volvió a enfrascarse en la lectura de su periódico.
Yo esperaba impaciente a que me explicara quién era el miste-
rioso caballero y cuál era el motivo de su visita. Finalmente, mi
curiosidad pudo más que mi discreción.
—No lo entiendo. ¿Cómo puede usted saber que su visi-
tante llegará dentro de cuatro minutos exactamente? No ha re-
cibido ningún telegrama, ni mensaje de cualquier otra clase.
Mi amigo esbozó una sonrisa.
—¿No ha oído pasar una berlina hace ya un rato? Aminoró la
velocidad al pasar frente a nuestra casa (obviamente el conductor
quería asegurarse de cuál era nuestra puerta), y a continuación
volvió a acelerar la marcha y siguió hacia Marylebone. Allí paran
cientos de carruajes cuyos pasajeros se dirigen a la estación o al
museo de cera, y precisamente eso es algo muy conveniente para
cualquiera que desee apearse sin llamar la atención. Se tarda
exactamente cuatro minutos en llegar a pie desde allí...
Echó un vistazo a su reloj de bolsillo y, justo entonces, oye-
ron que alguien subía las escaleras de la calle.
—Pase, Lestrade —dijo—. La puerta está entornada, y sus
salchichas ya están listas.
Un caballero que, supuse, debía de ser Lestrade, entró por la
puerta y la cerró tras de sí.
—No debería —replicó—, pero, a decir verdad, todavía no
he tenido tiempo de desayunar esta mañana. Acepto encanta-
do su oferta, daré buena cuenta de esas salchichas.
Era el hombre pequeño que había venido a visitar a mi ami-
go en varias ocasiones y cuya actitud me recordaba a un via-
jante de comercio.
Mi amigo esperó a que nuestra casera se retirara antes de
decir:
—Obviamente, deduzco que viene usted por algún asunto
de suma importancia para el país.
—¡Cielo santo! —replicó Lestrade, que se había quedado
pálido de repente—. No es posible que la noticia esté ya en la
calle. Dígame que no es así.
Lestrade comenzó a llenarse el plato de salchichas, filetes de
arenque, arroz con pescado y tostadas, pero las manos le tem-
blaban un poco.
—Desde luego que no —le tranquilizó mi amigo—, pero a
estas alturas conozco bien el chirriar de las ruedas de su coche:
oscila entre un sol sostenido y un do mayor. Y si el inspector
Lestrade no puede permitirse que lo vean entrando en casa del
único detective privado de Londres y aun así viene de todos
modos, y sin desayunar, no puedo sino inferir que no se trata
de un caso común y corriente. Ergo, es algo relacionado con las
altas esferas y de suma importancia para la nación.
Lestrade se limpió la barbilla con la servilleta. Me quedé
mirándolo. No se parecía en absoluto a la idea que yo me había
hecho de un inspector de policía, pero lo cierto es que mi ami-
go tampoco coincidía con la idea que yo tenía de un detective
privado —fuera lo que fuese.

—Quizá deberíamos tratar el asunto en privado —sugirió
Lestrade, mirándome de reojo.
Mi amigo sonrió con picardía, y movió la cabeza hacia los
lados, como hacía siempre que se recreaba íntimamente en al-
guna broma.
—Bobadas —replicó—. Dos cabezas piensan mejor que
una. Y además, mi amigo es de toda confianza.
—Si mi presencia les incomoda... —tercié de manera algo
brusca, pero mi amigo no me dejó siquiera terminar la frase.
Lestrade se encogió de hombros.
—A mí me es indiferente —afirmó, tras una breve pausa—.
Si usted logra resolver el caso, seguiré en mi puesto. De lo con-
trario, perderé mi empleo. Usted tiene sus propios métodos, como
yo digo. Y, en cualquier caso, no puede empeorar la situación.
—Si algo nos ha enseñado la historia, es que toda situación
es susceptible de empeorar —sentenció mi amigo—. ¿Cuándo
salimos para Shoreditch?
Lestrade soltó su tenedor.
—¡Esto es lo último! —exclamó—. ¡Usted aquí, riéndose
de mí, y resulta que ya está al corriente de todo el asunto! De-
bería darle vergüenza...
—Nadie me ha contado nada sobre este particular. Si un
inspector de policía se presenta en mi casa con manchas de ba-
rro fresco de ese peculiar amarillo mostaza en las botas y en el
pantalón, cabe esperar que deduzca que ha estado reciente-
mente en las excavaciones de Hobbs Lane, en Shoreditch,
puesto que es el único lugar en todo Londres donde se puede
encontrar un barro con ese característico color mostaza.
El inspector Lestrade parecía avergonzado.
—Dicho así —reconoció—, parece algo obvio.
Mi amigo apartó su plato.
—Y lo es, por supuesto —afirmó, en un tono levemente
impertinente.
Tomamos un coche hasta el East End. El inspector Lestrade
había regresado a Marylebone Road para recuperar su coche,
de modo que íbamos solos.
—¿Así que es cierto que es usted un detective privado?
—El único en todo Londres, y puede que en todo el mundo
—respondió mi amigo—. Pero no acepto casos, me limito a
asesorar. La gente recurre a mí para que le ayude a resolver
problemas que considera insolubles. Me explican los detalles
del problema en cuestión y, a veces, lo resuelvo.
—De modo que esas personas que vienen a visitarle...
—Son, en su mayoría, oficiales de policía, o detectives, sí.
Hacía una mañana espléndida, pero pasábamos en ese mo-
mento por el suburbio de Saint Giles —esa madriguera que da
cobijo a ladrones y criminales de todo pelaje y que se ha insta-
lado en Londres como un cáncer en el rostro de una hermosa
violetera—, y la luz que entraba por la ventanilla era escasa y
desvaída.
—¿Está seguro de que quiere que lo acompañe?
Mi amigo me miró fijamente y sin pestañear.
—Tengo una corazonada —replicó—. Algo me dice que es-
tábamos destinados a encontrarnos. Que usted y yo hemos pe-
leado la buena batalla mano a mano en el pasado, o en el futu-
ro, eso no lo sé. Soy un hombre cerebral, pero sé lo valioso que
es un buen compañero y, desde el mismo momento en que le
vi, supe que podía confiar en usted tanto como en mí mismo.

Sí. Quiero que me acompañe.
Me ruboricé, o dije algo sin sentido. Por primera vez desde
que estuve en Afganistán, sentí que mi vida tenía una razón
de ser.


2. La habitación
¡VICTOR VITAE: ¡UN FLUIDO ELÉCTRICO! ¿SIENTE QUE SU
MIEMBRO Y SUS PARTES BAJAS PIERDEN VITALIDAD?
¿SIENTE NOSTALGIA DE SUS DÍAS DE JUVENTUD?
¿HA OLVIDADO YALOS PLACERES DE LA CARNE? VICTOR VITAE DARÁ VIDA ALLÍ
DONDE SE HAYA PERDIDO; ¡HASTA EL CABALLO MÁS VETERA-
NO VOLVERÁ A SER DE NUEVO UN SEMENTAL! DEVUELVE
VIDA A LO QUE YA NO LA TIENE, EN UNA COMBINACIÓN DE
UNA VIEJA RECETA DE FAMILIA CON LA CIENCIA MÁS MO-
DERNA. PARA RECIBIR TESTIMONIOS FEHACIENTES DE LA EFI-
CACIA DE VICTOR VITAE ESCRIBA A COMPAÑÍA V. VON F., 1B
CHEAP STREET, LONDRES.


Era una casa de huéspedes barata, en Shoreditch. Había un
policía en la puerta principal. Lestrade le saludó por su nombre
y nos cedió el paso, pero mi amigo se acuclilló en el umbral de
la puerta y sacó una lupa del bolsillo de su abrigo. Examinó el
limpiabarros de hierro forjado, y palpó el fango con el dedo ín-
dice. Una vez lo hubo inspeccionado a sus anchas, y sólo en-
tonces, nos dejó entrar en la casa.
Subimos por las escaleras. No había duda de cuál era la ha-
bitación en la que se había cometido el crimen: la puerta esta-
ba custodiada por dos fornidos agentes de policía.
Lestrade les hizo un gesto con la cabeza y los agentes se hi-
cieron a un lado. Entramos.
Como ya he dicho, no soy un escritor profesional, y no sé si
atreverme a describir el lugar, pues sé que mis palabras no van
a hacerle justicia. Sin embargo, ahora que he comenzado esta
narración, temo que no tendré más remedio que continuarla.
En aquel pequeño dormitorio se había cometido un asesinato.
El cadáver, o lo que quedaba de él, seguía estando allí, en el sue-
lo. Lo tenía delante de mí pero, de algún modo, no lo vi. Lo que
vi era, en realidad, lo que la víctima había arrojado por la boca y
la nariz: el color iba del verde bilis al verde hierba. La raída al-
fombra estaba completamente empapada en aquella sustancia,
que también había salpicado el papel de la pared. Por un mo-
mento, imaginé que aquello era obra de algún artista diabólico
que había decidido crear un estudio en esmeralda.
Me pareció que pasaban cien años hasta que fui capaz de
mirar el cadáver, que estaba abierto en canal, y traté de com-
prender lo que estaba viendo. Me quité el sombrero, y mi ami-
go hizo lo mismo.
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Se arrodilló e inspeccionó el cadáver, examinando uno por
uno los cortes y heridas. Luego, sacó su lupa y se acercó a la pa-
red para examinar las gotas de podre que habían salpicado el
papel.
—No se moleste, ya lo hemos hecho nosotros —dijo el ins-
pector Lestrade.
—¿En serio? —replicó mi amigo— ¿Y qué opinan ustedes
de esto? Yo diría que es una palabra.
Lestrade se acercó hasta donde se encontraba mi amigo. So-
bre el desvaído papel amarillo, un poco por encima de la cabe-
za de Lestrade, se veía una palabra, en letras mayúsculas, escri-
ta con sangre verde.
—¿R-A-C-H-E...? —deletreó Lestrade en voz alta—. Ob-
viamente, quería escribir «Rachel», pero alguien le interrum-
pió. Así pues, debemos buscar a una mujer...
Mi amigo guardó silencio. Regresó junto al cadáver y exa-
minó de cerca primero una mano y luego la otra. Las yemas de
los dedos no estaban manchadas de aquella sustancia.
—Creo que es evidente que no fue Su Alteza Real quien es-
cribió esa palabra...
—¿Qué demonios le hace suponer...?
—Mi querido Lestrade, no insulte usted a mi inteligencia,
por favor. Obviamente, este cadáver no es humano: el color de
su sangre, el número de extremidades, los ojos, la situación de la
cara; todo ello indica que nos encontramos ante un sujeto de
sangre real. Ciertamente, no puedo establecer con seguridad a
qué rama de la familia pertenece, pero me arriesgaría a de-
cir que podría tratarse de un heredero... no, segundo en la línea
de sucesión... en alguno de los principados alemanes.

—Es asombroso. —Lestrade vaciló un momento antes de
continuar—. Es el príncipe Franz Drago, de Bohemia. Vino a
Albión como invitado de Su Majestad, la reina Victoria. Estaba
aquí de vacaciones, para cambiar de aires...
—Deduzco que se refiere usted a los teatros, las prostitutas
y las mesas de juego.
—Como usted prefiera. —Lestrade parecía ofendido—. En
todo caso, nos ha proporcionado usted una valiosa pista con lo
de esa tal Rachel. Aunque, sin duda, habríamos acabado descu-
briéndolo de todos modos.
—Sin duda —afirmó mi amigo.
Siguió inspeccionando el resto de la habitación, dejando
caer algún que otro comentario mordaz sobre el modo en que
la policía había contaminado las huellas con sus propias pisa-
das y alterado el orden de los objetos de la habitación, detalles
ambos que habrían resultado muy útiles a la hora de intentar
reconstruir los hechos de la pasada noche.
Sin embargo, descubrió una pequeña mancha de barro de-
trás de la puerta que, al parecer, le llamó poderosamente la
atención.

También descubrió restos de cenizas o de polvo junto a la
chimenea.
—¿Había reparado usted en esto? —le preguntó a Lestrade.
—La policía de Su Majestad no suele conceder importancia
al hallazgo de unas cenizas junto a una chimenea. No es algo im-
propio, precisamente —replicó Lestrade, riendo entre dientes.
Mi amigo tomó una pizca de ceniza, la frotó entre sus de-
dos y olfateó los restos que se le habían quedado adheridos. Fi-
nalmente, tomó una muestra con una ampolla de cristal y se la
guardó en el bolsillo interior de su abrigo.
Se puso en pie.
—¿Y el cadáver?
—Enviarán a alguien de palacio para recogerlo —dijo Les-
trade.
Mi amigo me hizo un gesto con la cabeza y, juntos, nos di-
rigimos hacia la puerta. Suspiró y dijo:
—Inspector, me temo que la búsqueda de esta tal Rachel no
le llevará a ninguna parte. Entre otras cosas, «rache» es una pa-
labra alemana. Significa «venganza». Consulte usted un dic-
cionario. Tiene diversas acepciones.
Bajamos las escaleras y salimos a la calle.
—Hasta esta misma mañana, no había visto usted a ningún
miembro de la realeza, ¿me equivoco? —me preguntó. Yo ne-
gué con la cabeza—. La primera vez puede resultar algo des-
concertante, si le coge a uno por sorpresa. Caramba, amigo
mío... ¡está usted temblando!
—Perdóneme. Se me pasará enseguida.
—¿Le ayudaría que diéramos un paseo? —me preguntó.
Asentí, pues estaba seguro de que si no caminaba un rato
arrancaría a gritar.
—En tal caso, sigamos hacia el oeste —dijo mi amigo, se-
ñalando la sombría torre del palacio. Y echamos a andar.
—¿De modo —me preguntó mi amigo, al cabo de unos mi-
nutos— que hasta ahora no ha tenido ocasión de conocer per-
sonalmente a ningún miembro de la realeza europea?
—No —respondí.
—Pues creo poder asegurarle que la tendrá —afirmó—. Y
está vez no será un cadáver. No tendrá que esperar mucho.
—Mi querido amigo, ¿qué le hace pensar...?
En respuesta a mi pregunta, me señaló un carruaje negro
que acababa de detenerse unos cincuenta metros más adelante.
Un hombre ataviado con un gabán y un sombrero negro de
copa había bajado a abrir la portezuela y aguardaba en silencio.
En la portezuela se veía un escudo de armas dorado que cual-
quier niño nacido en Albión habría reconocido de inmediato.
—Hay invitaciones que no se pueden rechazar —dijo mi
amigo.
Se descubrió ante el lacayo y me pareció que sonreía mien-
tras entraba en la cabina y se acomodaba en el mullido asiento
de cuero.
Quise hablar con él durante el trayecto, pero mi amigo se
llevó un dedo a los labios para indicarme que guardara silencio.
A continuación, cerró los ojos y al parecer quedó sumido en
una profunda reflexión. Yo, por mi parte, intenté recordar lo
que sabía de la realeza alemana, y descubrí que no sabía gran
cosa —aparte del hecho de que el príncipe Alberto, consorte de
la Reina, era alemán.
Metí la mano en el bolsillo de mi abrigo y saqué un puña-
do de monedas, pardas y plateadas, negras y cardenillo. Con-
templé la efigie de nuestra Reina grabada en cada una de ellas,
y su visión me inspiró, por un lado, un profundo orgullo pa-
triótico y, por otro, un miedo cerval. Me dije a mí mismo que
el miedo es un sentimiento ajeno a todo aquel que ha servido
en el ejército, y recordé que hubo una época en la que dicho
pensamiento había sido una realidad. Por un momento, recor-
dé que había sido un magnífico tirador —incluso, me gustaba
pensar, un tirador de élite—, pero mi mano temblaba ahora
como si estuviera paralizada, y el modo en que tintineaban
aquellas monedas me hizo sentir lástima de mí mismo.

3. El palacio
FINALMENTE, EL DOCTOR HENRY JEKYLL
SE COMPLACE EN ANUNCIAR LA COMERCIALIZACIÓN DE SUS MUNDIALMENTE
CÉLEBRES «POLVOS JEKYLL» PARA CONSUMO POPULAR.
YA HAN DEJADO DE SER PATRIMONIO DE UNOS POCOS AFOR-
TUNADOS. ¡LIBERE SU YO! ¡LÍMPIESE POR DENTRO Y POR FUERA!
DEMASIADA GENTE, TANTO HOMBRES COMO MUJERES,
SUFREN DOLENCIAS DEL ALMA; PUEDEN ALIVIARLAS INMEDIATAMENTE,
Y DE FORMA ECONÓMICA, CON LOS POLVOS DE JEKYLL
(DISPONIBLES EN SABOR VAINILLA O EN LA FÓRMULA ORIGINAL MENTOLADA).


El consorte de la Reina, el príncipe Alberto, era un hombre
alto que lucía un imponente mostacho y entradas en el cabello,
y era inequívoca y enteramente humano. Salió a recibirnos al
pasillo, nos saludó con una inclinación de cabeza y no nos pre-
guntó nuestros nombres ni nos estrechó las manos.
—La Reina está terriblemente consternada —nos comuni-
có. Tenía un leve acento extranjero, pronunciaba las erres co-
mo si tuviera frenillo: Ggueina. Tegguiblemente—. Franz era
uno de sus predilectos. Tiene muchos sobrinos, pero Franz la
hacía reír. Deben hallar a los que le hicieron esto.
—Haré cuanto esté en mi mano —replicó mi amigo.
—He leído sus monografías —continuó el príncipe Alber-
to—. Fui yo quien sugirió que debían consultar con usted. Es-
pero no haberme equivocado.
—Yo también lo espero —respondió mi amigo.
Entonces, se abrió la gran puerta y nos condujeron hacia la
oscuridad y ante la Reina.
La llamaban Victoria, porque nos había derrotado en una
batalla librada setecientos años antes, y también Gloriana, por-
que era gloriosa, y la llamaban la Reina, porque la laringe hu-
mana no está configurada para pronunciar su verdadero nom-
bre. Era inmensa, más de lo que hasta ese momento había
creído posible y nos observaba desde las sombras, inmóvil.
Deben rezsolver ezste cazso. La voz venía de entre las som-
bras.
—Por supuesto, Señora —replicó mi amigo.
Una extremidad se enroscó y me señaló directamente.
Acérquezse.
Yo quería echar a andar, pero mis piernas no se movieron.
Mi amigo vino en mi rescate. Me cogió del codo y avanzó
conmigo hacia Su Majestad.
No ezs para tener miedo. Ezs para zsentirzse bien. Ezs para
hacernozs compañerozs.

Eso fue lo que me dijo. Tenía una preciosa voz de contralto,
que iba acompañada de un leve zumbido. Entonces, aquella ex-
tremidad se desenroscó y se extendió y la Reina me tocó en el
hombro. Por un momento, pero sólo un momento, sentí un do-
lor más intenso y más profundo que cualquier otro dolor que
yo haya experimentado y, a continuación, el dolor desapareció
y una sensación de bienestar se apoderó de todo mi cuerpo.
Sentí que los músculos de mi hombro se relajaban y, por pri-
mera vez desde Afganistán, dejó de dolerme el brazo.
Acto seguido, le llegó el turno a mi amigo. Victoria le ha-
bló, pero no pude escuchar sus palabras; pensé que quizá la
mente de la Reina se estaba comunicando directamente con
la de mi amigo, y me pregunté si sería ese el famoso Consejo
de la Reina, del que tanto se habla en los libros de historia. Mi
amigo le replicó en voz alta:
—Con toda certeza, Señora. Puedo asegurarle que anoche
había dos hombres más, aparte de su sobrino, en aquella habi-
tación de Shoreditch. Las huellas resultaban algo confusas,
pero no dejaban lugar a dudas.
Y después:
—Sí, lo comprendo... Eso creo... Sí.
Cuando salimos del palacio, mi amigo estaba algo taciturno,
y no me dirigió la palabra en el trayecto hasta Baker Street.
Había anochecido ya, y me pregunté cuánto tiempo habría-
mos estado en palacio.
Unos jirones de niebla cargada de hollín atravesaban la ca-
lle y el cielo de parte a parte.
Cuando llegamos a Baker Street, al mirarme en el espejo de
mi alcoba, me percaté de que aquella marca blanca que tenía en
el hombro había adquirido un tono rosado. Confié en que no
fuera cosa de mi imaginación, o el efecto de la luz de la luna
que entraba por la ventana.

4. La representación
¿SUFRE USTED DEL HÍGADO? ¿ATAQUES DE IRA?
¿PROBLEMAS NEURASTÉNICOS? ¿AMIGDALI-
TIS? ¿ARTRITIS? ÉSTOS SON SÓLO ALGUNOS EJEMPLOS
DE LAS DOLENCIAS QUE UNA SANGRÍA PROFESIONAL PUEDE CURAR.
EN NUESTRAS OFICINAS TENEMOS GRAN CANTIDAD
DE TESTIMONIOS DE CLIENTES SATISFECHOS A DISPOSI-
CIÓN DE QUIEN QUIERA CONSULTARLOS. NO PONGA SU SA-
LUD EN MANOS DE AFICIONADOS; NOSOTROS LLEVAMOS
MUCHO TIEMPO EN ESTE OFICIO: V. TEPES — SANGRA-
DOR PROFESIONAL (RECUERDE: SE PRONUNCIA TZSE-
PESH). RUMANÍA, PARÍS, LONDRES, WHITBY. YA HA PROBA-
DO CON LOS DEMÁS: ¡PRUEBE AHORA CON EL
MEJOR!


El que mi amigo fuera un consumado maestro en el arte del
disfraz no debiera haberme sorprendido, pero el caso es que me
sorprendió. A lo largo de los diez días siguientes, fueron desfi-
lando por Baker Street una extraña recua de personajes: un an-
ciano chino, un joven libertino, una oronda pelirroja cuya
antigua profesión resultaba extraordinariamente fácil de adi-
vinar, y un venerable ancianito, con el pie inflamado y cubier-
to por un vendaje a causa de la gota. El ritual era siempre
el mismo: el personaje entraba en la casa, se dirigía a la alcoba
de mi amigo y, con el ritmo vertiginoso de un vodevil, aparecía
éste.
Nunca me contaba lo que había estado haciendo, prefería
relajarse con la mirada fija en un punto del espacio, tomando
notas de tanto en tanto en cualquier papel que tuviera a mano
en ese momento; notas que para mí resultaban francamente
ininteligibles. Parecía tan ensimismado que llegué a preocu-
parme por su salud. Y entonces, una tarde, volvió a casa vesti-
do con sus propias ropas, con una sonrisa radiante en la cara, y
me preguntó si me gustaba el teatro.
—¿Y a quién no? —le respondí.
—En tal caso, corra a buscar sus prismáticos —me dijo—.
Nos vamos a Drury Lane.
Yo esperaba que fuéramos a ver una opereta, o algo por el
estilo, pero en lugar de eso me encontré en el que debía de ser,
sin duda alguna, el peor teatro de todo Londres, por muchas
campanillas que tuviera su nombre. Para ser sincero, difícil-
mente podía decirse que estuviera en Drury Lane, pues estaba
situado al final de Shaftesbury Avenue, muy cerca del subur-
bio de Saint Giles. Siguiendo el consejo de mi amigo, puse mi
billetera a buen recaudo e, imitando su ejemplo, cogí un bastón
bien recio.
Una vez acomodados en nuestras butacas de platea (le ha-
bía comprado una naranja por tres peniques a una encantado-
ra jovencita que las vendía a la entrada, y me entretuve succio-
nando su jugo mientras esperábamos), mi amigo me dijo, en
voz baja:
—Puede considerarse afortunado por no haber tenido que
acompañarme a un antro de juego o a un burdel. O a algún
manicomio, otro de los sitios que gustaba de visitar el príncipe
Franz, según he averiguado. Pero a ninguno de los lugares que
visitaba volvía por segunda vez. A ninguno excepto...
La orquesta empezó a tocar, y se alzó el telón. Mi amigo se
quedó callado.
Era un buen espectáculo, en su estilo, que constaba de tres
representaciones de un solo acto. Entre una y otra, interpreta-
ban canciones cómicas. El solista masculino, un hombre alto y
con aire melancólico, tenía una hermosa voz; la solista femeni-
na era elegante y su voz llenaba el auditorio; el caricato inter-
pretaba los recitativos con mucha gracia.
El primer número era una comedia frívola basada en el
equívoco: el actor principal interpretaba a dos hermanos geme-
los que no se conocían pero que, por una sucesión de cómicas
desventuras, acababan prometiéndose en matrimonio a la mis-
ma joven, que, irónicamente, creía estar comprometida con un
único hombre. Las puertas se abrían y se cerraban continua-
mente para que el actor pudiera cambiar de caracterización.
En el segundo número, se escenificaba la patética historia
de una desamparada huerfanita que vendía violetas bajo la nie-
ve, hasta que al final, su abuela la reconocía y le decía a todo el
mundo que aquella huerfanita era en realidad el bebé que unos
bandidos habían secuestrado años atrás, pero ya era demasiado
tarde, y la pobre niña moría de frío. Debo confesar que tuve
que enjugarme las lágrimas de los ojos en más de una ocasión.
El espectáculo terminaba con una pieza de carácter épico
ambientada setecientos años antes: la compañía al completo
interpretaba a los habitantes de un pueblo costero que veían
surgir del mar unas figuras, y el héroe les decía que eran los
Ancestros, aquellos cuyo regreso anunciaban las profecías, y
que venían de R’lyeh y de la oscura Carcosa, y de las llanuras
de Leng, donde habían permanecido dormidos —o a la espera,
o quizá muertos— hasta ese momento. El caricato opinaba que
sus vecinos se habían atiborrado de pasteles o de cerveza y es-
taban sufriendo alucinaciones. Un rollizo caballero que inter-
pretaba a un sacerdote católico les decía a los habitantes del
pueblo que aquellas figuras eran monstruos y demonios, y que
debían ser destruidos.
La obra alcanzaba el clímax cuando el héroe mataba a palos
al sacerdote católico con su propio crucifijo y se preparaba para
recibir a los Ancestros con todos los honores. La heroína can-
taba entonces un aria memorable, mientras, en medio de un
asombroso despliegue de ilusiones ópticas creadas por medio
de una linterna mágica, se proyectaban sobre el cielo que había
al fondo del escenario las sombras de aquellos míticos seres: la
mismísima reina de Albión y el Señor Oscuro de Egipto (re-
presentado como una figura casi humana), seguidos por el Ve-
nerable Macho Cabrío, padre de Mil, Emperador de toda la
China, y el Incontestable Zar, y Aquel que Preside el Nuevo
Mundo, y la Dama Blanca del Antártico Reducto y todos los
demás. El público saludaba cada una de estas apariciones al gri-
to espontáneo y unánime de «¡Hurra!». En el cielo pintado del
escenario salía la luna y, una vez alcanzado su cenit, el espec-
táculo finalizaba con un toque de magia teatral: la pálida luna
de los viejos cuentos se teñía del rojo carmesí que ilumina aho-
ra nuestras noches.
Los actores salieron a escena para el saludo final, y el pú-
blico les reclamó con sus encendidos aplausos una y otra vez
hasta que cayó el telón por última vez y la función se dio por
concluida.
—Se acabó —dijo mi amigo—. ¿Qué le ha parecido?
—Fantástica, absolutamente fantástica —repliqué, con las
manos enrojecidas de tanto aplaudir.
—Es usted un bendito —me dijo, sonriendo—. Vamos a los
camerinos.
Salimos por la puerta principal y nos dirigimos al callejón
en el que estaba situada la entrada de artistas, donde nos tro-
pezamos con una mujer menuda con un quiste sebáceo en la
mejilla que tricotaba afanosamente. Mi amigo le mostró una
tarjeta de visita, y la mujer nos condujo por el pasillo hasta un
pequeño vestuario común.
Candiles y velas iluminaban con su luz oscilante a los hom-
bres y mujeres que, en despreocupada promiscuidad, se desma-
quillaban y se cambiaban de ropa frente a los sucios espejos. Yo
aparté la mirada con discreción. Mi amigo ni se inmutó si-
quiera.
—Quisiera hablar con el señor Vernet —dijo en voz alta.
Una joven que había interpretado a la mejor amiga de la
heroína en la primera obra, y a la descarada hija del posadero
en la última, nos indicó que buscáramos al fondo del vestuario.
—¡Sherry! ¡Sherry Vernet! —gritó.
El joven que se levantó en respuesta a la llamada era muy
delgado, y de una belleza menos convencional que la que apa-
rentaba en escena. Nos buscó con la mirada.
—No creo haber tenido el placer de...
—Me llamo Henry Camberley —le dijo mi amigo, hablan-
do con un cierto dejo exótico—. Quizá haya oído hablar de mí.
—Debo confesarle que no he tenido ese privilegio —repli-
có Vernet.
Mi amigo le ofreció una tarjeta de visita.
El joven miró la tarjeta con genuino interés.
—¿Un empresario teatral? ¿Del Nuevo Mundo? Caramba.
¿Y usted es...? —preguntó, dirigiéndose a mí.
—El caballero es mi amigo, el señor Sebastian. No pertene-
ce a la profesión.
Mascullé unas palabras de felicitación y le estreché la
mano.
—¿Ha estado alguna vez en el Nuevo Mundo? —le pre-
guntó mi amigo.
—Aún no he tenido ese honor —admitió Vernet—, aunque
ése ha sido siempre mi mayor sueño.
—Muy bien, mi querido colega —dijo mi amigo, con la na-
tural familiaridad de un hombre del Nuevo Mundo—. Es muy
posible que su sueño se vea cumplido. Esa última obra... jamás
había visto nada parecido. ¿Es usted el autor?
—Lamentablemente, no. La escribió un buen amigo mío,
aunque fui yo quien ideó el montaje final con la linterna má-
gica. No encontrará nada más sofisticado en la escena de hoy
en día.
—¿Podría decirme el nombre del autor? Quizá sea mejor
que hable directamente con su amigo.
Vernet negó con la cabeza.
—Me temo que eso no va a ser posible. Mi amigo es un
profesional liberal, y no quiere que su relación con el mundo
escénico salga a la luz pública.
—Ya comprendo. —Mi amigo sacó la pipa de su bolsillo y
se la puso en la boca. Luego, se tanteó los bolsillos—. Disculpe,
pero creo que me he dejado la petaca.
—Yo fumo picadura, negro y bastante fuerte —dijo el ac-
tor—, pero si a usted no le importa...
—¡En absoluto! —replicó efusivamente mi amigo—. Qué
suerte la mía, yo también fumo tabaco negro de picadura. —Y
cargó su pipa con el tabaco del actor.
Se pusieron a fumar los dos mientras mi amigo le contaba
una idea que tenía en mente para un montaje que se podría lle-
var de gira por las ciudades del Nuevo Mundo, desde la isla de
Manhattan hasta la última ciudad del lejano sur. El primer acto
sería la última obra que habíamos visto esa noche. Y el resto de
la función podría girar, quizá, en torno al dominio de los An-
cestros sobre la humanidad y sus dioses, o plantear lo que po-
dría haber sucedido si no hubiera familias reales a las que ad-
mirar —un mundo de barbarie y oscuridad.
—Pero tendría que ser su misterioso amigo quien la escri-
biera y, desde luego, tendría carta blanca —aclaró mi amigo—.
Haremos nuestro su texto. Pero puedo garantizarles más es-
pectadores de los que pueda soñar su imaginación, y un sus-
tancioso porcentaje de la recaudación. Digamos, ¡un cincuenta
por ciento!
—Eso suena muy interesante —replicó Vernet— ¡Espero
que no se convierta en humo!
—No, señor. ¡De ninguna manera! —afirmó mi amigo,
dando una calada a su pipa y riendo el chiste del actor—. Ven-
ga a verme mañana por la mañana a Baker Street, le espero a
eso de las diez, y traiga también a su amigo. Tendré sus contra-
tos listos para firmar.
El actor se subió a una silla y batió palmas pidiendo silencio.
—Damas y caballeros, tengo algo que anunciarles —pro-
clamó, impostando su hermosa voz para que todos pudieran
oírle con claridad—. Este caballero es Henry Camberley, el
empresario teatral, y quiere llevarnos al otro lado del Atlánti-
co para labrar fama y fortuna.
Aquello suscitó muestras de entusiasmo entre sus compa-
ñeros, y el caricato dijo:
—Por fin podremos comer algo más que arenques y repo-
llo en vinagre. —Y toda la compañía estalló en risas.
Finalmente, abandonamos el teatro entre las sonrisas de los
actores y salimos a las calles cubiertas de niebla.
—Mi querido amigo —le dije—, de qué demonios...
—No diga una palabra más —me replicó—. Esta ciudad
tiene oídos.
Así pues, no intercambiamos una sola palabra hasta hallar-
nos en un coche de camino a Baker Street.
Incluso entonces, antes de decidirse a hablar, mi amigo se
sacó la pipa de la boca y vació el contenido de la cazoleta en una
cajita metálica. Presionó bien la tapa y se la guardó en el bolsi-
llo.
—Ya está —dijo—. Ya tenemos al Hombre Alto, como que
la luna es roja. Ahora, sólo nos queda esperar a que la codicia
y la curiosidad del Médico Cojo sean lo suficientemente pode-
rosas para traerle hasta nosotros mañana por la mañana.
—¿El Médico Cojo?
Mi amigo suspiró.
—Ése es el sobrenombre que le he puesto. Al examinar las
huellas y otros muchos detalles en la habitación en la que apa-
reció el cadáver del príncipe, comprendí que era obvio que
aquella noche había dos personas más en la habitación: un
hombre alto a quien, si mis suposiciones no son erróneas, aca-
bamos de encontrar, y un hombre cojo de menor estatura, que
evisceró al príncipe con una pericia que lo delata como un pro-
fesional de la medicina.
—¿Un médico?
—En efecto. Odio tener que decir esto, pero la experiencia
me ha enseñado que cuando un médico escoge el camino del
mal, es peor y más peligroso que el peor de los criminales. Está
el caso de Huston, el que sumergía a sus víctimas en un baño
de ácido, y el de Campbell, que trajo a Ealing la cama de Pro-
custo...1 —Y siguió en la misma línea durante todo el trayecto.
El coche se detuvo junto al bordillo.
—Una libra y diez peniques, por favor —dijo el cochero. Mi
amigo le lanzó un florín, que el hombre cogió al vuelo, y se lle-
vó la mano al raído sombrero de copa a modo de saludo—. Mu-
chas gracias a los dos —gritó, mientras el caballo se alejaba en-
tre la niebla.
Subimos hasta la puerta principal. Mientras yo abría la
puerta, mi amigo comentó:
—Qué extraño. Nuestro cochero ha ignorado a ese hombre
que hay en la esquina.
—No es de extrañar, si ha acabado su turno —observé.
—Cierto, muy cierto.
Aquella noche soñé con sombras, gigantescas sombras que
eclipsaban al sol. Yo las llamaba a gritos, desesperado, pero no
me escuchaban.


5. LA PIEL Y EL POZO
ESTE AÑO SUMÉRJASE EN LA PRIMAVERA... ¡CON LA PRIMA-
VERA EN SUS PIES! JACK’S: BOTAS, ZAPATOS Y CHANCLOS.
AHÓRRESE LA SUELA, SOMOS ESPECIALISTAS EN TACONES.
JACK’S. Y NO OLVIDE VISITAR NUESTRO NUEVO ESTABLECI-
MIENTO DE ROPA Y ACCESORIOS EN EL EAST END, DONDE
ENCONTRARÁ TODO TIPO DE TRAJES DE NOCHE, SOMBRE-
ROS, NOVEDADES, VARAS, ESPADAS DE BASTÓN, ETCÉTERA.
JACK’S, EN PICCADILLY: ¡TODO PARA LA PRIMAVERA!


El inspector Lestrade fue el primero en llegar.
—¿Tiene a sus hombres apostados en la calle? —le pregun-
tó mi amigo.
—Todos en sus puestos, sí —respondió Lestrade—. Tienen
órdenes estrictas de dejar entrar a cualquiera que venga y de
arrestar a cualquiera que intente escapar.
—¿Y ha traído usted sus esposas?
Lestrade se metió la mano en el bolsillo y, con aire resuel-
to, hizo sonar dos pares de esposas.
—Muy bien —dijo—. Y mientras esperamos, ¿por qué no
me explica qué es lo que estamos esperando, exactamente?
Mi amigo sacó la pipa del bolsillo pero, en lugar de llevár-
sela a la boca, la dejó sobre la mesa que tenía delante. A conti-
nuación, sacó la cajita metálica de la noche anterior y la ampo-
lla de cristal en la que había guardado la muestra de ceniza que
recogió en la habitación de Shoreditch.
—Ahí lo tiene —dijo—. La soga que servirá, tal como espe-
ro poder demostrar en breve, para ahorcar al señor Vernet.
Hizo una pausa. Sacó su reloj de bolsillo y lo depositó cui-
dadosamente sobre la mesa.
—Todavía tardarán unos minutos en llegar. —Se volvió
hacia mí—. ¿Qué sabe usted sobre los restauracionistas?
—Ni media palabra —confesé.
Lestrade tosió.
—Si está usted hablando de lo que yo creo que habla
—dijo—, quizá deberíamos dejarlo aquí. Ya es suficiente.
—Demasiado tarde para eso —replicó mi amigo—. Hay al-
gunos que, en contra de lo que todos nosotros creemos firme-
mente, opinan que la llegada de los Ancestros no es motivo de
celebración. Anarquistas recalcitrantes que aspiran a restaurar
el viejo orden, a volver a dejar en manos de los hombres el con-
trol de su propio destino, si así lo prefiere.
—No estoy dispuesto a escuchar una palabra más sobre
esta sedición —dijo Lestrade—. Debo exhortarle a...
—Y yo debo exhortarle a que no sea tan estúpido —replicó
mi amigo—. Porque fueron los restauracionistas quienes ma-
taron al príncipe Franz Drago. Ellos asesinan, matan, en un
vano intento de forzar a nuestros amos a dejarnos solos en la
oscuridad. El príncipe fue asesinado por un rache, que es un
término antiguo que designa un perro de caza, inspector, como
usted mismo habría podido averiguar si hubiese consultado un
diccionario. También significa «venganza». Y el cazador dejó
su firma en el papel de la pared de la habitación del crimen, del
mismo modo que un artista firmaría un lienzo. Pero no fue él
quien mató al príncipe.
—¡El Médico Cojo! —exclamé.
—Muy bien. Aquella noche había allí un hombre alto, pude
deducirlo del hecho de que la palabra estaba escrita a la altura
de los ojos. Fumaba en pipa; recuerde que encontré la ceniza y
el tabaco a medio consumir junto a la chimenea, y es de supo-
ner que si golpeó su pipa contra la repisa de la chimenea para
vaciarla, debía de ser un hombre alto, pues a un hombre de me-
nor estatura no le habría resultado fácil. El tabaco era de pica-
dura, con una mezcla bastante inusual. Las huellas de los zapa-
tos habían sido borradas en su mayor parte por sus hombres,
pero quedaban algunas huellas claras detrás de la puerta y bajo
la ventana. Alguien había estado esperando allí: un hombre de
menor estatura, a juzgar por la longitud de la zancada, y que
cargaba el peso de su cuerpo sobre la pierna derecha. En la ca-
lle, pude observar también algunas huellas claras, y los distin-
tos colores del barro que había en el limpiabarros de la puerta
de la calle me proporcionaron alguna información adicional:
un hombre alto, que había acompañado al príncipe hasta aque-
lla habitación y que, más tarde, se marchó de allí. Arriba les es-
taba esperando el hombre que descuartizó al príncipe con tan
asombrosa pericia...
Lestrade emitió una especie de gruñido que no llegó a
transformar en palabras.
—He dedicado varios días a volver sobre los pasos de Su
Alteza. Visité los antros de juego, los burdeles y los manico-
mios en busca del fumador de pipa y de su amigo. No saqué
nada en limpio hasta que decidí echar un vistazo a los periódi-
cos de Bohemia, a ver si ahí encontraba alguna pista sobre las
recientes actividades del príncipe, y de ese modo averigüé que
una compañía teatral inglesa había estado actuando allí el mes
pasado, y que el príncipe Franz Drago había asistido a una de
sus funciones...
—Santo cielo —exclamé—. Así que ese tal Sherry Vernet...

—Es un restauracionista. Exacto.
Estaba sacudiendo la cabeza en un gesto de incredulidad,
fascinado por la inteligencia de mi amigo y sus dotes para la
observación, cuando alguien llamó a la puerta.
—¡Debe de ser nuestra presa! —dijo mi amigo— ¡Prepá-
rense!
Lestrade metió la mano en un bolsillo, donde sin duda de-
bía de llevar una pistola, y tragó saliva. Estaba nervioso.
Mi amigo alzó la voz y dijo:
—¡Adelante, pase!
Se abrió la puerta.
No era Vernet, ni tampoco el Médico Cojo. Era uno de esos
muchachos árabes que se ganan el pan haciendo recados —«en
el negocio de pavimentos y suelas», como se solía decir en mi
juventud.
—Con su permiso, caballeros —dijo— ¿vive aquí el señor
Henry Camberley? Un caballero me pidió que le entregara
esta nota.
—Yo soy Henry Camberley —le dijo mi amigo—. Te daré
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una moneda de seis peniques si me describes al caballero que te
dio la nota.
El muchacho, que según nos dijo se llamaba Wiggins, mor-
dió la moneda antes de guardársela en el bolsillo y nos explicó
que era un tipo simpático, bastante alto, de cabello oscuro y,
añadió, fumaba en pipa.
Tengo la nota aquí mismo, de modo que me tomaré la li-
bertad de transcribirla.

Estimado señor:
No me dirijo a usted como a Henry Camberley, porque ése
no es su verdadero nombre. Me sorprende que no usara usted el
verdadero, pues es un nombre bien elegante y del que puede
sentirse usted muy orgulloso. He leído algunos de sus estudios
y, de hecho, mantuvimos una provechosa correspondencia hace
dos años en relación con ciertas anomalías en su estudio sobre
la Dinámica de los asteroides.
Me divertí mucho anoche, con nuestra pequeña mascarada.
Pero me voy a tomar la libertad de darle algunos consejos que po-
drían ahorrarle muchas molestias en el futuro, en el ejercicio de la
profesión a la que ahora se dedica. En primer lugar, cabe dentro
de lo posible que un fumador de pipa lleve una pipa nueva y sin
estrenar en su bolsillo y no lleve tabaco encima, pero es algo bas-
tante insólito; tan insólito, al menos, como un empresario teatral
que desconoce por completo las costumbres en cuanto al reparto
de las ganancias en una gira teatral, y que además se hace acom-
pañar por un antiguo oficial del ejército (Afganistán, si no me
equivoco). Y a propósito, puesto que como bien dice usted las ca-
lles de Londres tienen oídos, quizá sería conveniente que, en lo su-
cesivo, no tome usted el primer coche que se le presente. Los co-
cheros también tienen oídos, y en ocasiones, incluso, los usan.
Sin embargo, reconozco que acertó de pleno con una de sus
suposiciones: fui yo, en efecto, quien engatusó a esa monstruosa
criatura para llevarla hasta aquella habitación en Shoreditch.
Por si le sirve de consuelo, le diré que, habiéndome documen-
tado un poco sobre sus preferencias a la hora de divertirse, le dije
que le había encontrado a una joven, recientemente raptada de
un convento de Cornwall donde había crecido enclaustrada y sin
conocer varón, y que la joven en cuestión se volvería completa-
mente loca en cuanto viera su rostro y la acariciara.
De haber existido dicha joven, él habría gozado provocando
su locura, como un hombre goza sorbiendo el dulce jugo de un
melocotón maduro hasta que no queda de él más que la piel y el
hueso. Les he visto hacerlo en alguna ocasión. Les he visto hacer
cosas mucho peores que ésa. Y no es el precio que hay que pagar
por la paz y la prosperidad. Es un precio demasiado alto.
El buen doctor —que es de mi misma opinión, y que en efec-
to escribió aquel opúsculo, pues tiene cierta facilidad para com-
placer al gran público— estaba esperándonos arriba, con su co-
lección de bisturíes.
Le envío esta nota, no para burlarme de usted y retarle a
que me atrape —pues el doctor y yo ya hemos abandonado la
ciudad, y no nos encontrará jamás—, sino para decirle que fue
muy agradable sentir, al menos por un momento, que tenía
frente a mí a un adversario digno de consideración. Digno de
mucha más consideración que esas inhumanas criaturas de más
allá del Abismo.
Mucho me temo que la compañía teatral de los Strand Pla-
yers tendrá que buscarse un nuevo director.
No firmaré esta carta como Vernet, y hasta que la cacería
haya terminado y el hombre sea restaurado en el lugar que le
corresponde, le ruego que piense en mí simplemente como
Rache.

El inspector Lestrade se precipitó fuera de la habitación, lla-
mando a sus hombres. Hicieron que el joven Wiggins les lleva-
ra hasta el lugar en el que el hombre le había entregado la nota,
como si esperaran que Vernet fuera a estar esperándolos allí,
fumándose una pipa tranquilamente. Mi amigo y yo les vimos
correr desde la ventana, qué pérdida de tiempo.
—Darán orden de cerrar estaciones y puertos, y registrarán
todos los trenes y barcos que zarpen de Albión rumbo al conti-
nente o al Nuevo Mundo —dijo mi amigo—, buscando a un
hombre alto y a su acompañante, un hombre más bajo, re-
choncho, médico de profesión y con una leve cojera. Bloquea-
rán cualquier posible salida del país.
—¿Cree usted que lo atraparán, entonces?
Mi amigo negó con la cabeza.
—Puede que me equivoque —dijo—, pero juraría que él y
su amigo están ahora mismo a tan sólo una milla de aquí, en el
suburbio de Saint Giles, donde la policía no entrará si no es en
patrullas de a doce. Se esconderán allí hasta que la cosa se cal-
me, y entonces seguirán con sus asuntos.
—¿Qué le hace pensar que será así?
—Querido amigo —replicó—, eso es lo que yo haría si es-
tuviera en su lugar. Y, a propósito, debería usted quemar esa
nota.
Fruncí el ceño.
—Pero es una prueba —objeté.
—No es más que basura sediciosa —respondió mi amigo.
Y, en efecto, debería haberla quemado. De hecho, le dije a
Lestrade cuando regresó que había quemado la nota, y él me
felicitó por mi buen juició. Lestrade conservó su puesto, y el
príncipe Alberto le escribió una nota a mi amigo felicitándole
por sus deducciones y lamentando, no obstante, que el autor
del crimen siguiera en libertad.
A día de hoy, aún no han atrapado a Sherry Vernet, o como
quiera que se llamase en realidad, ni tampoco han hallado nin-
guna pista sobre el paradero de su cómplice, al que al parecer
identificaron como un antiguo cirujano militar que responde
al nombre de John (o quizá James) Watson. Curiosamente, se
descubrió que también había estado en Afganistán. Me pre-
gunto si llegaríamos a coincidir en alguna ocasión.
Mi hombro, el que la Reina tocó, continúa mejorando, la
carne va rellenando la herida y la va cerrando. Dentro de nada
volveré a ser un tirador de primera.
Una noche, hace varios meses, estando los dos solos, le pre-
gunté a mi amigo si recordaba la correspondencia a la que ha-
cía referencia en su nota aquel hombre que se hacía llamar Ra-
che. Mi amigo me dijo que la recordaba perfectamente, y que
«Sigerson» (pues ése era el nombre que había utilizado enton-
ces, explicando que era islandés) se había inspirado en una
ecuación de mi amigo para sugerir una serie de delirantes teo-
rías ahondando en la relación entre masa, energía y la hipoté-
tica velocidad de la luz. «Bobadas, desde luego —dijo mi ami-
go, sin sonreír—. Pero bobadas inspiradas y peligrosas, no
obstante.»
Finalmente, llegó una nota de palacio en la que se nos co-
municaba que la Reina estaba muy satisfecha con el talento
que mi amigo había demostrado durante la investigación, y ahí
se quedó la cosa.
No obstante, dudo de que mi amigo se olvide del caso; no lo
dará por concluido hasta que uno de los dos mate al otro.
Guardé la nota. He revelado en esta narración ciertas cosas
que no debería. Si yo fuera un hombre sensato, quemaría todas
estas páginas, pero, como bien me enseñó mi amigo, incluso las
cenizas pueden revelar sus secretos. De modo que guardaré es-
tos papeles en una caja de seguridad, en mi banco, y dejaré ins-
trucciones para que la caja no se abra hasta mucho después de
que todos los personajes aquí mencionados hayan muerto.
Aunque, a la luz de los sucesos recién acaecidos en Rusia, temo
que ese día pueda estar más cerca de lo que a cualquiera de no-
sotros nos gustaría pensar.

S. M. Comandante (Retirado)
Baker Street,
Londres, Nueva Albión, 1881


Noviembre 27, 2007

Borges y Lovecraft: There are more things

Las obras de Jorge Luis Borges y Howard Phillips Lovecraft corren paralelas en más de un sentido. Aunque su visión de lo fantástico se decante en fórmulas distintas (el deslumbramiento metafísico y el horror, en ese orden) y los sustratos respectivos sean diferentes, ambos construyen sobre cimientos equiparables. El tiempo, los libros malditos, los manuscritos perdidos, las civilizaciones olvidadas, la narrativa como sistema de símbolos que implican otros órdenes en la “realidad”: todo esto comparten Borges y Lovecraft.

En la obra del primero tiene lugar el encuentro de ambos, en el cuento “There Are More Things” (1975).Es notable que la figura de Lovecraft, biografiada por L. Sprague de Camp, ofrezca similitudes, a uno u otro nivel, con las de otros dos creadores. Con Franz Kafka comparte el ser íntimo, afectuoso, que Max Brod desnudó, y la imagen contradictoria que nos ha llegado, de aparición casi romántica, sufrida y enfermiza; es decir, un rostro para su círculo de amigos y otro, de leyenda, para la sociedad.

Con Borges, Lovecraft tiene puntos de contacto en la obsesión por el ámbito cerrado de las cosas que, inevitablemente, se convierten en “marca de fábrica”, merced a las disposiciones de la infancia y la formación intelectual (madre, entorno, libros, sueños, pesadillas; compárense las biografías realizadas por Sprague de Camp y Emir Rodríguez Monegal). “Lovecraftiano” y “borgiano” no son adjetivos gratuitos: designan una parte de la realidad delimitada por la voluntad de narrar, que construye, crea objetos, fabrica mitos: Yuggoth y Sarnath, Tlön y Uqbar, el Necronomicon y el Libro de Arena.

Sigue leyendo Borges y Lovecraft, por David Monroy.

BOLA EXTRA: La biblia del Diablo vuelve a casa

Noviembre 02, 2007

Lovecraft vive (en youtube)

Gibson ha encontrado una entrevista a H. P. Lovecraft de la WPA Newsreel, circa 1933.
Mi padre dice que tiene cara de pervertido.

Octubre 28, 2007

How dreary to be somebody

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Hoy me gustan más los pies que la cabeza. Es un regalo de Jorge Quiñoa, via Ken Wog.

BOLA EXTRA: cthulhu halloween mask.

Agosto 22, 2007

born like stars

Mayo 07, 2007

Robert Grigorov ♥ cthulhu

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Las fotos, en Mocoloco. Las lámparas de Adam Wallacavage, en nuestro cthulhu del día.

MAS: especial Lovecraft 70 aniversario.

Marzo 29, 2007

I ♥ Cthulhu: liferfe

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Un regalo de Jose para el especial. ¡Dedicado! Y es parte de una pequeña serie cthoniana.

I ♥ Cthulhu: David Fairén

Desde granada, David Fairén. Quizá para la próxima vez me explicará por qué LC es más popular entre los programadores y los químicos que en cualquier otra disciplina. De aquí en adelante, ya no soy yo sino él:

Debí leer por primera vez los mitos del Cthulhu con unos 13 años. Por alguna extraña razón que nunca supe entender mi padre me prohibió cualquier contacto con ese y otros libros similares. Sin embargo, un viejo amigo me facilitó una edición con las hojas roídas y amarillas por el tiempo y las páginas sueltas por el uso. En cuanto lo tuve en las manos las historias fueron cayendo una a una, sin poder parar de leerlas, noche tras noche.

Ahora a eso se le llama ser friki. ¡Ay! Inconscientes\205 ¡Ellos nunca sabrán que Por su olor se les reconocerá!

El caso es que lo de la prohibición sobre leer ese libro es cierto, ya que cuando él lo leyó, al parecer se acojonó vivo. Después vino una gran época lovercaftiana, entre nuevos libros (incluyendo una edición de el Necronomicón muy patatera que se había hecho por un lado recogiendo los fragmentos de ese libro que aparecían en la literatura y luego un conjunto de patrañas y dibujos que ya no tenían demasiado sentido) y juegos de rol. Al final, montamos hace muchos años una especie de juego por Internet donde escribíamos historias (la herencia es en parte http://www.rex-draco.com/) y las que algunos hacíamos, la verdad, tenían un tono muy HPL.

El sentido del correo: Ayer estaba viendo La vida secreta de las palabras y hay un momento en el que el quemado le está contando a la enfermera que no sabe nadar. Le cuenta que un día de pequeño en la playa su padre alquiló un patín todo cabreado. Y, cuando están en mitad del mar, alejados de la costa, le empuja y él se hunde hacia el fondo. Juro que contaba que cuando bajaba vio una sombra negra, dos ojos grandes bulbosos y un tentáculo que le recogía\205 hasta que despertó en la cama de un hospital. ¿Qué te parece? ¡Ah! Lo mejor es que el padre tampoco sabía nadar, jaja.

Por otro lado, me acuerdo de Guadalquivir. Un libro de Juan Eslava Galán sobre un árabe nacido en Córdoba. No recuerdo muy bien la historia pero todo daba vueltas a la muerte de un ¿monje? en un terreno suyo cuando era pequeño. Pero resulta que este monje no era sino un Templario perteneciente a la orden de la Lámpara Tapada que buscaba La mesa de Salomón o algo similar (de esto he tenido que tirar de google). Lo curioso era que enganchaba toda la trama con el Necronomicon y su árabe loco Abdul Alhazred. Cuando lo leí hace años, me sorprendió.

Marzo 20, 2007

ubuntu ♥ (Hello) Cthulhu

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Akael tiene un pulpo en su ubuntu. ¿Será éste?

I ♥ Cthulhu: viste adecuadamente

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Adoradores inconscientes de nuetsro primordial favorito, en viste adecuadamente dedican un post a su florido merchandising.

Aunque cuidado, ¡esta gente enciende velas en todos los altares!

I ♥ Cthulhu: el blog ausente

Una adolescencia sin Lovecraft es una adolescencia incompleta. Con dieciséis años creo que leí todos sus relatos, o casi. Y los disfruté. Alguien debería analizar porqué si uno llega por primera vez al genio de Providence convertido en un adulto de tomo y lomo tendrá más difícil arrebatarse en sus abisales horrores. En cambio, y a cambio, si uno disfrutó de sus cuentos antes de cumplir la veintena, nunca volverá a ver el mar en un ocaso tormentoso sin pensar en las pavorosas criaturas que habitan en las profundidades, y sin dejar de percibir la humedad y la brisa marína como algo más que una fragancia de la naturaleza. Es lo que me pasó el año pasado cuando releí La Sombra sobre Insmouth, probablemente su obra maestra.

Otra cosa que me cautivaba de Lovecraft en mi adolescencia (una adolescencia en la que yo era tan gilipollas que ante la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” respondía “escritor”) es ese juego autoreferencial a las dimensiones primigenias dominadas por Chtulhu, esa construcción de un universo compactado a base de partes. Lovecraft no esta tan lejos de Joyce (y seguro que Robert Antón Wilson lo afirmaría feliz) y de Cervantes (y al Necronomicon pongo por testigo aunque eso me condene a la noche de los tiempos) en la conformación de la literatura (pos)moderna, y aún así, y antes que nada, era pulp. Con esa idea del círculo de escritores pajeros formada alrededor de Weird Tales, pasándose cuentos de unos a otros e incluso continuándolos. O gestando conexiones que nos llevan por Arthur Machen, Willian Hope Hogdson, Poe o incluse Jules Verne: recordemos esa extraña e inaudita trilogía que conforman Arturo Gordon Pym, La esfinge de los Hielos y Las Montañas de la Locura.

Sigue leyendo Tangencializando a Howard Philip en El blog Ausente.

Adopt a squid!

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Adopta un pulpo es el regalo de Wu para nuetsro especial que ya va acabandose. Apuren sus lapiceros que mañana volvemos a la normalidad.

Marzo 19, 2007

cthonian glamour

love5.jpg

A la izquierda, Jean Paul Gaultier verano de 2005; a la derecha Junya Watanabe para semana de la moda de londres.

I ♥ Cthulhu: Maelmori

Mi amigo Jose Luis Pumarega AKA Maelmori, cthulófilo de honor, me ha prometido un dibujo. Hasta que consiga un escáner, nos ha dejado ésto:

Un homenaje a Lovecraft se queda cojo sin, al menos, una mención a Lord Dunsany. Llamado en realidad Edward Plunkett, decimoctavo barón de Dunsany, de quien se decía que era el hombre peor vestido de Irlanda, amigo de Yeats, y que llegó a enfrentarse en el tablero con el mítico Capablanca, fue uno de los primeros maestros de Lovecraft. De él llega a decir "Dunsany ha influido más en mí que ningún otro escritor vivo". Se cuenta que en 1919 Lovecraft viajó a Boston para acudir a una conferencia de Dunsany, en la que se las arregló para que alguien le hiciera llegar un poema en homenaje a él.

Os dejo, como introducción, uno de sus relatos más conocidos, entre cuyos párrafos se encuentra ese que impresionó tanto a Lovecraft:

Cuando llegué a la muralla exterior de la ciudad, vi de pronto una inmensa puerta de marfil. Por un momento me detuve a admirarla, mas cuando me acerqué percibí la horrorosa verdad. ¡La puerta estaba tallada en una sola y sólida pieza!

En fin, sin más spoilers, aquí os dejo "Días de ocio en el país del Yann" :

DIAS DE OCIO EN EL PAIS DEL YANN
por Lord Dunsany


Así bajé a través del bosque hasta la rivera del Yann y encontré, como
había sido profetizado, al barco Pájaro del Río a punto de soltar
amarras.
El capitán estaba sentado de piernas cruzadas sobre la blanca
cubierta, a su lado la cimitarra dentro de su vaina enjoyada, y los
marineros afanados en desplegar las ágiles velas para dirigir el barco
hacia el centro de la corriente del Yann, cantando durante todo el
tiempo dulces canciones antiguas. Y el viento fresco del atardecer,
que desciende desde los ventisqueros donde tienen sus moradas
montañosas los dioses distantes, llegó súbitamente, como las buenas
nuevas a una ciudad ansiosa, a las velas con forma de alas.

Y así llegamos a la corriente central, donde los marineros bajaron las
grandes velas. Pero yo había ido a dar mis reverencias al capitán, y a
consultarle acerca de los milagros y apariciones de los más sagrados
dioses entre los hombres, cualquiera fuera la tierra de su
procedencia. Y el capitán respondió que venía de la lejana Belzoond, y
que adoraba a los dioses más pequeños y humildes, aquellos que rara
vez enviaban la hambruna o el trueno y que eran fácilmente aplacados
con pequeñas batallas. Y yo le conté que venía de Irlanda, que está
ubicada en Europa, ante lo cual el capitán y sus marineros rieron
porque, dijeron, "No hay lugares como ese en todo el País del Sueño".
Cuando acabaron de burlarse de mí, les expliqué que mi imaginación
moraba principalmente en el desierto de Cuppar-Nombo, en una hermosa
ciudad llamada Golthoth la Maldita, que era custodiada completamente
por los lobos y sus sombras, y que ha estado deshabitada por años y
años debido a una maldición dicha en la ira de los dioses y que desde
entonces no han podido revocar. Y algunas veces mis sueños me llevaban
tan lejos, hasta Pungar Vees, la ciudad de los muros rojos donde se
encuentran los manantiales, la que comercia con Isles y Thul. Cuando
dije esto me felicitaron por la morada de mis sueños, diciendo que,
aunque ellos jamás han visto dichas ciudades, lugares como esos pueden
bien ser imaginados. Durante el resto de la velada negocié con el
capitán la suma que debería pagarle por el viaje, si Dios y la marea
del Yann, nos llevaban a salvo hasta los arrecifes junto al mar,
llamados Bar-Wul-Yann, la Puerta del Yann.

Y ahora el sol se había puesto, y todos los colores del mundo y del
cielo han conservado un festival con él, y se han escabullido, uno a
uno, antes de la inminente llegada de la noche. Los papagayos de ambas
riberas han volado a casa, hacia la jungla; los monos, en hileras,
sobre las altas ramas de los árboles, estaban en silencio y dormidos;
las luciérnagas, en las profundidades del bosque, iban de arriba
abajo; y las grandiosas estrellas salieron brillando para contemplar
la superficie del Yann. Entonces los marineros encendieron las
linternas y las colgaron alrededor del barco, y la luz destelló
repentinamente sobre un Yann encandilado, y los patos que se alimentan
a lo largo de sus cenagosas márgenes se elevaron de súbito, y trazaron
amplios círculos en el aire, y vieron las distantes extensiones del
Yann y la niebla blanca que suavemente cubría la selva, antes de
retornar nuevamente a sus ciénagas.

Y entonces los marineros se arrodillaron sobre las cubiertas y oraron,
no todos a la vez, sino cinco o seis por turno. Lado a lado se
arrodillaron juntos cinco o seis, porque sólo oraban al mismo tiempo
aquellos hombres con distintas fés, así ningún dios tendría que oír a
dos hombres rezándole a la vez. Tan pronto como alguno terminaba su
oración, otro de la misma fe tomaría su lugar. De esta forma, se
arrodillaba la fila de cinco o seis con las cabezas inclinadas bajo
las flameantes velas, mientras la corriente central del Río Yann los
llevaba hacia el océano, y sus oraciones subían entre las lámparas
dirigiéndose hacia las estrellas. Y detrás de ellos, en el final del
barco, el timonel oraba en voz alta la oración del timonel, que es
rezada por todos aquellos que ejercen su oficio en el Río Yann,
cualquiera sea la fe que tuviera. Y el capitán oraba a sus pequeños
dioses menores, a los dioses que bendicen Belzoond.

Y yo también sentí que podría rezar. Sin embargo, no me gustaba
rezarle a un Dios celoso, allí donde los frágiles y afectuosos dioses,
que son adorados por los paganos, son humildemente invocados; entonces
pensé, en cambio, en Sheol Nugganoth, a quien los hombres de la selva
han abandonado desde hace mucho, quien no es ahora venerado y está
solitario; y a él le recé.

Y sobre nosotros rezando, la noche súbitamente cayó, así como cae
sobre los hombres que oran al atardecer y sobre aquellos hombres que
no lo hacen; sin embargo, nuestras plegarias aliviaron nuestras almas
al pensar en la Gran Noche por venir.

Y así el Yann nos condujo magníficamente adelante, pues estaba
exaltado por la nieve derretida que el Politiades le trajo desde las
Colinas de Hap, y el Marn y el Migris estaban engrosados con las
crecidas; y nos llevo en su fuerza por Kyph y Pir, y vimos las luces
de Goolunza.

Pronto todos dormíamos excepto el timonel, quien mantenía el barco en
la corriente central del Yann.

Cuando el sol salió el timonel cesó de cantar, pues con el canto
alegraba la noche solitaria. Al cesar la canción súbitamente todos
despertamos, y otro tomó el timón, y el timonel durmió.

Sabíamos que pronto llegaríamos a Mandaroon. Nos preparamos una
merienda, y Mandaroon apareció. Entonces el capitán comandó, y los
marineros soltaron nuevamente las grandiosas velas, y el barco viró y
abandonó la corriente del Yann y se acercó a un puerto bajo los
rojizos muros de Mandaroon. Entonces, mientras los marineros iban y
recogían frutas, yo me dirigí solo a la entrada de Mandaroon. Unas
cuantas cabañas se encontraban fuera de ella, en las cuales habitaba
el guardia. Un vigilante con una larga y blanca barba se encontraba en
la puerta, armado de una herrumbrosa lanza. Usaba unos grandes
anteojos, que estaban cubiertos de polvo. A través de la puerta vi la
ciudad. Una quietud mortal se cernía sobre ella. Los caminos no
parecían haber sido hollados, y el moho era grueso en las entradas de
las puertas; en el mercado varias figuras acurrucadas dormían. Había
un aroma a incienso y a amapolas quemadas, y un murmullo constante de
campanas distantes. Le dije al guardia, en la lengua de la región del
Yann, "Por qué todos duermen en esta apacible ciudad?"

Él contestó: "Nadie puede hacer preguntas en esta puerta por miedo a
despertar a las personas de la ciudad. Pues cuando la gente de esta
ciudad despierte, los dioses morirán. Y cuando los dioses mueren los
hombres no pueden soñar nunca más". Y comencé a preguntarle qué dioses
eran venerados en aquella ciudad, pero él levantó su lanza pues nadie
debe hacer preguntas allí. Así que lo deje y volví al Pájaro del Río.

Ciertamente Mandaroon era bella, con sus blancos pináculos despuntando
sobre sus rojizas murallas, y el verde de sus tejados de cobre.

Cuando regresé al Pájaro del Río, descubrí que los marineros habían
retornado al barco. Pronto levamos anclas y navegamos nuevamente, y
una vez más alcanzamos el centro del río. Y ahora el sol se estaba
moviendo hacia las alturas, y allí en el Río Yann nos alcanzó la
melodía de aquellas innumerables miríadas de coros que lo acompañan en
su progreso alrededor del mundo.

Las pequeñas criaturas de muchas piernas habían extendido fácilmente
sus diáfanas alas en el aire, como un hombre reposa sus codos en un
balcón, y dieron jubilosas y ceremoniales alabanzas al sol; o se
movían juntas en el aire oscilando en ágiles e intrincadas danzas; o
se desviaban para evitar la arremetida de alguna gota de agua sacudida
por el viento desde una orquídea de la jungla, templando el aire e
impulsándolo delante de ellas, mientras se precipitaba zumbando, en su
prisa, sobre la tierra; sin embargo, todo el tiempo cantaban
triunfalmente. "Porque el día es para nosotras", decían, " sea que
nuestro gran y sagrado padre, el Sol, cree más vida como nosotras
desde el cieno, o si todo el mundo terminase esta noche". Y allí
cantaban todas aquellas notas conocidas por oídos humanos, así como
aquellas cuyas numerosas notas que jamás han sido escuchadas por el
hombre.

Para aquellas un día lluvioso habría sido como una era de guerra que
desolaría continentes durante una vida de hombre.

Y también aparecieron, desde la oscura y vaporosa jungla, para
contemplar y regocijarse en el Sol, las gigantes y perezosas
mariposas. Y danzaron, pero danzaron indolentemente, por los caminos
del aire, como lo haría alguna altiva reina de tierras lejanas y
conquistadas, en su pobreza y exilio en algún campamento de gitanos,
por el pan para sobrevivir, sin embargo, más allá de aquello, jamás
disminuiría su orgullo de danzar por un momento más.

Y las mariposas cantaron acerca de cosas extrañas y coloreadas, sobre
orquídeas púrpuras y sobre perdidas ciudades rosa, y sobre los
monstruosos colores de la selva descompuesta. Y también ellas estaban
entre dichas voces no discernibles por oídos humanos. Y mientras
flotaban sobre el río, yendo de bosque en bosque, su esplendor era
rivalizado por la belleza hostil de los pájaros que se lanzaban a
perseguirlas. O algunas veces se posaban sobre las flores, que
parecían de cera, de la planta que se arrastra y trepa por los árboles
del bosque; y sus alas púrpuras fulguraban desde las flores, como las
caravanas que van desde Nurl a Thace, las brillantes sedas llameando
sobre la nieve cuando los astutos mercaderes las despliegan, una a
una, para asombrar a los montañeses de las Colinas de Noor.

Sin embargo, sobre hombres y bestias, el sol envió somnolencia. Los
monstruos del río, a lo largo de sus márgenes, yacían dormidos en el
cieno. Los marineros armaron una tienda en cubierta, con borlas
doradas para el capitán, y todos se deslizaron, excepto el timonel,
bajo una vela que habían colgado como un toldo entre dos mástiles.
Entonces narraron historias, cada una de la propia ciudad o sobre los
milagros de su dios, hasta que todos cayeron dormidos. El capitán me
ofreció el amparo de su tienda de borlas doradas, y allí hablamos por
un rato, él contándome que llevaba mercancía a Perdóndaris, y que
llevaría de vuelta a la hermosa Belzoond cosas relacionadas con los
asuntos del mar. Entonces, mientras miraba a través de la apertura de
la tienda a las brillantes aves y mariposas que cruzaban y cruzaban
sobre el río, me dormí, y soñé que era un monarca entrando a su
capital bajo arcos de estandartes, y todos los músicos del mundo
estaban allí, tocando melodiosamente sus instrumentos; pero nadie se
alegraba.

En la tarde, cuando el día refrescó nuevamente, desperté y encontré al
capitán ciñéndose su cimitarra, la que se había quitado para
descansar.

Y ahora nos estábamos acercando a la gran corte de Astahan, que se
abre sobre el río. Extraños botes de antaño se encontraban encadenados
a las escalinatas. Al acercarnos vimos el atrio abierto de mármol,
donde en tres de sus lados se alzaba la ciudad sobre columnas. Y la
gente de aquella ciudad paseaba por el patio y las columnas con
solemnidad y cuidado, de acuerdo a los ritos de ceremoniales antiguos.
Todo en dicha cuidad era de antigua factura; la talla de las casas,
que, cuando el tiempo las ha quebrado, se han mantenido sin ser
reparadas, era de los tiempos más remotos, y por todas partes había
representaciones en piedra de bestias que hace mucho tiempo dejaron de
existir sobre la Tierra--el dragón, el grifo y el hipogrifo, y las
distintas especies de gárgolas. Nada podía encontrarse en Astahahn, ya
fuera material o costumbre, que fuera nuevo. De esta forma, ellos no
tomaron nota de nuestra presencia, sino que continuaron sus
procesiones y ceremonias en la antigua ciudad, y los marineros,
conociendo su tradición, no tomaron nota de ellos. Pero yo, al
acercarnos, me dirigí a uno que se encontraba al borde del agua,
preguntándole qué hacían los hombres en Astahahn y cuál era su
mercancía, y con quién la comerciaban. Él dijo: "Aquí hemos encadenado
y esposado al Tiempo, quien de otra manera asesinaría a los dioses".

Le pregunté qué dioses veneraban en dicha ciudad, y él dijo: "Todos
aquellos dioses que el Tiempo no ha matado aún". Entonces se dio la
vuelta y no diría nada más, y se afanó en comportarse de acuerdo a la
antigua costumbre. De esta forma, de acuerdo a la voluntad del Yann,
nos dirigimos hacia delante y dejamos Astahahn, y encontramos en
mayores cantidades a aquellas aves que hacen de los peces sus
víctimas. Y eran de plumaje maravilloso, y no venían de la jungla,
sino que volaban, con sus largos cuellos estirados delante de ellos, y
sus patas descansado hacia atrás en el viento, directamente río arriba
sobre la corriente central.

Y la tarde comenzó a recogerse. Una niebla blanca y gruesa había
aparecido sobre el río, y suavemente se estaba elevando. Se asía a los
árboles con largos e impalpables brazos, elevándose más y más,
enfriando el aire; y unas figuras blancas se alejaban hacia la selva,
como si fueran los fantasmas de marineros náufragos buscando
furtivamente a aquellos espíritus del mal que hace tanto tiempo los
hicieron zozobrar en el Yann.

Mientras el sol se hundía detrás del campo de orquídeas que crecía en
las enmarañadas cimas de la selva, los monstruos del río se asomaron,
revolcándose, del lodo en el cual habían descansado durante el calor
del día, y las grandes bestias de la selva bajaron a beber. Las
mariposas, hacía poco, se habían ido a descansar. Y en los pequeños y
estrechos estuarios que pasamos, la noche parecía ya haber caído, a
pesar de que el sol, que para nosotros había desaparecido, aún no se
había puesto.

Y ahora los pájaros de la selva vinieron volando a casa, muy por
arriba de nosotros, con la luz del sol resplandeciendo rosada sobre
sus pechos, y bajaron sus alas tan pronto como vieron el Yann, y se
dejaron caer sobre los árboles. Y la mareca comenzó a subir el río en
grandes bandadas, todas silbando, y súbitamente todas virarían e
bajarían nuevamente. Y allí, junto a nosotros, estaba el pequeño y
tornasolado turro, con su forma de flecha; y oímos los gritos variados
de las bandadas de gansos, los cuales, según me contaron los
marineros, habían recién llegado cruzando las cordilleras de
Lispasian; cada año venían por la misma vía, cerca de la cima del
Mluna, dejándolo a su izquierda; y las águilas montañesas conocen el
camino por el que vienen y, según los hombres, hasta la misma hora, y
cada año las esperan por la misma vía tan pronto como las nieven caen
sobre las Planicies del Norte. Pero pronto estuvo tan oscuro que no
vimos más a esas aves, y sólo oímos el zumbido de sus alas, y de otras
tantas innumerables, hasta que todas se establecieron en las riberas
del río, y fue la hora en que las aves nocturnas salen. Entonces los
marineros prendieron las linternas para la noche, y aparecieron
enormes mariposas nocturnas, aleteando alrededor del barco, y por
momentos, sus magníficos colores eran revelados por las linternas,
para pasar nuevamente a la noche, donde todo era negrura. Y nuevamente
los marineros oraron, y posteriormente cenamos y dormimos, y el
timonel tomo nuestras vidas a su cuidado.

Al despertar descubrí que realmente habíamos llegado a Perdóndaris, la
famosa ciudad. Pues allí, a nuestra izquierda, se alzaba una ciudad
hermosa y notable, y de lo más agradable a la vista, luego de la
selva, que estuvo tanto tiempo con nosotros. Y atracamos cerca del
mercado, y toda la mercancía del capitán fue exhibida, y un mercader
de Perdóndaris la estaba observando. Y el capitán tenía en la mano su
cimitarra, y golpeaba furiosamente la cubierta con ella, y las
astillas volaban desde los blancos maderos; porque el comerciante le
había ofrecido un precio por la mercancía que el capitán había
considerado como un insulto, hacia sí mismo y hacia los dioses de su
tierra, de quienes ahora hablaba como grandes y terribles y cuyas
maldiciones eran espantosas. Sin embargo, el mercader agitó sus manos,
las cuales eran realmente gordas, mostrando sus rosadas palmas, y juró
que no pensaba en sí mismo, sino solamente en las pobres gentes de las
cabañas, más allá de la ciudad, a quienes él deseaba vender la
mercancía al precio más bajo posible, sin obtener él ninguna
remuneración. Pues la mercancía consistía principalmente en el grueso
toomarund, que en el invierno aleja el viento del suelo, y tollub, que
la gente quemaba en pipas. Entonces el mercader dijo que si ofrecía un
piffek más, la pobre gente se quedaría sin su toomarund para el
invierno, y sin su tollub para las tardes, o de otra forma, él y su
anciano padre morirían de hambre. En ese mismo instante, el capitán
llevó su cimitarra hacia su propia garganta, diciendo que era un
hombre arruinado, y que nada más quedaba para él que la muerte. Y
mientras cuidadosamente levantaba su barba con la mano izquierda, el
mercader miró nuevamente la mercancía y dijo que, en vez de ver morir
a un capitán tan valioso, un hombre por el cual había concebido un
aprecio especial al verlo por primera vez manejar su barco, prefería
que él y su anciano padre perecieran de hambre, por lo que ofreció
quince piffeks más.

Cuando dijo esto, el capitán se posternó y pidió a sus dioses que
endulzaran el amargo corazón de este mercader, pidió a sus pequeños
dioses menores, a los dioses que bendicen Belzoond.

Finalmente, el mercader ofreció cinco piffeks más. Entonces el capitán
lloró pues, dijo, había sido abandonado por sus dioses; y el
comerciante también lloró, porque, dijo, pensaba en su anciano padre y
en cuán pronto moriría de hambre, y escondió su rostro sollozante
entre sus dos manos, y entre los dedos miró nuevamente el tollub. Y
así la negociación fue concluida, y el mercader tomó el toomarund y el
tollub, pagando por ellos de su grande y tintineante monedero. Y
fueron empacados en fardos nuevamente, y tres de los esclavos del
mercader los cargaron sobre sus cabezas hacia la ciudad. Y durante
todo este tiempo los marineros estuvieron sentados en silencio, las
piernas cruzadas en una medialuna sobre la cubierta, ansiosamente
siguiendo el negocio, y ahora un murmullo de satisfacción se elevó
entre ellos, y comenzaron a compararlo con otros negocios de los que
han sabido. Y me enteré por ellos que en Perdóndaris hay siete
mercaderes, y que todos habían acudido al capitán, uno a uno, antes
que las negociaciones comenzaran, y cada uno le había prevenido,
privadamente, en contra de los otros. Y a todos los comerciantes el
capitán les había ofrecido el vino de su propia tierra, que se fabrica
allá en Belzoond, pero no pudo persuadirlos. Pero ahora que el trato
estaba hecho, y los marineros estaban sentados para la primera
merienda del día, el capitán apareció entre ellos con un tonel de
vino, y lo espitamos con cuidado y nos divertimos en conjunto. Y el
corazón del capitán estaba contento pues sabía que era honorable a los
ojos de sus hombres, por el negocio que había hecho. De esta forma,
los marineros bebieron el vino de su tierra natal, y pronto sus
pensamientos regresaron a la hermosa Belzoond y a las pequeñas
ciudades vecinas, Durl y Duz.

Sin embargo, para mí, el capitán escanció en un pequeño vaso un poco
de vino espeso y amarillo desde una pequeña jarra, que mantenía
aparte, entre sus objetos sagrados. Era grueso y dulce, como la miel,
pero había en su corazón un fuego poderoso y ardiente, que tenía
autoridad sobre las almas humanas. Estaba hecho, me dijo el capitán,
con gran delicadeza por el arte secreto de una familia de seis
miembros que moraba en una choza en las montañas de Hiam Min. Me dijo
que una vez, en aquellas montañas, seguía la huella de un oso y que,
súbitamente, se encontró con un hombre de dicha familia que había
cazado al mismo oso, y que se encontraba al borde de un estrecho
camino rodeado de precipicios, y su lanza estaba clavada en el oso, y
la herida no era fatal, y no tenía otra arma. Y el oso se dirigía
hacia el hombre, muy lentamente, porque su herida empezaba a
molestarle, aunque no estaba muy cerca. Y lo que el capitán hizo no lo
contó, pero cada año, tan pronto como las nieves se endurecen y es
fácil viajar por el Hian Min, aquel hombre baja al mercado en las
praderas, y siempre deja en la puerta de la hermosa Belzoond una
vasija de aquel invaluable y secreto vino, para el capitán.

Y mientras sorbía el vino y el capitán hablaba, me acordé de las cosas
nobles que hacía tiempo había planificado resueltamente, y mi alma
pareció más poderosa dentro de mí y pareció dominar toda la corriente
del Yann. Puede ser que en ese momento me durmiera. O, si no lo hice,
no puedo recordar minuciosamente cada detalle de las ocupaciones de
dicha mañana. Desperté hacia el atardecer, deseando ver Perdóndaris
antes de abandonarla por la mañana, e incapaz de despertar al capitán,
me dirigí solo a tierra. Perdóndaris era de hecho una ciudad poderosa;
estaba cercada por una muralla de gran fuerza y altura, que tenía
caminos huecos para el paso de las tropas, y almenas en toda su
extensión, y quince resistentes torres, una a cada milla, y placas de
cobre, abajo donde los hombres pudieran leerlas, contando en todas las
lenguas de aquellas partes de la Tierra--un idioma en cada placa--la
historia de cómo una vez un ejército atacó Perdóndaris y lo que le
sobrevino. Entonces entré a Perdóndaris y encontré a todos danzando,
vestidos en sedas brillantes, tocando el tam-bang, mientras bailaban.
Porque una terrible tormenta los había aterrorizado mientras yo
dormía, y los fuegos de la muerte -decían- habían danzado sobre
Perdóndaris, pero ahora la tormenta se había ido lejos, saltando,
inmensa, negra y espantosa, decían, sobre las colinas distantes, y que
se había girado, gruñéndoles, mostrando sus destellantes dientes, y
que mientras se alejaba, azotó las cumbres hasta que retumbaron como
si hubieran sido de bronce. Y frecuentemente detenían sus danzas
alegres y oraban al Dios que no conocían: "Oh, Dios que no conocemos,
Te agradecemos por mandar de vuelta la tormenta a sus colinas". Y
seguí avanzando hasta llegar al mercado, donde sobre el pavimento de
mármol vi al mercader durmiendo y respirando pesadamente, con su
rostro y palmas de las manos hacia el cielo, y los esclavos lo
abanicaban para mantener alejadas a las moscas. Y desde el mercado
llegué a un templo de plata y luego a un palacio de ónix, y había
muchas maravillas en Perdóndaris, y me hubiera quedado para verlas
todas; sin embargo, cuando llegué a la muralla exterior de la ciudad,
vi de pronto una inmensa puerta de marfil. Por un momento me detuve a
admirarla, mas cuando me acerqué percibí la horrorosa verdad. ¡La
puerta estaba tallada en una sola y sólida pieza!

Escapé entonces por la entrada y bajé hacia el barco, incluso mientras
corría creía oír en la distancia, detrás de mí en las colinas, las
pisadas de la temible bestia que dejó caer aquella masa de marfil, y
que, tal vez, estuviera buscando su otro colmillo. Cuando estuve de
nuevo en el barco me sentí más seguro, y no conté nada de lo que había
visto a los marineros.

Y ahora el capitán despertaba gradualmente. La noche se estaba
enrollando desde el Este y el Norte, y sólo los pináculos de las
torres aún tomaban la caída luz del sol. Entonces me dirigí al capitán
y, tranquilamente, le conté la cosa que había visto. E inmediatamente
me preguntó acerca de la puerta, en voz baja, para que los marineros
no se enteraran; y le conté que el peso era tal, que no podía haber
sido traída desde lejos, y el capitán sabía que no había estado allí
un año atrás. Concordamos en que aquella bestia no podría ser
destruida pon ningún ataque humano, y que la puerta debía ser un
colmillo caído, uno caído cerca y recientemente. Ante esto, decidió
que era mejor escapar de una vez, así ordenó, y los marineros fueron
hacia las velas, y otros levaron el ancla, y justo cuando el pináculo
de mármol más alto perdía sus últimos rayos de sol, dejamos
Perdóndaris, la famosa ciudad. Y la noche cayó y cubrió Perdóndaris y
la escondió a nuestros ojos, y, como han sucedido las cosas, para
siempre; pues he oído que algo veloz y sorprendente súbitamente hundió
Perdóndaris en un día--torres, muros y gente.

Y la noche se profundizaba en el Río Yann, una noche toda blanca en
estrellas. Y con la noche emergió la canción del timonel. Tan pronto
como terminó de rezar, comenzó a cantar para darse ánimos a través de
la noche solitaria. Pero primero rezó, recitando la plegaria del
timonel. Y esto es lo que recuerdo de ella, traducida al Inglés, con
un pálido equivalente de aquel ritmo que parecía tan resonante en
aquellas noches tropicales.

"Para cualquier dios que escuche

Donde quiera que haya marineros, de río o de tierra; sea oscuro su
camino o sea a través de la tormenta; sean sus peligros las bestias o
la roca; o de enemigo acechando en tierra o persiguiéndolo en el mar;
donde sea que el timón esté helado o el timonel rígido; donde sea que
los marineros duerman y el timonel vigila: guárdanos, guíanos y
regrésanos a la antigua tierra que nos ha conocido: a los lejanos
hogares que conocemos.

Para todos los dioses que existen

Para cualquier dios que escuche

De esta forma rezó, y hubo silencio. Y los marineros se tendieron a
descansar en la noche. El silencio se hizo más profundo, y sólo era
quebrado por los murmullos del Yann que, suavemente acariciaba nuestra
proa. Una que otra vez algún monstruo del río tosía.

Silencio y murmullos, murmullos y silencio.

Muchas canciones cantó, contándole al vasto y exótico Yann las
pequeñas historias y menudencias de Durl, su ciudad. Y las canciones
brotaban sobre la negra jungla y subían al frío y claro aire arriba, y
las grandes constelaciones de estrellas que miraban al Yann conocieron
los asuntos de Durl y de Duz, y sobre los pastores que habitaban en
los campos intermedios, y de las manadas que poseían, y de los amores
que habían amado, y todas las pequeñas cosas que deseaban hacer. Y,
súbitamente, mientras me arropaba en pieles y frazadas escuchando esas
canciones, y miraba aquellas fantásticas formas de los grandiosos
árboles, parecidos a negros gigantes merodeando en la noche, me quedé
dormido.

Cuando desperté una gran niebla se estaba retirando del Yann. Y la
corriente del río daba tumbos tumultuosamente, y pequeñas olas
aparecieron; porque el Yann había olido, desde la distancia, el
antiguo risco de Glorm, sabiendo que sus frescas cañadas se
encontraban adelante, donde encontraría al salvaje y alegre Irillion,
rejocijándose de glaciares. De esta forma, se sacudió el tórpido sueño
que había caído sobre él en la aromática y cálida selva, y olvidó sus
orquídeas y sus mariposas, y pasó turbulento, expectante, fuerte; y
pronto aparecieron destellando, las cumbres nevadas de las Colinas de
Glorm. Y los marineros ya estaban despertando del sueño. Momentos
después comimos, y el timonel se tendió a dormir mientras un camarada
lo remplazaba, y todos extendieron sobre él sus pieles favoritas.

Y en un instante, oímos el sonido del Irillio mientras baja danzando
por los campos de hielo.

Entonces vimos frente a nosotros la hondonada, escarpada y lisa, hacía
la cual el Yann, a saltos, nos conducía. Así dejamos la vaporosa selva
y respiramos el aire de montaña; los marineros se irguieron y tomaron
grandes bocanadas de él, y pensaron en sus lejanas colinas de Acrotia,
donde se encontraban Durl y Duz, y abajo, en la planicie, la bella
Belzoond. Una gran sombra se cernió sobre las colinas de Glorm, pero
los peñascos arriba, cual deformes lunas, fulguraban, casi iluminando
la penumbra. Más y más fuerte oímos la canción del Irillion, el sonido
de su danza al bajar de los ventisqueros. Y pronto lo vimos, blanco y
cubierto de brumas, engalanado con delicados y pequeños arcoiris que
había arrancado cerca de la cima, de algún jardín celestial del Sol.
Luego se dirigió hacia el océano junto al inmenso y gris Yann, y la
hondonada se ensanchó y se abrió al mundo, y nuestro tambaleante barco
salió a la luz del día.

Toda aquella mañana y la tarde navegamos por las ciénagas de
Pondoovery, donde el Yann se ensanchaba y fluía lenta y solemnemente,
y el capitán ordenó a los marineros tocar las campanas para así vencer
la melancolía del pantano.

Finalmente divisamos las Montañas Irusian, que protegen a los poblados
de Pen-Kai y Blut, y las maravillosas calles de Mlo, donde los
sacerdotes aplacan con vino y maíz a la avalancha. Entonces cayó la
noche sobre las planicies de Tlun, y vimos las luces de Cappadarnia.
Oímos a los Pathnites golpeando los tambores mientras pasamos Imaut y
Golzunda, luego todos dormimos, excepto el timonel. Y las villas
dispersas a lo largo de las riberas del Yann oyeron toda esa noche, en
la desconocida lengua del timonel, las pequeñas historias de ciudades
que no conocían.

Desperté antes del amanecer con una sensación de infelicidad, antes de
recordar el por qué. Entonces recordé que, en la tarde de aquel día,
de acuerdo a las posibilidades previstas, deberíamos llegar a
Bar-Wul-Yann y yo debería despedirme del capitán y sus marineros. Y yo
había apreciado a ese hombre pues me había convidado con aquel vino
amarillo que mantenía apartado junto a sus objetos sagrados, y me
había contado muchas historias acerca de su hermosa Belzoond, entre
las Colinas Acrotas y el Hian Min. Y me habían gustado las costumbres
de los marineros, y las plegarias dichas, lado a lado, al atardecer,
sin jamás desvalorizar al dios extranjero. Y también me gustaba la
tierna manera en que frecuentemente hablaban de Durl y de Duz, pues es
bueno que el hombre ame sus ciudades natales y las pequeñas colinas
que las sostienen.

Y llegue a saber quiénes los recibirían al retornar a casa, y dónde
imaginaban que el encuentro sucedería, algunos en un valle de las
Colinas Acrotas, donde el camino sube desde el Yann, otros en la
puerta de una de las tres ciudades, y otros en el hogar, junto a la
hoguera. Y pensé en todos los peligros que nos habían amenazado, a
todos por igual, fuera de Perdóndaris, un peligro muy real, así como
las cosas han sucedido.

También pensé en la alegre tonada del timonel en la fría y solitaria
noche, y cómo él había tomado nuestras vidas en sus cuidadosas manos.
Y mientras reflexionaba sobre esto, el timonel dejó de cantar, y miré
hacia arriba y vislumbré en el cielo una luz pálida que había
aparecido, y la solitaria noche había pasado; y el amanecer creció, y
los marineros despertaron.

Y pronto vimos la marea del mismo océano avanzando, resueltamente,
entre las orillas del Yann, y el Yann saltó graciosamente y lucharon
por un momento; luego el Yann, y todo lo suyo, fue empujado hacia el
norte, por lo que los marineros tuvieron que izar las velas, y como el
viento era favorable, seguimos adelante.

Y pasamos Góndara y Narl, y Hoz. Y vimos la memorable y sagrada
Golnuz, y oímos a los peregrinos orando.

Al despertar de nuestro descanso del mediodía nos acercábamos a Nen,
la última ciudad del Río Yann. Y nuevamente la jungla nos rodeaba por
todos lados, así como a Nen; mas las grandes cordilleras de Mloon se
erguían sobre todas las cosas, y observaban la ciudad más allá de la
selva.

Aquí anclamos, y con el capitán fuimos a la ciudad y supimos que los
Errantes habían venido a Nen.

Los Errantes eran una tribu extraña y oscura que, una vez cada siete
años bajaba desde las cumbres de Mloon, cruzando por un paso que ellos
conocen, desde una tierra fantástica situada más allá. Y toda la gente
de Nen permanecía fuera de su casa, todos maravillándose en sus
propias calles. Pues los hombres y las mujeres de los Errantes estaban
amontonados en todas las vías, cada uno haciendo alguna cosa extraña.
Algunos bailaban danzas asombrosas que habían aprendido del viento del
desierto, curvándose y arremolinándose hasta que el ojo no podía
seguirlos. Otros interpretaban en sus instrumentos hermosas y tristes
tonadas, que estaban llenas de horror. ¿Qué almas se las habrán
enseñado mientras vagaban de noche por el desierto? Aquel lejano y
extraño desierto del cual los Errantes provenían.

Ningunos de sus instrumentos eran conocidos en Nen, o en alguna región
del Yann; incluso los cuernos de los que algunos estaban hechos,
pertenecían a bestias que nadie ha visto a lo largo del río, ya que
tenían barbas en las puntas. Y cantaban, en una lengua tampoco
conocida, canciones que parecían estar emparentadas con los misterios
de la noche y con el miedo irrazonable que encanta los lugares
oscuros.

Todos los perros de Nen desconfiaban de ellos amargamente. Y los
Errantes se contaban entre sí historias temibles, y aunque nadie en
Nen conocía su idioma, podían distinguir el miedo en los rostros de
sus interlocutores, y mientras el cuento continuaba, ponían los ojos
en blanco, en vívido terror, como los ojos de una pequeña bestia a la
que el águila ha atrapado. Luego el narrador de la historia sonreía y
se detenía, y otro contaría su historia, y los labios del narrador del
primer relato temblarían con terror. Y si, por casualidad, una
serpiente mortal aparecía, los Errantes lo felicitarían como un
hermano, y parecería que la serpiente les diera sus felicitaciones
antes de seguir nuevamente. Una vez, la serpiente más fiera y letal
del trópico, la enorme lythra, bajó de la selva y pasó por toda la
calle, la calle principal de Nen, y ningún Errante se alejó de ella,
mas tocaron sus tambores sonoramente, como si hubiera sido una persona
de mucho honor; y la serpiente paso entre ellos y no derribó a
ninguno.

Incluso los niños de los Errantes podían hacer cosas extrañas, si
alguno de ellos se encontraba con un niño de Nen, se mirarían uno a
otro en silencio, con ojos grandes y graves; después, el niño de los
Errantes sacaría, lentamente de su turbante, un pez o una serpiente
vivos. Los niños de Nen no podían hacer ninguna de esas cosas.

Cuánto me hubiera gustado quedarme y oír el himno con el que reciben a
la noche, que es contestado por los lobos en las alturas del Mloon,
pero nuevamente era tiempo de levar anclas y que el capitán regresara
de Bal-Wul-Yann por la corriente que va hacia a tierra. Entonces
subimos al barco y continuamos río abajo. Y el capitán y yo
conversamos un rato, pues ambos pensábamos en nuestra separación, la
que sería por mucho tiempo, y miramos, en cambio, el esplendor del sol
occidental. Porque el sol era de un dorado rojizo, pero una tenue y
baja bruma cubría la selva, y en ella se depositaba el humo de las
pequeñas ciudades selváticas, y el humo de ellas se reunía en la bruma
y formaban una sola neblina, que se tornó púrpura y era iluminada por
el sol, mientras los pensamientos de los hombres santificaron con
cosas grandiosas y sagradas. Eventualmente, una columna de humo de
alguna casa solitaria se elevaba más alto que el humo de las ciudades,
y brillaba solitario en el sol.

Y cuando los rayos del sol estaban casi a nivel, vimos lo que yo había
venido a ver, pues de las dos montañas que se erguían a ambas orillas,
salían hacia el río dos riscos de mármol rosa, resplandeciendo en la
luz del sol bajo, y eran suaves y altos como una montaña, y casi se
encontraban, y el Yann paso entre ellas dando tumbos, y encontró el
mar.

Y esta era Bar-Wul-Yann, la Puerta del Yann, y, en la distancia, entre
la abertura de aquellas barreras, vi el indescriptible azul del mar,
donde los pequeños botes de pesca resplandecían.

Y llegó el atardecer y el breve crepúsculo, y la regocijante gloria de
Bar-Wul-Yann se había ido, mas los acantilados rosa aún brillaban, la
maravilla más hermosa que se ha visto--incluso en una tierra de
prodigios. Y pronto el crepúsculo dio paso a las incipientes
estrellas, y los colores de Bar-Wul-Yann se fueron consumiendo. Y la
visón de esos riscos era para mí como la cuerda de música arrancada
del violín por la mano de un maestro, y que lleva al Cielo de las
Hadas los espíritus temblorosos de los hombres.

Y a la orilla se anclaron y no fueron más lejos, porque ellos eran
marineros del río y no del océano, y conocían el Yann, pero no las
mareas más allá.

Y llegó el momento en que el capitán y yo debíamos separarnos, él para
retornar nuevamente a su hermosa Belzoond, divisable desde las lejanas
cumbres del Hian Min, y yo, para encontrar, por extraños medios, mi
camino de vuelta a aquellos brumosos campos que los poetas conocen,
donde se encuentran unas pequeñas y misteriosas cabañas, desde cuyas
ventanas, mirando hacia el oeste, se pueden avistar los campos de los
hombres, y mirando hacia el este, las brillantes montañas de los
elfos, coronadas de nieve, extendiéndose de cadena en cadena hasta la
región del Mito, y más allá, hasta el reino de la Fantasía, que
pertenecen al País del Sueño. No nos encontraríamos por mucho tiempo,
quizá nunca, pues mi imaginación se ha debilitado al pasar de los
años, y cada vez son más infrecuentes mis visitas al País del Sueño.
Entonces nos dimos la mano, torpemente de su parte, pues éste no es el
método de saludo en su tierra, y encomendó mi alma al cuidado de sus
propios dioses, a aquellos dioses menores, los humildes, los dioses
que bendicen Belzoond.

TOUT POUR L'ANIMAL MODERNE

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El manual de Benjamin Lefort - Tout pour l'animal moderne: le premier catalogue de vente par correspondance destiné aux animaux- no es una oda a los primordiales y posiblemente le hagan falta más de dos vírgenes y un risco para sobrevivir a su advenimiento de una sola pieza. Salvo que los primordiales sean neoliberales. En ese caso, quizá sus ingeniosos diseños para pulpitos indisciplinados le garanticen un puesto en la escuela del pueblo.

Otras ocurrencias:

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I ♥ Cthulhu: la balada del elefante azul

Javier Moreno envía una reflexión sobre una influencia -hasta ahora oculta- de la obra de lovecraft en la literatura latinoamericana:

En cambio de pensar en los monstruos, pensaba en las espirales que nos llevaban hasta ellos, ese camino previo que había que recorrer antes de iniciar el decenso. Los cuentos de Lovecraft escalaban sobre el horror de espaldas y luego se dejaban caer sobre su lengua como si fuera un tobogán, y era esa escalada de espaldas la que me hacía seguir, la que disfrutaba con morbo mientras veía pasar a mi lado esos pueblos muertos habitados por familias endogámicas donde, tras la regresión hacia el canibalismo de rigor, se gestaban los cultos que permitían invocar convenientemente a los primigenios y entrever las verdaderas fuerzas que regían el universo, un poco como en Cien años de soledad.

Los estudiosos casi siempre nos recuerdan que la obra de García Márquez es heredera de la tradición norteamericana encabezada por Faulkner, pero casi nunca ahondan en los estrechos vínculos que conectan Macondo y Dunwich. Aprovechemos los setenta años que lleva Lovecraft muerto y los ochenta que tiene García Márquez de vivo para revisitar la historia de Macondo y constatar lo familiar que resulta todo dentro del contexto Lovecraftiano:

Por un lado tenemos una familia y un pueblo, por el otro un gitano (¿un árabe loco? ¿ميلكياديس?) que despierta la curiosidad de la familia con sus espectáculos de feria y finalmente los induce a practicar artes arcanas que incluyen pero probablemente no se reducen a la alquimia. No debería sorprendernos que Melquiades, por ejemplo, desde su privilegiada posición como amigo y guía espiritual de la familia, promoviera sutilmente la endogamia en contra de las advertencias de los curas. Al fin y al cabo, podría estar abonando desde entonces el terreno para lo que preveía que ocurriría después. De este gitano macabro no se sabe gran cosa. Sabemos es un viajero, un sabio, alguien que no envejece, nada más. ¿De qué tipo de ser humano estamos hablando? ¿No será justo dudar de la humanidad de Melquiades? El libro nos cuenta la historia de la familia, su lento viaje hacia la miseria. Parafraseando a Howard Philip, no es dificil decir al respecto de los Buendía que «they have come to form a race by themselves, with the well-defined mental and physical stigmata of degeneracy and inbreeding», y mientras este proceso inevitable toma lugar entre guerras, masacres y desgracias, mientras los Buendía, pervertidos por la influencia nefasta de Melquiades, se convierten en una raza en sí misma, nunca perdemos de vista al gitano. Él siempre anda por ahí, yendo y viniendo, asegurándose que todo siga su curso, viene y va, hasta que se pierde y nos anuncian que ha muerto en Singapur, pero luego reaparece, directo de ultratumba, para asentarse en el pueblo para siempre.

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pulpo no, calamar

cephalart.jpg

Cephalart es un envío especial de Antonia Hernández AKA Corazón de Látex. La señorita de al lado no sabemos de quién es, pero la manda el barón rojo.

I ♥ Cthulhu: José Serralde

Desde Mexico, José Herralde:

Para nosotros deseosos de un poco de "aniversarismo" semanal, este 15 de marzo pasado celebramos 70 años que Lovecraft abandonó la idea de seguir con vida, para dejarnos aquí a merced de sus pesadillas.

Hace unos días una amiga mía, Jaeth, absolutamente entendida en materia de literatura anglo me ayudaba a colocar al ferviente estudioso del Necronomicón en el torcido lado gótico de mi entendimiento; a entenderlo como una bestia anti-convencional e infantil aunque desquiciado sigloveintista.

Mi comprensión del papel histórico de Lovecraft siempre ha sido demasiado naive: tenía la idea de que su literatura había sellado el imaginario de millones de adolescentes y adultos finimilenarios, con la factibilidad de un horror serie B repleto de temores y sobresaltos lejanos todavía a las calenturas animatrónicas de George Lucas. Y es que en lo personal, un libro de Lovecraft rescató mi sensación de que en medio de la oscuridad, mis temores pudieran emerger debajo de mi cama; a mi como a muchos, nos hizo recordar el niño/niña miedoso/a que somos en potencia.

Cómo me gustaría que la sociedad contemporánea se llenara de terror ante un texto de Lovecraft, como lo hicieron sus fanáticos del siglo XX temprano. Cómo me gustaría temblar de la misma forma ante al Cthulhu como ante mi declaración anual de impuestos.

Gracias Lovecraft, te leeré de nuevo.

Marzo 17, 2007

La ciudad sin nombre

Al acercarme a la ciudad sin nombre me di cuenta de que estaba maldita. Avanzaba por un valle terrible reseco bajo la luna, y la vi a lo lejos emergiendo misteriosamente de las arenas, como aflora parcialmente un cadáver de una sepultura deshecha. El miedo hablaba desde las erosionadas piedras de esta vetusta superviviente del diluvio, de esta bisabuela de la más antigua pirámide; y un aura imperceptible me repelía y me conminaba a retroceder ante antiguos y siniestros secretos que ningún hombre debía ver, ni nadie se habría atrevido a examinar.

Perdida en el desierto de Arabia se halla la ciudad sin nombre, ruinosa y desmembrada, con sus bajos muros semienterrados en las arenas de incontables años. Así debía de encontrarse ya, antes de que pusieran las primeras piedras de Menfis, y cuando aun no se habían cocido los ladrillos de Babilonia. No hay leyendas tan antiguas que recojan su nombre o la recuerden con vida; pero se habla de ella temerosamente alrededor de las fogatas, y las abuelas cuchichean sobre ella también en las tiendas de los jeques, de forma que todas las tribus la evitan sin saber muy bien la razón. Esta fue la ciudad con la que el poeta loco Abdul Alhazred soñó la noche antes de cantar su dístico inexplicable:

Que no está muerto lo que yace eternamente
y con el paso de los evos, aun la muerte puede morir

Yo debía haber sabido que los árabes tenían sus motivos para evitar la ciudad sin nombre, la ciudad de la que se habla en extraños relatos, pero que no ha visto ningún hombre vivo; sin embargo, desafiándolos, penetré en el desierto inexplorado con mi camello. Sólo yo la he visto, y por eso no existe en el mundo otro rostro que ostente las espantosas arrugas que el miedo ha marcado en el mío, ni se estremezca de forma tan horrible cuando el viento de la noche hace retemblar las ventanas. Cuando la descubrí, en la espantosa quietud del sueño interminable, me miró estremecida por los rayos de una luna fría en medio del calor del desierto. Y al devolverle yo su mirada, olvidé el júbilo de haberla descubierto, y me detuve con mi camello a esperar que amaneciera.

Cuatro horas esperé, hasta que el oriente se volvió gris, se apagaron las estrellas, y el gris se convirtió en una claridad rosácea orlada de oro. Oí un gemido, y vi que se agitaba una tormenta de arena entre las piedras antiguas, aunque el cielo estaba claro y las vastas extensiones del desierto permanecían en silencio. Y de repente, por el borde lejano del desierto, surgió el canto resplandeciente del sol, a través de una minúscula tormenta de arena pasajera; y en mi estado febril imaginé que de alguna remota profundidad brotaba un estrépito de música metálica saludando al disco de fuego como Memnon lo saluda desde las orillas del Nilo. Y me resonaban los oídos, y me bullía la imaginación, mientras conducía mi camello lentamente por la arena hasta aquel lugar innominado; lugar que, de todos los hombres vivientes, únicamente yo he llegado a ver.

Y vagué entre los cimientos de las casas y de los edificios, sin encontrar relieves ni inscripciones que hablasen de los hombres -si es que fueron hombres- que habían construido esta ciudad y la habían habitado hacía tantísimo tiempo. La antigüedad del lugar era malsana, por lo que deseé fervientemente descubrir algún signo o clave que probara que había sido hecha efectivamente por los hombres. Había ciertas dimensiones y proporciones en las ruinas que me producían desasosiego. Llevaba conmigo numerosas herramientas, y cavé mucho entre los muros de los olvidados edificios; pero mis progresos eran lentos y nada de importancia aparecía. Cuando la noche y la luna volvieron otra vez, el viento frío me trajo un nuevo temor, de forma que no me atreví a quedarme en la ciudad. Y al salir de los antiguos muros para descansar, una pequeña tormenta de arena se levantó detrás de mí, soplando entre las piedras grises, a pesar de que brillaba la luna, y casi todo el desierto permanecía inmóvil.

Al amanecer desperté de una cabalgata de horribles pesadillas, y me resonó en los oídos como un tañido metálico. Vi asomar el sol rojizo entre las últimas ráfagas de una pequeña tormenta de arena que flotaba sobre la ciudad sin nombre, haciendo más patente la quietud del paisaje. Una vez más, me interné en las lúgubres ruinas que abultaban bajo las arenas como un ogro bajo su colcha, y de nuevo cavé en vano en busca de reliquias de la olvidada raza. A mediodía descansé, y dediqué la tarde a señalar los muros, las calles olvidadas y los contornos de los casi desaparecidos edificios. Observe que la ciudad había sido efectivamente poderosa, y me pregunté cuáles pudieron ser los orígenes de su grandeza. Me representaba el esplendor de una edad tan remota que Caldea no podría recordarla, y pensé en Sarnath la Predestinada, ya existente en la tierra de Mnar cuando la humanidad era todavía joven, y en Ib, excavada en la piedra gris antes de la aparición de los hombres.

De repente, llegué a un lugar donde la roca del subsuelo emergía de la arena formando un bajo acantilado y vi con alegría lo que parecía prometer nuevos vestigios del pueblo antediluviano. Toscamente talladas en la cara del acantilado, aparecían las inequívocas fachadas de varios edificios pequeños o templos achaparrados, cuyos interiores conservaban quizá numerosos secretos de edades incalculablemente remotas; aunque las tormentas de arena habían borrado hacía tiempo los relieves que sin duda exhibieron en su exterior.

Las oscuras aberturas próximas a mí eran muy bajas y estaban cegadas por las arenas; pero limpié una de ellas con la pala y me introduje a gatas, llevando una antorcha que me revelase los misterios que hubiese. Una vez en el interior, vi que la caverna era efectivamente un templo, y descubrí claros signos de la raza que había vivido y practicado su religión antes de que el desierto fuese desierto. No faltaban altares primitivos, pilares y nichos, todo singularmente bajo; y aunque no veía esculturas ni frescos, había muchas piedras extrañas, claramente talladas en forma de símbolos por algún medio artificial. Era muy extraña la baja altura de la cámara cincelada, ya que apenas me permitía estar de rodillas; pero el recinto era tan grande que la antorcha revelaba una parte solamente. Algunos de los últimos rincones me producían temor; ya que determinados altares y piedras sugerían olvidados ritos de naturaleza repugnante e inexplicable que hicieron que me preguntase qué clase de hombres podían haber construido y frecuentado semejante templo. Cuando hube visto todo lo que contenía el lugar, salí gateando otra vez, ansioso por averiguar lo que pudieran revelarme los templos.

La noche se estaba echando encima; pero las cosas tangibles que había visto hacían que mi curiosidad fuese más fuerte que mi miedo, y no huí de las largas sombras lunares que me habían intimidado la primera vez que vi la ciudad sin nombre. En el crepúsculo, limpié otra abertura; y encendiendo una nueva antorcha me introduje a rastras por ella, y descubrí más piedras y símbolos enigmáticos; pero todo era tan vago como en el otro templo. El recinto era igual de bajo, aunque bastante menos amplio, y terminaba en un estrecho pasadizo en el que había oscuras y misteriosas hornacinas. Y me encontraba examinando estas hornacinas cuando el ruido del viento y mi camello turbaron la quietud, y me hicieron salir a ver qué había asustado al animal.

La luna brillaba intensamente sobre las primitivas ruinas, iluminando una densa nube de arena que parecía producida por un viento fuerte, aunque decreciente, que soplaba desde algún lugar del acantilado que tenía ante mí. Sabía que era este viento frío y arenoso lo que había inquietado al camello, y estaba a punto de llevarlo a un lugar más protegido, cuando alcé los ojos por casualidad y vi que no soplaba viento alguno en lo alto del acantilado. Esto me dejó asombrado, y me produjo temor otra vez; pero inmediatamente recordé los vientos locales y súbitos que había observado anteriormente durante el amanecer y el crepúsculo, y pensé que era cosa normal. Supuse que provenía de alguna grieta de la roca que comunicaba con alguna cueva, y me puse a observar el remolino de arena a fin de localizar su origen; no tardé en descubrir que salía de un orificio negro de un templo bastante más al sur de donde yo estaba, casi fuera de mi vista. Eché a andar contra la nube sofocante de arena, en dirección a dicho templo, y al acercarme descubrí que era más grande que los demás, y que su entrada estaba bastante menos obstruida de arena dura. Habría entrado, de no ser por la terrible fuerza de aquel viento frío que casi apagaba mi antorcha. Brotaba furioso por la oscura puerta suspirando misteriosamente mientras agitaba la arena y la esparcía por entre las espectrales ruinas. Poco después empezó a amainar, y la arena se fue aquietando poco a poco, hasta que finalmente todo quedo inmóvil otra vez; pero una presencia parecía acechar entre las piedras fantasmales de la ciudad, y cuando alcé los ojos hacia la luna, me pareció que temblaba como si se reflejara en la superficie de unas aguas trémulas. Me sentía más asustado de lo que podía explicarme, aunque no lo bastante como para reprimir mi sed de prodigios; así que tan pronto como el viento se calmó, crucé el umbral y me introduje en el oscuro recinto de donde había brotado el viento.

Este templo, como había imaginado desde el exterior, era el más grande de cuantos había visitado hasta el momento; probablemente era una caverna natural, ya que lo recorrían vientos que procedían de alguna región interior. Aquí podía estar completamente de pie; pero vi que las piedras y los altares eran tan bajos como los de los otros templos. En los muros y en el techo observé por primera vez vestigios del arte pictórico de la antigua raza, curiosas rayas onduladas hechas con una pintura que casi se había borrado o descascarillado; y en dos de los altares vi con creciente excitación un laberinto de relieves curvilíneos bastante bien trazados. Al alzar en alto la antorcha, me pareció que la forma del techo era demasiado regular para que fuese natural, y me pregunté qué prehistóricos escultores habrían trabajado en este lugar. Su habilidad técnica debió de ser inmensa.

Luego, una súbita llamarada de la caprichosa antorcha me reveló lo que había estado buscando: el acceso a aquellos abismos más remotos de los que había brotado el inesperado viento; sentí un desvanecimiento al descubrir que se trataba de una puerta pequeña, artificial, cincelada en la sólida roca. Metí la antorcha por ella, y vi un túnel negro de techo bajo y abovedado que se curvaba sobre un tramo descendente de toscos escalones, muy pequeños, numerosos y empinados. Siempre veré esos peldaños en mis sueños, ya que llegué a saber lo que significaban. En aquel momento no sabía si considerarlos peldaños o meros apoyos para salvar una pendiente demasiado pronunciada. La cabeza me daba vueltas, agobiada por locos pensamientos, y parecieron llegarme flotando las palabras y advertencias de los profetas árabes, a través del desierto, desde las tierras que los hombres conocen a la ciudad sin nombre que no se atreven a conocer. Pero sólo vacilé un momento, antes de cruzar el umbral y empezar a bajar precavidamente por el empinado pasadizo, con los pies por delante, como por una escala de mano.

Sólo en los terribles desvaríos de la droga o del delirio puede un hombre haber efectuado un descenso como el mío. El estrecho pasadizo bajaba interminable como un pozo espantosamente fantasmal, y la antorcha que yo sostenía por encima de mi cabeza no alcanzaba a iluminar las ignoradas profundidades hacia las que descendía. Perdí la noción de las horas y olvidé consultar mi reloj, aunque me asusté al pensar en la distancia que debía de estar recorriendo. Había giros y cambios de pendiente; una de las veces llegué a un corredor largo, bajo y horizontal, donde tuve que arrastrarme por el suelo rocoso con los pies por delante, sosteniendo la antorcha cuanto daba de sí la longitud de mi brazo. No había altura suficiente para permanecer de rodillas. Después, me encontré con otra escalera empinada, y seguí bajando interminablemente mientras mi antorcha se iba debilitando poco a poco, hasta que se apagó. Creo que no me di cuenta en ese momento, porque cuando lo noté, aún la sostenía por encima de mí como si me siguiera alumbrando. Me tenía completamente trastornado esa pasión por lo extraño y lo desconocido que me había convertido en un errabundo en la tierra y un frecuentador de lugares remotos, antiguos y prohibidos.

En la oscuridad, me venían al pensamiento súbitos fragmentos de mi amado tesoro de saber demoníaco: frases del árabe loco Alhazred, párrafos de las pesadillas apócrifas de Damascius, y sentencias infames del delirante Image du Monde de Gauthier de Metz. Repetía citas extrañas y murmuraba cosas sobre Afrasiab y los demonios que bajaban flotando con él por el Oxus; más tarde, recité una y otra vez la frase de uno de los relatos de Lord Dunsany: «La sorda negrura del abismo». En una ocasión en que el descenso se volvió asombrosamente pronunciado, repetí con voz monótona un pasaje de Tomás Moro, hasta que tuve miedo de recitarlo más:

Un pozo de tinieblas. negro tomo un caldero de brujas, lleno De drogas lunares en eclipse destiladas Al inclinarme a mirar si podía bajar el pie Por ese abismo, vi, abajo, Hasta donde alcanzaba la mirada, Negras Paredes lisas como el cristal Recién acabadas de pulir, Y con esa negra pez que el Trono de la Muerte Derrama por sus bordes viscosos.

El tiempo había dejado de existir por completo cuando mis pies tocaron nuevamente un suelo horizontal, y llegué a un recinto algo más alto que los dos templos anteriores que, ahora, estaban a una distancia incalculable, por encima de mí. No podía ponerme de pie, pero podía enderezarme arrodillado; y en la oscuridad, me arrastré y gateé de un lado para otro al azar. No tardé en darme cuenta de que me encontraba en un estrecho pasadizo en cuyas paredes se alineaban numerosos estuches de madera con el frente de cristal. El descubrir en semejante lugar paleozoico y abismal objetos de cristal y madera pulimentada me produjo un estremecimiento, dadas sus posibles implicaciones. Al parecer, los estuches estaban ordenados a lo largo del pasadizo a intervalos regulares, y eran oblongos y horizontales, espantosamente parecidos a ataúdes por su forma y tamaño. Cuando traté de mover uno o dos, a fin de examinarlos, descubrí que estaban firmemente sujetos.

Comprobé que el pasadizo era largo y seguí adelante con rapidez, emprendiendo una carrera a cuatro patas que habría parecido horrible de haber habido alguien observándome en la oscuridad; de vez en cuando me desplazaba a un lado y a otro para palpar mis alrededores y cerciorarme de que los muros y las filas de estuches seguían todavía. El hombre está tan acostumbrado a pensar visualmente que casi me olvidé de la oscuridad, representándome el interminable corredor monótonamente cubierto de madera y cristal como si lo viese. Y entonces, en un instante de indescriptible emoción, lo vi.

No sé exactamente cuándo lo imaginado se fundió a la visión real; pero surgió gradualmente un resplandor delante de mí, y de repente me di cuenta de que veía los oscuros contornos del corredor y los estuches a causa de alguna desconocida fosforescencia subterránea. Durante un momento todo fue exactamente como yo lo había imaginado, ya que era muy débil la claridad; pero al avanzar maquinalmente hacia la luz cada vez más fuerte, descubrí que lo que yo había imaginado era demasiado débil. Esta sala no era una reliquia rudimentaria como los templos de arriba, sino un monumento de un arte de lo más magnífico y exótico. Ricos y vívidos y atrevidamente fantásticos dibujos y pinturas componían una decoración mural continua cuyas líneas y colores superarían toda descripción. Los estuches eran de una madera extrañamente dorada, con un frente de exquisito cristal, y contenían los cuerpos momificados de unas criaturas que superarían en grotesca fealdad los sueños más caóticos del hombre.

Es imposible dar una idea de estas monstruosidades. Era de naturaleza reptil con unos rasgos corporales que unas veces recordaban al cocodrilo, otras a la foca, pero más frecuentemente a seres que el naturalista y el paleontólogo no han conocido jamás. Tenían más o menos el tamaño de un hombre bajo, y sus extremidades anteriores estaban dotadas de unas zarpas delicadas claramente parecidas a las manos y los dedos humanos. Pero lo más extraño de todo eran sus cabezas, cuyo contorno transgredía todos los principios biológicos conocidos. No hay nada a lo que aquellas criaturas se pueda comparar con propiedad... fugazmente, pensé en seres tan diversos como el gato, el perro dogo, el mítico sátiro y el ser humano. Ni el propio Júpiter tuvo una frente tan enorme y protuberante; sin embargo, los cuernos, la carencia de nariz y la mandíbula de caimán, les situaba fuera de toda categoría establecida. Durante un rato dudé de la realidad de las momias, casi inclinándome a suponer que se trataba de ídolos artificiales; pero no tardé en convencerme de que eran efectivamente especies paleógenas que habían existido cuando la ciudad sin nombre estaba viva. Como para rematar el carácter grotesco de sus naturalezas, la mayoría estaban suntuosamente vestidas con tejidos costosos y lujosamente cargadas de adornos de oro, joyas y metales brillantes y desconocidos.

La importancia de estas criaturas reptiles debió de ser inmensa, ya que estaban en primer término, entre los extravagantes motivos de los frescos que decoraban las paredes y los techos. El artista las había retratado con inigualable habilidad en su propio mundo, en el cual tenían ciudades y jardines trazados según sus dimensiones; y no pude por menos de pensar que su historia representada era alegórica, revelando quizá el progreso de la raza que las adoraba. Estas criaturas, me decía, debían de ser para los habitantes de la ciudad sin nombre lo que fue la loba para Roma, o los animales totémicos para una tribu de indios.

Siguiendo esta teoría, pude descifrar someramente una épica asombrosa de la ciudad sin nombre: la crónica de una poderosa metrópoli costera que gobernó el mundo antes de que África surgiera de las olas, y de sus luchas cuando el mar se retiró y el desierto invadió el fértil valle que la mantenía. Vi sus guerras y sus triunfos, sus tribulaciones y derrotas, y después, su terrible lucha contra el desierto, cuando miles de sus habitantes -representados aquí alegóricamente como grotescos reptiles- se vieron empujados a abrirse camino hacia abajo, excavando la roca de alguna forma prodigiosa, en busca del mundo del que les habían hablado sus profetas. Todo era misteriosamente vívido y realista; y su conexión con el impresionante descenso que yo había efectuado era inequívoco. Incluso reconocía los pasadizos.

Al avanzar por el corredor hacia la luz más brillante, vi nuevas etapas de la épica representada: la despedida de la raza que había habitado la ciudad sin nombre y el valle hacía unos diez millones de años; la raza cuyas almas se negaban a abandonar los escenarios que sus cuerpos habían conocido durante tanto tiempo, en los que se habían asentado como nómadas durante la juventud de la tierra, tallando en la roca virgen aquellos santuarios en los que no habían dejado de practicar sus cultos religiosos. Ahora que había más luz, pude examinar las pinturas con más detenimiento; y recordando que los extraños reptiles debían de representar a los hombres desconocidos, pensé en las costumbres imperantes en la ciudad sin nombre. Había muchas cosas inexplicables. La civilización, que incluía un alfabeto escrito, había llegado a alcanzar, al parecer, un grado superior al de aquellas otras inmensamente posteriores de Egipto y de Caldea; aunque noté omisiones singulares. Por ejemplo, no pude descubrir ninguna representación de la muerte o de las costumbres funerarias, salvo en las escenas de guerra, de violencia o de plagas; así que me preguntaba por qué esta reserva respecto de la muerte natural. Era como si hubiesen abrigado un ideal de inmortalidad como una ilusión esperanzadora.

Más cerca del final del pasadizo había pintadas escenas de máximo exotismo y extravagancia: vistas de la ciudad sin nombre que ahora contrastaban por su despoblación y su creciente ruina, y de un extraño y nuevo reino paradisíaco hacia el que la raza se había abierto camino con sus cinceles a través de la roca. En estas perspectivas, la ciudad y el valle desierto aparecían siempre a la luz de la luna, con un halo dorado flotando sobre los muros derruidos y medio revelando la espléndida perfección de los tiempos anteriores, espectralmente insinuada por el artista. Las escenas paradisíacas eran casi demasiado extravagantes para que resultaran creíbles, retratando un mundo oculto de luz eterna, lleno de ciudades gloriosas y de montes y valles etéreos. Al final, me pareció ver signos de un anticlímax artístico. Las pinturas se volvieron menos hábiles y mucho más extrañas, incluso, que las más disparatadas de las primeras. Parecían reflejar una lenta decadencia de la antigua estirpe, a la vez que una creciente ferocidad hacia el mundo exterior del que les había arrojado el desierto. Las formas de las gentes -siempre simbolizadas por los reptiles sagrados- parecían ir consumiéndose gradualmente, aunque su espíritu, al que mostraban flotando por encima de las ruinas bañadas por la luna, aumentaba en proporción. Unos sacerdotes flacos, representados como reptiles con atuendos ornamentales, maldecían el aire de la superficie y a cuantos seres lo respiraban; y en una terrible escena final se veía a un hombre de aspecto primitivo -quizá un pionero de la antigua Irem, la Ciudad de los Pilares-, en el momento de ser despedazado por los miembros de la raza anterior. Recuerdo el temor que la ciudad sin nombre inspiraba a los árabes, y me alegré de que más allá de este lugar, los muros grises y el techo estuviesen desnudos de pinturas.

Mientras contemplaba el cortejo de la historia mural, me fui acercando al final del recinto de techo bajo, hasta que descubrí una entrada de la cual subía la luminosa fosforescencia. Me arrastré hasta ella, y dejé escapar un alarido de infinito asombro ante lo que había al otro lado; pues en vez de descubrir nuevas cámaras más iluminadas, me asomé a un ilimitado vacío de uniforme resplandor, como supongo que se vería desde la cumbre del monte Everest, al contemplar un mar de bruma iluminada por el sol. Detrás de mí había un pasadizo tan angosto que no podía ponerme de pie; delante, tenía un infinito de subterránea refulgencia.

Del pasadizo al abismo descendía un pronunciado tramo de escaleras -de peldaños pequeños y numerosos, como los de los oscuros pasadizos que había recorrido-; aunque unos pies más abajo los ocultaban los vapores luminosos. Abatida contra el muro de la izquierda, había abierta una pesada puerta de bronce, increíblemente gruesa y decorada con fantásticos bajorrelieves, capaz de aislar todo el mundo interior de luz, si se cerraba, respecto de las bóvedas y pasadizos de roca. Miré los peldaños, y de momento, me dio miedo descender por ellos. Tiré de la puerta de bronce, pero no pude moverla. Luego me tumbé boca abajo en el suelo de losas, con la mente inflamada en prodigiosas reflexiones que ni siquiera el mortal agotamiento podía disipar.

Mientras estaba tendido, con los ojos cerrados y pensando libremente, me volvieron a la conciencia muchos detalles que había observado de pasada en los frescos con un significado nuevo y terrible; escenas que representaban la ciudad sin nombre en su esplendor, la vegetación del valle que la rodeaba, y las tierras distantes con las que sus mercaderes comerciaban. La alegoría de las criaturas reptantes me desconcertaba por su universal distinción, y me asombraba que se conservase con tanta insistencia en una historia de tal importancia. En los frescos se representaba la ciudad sin nombre guardando la debida proporción con los reptiles. Me preguntaba cuáles serían sus proporciones reales y su magnificencia, y medité un momento sobre determinadas peculiaridades que había notado en las ruinas. Me parecía extraña la escasa altura de los templos primordiales y del corredor del subsuelo, tallado indudablemente por deferencia a las deidades reptiles que ellos adoraban; aunque, evidentemente, obligaban a los adoradores a reptar. Quizá los mismos ritos comportaban esta imitación de las criaturas adoradas. Sin embargo, ninguna teoría religiosa podía explicar por qué los pasadizos horizontales que se intercalaban en ese espantoso descenso eran tan bajos como los templos... o más, puesto que no era posible permanecer siquiera de rodillas. Al pensar en las criaturas reptiles, cuyos espantosos cuerpos momificados tenía tan cerca de mí, sentí un nuevo sobresalto de terror. Las asociaciones de la mente son muy extrañas; y me encogí ante la idea de que, salvo el pobre hombre primitivo despedazado de la última pintura, la mía era la única forma humana, en medio de las numerosas reliquias y símbolos de vida primordial.

Pero en mi extraña y errabunda existencia, el asombro siempre se imponía a mis temores; pues el abismo luminoso y lo que podía contener planteaban un problema valiosísimo para el más grande explorador. No me cabía duda de que al pie de aquella escalera de peldaños singularmente pequeños había un mundo extraño y misterioso, y esperaba encontrar allí los recuerdos humanos que las pinturas del corredor no me habían podido ofrecer. Los frescos representaban ciudades y valles increíbles de esta región inferior, y mi imaginación se demoraba en las ricas ruinas que me esperaban.

Mis temores, efectivamente, se relacionaban más con el pasado que con el futuro. Ni siquiera el horror físico de mi situación en aquel angosto corredor de reptiles muertos y frescos antediluvianos, millas por debajo del mundo que yo conocía, y ante ese otro mundo de luces y brumas espectrales, podía compararse con el miedo que sentía ante la abismal antigüedad del escenario y de su espíritu. Una antigüedad tan inmensa que empequeñecía todo cálculo parecía mirar de soslayo desde las rocas primordiales y los templos tallados de la ciudad sin nombre, mientras que los últimos mapas asombrosos de los frescos mostraban océanos y continentes que el hombre ha olvidado, cuyos contornos eran vagamente familiares. Nadie sabía qué podía haber sucedido en las edades geológicas ya que las pinturas se interrumpían, y la resentida y rencorosa raza había sucumbido a la decadencia. En otro tiempo, estas cavernas y la luminosa región que se abría más allá habían hervido de vida; ahora, me encontraba solo entre estas vívidas reliquias, y temblaba al pensar en los incontables siglos durante los cuales dichas reliquias habían mantenido una vigilia muda y abandonada.

De pronto, me invadió nuevamente aquel agudo terror que de cuando en cuando me asaltaba desde que había visto el terrible valle y la ciudad sin nombre bajo la fría luna; y a pesar de mi cansancio, me sorprendí a mí mismo incorporándome frenéticamente, y mirando hacia el oscuro corredor, hacia los túneles que subían al mundo exterior. Me dominó el mismo sentimiento que me había hecho abandonar la ciudad sin nombre por la noche, y que era tan inexplicable como acuciante. Un momento después, sin embargo, sufrí una impresión aún mayor en forma de un ruido definido: el primero que quebraba el absoluto silencio de estas profundidades sepulcrales. Fue un gemido bajo, profundo, como de una multitud lejana de espíritus condenados; y provenía del lugar hacia donde yo miraba. El rumor fue creciendo rápidamente, y no tardó en resonar de forma espantosa por el bajo pasadizo. Al mismo tiempo, tuve conciencia de una corriente de aire frío, cada vez más fuerte, idéntica a la que brotaba de los túneles y barría la ciudad. El contacto de ese viento pareció devolverme el equilibrio, porque instantáneamente recordé las súbitas ráfagas que se levantaban en torno a la entrada del abismo en el amanecer y el crepúsculo, una de las cuales, efectivamente, me había revelado los túneles secretos. Consulté mi reloj y vi que faltaba poco para amanecer, así que me preparé para resistir el vendaval que regresaba a su caverna, del mismo modo que había salido al atardecer. Mi miedo disminuyó otra vez, ya que un fenómeno natural tiende a disipar las lucubraciones sobre lo desconocido.

Cada vez entraba con más violencia el quejumbroso y aullante viento de la noche, precipitándose en el abismo subterráneo. Me dejé caer de nuevo boca abajo, y me agarré vanamente al suelo, temiendo que me arrastrara por la puerta y me precipitara en el abismo fosforescente. No me había esperado una furia semejante; y al darme cuenta de que, en efecto, me iba deslizando por el suelo hacia el abismo, me asaltaron mil nuevos terrores imaginarios. La malignidad de aquella corriente despertó en mí increíbles figuraciones; una vez más me comparé, con un estremecimiento, a la única imagen humana del espantoso corredor, al hombre despedazado por la desconocida raza; porque los zarpazos demoníacos de los torbellinos parecían contener una furia vindicativa tanto más fuerte cuanto que me sentía casi impotente. Cerca del final, creo que grité frenéticamente -casi enloquecido-; si fue así, mis gritos se perdieron en aquella babel infernal de espíritus aulladores. Traté de retroceder arrastrándome contra el torrente invisible y homicida, pero no podía afianzarme siquiera, y seguía siendo arrastrado lenta e inexorablemente hacia el mundo desconocido. Por último, se me debió de trastornar la razón, y empecé a balbucear, una y otra vez, aquel inexplicable dístico del árabe loco Abdul Alhazred, que soñó con la ciudad sin nombre:

Que no está muerto lo que yace eternamente, Y con el paso de los evos, aun la muerte puede morir

Sólo los ceñudos y severos dioses del desierto saben lo que ocurrió en realidad; qué forcejeos y luchas sostuve en la oscuridad, o qué Abaddón me guió de nuevo a la vida, donde siempre habré de recordar, y estremecerme, cuando sopla el viento de la noche, hasta que el olvido o algo peor me reclame. Fue monstruoso, inmenso, antinatural... muy lejos de cuanto el hombre pueda concebir, salvo en las primeras horas silenciosas y detestables de la madrugada, cuando uno no puede dormir.

He dicho que la furia del viento era infernal -cacodemoníaca-, y que sus voces eran espantosas a causa de una perversidad reprimida durante eternidades de desolación. Luego, estas voces, aunque delante de mí seguían siendo caóticas, imaginó mi cerebro enfebrecido que adoptaban forma articulada detrás; y allá en la tumba de unas antigüedades muertas hacía innumerables evos, leguas debajo del mundo diurno de los hombres, oí horribles maldiciones y gruñidos de demonios de extrañas lenguas. Al volverme, vi recortarse contra el éter luminoso del abismo lo que no podía verse en la oscuridad del corredor: una horda pesadillesca de seres que se precipitaban, de demonios semitransparentes distorsionados por el odio, grotescamente ataviados, y pertenecientes a una raza que nadie habría podido confundir: la de las criaturas reptiles de la ciudad sin nombre.

Cuando se calmó el viento, me envolvió la negrura más absoluta de las entrañas de la tierra; porque detrás de la última de las criaturas, la gran puerta de bronce se cerró de golpe con un estruendo ensordecedor de música metálica cuyos ecos ascendieron hasta el mundo distante para saludar al sol naciente, como lo saluda Memnón desde las orillas del Nilo.

FIN

necronomicon: Terror, Fantasía y Ciencia Ficción

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El Necronomicón fue, hasta el momento, la última publicación impresa editada por UBIK. Apenas alcanzó dos números, a pesar de que la idea era publicar un folletín sencillo que no requiriera un prolongado período de producción. Relatos supercortos, editoriales breves, cuatro páginas... eso fue el Necronomicón. Pensamos nutrir las páginas con lo producido en los talleres literarios de UBIK. Era la época del premio Jugo y los talleres de los viernes por la tarde, así que la producción era constante, experimental y de calidad. No obstante todas las ventajas aparentes, el proyecto tuvo vida efímera en su primera época. ¿En su primera época? Sí, hemos reactivado la publicación, pero esta vez en formato digital.

I ♥ Cthulhu: David Saavedra

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Yo también soy un fan de Cthulhu y Nyarla, más si cabe después de tantas partidas de rol, tantos libros leídos, trabajar en La factoría de Ideas y, ahora que trabajo en FX Interactive, haber sacado una aventura gráfica de Sherlock Holmes basada en los Mitos.

Como también soy ilustrador en mis ratos de ocio, ultimamente he realizado varias ilustraciones inspiradas en los Mitos. El resto de mis ilustraciones (menos cthulianas) las puedes ver en mi pagina web.

I ♥ Cthulhu: jose antonio millán

Desde uno de sus blogs, JAM aporta su granito de arena:

Hace años me tocó dar una conferencia en Providence, Rhode Island, en la Brown University. Para mi sorpresa poca gente parecía conocer allí a Lovecraft. Indagando, indagando, descubrí que el salón de actos donde iba a hablar se erigía sobre lo que fue la casa de Lovecraft (hoy absorbido por el gran campus de la Brown University). Excuso decir la emoción que me embargó al pisar sitio tan señalado, y mi decepción a ver que mi charla académica no era turbada por ningún fenómeno paranormal, y ni siquiera por un leve atisbo de hedor a pescado...

Estos años de explosión blogosférica más de una vez he pensado en Lovecraft. En la biografía por Sprague de Camp que publicó Valdemar se habla mucho de la actividad de Lovecraft en la prensa amateur, la cual según su biógrafo, le procuró tantas satisfacciones como tiempo y energías le quitó para su obra. Mmmm... prensa amateur: ¿no era una auténtica precursora de los blogs? Como tantas otras cosas de la Internet, he aquí una tradición de comunicación escrita no profesional que se reedescubre en la Red: no es que los blogs hayan inventado una cosa nueva: hacen algo que era habitual (en Estados Unidos), por otros medios. He aquí una pequeña biografía del autor que habla de esta actividad de Lovecraft.

Ah, y a Lovecraft se debe uno de los más famosos libros inexistentes (aunque... ¿quién sabe?): el Necronomicon.

Es difícil explicar a personas que no leen ni ciencia-ficción ni obras del género de "terror" por qué valdría la pena leer a Lovecraft. Podríamos apuntar que pocas veces se ha dado un mayor maridaje entre vida y obra literaria, y que su obra rozó algunas zonas inquietantes de la relación del hombre con el mundo. Pero, claro, ésta es sólo la opinión de un fan.

Marzo 16, 2007

The Tumbleweed Kid: The Lone Ranger meets Cthulhu

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Shortly after finishing Red Hands, I was offered the chance to draw a weekly strip for the website Coconino World. I was enthusiastic at the prospect of doing an online comic strip, but didn’t really have a clear idea as to what I wanted to do… so I started brainstorming and filling up pages in my sketchbook. After looking back at those sketchbook pages, I noticed that there were a lot of H.P. Lovecraft horror parodies, as well as a recurring cowboy character, this scrawny gunfighter kid with freckles. I decided to mix the two ideas together and do a “Lovecraftian western” of sorts, kind of like “The Lone Ranger meets Cthulhu”.

So anyway… that’s how The Tumbleweed Kid was born. I would draw and send the pages to the Coconino World studios and Pat Cab would color them with Photoshop. For those of you who don’t read French, I apologize, but if you have a French-English dictionary handy, the story should be pretty easy to follow. After all, it’s not exactly literature…


Con ustedes, The Tumbleweed Kid.

Day of the tentacle

¡Gracias Carlos!

I ♥ Cthulhu: Marauder

Mi aportación a este homenaje es una discreta entrada en "El Espejo Convexo v2.0" y, algo menos discreto, que es la existencia de "Crepúsculo" , un blog en el que se juega una partida virtual al juego de rol "La Llamada de Cthulhu" de la que este siervo de Nyarlathotep es su Guardián. Soy incapaz de decidirme por uno sólo de los relatos del Maestro. Si me fuerzan a ello, sólo bajo intensas torturas, dejaré los demás a un lado y me quedaré con "El Horror de Dunwich". Lovecraft en estado puro.

Me apasionan sobre todo los fragmentos del Necronomicon que aparecen a lo largo de las distintas obras, especialmente el que sigue:

Las cavernas inferiores -escribió el loco Alhazred- son insondables para los ojos que ven, porque sus prodigios son extraños y terribles. Maldita la tierra donde los pensamientos muertos viven reencarnados en una existencia nueva y singular, y maldita el alma que no habita ningún cerebro. Sabiamente dijo Ibn Shacabad: bendita la tumba donde ningún hechicero ha sido enterrado y felices las noches de los pueblos donde han acabado con ellos y los han reducido a cenizas. Pues de antiguo se dice que el espíritu que se ha vendido al demonio no se apresura a abandonar la envoltura de la carne, sino que ceba e instruye al mismo gusano que roe , hasta que de la corrupción brota una vida espantosa, y las criaturas que se alimentan de la carroña de la tierra aumentan solapadamente para hostigarla, y se hacen monstruosas para infestarla. Excavadas son, secretamente, inmensas galerías donde debían bastar los poros de la tierra, y han aprendido a caminar unas criaturas que sólo deberían arrastrarse.

Cordialmente se despide Marauder.

Extra Triunfo: el terror

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De la colección digital, con sus 70 páginas y sus anuncios impagables. No hay LC pero hay mucho miedo. (via El blog ausente)

I ♥ Cthulhu: Rubén Pulido

A mí LC me cambió la vida. Son de esas lecturas de juventud que se quedan contigo el resto de tus días... y de tus noches. Coleccioné todos sus libros editados por Alianza. Más tarde, la vida londinense me ayudó a olvidarlo, pero conocí allí a Machen: los Fragmentos de su Vida me devolvieron la obsesión y me dieron la oportunidad de hacer lo propio otra vez, colección, con las ediciones en inglés; ahora, guardo debajo de la mesilla de noche el primer volumen de las completas de Valdemar.

De entre todas, hay una historia que nunca puedo olvidar y que me obsesiona: El extraño caso de Charles Dexter Ward. Desde entonces, he soñado muchas veces con dinteles y mampostería de piedra de alguna extraña ciudad. O quizá fuese otro. Ya no lo sé.

Otras muchas veces me refugio en el insomnio: The last refuge of the insomniac is a sense of superiority to the sleeping world.

Frase para el prefacio de una enciclopedia del crepúsculo. LC dijo:

Los Dioses misericordiosos, si es que realmente existen, custodian esas horas durante las cuales ni la fuerza de voluntad ni las drogas pueden mantenerme alejado del abismo del sueño.

Definitivamente, esta noche soñaré una de esas pesadillas de Lovecraft: infinita y primigenia, torturante y circular...

Alberto Breccia y Norberto Buscaglia: dibujar lo inimaginable

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En su conocido ensayo El horror en la literatura, el escritor estadounidense Howard Phillips Lovecraft (Providence, 1890-1937) sostuvo que en todo buen relato de terror el factor esencial es la atmósfera, «ya que –apostillaba- el criterio último de autenticidad no reside en que encaje una trama, sino que se haya sabido crear una determinada sensación». Las adaptaciones que, bajo el lema Los Mitos de Cthulhu, hizo de los relatos del propio Lovecraft el historietista uruguayo Alberto Breccia (reunidas en castellano en un sólo volumen por Ediciones Sins entido) cumplen a rajatabla con esa premisa.

En 1992, conversando con Latino Imparato, Breccia recreó su primer encuentro con la obra de Lovecraft: era 1959 ó 1960 y el artista montevideano adquirió en Barcelona una antología de cuentos fantásticos que contenía “El horror de Dunwich”, uno de los mejores textos del narrador de Providence. De aquel contacto casual le quedó el deseo de verter aquella obra en el molde de la historieta; decidirse le llevó más de una década. En 1972, tras verse obligado a interrumpir la adaptación de Informe sobre ciegos (célebre pasaje de la novela de Ernesto Sábato Sobre héroes y tumbas), emprendió finalmente la realización de “El ceremonial”, uno de los relatos del autor estadounidense. A partir de entonces, y durante tres años, elaboró una serie de versiones que, en forma de historietas cortas, publicó la revista italiana Il Mago desde noviembre de 1973.

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En el guión, Breccia contó con la ayuda de su yerno, Norberto Buscaglia. Ambos decidieron conservar buena parte del texto original (siempre en primera persona, siempre testimonial); para no incurrir en tautologías, tanto el montaje como el dibujo debían expresar lo que no se cuenta en el relato. Pero si en la parte literaria tenía el apoyo de Buscaglia, en lo gráfico, en cambio, Alberto Breccia estaba solo.

Sigue leyendo Los mitos de Cthulhu en

MAS: Entrevista a Norberto Buscaglia | otra entrevista a Buscaglia | Los mitos de Cthulhu
de Alberto Breccia y Norberto Buscaglia
| Lovecraft's comics | Dibujar lo que no puede ser dibujado (y triunfar en el intento)

I ♥ Cthulhu: Roger Olivella

Roger Olivella nos ha mandado tres cosas: el trailer que encabeza este post y una revista peculiar: Cthulhu sex, touches on the interesting issue of interspecies intercourse y la historia de su afición cthoniana. A muchos les sonará vagamente familiar.

"Mi, digamos, relación con Lovecraft empezó aproximadamente cuando cursaba primero de BUP (1989 o 1990). Mi padre tenía en su biblioteca un libro de Alianza Editorial con una portada escalofriante. Siempre me sentí atraído por los relatos de ciencia ficción y horror por lo que devoré su contenido, quedándome un poco desubicado por el nuevo enfoque que proponía: un universo poblado de horrendas y poderosas criaturas, razas que se desplazan mentalmente por el tiempo, ciudades ciclópeas, etc. Resumiendo, en palabras del mismo Lovecraft, "Si hay algo que nos salva en este mundo...es la incapacidad de la mente humana para correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una isla de ignorancia en medio de los negros mares del infinito, y no estamos hechos para viajar solos". Esta creo que es la aportación esencial del escritor: acercarnos a los lectores esos mundos, esos seres que posiblemente existan y que su mero conocimiento produciría nuestra locura. Un relato que sublima especialmente bien este concepto es "En la noche de los tiempos", donde el protagonista realiza un viaje mental a otro espacio-tiempo y vive junto a los seres que lo habitan.

Mi fascinación se materializó en una afición que desde entonces miro de mantener viva: el juego de rol La Llamada de Cthulhu. En algunas ocasiones mis compañeros y yo hemos conseguido recrear en nuestra imaginación esa atmósfera lovercraftiana (en la mayoría de veces, para ser sincero, nuestras aventuras degeneraron a la típica caza del monstruo). Una curiosidad: desde que empezamos a jugar anotamos detalladamente (en tiempo real) cada partida de rol, por lo que hemos creado una verdadera legión de relatos de nuestras aventuras en los mundos de Lovecraft (con sus fotos, mapas, dibujos, etc.).

Paralelamente he continuado leyendo relatos pero reconozco que hacía tiempo que no les prestaba atención. Estoy contento puesto que esta celebración que propones en el blog me recordó los buenos ratos pasados y posiblemente ahora retome alguna lectura pendiente u olvidada. "

Fin de cita. ¡Gracias Roger!

cthulhu ♥ brownies

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Jorge Quiñoa nos manda una tira de Nicholas Gurewitch que le gusta especialmente. Y a mí también.

Everybody ♥ Cthulhu

Montse me ha enviado su homenaje a Cthulhu que, en sus propias palabras, siempre llevo conmigo. Con la misma dedicación pero en otro estilo, Jerónimo avisa por mail que la Universidad Carlos III empieza unas jornadas dedicadas a LC el próximo mes de abril.

JORNADAS DE HOMENAJE A H.P. LOVECRAFT: "El horror sobrenatural: mito y literatura desde el otro lado"

En el 70 aniversario de la muerte del gran escritor H.P. Lovecraft, estas jornadas pretenden trazar un panorama del género del que es el mayor representante: el horror sobrenatural (supernatural horror). A la vez, propondrán un acercamiento a su forma de narrar, su vida y su obra.

Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) se ha convertido en un escritor enormemente popular después de su muerte, habiendo fundado una escuela literaria gracias a una de las creaciones más fascinantes de la literatura del siglo XX, los mitos de Cthulhu. Relatos como En las montañas de la locura, El horror de Dunwich o La sombra más allá del tiempo han ejercido una notable influencia en la cultura de masas de nuestros días: la literatura, el cine, el comic, etc.

El terror del más allá o "del otro lado" (from beyond) en la literatura y el cine fundado en mitos de nuevo cuño acerca de mundos lejanos y extraños deben mucho a este gran autor, cuya figura será un buen pretexto para profundizar en el tema del horror en el pensamiento y la creación artística y su papel en la cultura de nuestros días.

Coordinan Fernando Broncano y David Hernández de la Fuente. Curiosos e interesados, pueden pinchar aquí o leer el resto del programa después del salto.

Miércoles 25 abril

I. Los mitos de Lovecraft 10:30 Apertura y Presentación. Fernando Broncano / David Hernández de la Fuente
11:00 Juan Antonio Molina Foix (traductor, editor y ensayista): "Libros y personajes emblemáticos citados por Lovecraft"
12:00 Pausa
12:30 Francisco Torres Oliver (Premio Nacional de Traducción) "Raíces góticas en Lovecraft"
13:00 Mesa redonda
16:30 Lovecraft audiovisual (I): "Fabular imágenes. Filmes lovecraftianos" por Luis Revenga (director de cine, guionista y editor)
18:00 Lovecraft audiovisual (II):"Lovecraft
y el cine" por Jesús Palacios (escritor y crítico de cine)
19:30 Mesa redonda


Jueves 26 abril
II. Temas y símbolos del horror10:00 Bárbara Bordalejo (directora del Institute for Textual Scholarship. Universidad de Birmingham):"La estética del horror: Edmund Burke, el horror tradicional y H. P. Lovecraft"
11:00 Pedro Serra (investigador de la Universidad de Salamanca): "Lo no-muerto, el poema y la meta-carne. Del materialismoabsoluto en Lovecraft et alii"
12:00 Pausa
12:30 Alberto Santos (editor): "Editar a H. P. Lovecraft"
13:30 Mesa redonda
14:00 Pausa
16:30 Pablo Acevedo (poeta e investigador de la Universidad Complutense): "Lovecraft en la modernidad"
17:30 Lecturas lovecraftianas (I): Performance. Iury Lech (escritor, músico y crítico literario)


Viernes 27 abril
III. La escuela del horror 09:00 Manuel Broncano (profesor titular de Literatura norteamericana en la Universidad de
León): "Lovecraft en la tradición oscurantista norteamericana"
10:00 Juan Carlos Chirinos (biógrafo y novelista): "Lovecraft y el cuento hispanoamericano"
11:00 Pausa
11:30 Lecturas lovecraftianas (II): Novela. Ernesto Pérez Zúñiga (poeta y novelista)
12:30 Lecturas lovecraftianas (III): Poesía. Luis Alberto de
Cuenca (poeta y profesor de investigación en el CSIC)
13:30 Mesa redonda y conclusión: Fernando Broncano / David Hernández de la Fuente


Lugar de celebración:
Universidad Carlos III de Madrid. Campus de Getafe
Día 25 y 26 de abril: aula 5.1.02 (mañanas); aula 14.0.11 (tardes)
Día 27 de abril: aula 4.1.04

Información:

Instituto de Estudios Clásicos "Lucio Anneo Séneca"
Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación
Universidad Carlos III de Madrid
C/ Madrid, 133
Edificio 17
Despacho 17.2.43
28903 - Getafe (Madrid)

seneca@hum.uc3m.es

I ♥ Cthulhu: Carlos atanes

Carlos Atanes desde su Blog Atánico:

No está directamente relacionado con la obra de H.P., pero detecto algunos paralelismos que en su día me pasarían, o no, desapercibidos. Un cierto aroma lovecraftiano, ya verán. Juzguen ustedes. El brazo raro que emerge de Saskia Lange (la chica sentada en lo que parece la bocaza abierta de Shub-Niggurath) tiene su historia. Y el tipo que dice llamarse Atanes también. Fue su última actuación como actor a cara descubierta, viendo el vídeo deducirán el porqué. Es muy difícil actuar, comer caracoles y filmarse a uno mismo a la vez, sosteniendo la cámara con una mano fuera de cuadro. Espero que al bueno de Howard le guste el fragmentito, si es que Nyarlathotep le deja usar su ADSL un rato.

¿Cómo se pronuncia Cthulhu?

Según el propio Lovecraft:

El sonido -o lo más cerca que pueden estar los órganos humados de pronunciarlo o la caligrafía humana de reproducirlo- sería algo así como "Khlul'-hloo", con una primera sílaba muy gutural y viscosa.

(...) La mejor aproximación que se puede hacer es gruñir, ladrar o toser las muy malamente formadas sílabas "Cluh-Luh" con la punta de la lengua firmemente pegada al cielo de la boca. Esto, si uno es un ser humano. Para otros seres las instrucciones son, naturalmente, muy distintas.

La aproximación más corriente, sugerida por Caosium (creadores del RPG "Call of Cthulhu") es kuh-THOO-lhoo. Las cajas de sus productos suelen traer la frase: Can you say kuh-THOOL-hoo? Los académicos, por su parte, prefieren "Clooloo" or "Clulu".

Más Q&A en Cthulhu for President.

fortean times ♥ cthulhu

forteantimes.jpgFortean Times es una revista mensual de noticias, crítica y análisis de fenómenos extraños, curiosidades, prodigios y portentos. En junio de 2004 le dedicó un número especial a LC donde Daniel Harms, autor de la Enciclopedia cthoniana, escribió Dreamer of the Dark. La preciosa ilustración de David Carson iba con él.

Harms describe LC como un escéptico iireductible y cuenta la siguiente anécdota, que incluye a otro escéptico heróico de su tiempo, Harry Houdini:

Lovecraft’s scepticism was so vehement that, at one point, it almost brought him a book deal. The celebrated stage magician Harry Houdini was known as a debunker of spiritualists and quacks. Lovecraft revised a fictionalised account of one of Houdini’s adventures, in which the conjuror escapes bandits and far worse things in the tunnels beneath the Great Pyramids ("Imprisoned with the Pharaohs"). Houdini was happy with the rewrite, and the two exchanged letters discussing future collaborations. Along with Providence author C M Eddy, they decided to write a book called The Cancer of Superstition, which they thought would strike a final blow against credulity. Houdini’s death in 1926 put an end to the project; if what survives is anything to go by, 2 it was no great loss, the authors’ names being the book’s most interesting feature.

Sobra decir que no estoy nada de acuerdo con esta sentencia última. Creo que habría sido un libro muy interesante.

david carson ♥ cthulhu

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Marzo 15, 2007

LC: Notas sobre el arte de escribir cuentos fantásticos

La razón por la cual escribo cuentos fantásticos es porque me producen una satisfacción personal y me acercan a la vaga, escurridiza, fragmentaria sensación de lo maravilloso, de lo bello y de las visiones que me llenan con ciertas perspectivas (escenas, arquitecturas, paisajes, atmósfera, etc.), ideas, ocurrencias e imágenes. Mi predilección por los relatos sobrenaturales se debe a que encajan perfectamente con mis inclinaciones personales; uno de mis anhelos más fuertes es el de lograr la suspensión o violación momentánea de las irritantes limitaciones del tiempo, del espacio y de las leyes naturales que nos rigen y frustran nuestros deseos de indagar en las infinitas regiones del cosmos, que por ahora se hallan más allá de nuestro alcance, más allá de nuestro punto de vista. Estos cuentos tratan de incrementar la sensación de miedo, ya que el miedo es nuestra más fuerte y profunda emoción y una de las que mejor se presta a desafiar los cánones de las leyes naturales. El terror y lo desconocido están siempre relacionados, tan íntimamente unidos que es difícil crear una imagen convincente de la destrucción de las leyes naturales, de la alienación cósmica y de las presencias exteriores sin hacer énfasis en el sentimiento de miedo y horror. La razón por la cual el factor tiempo juega un papel tan importante en muchos de mis cuentos es debida a que es un elemento que vive en mi cerebro y al que considero como la cosa más profunda, dramática y terrible del universo. El conflicto con el tiempo es el tema más poderoso y prolífico de toda expresión humana.

Mi forma personal de escribir un cuento es evidentemente una manera particular de expresarme; quizá un poco limitada, pero tan antigua y permanente como la literatura en sí misma. Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques añosos, la maravilla de fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol. Entre esta clase de personas apasionadas por los cuentos fantásticos se encuentran los grandes maestros -Poe, Dunsany, Arthur Machen, M. R. James, Algernon Blackwood, Walter de la Mare; verdaderos clásicos- e insignificantes aficionados, como yo mismo.

Sólo hay una forma de escribir un relato tal y como yo lo hago. Cada uno de mis cuentos tiene una trama diferente. Una o dos veces he escrito un sueño literalmente, pero por lo general me inspiro en un paisaje, idea o imagen que deseo expresar, y busco en mi cerebro una vía adecuada de crear una cadena de acontecimientos dramáticos capaces de ser expresados en términos concretos. Intento crear una lista mental de las situaciones mejor adaptadas al paisaje, idea, o imagen, y luego comienzo a conjeturar con las situaciones lógicas que pueden ser motivadas por la forma, imagen o idea elegida.

Mi actual proceso de composición es tan variable como la elección del tema o el desarrollo de la historia; pero si la estructura de mis cuentos fuese analizada, es posible que pudiesen descubrirse ciertas reglas que a continuación enumero:

1) Preparar una sinopsis o escenario de acontecimientos en orden de su aparición; no en el de la narración. Describir con vigor los hechos como para hacer creíbles los incidentes que van a tener lugar. Los detalles, comentarios y descripciones son de gran importancia en este boceto inicial.

2) Preparar una segunda sinopsis o escenario de acontecimientos; esta vez en el orden de su narración, con descripciones detalladas y amplias, y con anotaciones a un posible cambio de perspectiva, o a un incremento del clímax. Cambiar la sinopsis inicial si fuera necesario, siempre y cuando se logre un mayor interés dramático. Interpolar o suprimir incidentes donde se requiera, sin ceñirse a la idea original aunque el resultado sea una historia completamente diferente a la que se pensó en un principio. Permitir adiciones y alteraciones siempre y cuando estén lo suficientemente relacionadas con la formulación de los acontecimientos.

3) Escribir la historia rápidamente y con fluidez, sin ser demasiado crítico, siguiendo el punto (2), es decir, de acuerdo al orden narrativo en la sinopsis. Cambiar los incidentes o el argumento siempre que el desarrollo del proceso tienda a tal cambio, sin dejarse influir por el boceto previo. Si el desarrollo de la historia revela nuevos efectos dramáticos, añadir todo lo que pueda ser positivo, repasando y reconciliando todas y cada una de las adiciones del nuevo plan. Insertar o suprimir todo aquello que sea necesario o aconsejable; probar con diferentes comienzos y diferentes finales, hasta encontrar el que más se adapte al argumento. Asegurarse de que ensamblan todas las partes de la historia desde el comienzo hasta el final del relato. Corregir toda posible superficialidad -palabras, párrafos, incluso episodios completos-, conservando el orden preestablecido.

4) Revisar por completo el texto, poniendo especial atención en el vocabulario, sintaxis, ritmo de la prosa, proporción de las partes, sutilezas del tono, gracia e interés de las composiciones (de escena a escena de una acción lenta a otra rápida, de un acontecimiento que tenga que ver con el tiempo, etc.), la efectividad del comienzo, del final, del clímax, el suspenso y el interés dramático, la captación de la atmósfera y otros elementos diversos.

5) Preparar una copia esmerada a máquina; sin vacilar por ello en acometer una revisión final allí donde sea necesario.

El primero de estos puntos es por lo general una mera idea mental, una puesta en escena de condiciones y acontecimientos que rondan en nuestra cabeza, jamás puestas sobre papel hasta que preparo una detallada sinopsis de estos acontecimientos en orden a su narración. De forma que a veces comienzo el bosquejo antes de saber cómo voy más tarde a desarrollarlo.

Considero cuatro tipos diferentes de cuentos sobrenaturales: uno expresa una aptitud o sentimiento, otro un concepto plástico, un tercer tipo comunica una situación general, condición, leyenda o concepto intelectual, y un cuarto muestra una imagen definitiva, o una situación específica de índole dramática. Por otra parte, las historias fantásticas pueden estar clasificadas en dos amplias categorías: aquellas en las que lo maravilloso o terrible está relacionado con algún tipo de condición o fenómeno, y aquéllas en las que esto concierne a la acción del personaje con un suceso o fenómeno grotesco.

Cada relato fantástico -hablando en particular de los cuentos de miedo- puede desarrollar cinco elementos críticos: a) lo que sirve de núcleo a un horror o anormalidad (condición, entidad, etc,); b) efectos o desarrollos típicos del horror, c) el modo de la manifestación de ese horror; d) la forma de reaccionar ante ese horror; e) los efectos específicos del horror en relación a lo condiciones dadas.

Al escribir un cuento sobrenatural, siempre pongo especial atención en la forma de crear una atmósfera idónea, aplicando el énfasis necesario en el momento adecuado. Nadie puede, excepto en las revistas populares, presentar un fenómeno imposible, improbable o inconcebible, como si fuera una narración de actos objetivos. Los cuentos sobre eventos extraordinarios tienen ciertas complejidades que deben ser superadas para lograr su credibilidad, y esto sólo puede conseguirse tratando el tema con cuidadoso realismo, excepto a la hora de abordar el hecho sobrenatural. Este elemento fantástico debe causar impresión y hay que poner gran cuidado en la construcción emocional; su aparición apenas debe sentirse, pero tiene que notarse. Si fuese la esencia primordial del cuento, eclipsaría todos los demás caracteres y acontecimientos, los cuales deben ser consistentes y naturales, excepto cuando se refieren al hecho extraordinario. Los acontecimientos espectrales deben ser narrados con la misma emoción con la que se narraría un suceso extraño en la vida real. Nunca debe darse por supuesto este suceso sobrenatural. Incluso cuando los personajes están acostumbrados a ello, hay que crear un ambiente de terror y angustia que se corresponda con el estado de ánimo del lector. Un descuidado estilo arruinaría cualquier intento de escribir fantasía seria.

La atmósfera y no la acción, es el gran desiderátum de la literatura fantástica. En realidad, todo relato fantástico debe ser una nítida pincelada de un cierto tipo de comportamiento humano. Si le damos cualquier otro tipo de prioridad, podría llegar a convertirse en una obra mediocre, pueril y poco convincente. El énfasis debe comunicarse con sutileza; indicaciones, sugerencias vagas que se asocien entre sí, creando una ilusión brumosa de la extraña realidad de lo irreal. Hay que evitar descripciones inútiles de sucesos increíbles que no sean significativos.

Éstas han sido las reglas o moldes que he seguido -consciente o inconscientemente- ya que siempre he considerado con bastante seriedad la creación fantástica. Que mis resultados puedan llegar a tener éxito es algo bastante discutible; pero de lo que sí estoy seguro es que, si hubiese ignorado las normas aquí arriba mencionadas, mis relatos habrían sido mucho peores de lo que son ahora.

MySpace ♥ Cthulhu

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Wil Forbis: You've just released a new film to DVD, "Dagon" which I saw and absolutely loved. I realized that there's a couple of pretty interesting themes that run through the film. One of them is very Lovecraftian and has to do with the fact the he really had a kind of "fishophobia" didn't he?

Stuart Gordon: Yes he did. He hated fish. If someone served fish at a dinner party, he was out the door. He would not be in the same room with a fish.

Wil Forbis: What drove that?

Stuart Gordon: I dunno. He talked about the smell being one of the biggest problems he had with fish.

Wil Forbis: So there was no deep psychological root?

Stuart Gordon: Oh, there may be, but who knows? He was very fearful about a lot of things. He was very reclusive. He did not like to leave Providence, Rhode Island. He was raised by his maid and aunts, so that might have had something to do with it.

Por supuesto que Lovecraft no estaría en la misma habitación que un pescado. ¡Por respeto! Tanto la entrevista a Stuart Gordon ,como la ilustración son de la página de LC en Myspace. Incluye otra entrevista con S.T.Joshi (académica lovecraftiano) y la lista de sus colegas en MySpace. Ya saben: Cthulhu, Shub-Niggurath, Yog-Sothoth...

I ♥ Cthulhu: el forastero

De Miguel Esquirol AKA El Forastero:

169115704_d5784a51fc_m.jpgMe acaba de llegar unos ejemplares del libro recientmente publicado llamado "Inmigraciones de Arkham" donde participo con un cuento algo extenso llamado "El Lago". El libro lleva a tierras bolivianas los mitos de H.P. Lovecraft. Como dice esta cita de Borges, es algo vital para estar de buenas con el destino escribir un cuento con visita obligada a Yog-Sogoth y al inefable Cthulhu.

En el prólogo del libro explica:

De ahí estas inmigraciones que no se limitan a transplantar la imaginería del maestro del horror a tierras bolivianas, sino que también descubren meandros de la historia, la literatura y la política del país, las posibilidades latentes del terror y la satira.

Emilio Martinez

El libro reune cuentos de Edmundo Paz Soldán, Keith Richards, Oscar Díaz Arnau, Víctor Hugo Romero, ROger Otero Lorent, Sebastían Molina, Emilio Martínez (compilador), Rodrigor Antezana (compilador) y un servidor y ha sido editado por "Editorial Gente Común"

A continuación y como primicia en Internet les dejo mi cuento titulado "El Lago" para descargar en formato PDF con licencia Creative Commons (al igual que esta página) para ser leido y distribuido gratuitamente. Si se encuentran en Bolivia, lo mejor que pueden hacer es acudir a una bibioteca a comprar un ejemplar de "Inmigraciones de Arkham". El archivo además incluye la mini-biografía que aparece en el libro.

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Fin de cita. Si pasan por su blog podrán recoger una copia de El Lago en PDF.

I ♥ Cthulhu: iulius

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¡feliz 70 aniversario de la muerte de HL Lovecraft!

Queridos lectores, son las seis de la morning y tienen una pequeña tanda de horrores sobre la mesa. Las obras completas de HPLC se pueden descargar, leer y pasear en sus teléfonos de gran pantalla en versión original aquí o comprarlos en versión doblada a Valdemar. Por favor, disfruten de los enlaces y contribuyan como les parezca más conveniente a la celebración: con dibujos, reflexiones, fotos, anécdotas, enlaces, citas o -y esta sería mi opción favotita- contando algo de su relato favorito. Mi mail es marta arroba la petite claudine punto com. Estaremos de fiesta lo que queda de semana.

Las cosas de la columna de enmedio son enlaces a mis comics lovecraftianos favoritos. Los enlaces de la derecha están algo revueltos pero ¡menos es nada! Para ver la tira de Tones y Eunice hay que pinchar y me he saltado los enlaces que me mandaba Nico porque me dan mucha pena. Les ruego: nada de recetas de pulpo a la cazuela ni aleta de tiburón.

Al final hay una señorita con un pulpo. Si pinchan podrán ver todas las entradas cthonianas de este, su blog.

Call for works: An exhibition of unspeakable things

Patrick J. Gyger dirige el único museo de Ciencia Ficción en Europa, un centro precioso en el sur de suiza llamado Maison d'Ailleurs, Museo de Ciencia Ficción, Utopía y Viajes Extraordinarios. Su próximo proyecto, An exhibition of unspeakable things, es una conmemoracion por el 70 aniversario de la muerte de Lovecraft pero, en lugar de recopilar obras que tengan que ver con el escritor y con su universo, Patrick quiere generarlas. Para eso ha elegido The Commonplace Book y ha hecho una llamada a todos los dibujantes de comics que quieran participar. Si quieren saber con quién se están codeando, les sugiero que vayan directamente al final de este post.

Lo que sigue ya no soy yo sino él. Yo sólo lo he traducido.

Commonplace Book
The Commonplace Book es una recopilación de ideas: entre 1919 y 1934, Lovecraft apuntó pequeños fragmentos, líneas argumentales y posibles escenarios, todos lo suficientemente concretos como para ser utilizados en cualquier momento. Los textos incluyen sugerencias para historias (¡hasta 221!) y una lista de "fundamentales del horror", pensados para estimular la imaginación. Hoy los llamaríamos píldoras para historias de terror, acompañadas de imagenes, citas disparatadas....Este libro sumerge al lector en el mundo de Lovecraft, como testigo del nacimiento de incontables historias futuras aún por desarrollar. Resulta interesante saber que The Commonplace Book ha sido, de hecho, utilizado por otros escritores como recurso para sus propias novelas y narraciones.

Elegimos The Commonplace Book como base de la exposición porque resume el trabajo de Lovecraft excepcionalmente bien. Puesto que se trata en su mayoría de frases cortas, es mucho más fácil de utilizar como fuente de inspiración para ilustraciones que una historia entera. Las obras que se generen para la exposición servirán para "completar" las ideas seleccionadas por el artista, para desarrollarlas o darles vida (¡estrafalaria o no!). Cada artista puede escoger la cantidad de textos que le parezca conveniente.

Todos los textos del libro se pueden leer aquí.

An exhibition of unspeakable things es un proyecto de la Mansión d'Ailleurs, el único museo de ciencia ficción de Europa- basada en un texto de H. P. Lovecraft: The Commonplace Book. Este trabajo de Lovecraft, un cuaderno de ideas que el escritor pretendía desarrollar en el futuro, será la base de una exposición en la que participarán los ilustradores y dibujantes de cómics más brillantes de nuetsro tiempo. En la exposición habrá más de cien trabajos originales de gente cuya única conexión será el haberse embarcado en un proyecto tan delirante como éste.

El Museo
La Maison d'Ailleurs, Museo de Ciencia Ficción, Utopía y Viajes Extraordinarios, es a la vez un museo público y un centro de investigación especializado. Desde 1976, ha recopilado una colección de más de 60.000 obras
relacionadas con su especialidad. Es el único museo de su especie en Europa.

Junto con la rama de investigación, el museo ha despertado un gran interés al recoger numerosas exposiciones temporales que animan a los visitantes a explorar los temas fundamentales en la ciencia ficción (ciudades futuras, viajes espaciales, etc.) o descubrir artistas visionarios, cineastas, escultores, pintores y dibujantes de cómics como Caza, H.R. Giger, John Howe, Dave McKean, Luc Schuiten, James Gurney y muchos otros. Desde 1989, la Maison d'Ailleurs ha producido más de cincuenta exposiciones, tanto dentro como fuera del museo, y ha atraído la atención de la prensa internacional.

H. P. Lovecraft
Howard Phillips Lovecraft (1890 - 1937) ha sido reconocido como uno de los padres de la extraña y fantástica ciencia ficción del siglo XX. Es autor de unas sesenta narraciones cortas, una novela y varios poemas. Aunque tuvo una vida complicada y murió joven, se le conoce como un genio y pionero en su género. Su enorme influencia se hace notar en la obra de artistas y escritores de la talla de Robert Bloch, H. R. Giger, Philippe Druillet, Roger Corman, Stephen King o Fritz Leiber.

 http://www.hplovecraft.com/
 http://www.themodernword.com/scriptorium/lovecraft.html

Copyrights
Aparentemente, todos los textos del libro están en el dominio público (el resto de la obra lovecraftiana está en un estado algo más complejo). En cualquier caso, tanto los poseedores del copyright de toda su obra en francés como los editores de "The Commonplace Book" han autorizado a la Maison d'Ailleurs la creación de esta exposición y el catálogo resultante.

Ilustraciones: número, tipo y formato

- La Maison d'Ailleurs posee un espacio d exposición de unos 250 m2 distribuídos en tres plantas. "An exhibition of unspeakable things " tendrá sitio para muchas obras. Animamos a los artistas que quieran participar a crear muchas ilustraciones, sin límite de número.

- Tanto el estilo y la técnica de las ilustraciones es libre (blanco y negro, color, etc.) Las obras pueden ser simples notas ilustradas o secuencias. Both style and technique are open (black and white, colour, etc.). Aquellos que se decanten por una ilustración (y no un formato tipo cómic) pueden incluir bocadillos o crear series de imagenes alrededor de una sola idea.

- Para facilitar el trabajo a la organización y asegurar una estética coherente para todo el proyecto, nos vemos obligados a imponer un tamaño estándar para las ilustraciones: A5, A4 or A3.

- El nombre del autor y la referencia numérica correspondiente a la nota de Lovecraft elegida como base debe figurar en el reverso de cada ilustración.

- Los trabajos originales son propiedad de los artistas y serán devueltos una vez acabe la exposición. (Nota. Es probable que la exposición sea presentada en otras instituciones una vez acabada la primera muestra pública en la Maison d'Ailleurs.) El Copyright de las obras es propiedad de los artistas, que deberán garantizar a la organización permiso libre de cargo para incluirlas en la exposición y el catálogo.

- Los costes de transporte de las obras, de los artistas al museo y de vuelta a los artistas, serán cubiertos por el museo.

La exposición
"An exhibition of unspeakable things" tendrá lugar en las tres plantas de la Maison d'Ailleurs, desde finales de octubre de 2007 hasta abril de 2008. Cada ilustración se mostrará acompañada de una nota del texto de Lovecraft que ha servido de inspiración, en una escenografía diseñada específicamente para este proyecto. Además, la exposición incluirá documentos únicos de H. P. Lovecraft (como cartas escritas a mano de la colección del museo) o relacionados con el universo lovecraftiano. La H. P. Lovecraft Historical Society es una de las instituciones asociadas a la exposición. También se ha incluído en el programa una proyección de la película "The Call of Cthulhu" y contamos con la colaboración de varios escritores.

Catálogo
Habrá un catálogo de la exposición, que incluirá una selección de las ilustraciones junto con los textos correspondientes del Commonplace Book, en inglés y francés. Michel Houellebecq escribirá el prólogo en calidad de especialista lovecraftiano. Cada artista que haya participado recibirá al menos un catálogo.


Posibles localizaciones para la exposición
Varios centros y organizaciones han expresado un gran interés en acoger la exposición después de su cierre en la Maison d'Ailleurs. Estos incluyen el Festival Fumetto en Lucerna (abril de 2008) y el Utopiales de Nantes (octubre de 2008).

Finanzas
En este momento del proyecto no nos es posible remunerar a los participantes, salvo con nuestra gratitud y un número de catálogos por determinar.

¿Para qué participar entonces?
Evidentemente, no será por dinero. Pero sí para conmemorar el 70 aniversario de la muerte de Lovecraft, recibir un bello catálogo de ilustraciones y participar en el proyecto con artistas de renombre internacional, aventurarse en lo terrorificamente monstruoso y dar vida a escenas de excepcional horror.

Exhibition partners
- Mix & Remix: instigador del proyecto. Mix & Remix (Philippe Becquelin) es un ilustrador de prensa y televisión. Cada semana, la revista L'Hebdo publica una de sus editoriales gráficas sobre política local e internacional. Sus análisis ilustrados también aparecen con frecuencia en el diario francés Courrier international y en el italiano l'Internazionale. Una muestra de su trabajo fue expuesto en el festival de Angoulême in 2005.
 http://www.mixremix.ch/

- La revista L'Hebdo: una revista suiza editada en Lausanne. Fundada en septiembre de 1981, l'Hebdo es la publicación más importante de su género publicada en la suiza francesa. Su presencia asegura la promoción del evento y la distribución del catálogo resultante.
 http://www.hebdo.ch

- La Biblioteca Municipal de Lausanne. Esta institución posee un asombroso archivo de cómics, comisariado por Cuno Affolter. La librería sirve como importante punto de referencia en este área de especialización en Suiza.
 http://www.lausanne.ch/view.asp?DomID=61888

Fechas importantes
- 28 October 2007 - April 2008: periodo de la exposición de la Maison d'Ailleurs.
- 27 October 2007: inauguración de la exposición.
- 1 September 2007: fecha límite para la recepción de originales y puesta en marcha del catálogo (scans, diseño, impresión, etc.)
- 30 June 2007: fecha límite para que los artistas comuniquen la cantidad, tamaño y formato de sus originales.
- 31 March 2007: fecha límite para confirmar la participación.
- 15 February 2008: finalización de contrato con los artistas.

Lista de posibles participantes
Mix & Remix - www.mixremix.ch
Antoine Guex
Laurent Mettraux
Zep - www.zepounet.com
Noyau
Anna Sommer
Tito
Rosinski
Thomas Ott
Christian Scheurer - www.christianlorenzscheurer.com
John Howe - www.john-howe.com
Cosey
Baladi
Peeters - www.atrabile.org/frederikpeeters
Pajak
H. R. Giger - www.hrgiger.com
Krum - www.absurdopolis.com
Plonk et Replonk
Irène Schoch
Marjane Satrapi
Caza - www.noosfere.com/caza
Moebius
Thomas Gilbert
Lewis Trondheim - www.lewistrondheim.com
Mandryka - www.leconcombre.com
Joann Sfar - www.pastis.org/joann
Blutch - www.pastis.org/blutch
Fred Blanchard
Yoann - www.mysteryo.com
Nancy Pena - nancypena.canalblog.com
JC Menu
Ralf König - www.ralf-koenig.de
Dave McKean
Seth
James Gurney - wwww.dinotopia.com
Daniel Clowes
Mike Mignola - www.hellboy.com
Dylan Horrocks - www.hicksville.co.nz
José Munoz
Guilhermo Del Toro
Scott Adams
Matt Groening
P. Craig Russell
Chris Ware

Diseño gráfico
Todo el trabajo de diseño gráfico relacionado con la exposición (poster, catálogo, etc)correrá a cargo de Julien Notter and Sébastien Vigne (at-elier.net), que también colaboran en el diseño del espacio bajo la supervisión de la organización.
 http://www.at-elier.net

Contacto
Patrick J. Gyger, Director – pgyger@ailleurs.ch
Maison d'Ailleurs, Musée de la science-fiction, de l'utopie et des voyages extraordinaires, 1400 Yverdon-les-Bains, Suisse
tél +41 24 425 64 38

Commonplace Book

This book consists of ideas, images, & quotations hastily jotted down for possible future use in weird fiction. Very few are actually developed plots—for the most part they are merely suggestions or random impressions designed to set the memory or imagination working. Their sources are various—dreams, things read, casual incidents, idle conceptions, & so on.
—H. P. Lovecraft

Presented to R. H. Barlow, Esq., on May 7, 1934—in exchange for an admirably neat typed copy from his skilled hand.


1 Demophon shivered when the sun shone upon him. (Lover of darkness = ignorance.)

2 Inhabitants of Zinge, over whom the star Canopus rises every night, are always gay and without sorrow. [x]

3 The shores of Attica respond in song to the waves of the Aegean. [x]

4 Horror Story
Man dreams of falling—found on floor mangled as tho’ from falling from a vast height. [x]

5 Narrator walks along unfamiliar country road,—comes to strange region of the unreal.

6 In Ld Dunsany’s “Idle Days on the Yann”
The inhabitants of the antient Astahan, on the Yann, do all things according to antient ceremony. Nothing new is found.

“Here we have fetter’d and manacled Time, who wou’d otherwise slay the Gods.” [x]


7 Horror Story
The sculptured hand—or other artificial hand—which strangles its creator. [x]

8 Hor. Sto.
Man makes appt. with old enemy. Dies—body keeps appt.

9 Dr. Eben Spencer plot. [x]

10 Dream of flying over city. [Celephaïs]

11 Odd nocturnal ritual. Beasts dance and march to musick. [x]

12 Happenings in interval between preliminary sound and striking of clock—ending—

“it was the tones of the clock striking three”. [x]

13 House and garden—old—associations. Scene takes on strange aspect.

14 Hideous sound in the dark.

15 Bridge and slimy black waters. [Fungi—The Canal]

16 The walking dead—seemingly alive, but—. [x]

17 Doors found mysteriously open and shut etc.—excite terror.

18 Calamander-wood—a very valuable cabinet wood of Ceylon and S. India, resembling rosewood.

19 Revise 1907 tale—painting of ultimate horror.

20 Man journeys into the past—or imaginative realm—leaving bodily shell behind.

21 A very ancient colossus in a very ancient desert. Face gone—no man hath seen it.

22 Mermaid Legend—Encyc. Britt. XVI—40.

23 The man who would not sleep—dares not sleep—takes drugs to keep himself awake. Finally falls asleep—and something happens. Motto from Baudelaire p. 214. [Hypnos]

24 Dunsany—Go-By Street
Man stumbles on dream world—returns to earth—seeks to go back—succeeds, but finds dream world ancient and decayed as though by thousands of years.


1919

25 Man visits museum of antiquities—asks that it accept a bas-relief he has just made—old and learned curator laughs and says he cannot accept anything so modern. Man says that

‘dreams are older than brooding Egypt or the contemplative Sphinx or garden-girdled Babylonia’

and that he had fashioned the sculpture in his dreams. Curator bids him shew his product, and when he does so curator shews horror. Asks who the man may be. He tells modern name. “No—before that” says curator. Man does not remember except in dreams. Then curator offers high price, but man fears he means to destroy sculpture. Asks fabulous price—curator will consult directors.

Add good development and describe nature of bas-relief. [Cthulhu]

26 Dream of ancient castle stairs—sleeping guards—narrow window—battle on plain between men of England and men of yellow tabards with red dragons. Leader of English challenges leader of foe to single combat. They fight. Foe unhelmeted, but there is no head revealed. Whole army of foe fades into mist, and watcher finds himself to be the English knight on the plain, mounted. Looks at castle, and sees a peculiar concentration of fantastic clouds over the highest battlements.

27 Life and Death
Death—its desolation and horror—bleak spaces—sea-bottom—dead cities. But Life—the greater horror! Vast unheard-of reptiles and leviathans—hideous beasts of prehistoric jungle—rank slimy vegetation—evil instincts of primal man—Life is more horrible than death.

28 The Cats of Ulthar
The cat is the soul of antique Ægyptus and bearer of tales from forgotten cities of Meroë and Ophir. He is the kin of the jungle’s lords, and heir to the secrets of hoary and sinister Africa. The Sphinx is his cousin, and he speaks her language; but he is more ancient than the Sphinx, and remembers that which she hath forgotten.

29 Dream of Seekonk—ebbing tide—bolt from sky—exodus from Providence—fall of Congregational dome.

30 Strange visit to a place at night—moonlight—castle of great magnificence etc. Daylight shews either abandonment or unrecognisable ruins—perhaps of vast antiquity.

31 Prehistoric man preserved in Siberian ice. (See Winchell—Walks and Talks in the Geological field—p. 156 et seq.)

32 As dinosaurs were once surpassed by mammals, so will man-mammal be surpassed by insect or bird—fall of man before the new race. [x]

33 Determinism and prophecy. [x]

34 Moving away from earth more swiftly than light—past gradually unfolded—horrible revelation.

35 Special beings with special senses from remote universes. Advent of an external universe to view.

36 Disintegration of all matter to electrons and finally empty space assured, just as devolution of energy to radiant heat is known. Case of acceleration—man passes into space.

37 Peculiar odour of a book of childhood induces repetition of childhood fancy.

38 Drowning sensations—undersea—cities—ships—souls of the dead. Drowning is a horrible death.

39 Sounds—possibly musical—heard in the night from other worlds or realms of being.

40 Warning that certain ground is sacred or accursed; that a house or city must not be built upon it—or must be abandoned or destroyed if built, under penalty of catastrophe.

41 The Italians call Fear La figlia della Morte—the daughter of Death. [x]

42 Fear of mirrors—memory of dream in which scene is altered and climax is hideous surprise at seeing oneself in the water or a mirror. (Identity?) [Outsider?]

43 Monsters born living—burrow underground and multiply, forming race of unsuspected daemons.

44 Castle by pool or river—reflection fixed thro’ centuries—castle destroyed, reflection lives to avenge destroyers weirdly.

45 Race of immortal Pharaohs dwelling beneath pyramids in vast subterranean halls down black staircases.

46 Hawthorne—unwritten plot

Visitor from tomb—stranger at some publick concourse followed at midnight to graveyard where he descends into the earth.

47 From Arabia Encyc. Britan. II—255

Prehistoric fabulous tribes of Ad in the south, Thamood in the north, and Tasm and Jadis in the centre of the peninsula. “Very gorgeous are the descriptions given of Irem, the City of Pillars (as the Koran styles it) supposed to have been erected by Shedad, the latest despot of Ad, in the regions of Hadramaut, and which yet, after the annihilation of its tenants, remains entire, so Arabs say, invisible to ordinary eyes, but occasionally and at rare intervals, revealed to some heaven-favoured traveller.” // Rock excavations in N.W. Hejaz ascribed to Thamood tribe.

48 Cities wiped out by supernatural wrath.

49 AZATHOTH—hideous name. [x]

50 Phleg′-e-thon—

a river of liquid fire in Hades. [x]

51 Enchanted garden where moon casts shadow of object or ghost invisible to the human eye.

52 Calling on the dead—voice or familiar sound in adjacent room.

53 Hand of dead man writes.

54 Transposition of identity.

55 Man followed by invisible thing.

56 Book or MS. too horrible to read—warned against reading it—someone reads and is found dead. Haverhill incident.

57 Sailing or rowing on lake in moonlight—sailing into invisibility.

58 A queer village—in a valley, reached by a long road and visible from the crest of the hill from which that road descends—or close to a dense and antique forest.

59 Man in strange subterranean chamber—seeks to force door of bronze—overwhelmed by influx of waters.

60 Fisherman casts his net into the sea by moonlight—what he finds.

61 A terrible pilgrimage to seek the nighted throne of the far daemon-sultan Azathoth.

62 Live man buried in bridge masonry according to superstition—or black cat.

63 Sinister names—Nasht—Kaman-Thah. [x]

64 Identity—reconstruction of personality—man makes duplicate of himself. [x]

65 Riley’s fear of undertakers—door locked on inside after death.

66 Catacombs discovered beneath a city (in America?).

67 An impression—city in peril—dead city—equestrian statue—men in closed room—clattering of hooves heard from outside—marvel disclosed on looking out—doubtful ending.

68 Murder discovered—body located—by psychological detective who pretends he has made walls of room transparent. Works on fear of murderer.

69 Man with unnatural face—oddity of speaking—found to be a mask—Revelation.

70 Tone of extreme phantasy
Man transformed to island or mountain. [x]

71 Man has sold his soul to devil—returns to family from trip—life afterward—fear—culminating horror—novel length.

72 Hallowe’en incident—mirror in cellar—face seen therein—death (claw-mark?).

73 Rats multiply and exterminate first a single city and then all mankind. Increased size and intelligence.

74 Italian revenge—killing self in cell with enemy—under castle. [used by FBL, Jr.]

75 Black Mass under antique church.

76 Ancient cathedral—hideous gargoyle—man seeks to rob—found dead—gargoyle’s jaw bloody.

77 Unspeakable dance of the gargoyles—in morning several gargoyles on old cathedral found transposed.

78 Wandering thro’ labyrinth of narrow slum streets—come on distant light—unheard-of rites of swarming beggars—like Court of Miracles in Notre Dame de Paris.

79 Horrible secret in crypt of ancient castle—discovered by dweller.

80 Shapeless living thing forming nucleus of ancient building.

81 Marblehead—dream—burying hill—evening—unreality. [x] [Festival?]

82 Power of wizard to influence dreams of others.


1920

83 Quotation
“. . . a defunct nightmare, which had perished in the midst of its wickedness, and left its flabby corpse on the breast of the tormented one, to be gotten rid of as it might.”—Hawthorne

84 Hideous cracked discords of bass musick from (ruin’d) organ in (abandon’d) abbey or cathedral. [Red Hook]

85 “For has not Nature, too, her grotesques—the rent rock, the distorting lights of evening on lonely roads, the unveiled structure of man in the embryo, or the skeleton?”

Pater—Renaissance (da Vinci).

86 To find something horrible in a (perhaps familiar) book, and not to be able to find it again.

87 Borellus says, “that the Essential Salts of animals may be so prepared and preserved, that an ingenious man may have the whole ark of Noah in his own Study, and raise the fine shape of an animal out of its ashes at his pleasure; and that by the like method from the Essential Salts of humane dust, a Philosopher may, without any criminal necromancy, call up the shape of any dead ancestor from the dust whereinto his body has been incinerated.” [Charles Dexter Ward]

88 Lonely philosopher fond of cat. Hypnotises it—as it were—by repeatedly talking to it and looking at it. After his death the cat evinces signs of possessing his personality. N.B. He has trained cat, and leaves it to a friend, with instructions as to fitting a pen to its right fore paw by means of a harness. Later writes with deceased’s own handwriting.

89 Lone lagoons and swamps of Louisiana—death daemon—ancient house and gardens—moss-grown trees—festoons of Spanish moss.


1922?

90 Anencephalous or brainless monster who survives and attains prodigious size.

91 Lost winter day—slept over—20 yrs. later. Sleep in chair on summer night—false dawn—old scenery and sensations—cold—old persons now dead—horror—frozen?


1922?

92 Man’s body dies—but corpse retains life. Stalks about—tries to conceal odour of decay—detained somewhere—hideous climax. [Cool Air]

93 A place one has been—a beautiful view of a village or farm-dotted valley in the sunset—which one cannot find again or locate in memory.

94 Change comes over the sun—shews objects in strange form, perhaps restoring landscape of the past.

95 Horrible Colonial farmhouse and overgrown garden on city hillside—overtaken by growth. Verse “The House” as basis of story. [Shunned House]

96 Unknown fires seen across the hills at night.

97 Blind fear of a certain woodland hollow where streams writhe among crooked roots, and where on a buried altar terrible sacrifices have occur’d—Phosphorescence of dead trees. Ground bubbles.

98 Hideous old house on steep city hillside—Bowen St.—beckons in the night—black windows—horror unnam’d—cold touch and voice—the welcome of the dead.


1923

99 Salem story—the cottage of an aged witch—wherein after her death are found sundry terrible things.

100 Subterranean region beneath placid New England village, inhabited by (living or extinct) creatures of prehistoric antiquity and strangeness.

101 Hideous secret society—widespread—horrible rites in caverns under familiar scenes—one’s own neighbour may belong. [x]

102 Corpse in room performs some act—prompted by discussion in its presence. Tears up or hides will, etc.

103 Sealed room—or at least no lamp allowed there. Shadow on wall. [x]

104 Old sea tavern now far inland from made land. Strange occurrences—sound of lapping of waves—

105 Vampire visits man in ancestral abode—is his own father.

106 A thing that sat on a sleeper’s chest. Gone in morning, but something left behind.


1923

107 Wall paper cracks off in sinister shape—man dies of fright. [x] [Rats in Walls]

108 Educated mulatto seeks to displace personality of white man and occupy his body.

109 Ancient negro voodoo wizard in cabin in swamp—possesses white man.

110 Antediluvian—Cyclopean ruins on lonely Pacific island. Centre of earthwide subterranean witch cult.

111 Ancient ruin in Alabama swamp—voodoo.

112 Man lives near graveyard—how does he live? Eats no food. [x]

113 Biological-hereditary memories of other worlds and universes. Butler—God Known and Unk. p. 59. [Belknap]

114 Death lights dancing over a salt marsh.

115 Ancient castle within sound of weird waterfall—sound ceases for a time under strange conditions.

116 Prowling at night around an unlighted castle amidst strange scenery.

117 A secret living thing kept and fed in an old house.


1924

118 Something seen at oriel window of forbidden room in ancient manor house.

119 Art note—fantastick daemons of Salvator Rosa or Fuseli (trunk-proboscis).

120 Talking bird of great longevity—tells secret long afterward.

121 Photius tells of a (lost) writer named Damascius, who wrote

“Incredible Fictions”
“Tales of Daemons”
“Marvellous Stories of Appearances from the Dead”.

122 Horrible things whispered in the lines of Gauthier de Metz (13th cen.) “Image du Monde”.

123 Dried-up man living for centuries in cataleptic state in ancient tomb.

124 Hideous secret assemblage at night in antique alley—disperse furtively one by one—one seen to drop something—a human hand—

125 Man abandon’d by ship—swimming in sea—pickt up hours later with strange story of undersea region he has visited—mad??

126 Castaways on island eat unknown vegetation and become strangely transformed.

127 Ancient and unknown ruins—strange and immortal bird who speaks in a language horrifying and revelatory to the explorers.

128 Individual, by some strange process, retraces the path of evolution and becomes amphibious.

 Dr. insists that the particular amphibian from which man descends is not like any known to palaeontology. To prove it, indulges in (or relates) strange experiment.


1925

129 Marble Faun p. 346—strange and prehistorick Italian city of stone.

130 N.E. region call’d “Witches’ Hollow”—along course of a river. Rumours of witches’ sabbaths and Indian powwows on a broad mound rising out of the level where some old hemlocks and beeches formed a dark grove or daemon-temple. Legends hard to account for. Holmes—Guardian Angel.

131 Phosphorescence of decaying wood—called in New England “fox-fire”.

132 Mad artist in ancient sinister house draws things. What were his models? Glimpse. [Pickman’s Model]

133 Man has miniature shapeless Siamese twin—exhib. in circus—twin surgically detached—disappears—does hideous things with malign life of his own. [HSW—Cassius]

134 Witches’ Hollow novel? Man hired as teacher in private school misses road on first trip—encounters dark hollow with unnaturally swollen trees and small cottage (light in window?). Reaches school and hears that boys are forbidden to visit hollow. One boy is strange—teacher sees him visit hollow—odd doings—mysterious disappearance or hideous fate.

135 Hideous world superimposed on visible world—gate through—power guides narrator to ancient and forbidden book with directions for access.

136 A secret language spoken by a very few old men in a wild country leads to hidden marvels and terrors still surviving.

137 Strange man seen in lonely mountain place talking with great winged thing which flies away as others approach.

138 Someone or something cries in fright at sight of the rising moon, as if it were something strange. [x]

139 DELRIO asks “An sint unquam daemones incubi et succubae, et an ex tali congressu proles nasci queat?” [Red Hook]

140 Explorer enters strange land where some atmospheric quality darkens the sky to virtual blackness—marvels therein.


1926

141 Footnote by Haggard or Lang in “The World’s Desire”

“Probably the mysterious and indecipherable ancient books, which were occasionally excavated in old Egypt, were written in this dead language of a more ancient and now forgotten people. Such was the book discovered at Coptos, in the ancient sanctuary there, by a priest of the Goddess. ‘The whole earth was dark, but the moon shone all about the Book.’ A scribe of the period of the Ramessids mentions another in indecipherable ancient writing. ‘Thou tellest me thou understandest no word of it, good or bad. There is, as it were, a wall about it that none may climb. Thou art instructed, yet thou knowest it not; this makes me afraid.’

“Birch Zeitschrift 1871 pp. 61–64 Papyrus Anastasi I pl. X, l.8, pl. X l.4. Maspero, Hist. Anc. pp. 66–67.”

142 Members of witch-cult were buried face downward. Man investigates ancestor in family tomb and finds disquieting condition.

143 Strange well in Arkham country—water gives out (or was never struck —hole kept tightly covered by a stone ever since dug)—no bottom—shunned and feared—what lay beneath (either unholy temple or other very ancient thing, or great cave-world). [Fungi—The Well]

144 Hideous book glimpsed in ancient shop—never seen again.

145 Horrible boarding house—closed door never opened.

146 Ancient lamp found in tomb—when filled and used, its light reveals strange world. [Fungi]

147 Any very ancient, unknown, or prehistoric object—its power of suggestion—forbidden memories.

148 Vampire dog.

149 Evil alley or enclosed court in ancient city—Union or Milligan St. [Fungi]

150 Visit to someone in wild and remote house—ride from station through the night—into the haunted hills—house by forest or water—terrible things live there.

151 Man forced to take shelter in strange house. Host has thick beard and dark glasses. Retires. In night guest rises and sees host’s clothes about—also mask which was the apparent face of whatever the host was. Flight.

152 Autonomic nervous system and subconscious mind do not reside in the head. Have mad physician decapitate a man but keep him alive and subconsciously controlled. Avoid copying tale by W. C. Morrow.


1928

153 Black cat on hill near dark gulf of ancient inn yard. Mew hoarsely—invites artist to nighted mysteries beyond. Finally dies at advanced age. Haunts dreams of artist—lures him to follow—strange outcome (never wakes up? or makes bizarre discovery of an elder world outside 3-dimensioned space?) [Used by Dwyer]

154 Trophonius—cave of. Vide Class. Dict. and Atlantic article.

155 Steepled town seen from afar at sunset—does not light up at night. Sail has been seen putting out to sea. [Fungi]

156 Adventures of a disembodied spirit—thro’ dim, half-familiar cities and over strange moors—thro’ space and time—other planets and universes in the end.

157 Vague lights, geometrical figures, etc., seen on retina when eyes are closed. Caus’d by rays from other dimensions acting on optick nerve? From other planets? Connected with a life or phase of being in which person could live if he only knew how to get there? Man afraid to shut eyes—he has been somewhere on a terrible pilgrimage and this fearsome seeing faculty remains.

158 Man has terrible wizard friend who gains influence over him. Kills him in defence of his soul—walls body up in ancient cellar—BUT—the dead wizard (who has said strange things about soul lingering in body) changes bodies with him . . . leaving him a conscious corpse in cellar. [Thing on Doorstep]

159 Certain kind of deep-toned stately music of the style of the 1870’s or 1880’s recalls certain visions of that period—gas-litten parlours of the dead, moonlight on old floors, decaying business streets with gas lamps, etc.—under terrible circumstances.

160 Book which induces sleep on reading—cannot be read—determined man reads it—goes mad—precautions taken by aged initiate who knows—protection (as of author and translator) by incantation.

161 Time and space—past event—150 yrs ago—unexplained. Modern period—person intensely homesick for past says or does something which is psychically transmitted back and actually causes the past event.

162 Ultimate horror—grandfather returns from strange trip—mystery in house—wind and darkness—grandf. and mother engulfed—questions forbidden—somnolence—investigation—cataclysm—screams overheard—

163 Man whose money was obscurely made loses it. Tells his family he must go again to THE PLACE (horrible and sinister and extra-dimensional) where he got his gold. Hints of possible pursuers—or of his possible non-return. He goes—record of what happens to him—or what happens at his home when he returns. Perhaps connect with preceding topic. Give fantastic, quasi-Dunsanian treatment.

164 Man observed in a publick place with features (or ring or jewel) identified with those of man long (perhaps generations) buried.

165 Terrible trip to an ancient and forgotten tomb.

166 Hideous family living in shadow in ancient castle by edge of wood near black cliffs and monstrous waterfall.

167 Boy rear’d in atmosphere of considerable mystery. Believes father dead. Suddenly is told that father is about to return. Strange preparations—consequences.

168 Lonely bleak islands off N.E. coast. Horrors they harbour—outpost of cosmic influences.

169 What hatches from primordial egg.

170 Strange man in shadowy quarter of ancient city possesses something of immemorial archaic horror.

171 Hideous old book discovered—directions for shocking evocation.


1930

172 Pre-human idol found in desert.

173 Idol in museum moves in a certain way.

174 Migration of Lemmings—Atlantis.

175 Little green Celtic figures dug up in an ancient Irish bog.

176 Man blindfolded and taken in closed cab or car to some very ancient and secret place.

177 The dreams of one man actually create a strange half-mad world of quasi-material substance in another dimension. Another man, also a dreamer, blunders into this world in a dream. What he finds. Intelligence of denizens. Their dependence on the first dreamer. What happens at his death.

178 A very ancient tomb in the deep woods near where a 17th century Virginia manor-house used to be. The undecayed, bloated thing found within.

179 Appearance of an ancient god in a lonely and archaic place—prob. temple ruin. Atmosphere of beauty rather than horror. Subtle handling—presence revealed by faint sound or shadow. Landscape changes? Seen by child? Impossible to reach or identify locale again?

180 A general house of horror—nameless crime—sounds—later tenants—(Flammarion) (novel length?).

181 Inhabitant of another world—face masked, perhaps with human skin or surgically alter’d human shape, but body alien beneath robes. Having reached earth, tries to mix with mankind. Hideous revelation. [Suggested by CAS.]

182 In ancient buried city a man finds a mouldering prehistoric document in English and in his own handwriting, telling an incredible tale. Voyage from present into past implied. Possible actualisation of this.

183 Reference in Egyptian papyrus to a secret of secrets under tomb of high-priest Ka-Nefer. Tomb finally found and identified—trap door in stone floor—staircase, and the illimitable black abyss. [x]

184 Expedition lost in Antarctic or other weird place. Skeletons and effects found years later. Camera films used but undeveloped. Finders develop—and find strange horror.

185 Scene of an urban horror—Sous le Cap or Champlain Sts.—Quebec—rugged cliff-face—moss, mildew, dampness—houses half-burrowing into cliff.

186 Thing from sea—in dark house, man finds doorknobs etc. wet as from touch of something. He has been a sea-captain, and once found a strange temple on a volcanically risen island.


1931

187 Dream of awaking in vast hall of strange architecture, with sheet-covered forms on slabs—in positions similar to one’s own. Suggestions of disturbingly non-human outlines under sheets. One of the objects moves and throws off sheet—non-terrestrial being revealed. Sugg. that oneself is also such a being—mind has become transferred to body on other planet.

188 Desert of rock—prehistoric door in cliff, in the valley around which lie the bones of uncounted billions of animals both modern and prehistoric—some of them puzzlingly gnawed.

189 Ancient necropolis—bronze door in hillside which opens as the moonlight strikes it—focussed by ancient lens in pylon opposite?


1932

190 Primal mummy in museum—awakes and changes place with visitor.

191 An odd wound appears on a man’s hand suddenly and without apparent cause. Spreads. Consequences.


1933

192 Thibetan ROLANG—Sorcerer (or NGAGSPA) reanimates a corpse by holding it in a dark room—lying on it mouth to mouth and repeating a magic formula with all else banished from his mind. Corpse slowly comes to life and stands up. Tries to escape—leaps, bounds, and struggles—but sorcerer holds it. Continues with magic formula. Corpse sticks out tongue and sorcerer bites it off. Corpse then collapses. Tongue become a valuable magic talisman. If corpse escapes—hideous results and death to sorcerer.

193 Strange book of horror discovered in ancient library. Paragraphs of terrible significance copies. Later unable to find and verify text. Perhaps discover body or image or charm under floor, in secret cupboard, or elsewhere. Idea that book was merely hypnotic delusion induced by dead brain or ancient magic.

194 Man enters (supposedly) own house in pitch dark. Feels way to room and shuts door behind him. Strange horrors—or turns on lights and finds alien place or presence. Or finds past restored or future indicated.

195 Pane of peculiar-looking glass from a ruined monastery reputed to have harboured devil-worship set up in modern house at edge of wild country. Landscape looks vaguely and unplaceably wrong through it. It has some unknown time-distorting quality, and comes from a primal, lost civilisation. Finally, hideous things in other world seen through it.

196 Daemons, when desiring an human form for evil purposes, take to themselves the bodies of hanged men.

197 Loss of memory and entry into a cloudy world of strange sights and experiences after shock, accident, reading of strange book, participation in strange rite, draught of strange brew, etc. Things seen have vague and disquieting familiarity. Emergence. Inability to retrace course.


1934

198 Distant tower visible from hillside window. Bats cluster thickly around it at night. Observer fascinated. One night wakes to find self on unknown black circular staircase. In tower? Hideous goal.

199 Black winged thing flies into one’s house at night. Cannot be found or identified—but subtle developments ensue.

200 Invisible Thing felt—or seen to make prints—on mountain top or other height, inaccessible place.

201 Planets form’d of invisible matter.


——————————

202 A monstrous derelict—found and boarded by a castaway or shipwreck survivor.

203 A return to a place under dreamlike, horrible, and only dimly comprehended circumstances. Death and decay reigning—town fails to light up at night—Revelation.

204 Disturbing conviction that all life is only a deceptive dream with some dismal or sinister horror lurking behind.

205 Person gazes out window and finds city and world dark and dead (or oddly changed) outside.

206 Trying to identify and visit the distant scenes dimly seen from one’s window—bizarre consequences.

207 Something snatched away from one in the dark—in a lonely, ancient, and generally shunned place.

208 (Dream of) some vehicle—railway train, coach, etc.—which is boarded in a stupor or fever, and which is a fragment of some past or ultra-dimensional world—taking the passenger out of reality—into vague, age-crumbled regions or unbelievable gulfs of marvel.


1935

209 Special Correspondence of NY Times—March 3, 1935

“Halifax, N.S.—Etched deeply into the face of an island which rises from the Atlantic surges off the S. coast of Nova Scotia 20 m. from Halifax is the strangest rock phenomenon which Canada boasts. Storm, sea, and frost have graven into the solid cliff of what has come to be known as Virgin’s Island an almost perfect outline of the Madonna with the Christ Child in her arms.

The island has sheer and wave-bound sides, is a danger to ships, and is absolutely uninhabited. So far as is known, no human being has ever set foot on its shores.”

210 An ancient house with blackened pictures on the walls—so obscured that their subjects cannot be deciphered. Cleaning—and revelation. Cf. Hawthorne—Edw. Rand. Port.

211 Begin story with presence of narrator—inexplicable to himself—in utterly alien and terrifying scenes (dream?).

212 Strange human being (or beings) living in some ancient house or ruins far from populous district (either old N.E. or far exotic land). Suspicion (based on shape and habits) that it is not all human.

213 Ancient winter woods—moss—great boles—twisted branches—dark—ribbed roots—always dripping. . . .

214 Talking rock of Africa—immemorially ancient oracle in desolate jungle ruins that speaks with a voice out of the aeons.

215 Man with lost memory in strange, imperfectly comprehended environment. Fears to regain memory—a glimpse. . . .

216 Man idly shapes a queer image—some power impels him to make it queerer than he understands. Throws it away in disgust—but something is abroad in the night.

217 Ancient (Roman? prehistoric?) stone bridge washed away by a (sudden and curious?) storm. Something liberated which had been sealed up in the masonry of years ago. Things happen.

218 Mirage in time—image of long-vanish’d pre-human city.

219 Fog or smoke—assumes shaped under incantations.

220 Bell of some ancient church or castle rung by some unknown hand—a thing . . . or an invisible Presence.

221 Insects or other entities from space attack and penetrate a man’s head and cause him to remember alien and exotic things—possible displacement of personality.


miskatonic blues

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Una entrega de Raul Barrantes en colaboración con John Tones. Después de reirme un buen rato me ha recordado a Nicolas Cage en Peggy Sue se casó, cantando She loves you, uh, uh, uh.

good morning cthulhu: Dagon + Cutethulhu

O Cthulhu meets Silicon Valley: un pijo americano aterriza con su novia en las rias bajas después de naufragar con el yate donde celebraban el bombazo de su puntocom. ¿No han visto Dagon? A mi me encanta Dagon. Me tiro por el suelo cada vez que Ezra Godden abre el grifo de su habitación y dice: I don't fucking think so. Me fuí de turista al pueblo donde lo rodaron y asalté a un desconocido en una terraza de la plaza real de barcelona sólo porque llevaba una camiseta de la película. Así me gusta Dagon. Encima el muy cabrón me dijo que se la había regalado el director de Sitges cuando estrenaron la película.

También habría colocado Cutethulhu si la función no estuviera "disabled by request".

suyo afectísimo ♥ cthulhu

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Una producción de John Tones y Eunice Szpillman (novios y residentes aquí y aquí) en exclusiva para LPC!

the kraken, Lord Tennyson

octopuskra.jpgBelow the thunders of the upper deep;
Far far beneath in the abysmal sea,
His ancient, dreamless, uninvaded sleep
The Kraken sleepeth: faintest sunlights flee
About his shadowy sides; above him swell
Huge sponges of millennial growth and height;
And far away into the sickly light,
From many a wondrous grot and secret cell
Unnumber'd and enormous polypi
Winnow with giant arms the slumbering green.
There hath he lain for ages, and will lie
Battening upon huge seaworms in his sleep,
Until the latter fire shall heat the deep;
Then once by man and angels to be seen,
In roaring he shall rise and on the surface die.

-- Alfred, Lord Tennyson

Map of Arkham

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What lay behind our joint love of shadows and marvels was, no doubt, the ancient, mouldering, and subtly fearsome town in which we live—witch-cursed, legend-haunted Arkham, whose huddled, sagging gambrel roofs and crumbling Georgian balustrades brood out the centuries beside the darkly muttering Miskatonic.
—The Thing on the Doorstep

Cthulhu Files muestra el mapa original dibujado a mano por LC y un dibujo en limpio que se ha hecho a partir del original. LC lo creó a principios de 1934. HPL a DW (28 de marzo, 1934 ):

"One thing I did lately was to construct a Map of Arkham, so that allusions in any future tale I may write may be consistent."


alberto montt: squid love

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Alberto Montt no tiene, que yo sepa, una serie dedicada a Lovecraft. Todavía. Pero es un maestro en hacer humor de lo literal.

there are more things

Borges emitió su más célebre juicio sobre Lovecraft en el epílogo del Libro de Arena:


El destino que, según es fama, es inescrutable, no me dejó en paz hasta que perpetré un cuento póstumo de Lovecraft, escritor que siempre he juzgado un parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder; el lamentable fruto se titula "There Are More Things".

No es que esta acusación debiera preocuparnos: Borges fue siempre amigo de la provocación y la polémica. Además, en esta ocasión fue tan injusto con su víctima como consigo mismo: There Are More Things está muy lejos de ser un cuento lamentable.

Tampoco deberíamos suponer que estaba simplemente mal informado, que conocía a Lovecraft sólo superficialmente. Prueban lo contrario los concisos párrafos que le dedica en el capítulo «Novela policial, "Science Fiction" y el lejano oeste» de su Introducción a la literatura norteamericana. Difícilmente se podría decir más, transmitir tanta información y con tanta exactitud, en tan poco espacio. Sin duda este resumen es una de las mejores presentaciones de Lovecraft que se han escrito:


HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT (1890-1937) nació en Providence, Rhode Island. Muy sensible y de salud delicada, fue educado por su madre viuda y sus tías. Gustaba, como Hawthorne, de la soledad y aunque trabajaba de día lo hacía con las persianas bajas.

En 1924 se casó y fijó su residencia en Brooklyn; en 1926 se divorció y volvió a Providence, donde retomó su vida de soledad. Murió de cáncer. Detestaba el presente y profesaba el culto del siglo XVIII.

Lo atraía la ciencia; su primer artículo trataba de astronomía. En vida publicó un solo libro; después de su muerte, sus amigos reunieron en volúmenes su obra considerable, antes dispersa en antologías y revistas. Estudiosamente imitó el patético estilo de Poe y escribió pesadillas cósmicas. En sus relatos hay seres de remotos planetas y de épocas antiguas o futuras que moran en cuerpos humanos para estudiar el universo o, inversamente, almas de nuestro tiempo que, durante el sueño, exploran mundos monstruosos, lejanos en el tiempo y en el espacio. Entre sus obras recordaremos The Colour Out of Space (El color que cayó del cielo), The Dunwich Horror (El horror de Dunwich), The Rats in the Wall (Las ratas en la pared).

Dejó asimismo un epistolario copioso. Al influjo de Poe cabe agregar el del cuentista visionario Arthur Machen.

Sigue leyendo Lovecraft según Borges, de Carles Bellver Torlà en el dossier de Malacandra.

cthulhu love

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¿Qué habría pasado si Hitler hubiera tenido una infancia feliz?

Dejen de comer pulpo. Son muy sensibles. Y muy monos.

I like the Deep Ones

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Cthulhu Chess set, explained:

The kings (Cthulhu) have precious stones for eyes; the white piece has spherical lab-created rubies, the black piece has salt water pearls.

The queen is Nyarlathotep (has a single large tentacle for a face).

The bishops are Father Dagon/ Mother Hydra (take your pick).

The knights are Hounds of Tindalos (the knights move in angles, and in the mythos the hounds are supposed move through angles).

The rooks are shoggoths

The pawns are Deep Ones.

Archaeologist Tired Of Unearthing Unspeakable Ancient Evils

HASAKE, SYRIA - Cuando el arqueólogo Edward Whitson se unió al proyecto de la Universidad de Penn State University en Hasake el pasado año, lo hizo con la ilusión de participar en la excavación de un yacimiento de la edad de bronce rico en piezas de cerámica y figurines de barro. Whitson esperaba determinar si los objetos encontrados en aquel lugar eran de origen persa o asirio.

En su lugar, se encontró corriendo delante de gigantescos gatos demoníacos a través de los corredizos cavernosos, saltando de roca en roca, luchando por su vida y por su alma por enésima vez en sus 27 años de carrera profesional.

"All I wanted to do was study the settlement's remarkably well-preserved kiln," said the 58-year-old Whitson, carefully recoiling the rope he had just used to clamber out of a pit filled with giant rats. "I didn't want to be chased by yet another accursed manifestation of an ancient god-king's wrath."

Sigue leyendo Archaeologist Tired Of Unearthing Unspeakable Ancient Evils, un clásico instantáneo de The Onion.

el final de un malentendido

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Posteriormente, cuando empezamos a filmar a estos animales, cuando aprendí a conocerlos mejor y cuando les consagré un libro junto a Philippe Diolé, tuve ganas de titular a esta obra «el final de un malentendido». Una evidente incomprensión se ha perpetrado durante siglos entre los hombres y los pulpos. Pensemos tan sólo en los increíbles cuentos de los marinos, en el mito del Kraken y en las leyendas populares del final de la Edad Media, así como en las novelas inspiradas en el mar desde el final del siglo XV. Las de Víctor Hugo (Los trabajadores del mar) y de Julio Verne (Veinte mil leguas de viaje submarino), entre otras, han contribuido en gran forma a falsear la opinión de varias generaciones de lectores acerca de estos cefalópodos.

El hombre ha dividido el reino animal en dos categorías: por una parte, los animales «bonitos, buenos y útiles», y, por otra, «los malos, feroces y dañinos». Los animales peor conocidos fueron clasificados a priori en el segundo grupo, incluidos los habitantes de las profundidades marinas, misteriosos durante tanto tiempo. Y, sin embargo, los únicos contactos que el hombre sostuvo con ellos estuvieron marcados por una violencia unilateral; se acercó a ellos para matarlos, exterminarlos o para explotarlos, y casi nunca para conocerlos y protegerlos. El hombre ha poblado el mar con monstruos fabricados por su angustia y por sus miedos, sobre los que descarga la responsabilidad del mal que él mismo engendra y que le sirve para justifica su propia violencia….

Jacques-Yves Cousteau
Los secretos del mar

Ocho mentiras sobre Lovecraft

han rodeado la historia de un hombre cuya existencia fue anodina. Tal vez todos esos mitos han aparecido simplemente porque parece mentira que una literatura tan llena de misterios, oscuridad y leyendas perteneciera a un personaje lánguido y aburrido, cuyas hazañas no cautivan tanto como sus letras.


Lovecraft fue un ermitaño que nunca dejó Nueva Inglaterra

Muchos se han referido a Lovecraft a menudo como un hombre enclaustrado, quizás porque se cree que tuvo más amigos por correspondiencia que en persona. Sin embargo, está claro por sus cartas que pasó una gran cantidad de tiempo visitando a sus conocidos en su ciudad y a través de todo el este de los Estados Unidos. De hecho, se podría argumentar que pudo reunirse con sus amigos más de lo que suele hacerlo la mayoría de la gente, debido a su constante falta de empleo.

Lovecraft viajó a menudo y escribió extensamente sobre esos recorridos. Sus diarios de viajes incluyen “Vermont: Una Primera Impresión” (1927), “Observaciones Respecto a Varias Partes de América” (1928), “Recorridos en las Provincias de América” (1929), “Balance De Una Visita A Charleston” (1930), y "Una Descripción De La Ciudad De Quebeck, en Nueva Francia, añadida recientemente a los dominios de Su Majestad Brtánica". Con 75.000 palabras, este último fue el trabajo más largo de Lovecraft (por lo menos un 50% más extenso que el Caso de Charles Dexter Ward), y él lo describió como “136 páginas de mala escritura.”

Sus viajes lo llevaron bastante lejos al sur, hasta De Land (Florida) y Nueva Orleans (Luisiana); hasta el lejano oeste en Cleveland (Ohio); hasta el norte en Quebec (Canadá) y hasta la isla de Nantucket por una semana. Tenía muy poco de ‘ermitaño’.

Sigue leyendo la traducción de H.P. Lovecraft Misconceptions, en Miskatonic Freak Parade, una organización sin ánimo de lucro que busca el reconocimiento, en este mundo lleno de injusticias, de los poderes ultraterrenos que se vieron alejados del dominio del planeta por causas que les son ajenas a su voluntad, y que hoy son recordados apenas como Mitos.

Marzo 05, 2007

Tim Hawkinson: Octopus

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Mañana se inaugura una exposición de Tim Hawkinson en el Getty de Los Angeles con cuatro obras que ha comisionado el centro: un murciélago, una columna, un dragón y la muy adorable criatura que ilustra este post. Junto con los nuevos, el museo acoge “Überorgan,”, una caverna tentacular, monstruosa y musical del tamaño de un autobus escolar. Como estar dentro de la ballena, pero en pulpo.

Un especial de la PBS sobre Hawkinson.

Febrero 22, 2007

His ancient, dreamless, uninvaded sleep

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Lo han encontrado en aguas neozelandesas -mi patria de adopción- mientras pescaban peces dentudos (?) de la patagonia. El Colosal -un término no del todo desafortunado para un primordial cogido en plena liturgia- pesa 450 kilos (150 kilos más que el pulpo más grande jamás pescado) y un periodista irrespetuoso cuyo fin estará cerca si no sacrifica un par de vírgenes en cualquier risco de guardia antes de que se ponga el sol ha dicho que si lo convirtieran en calamares a la romana cada uno de los aros sería como la rueda de un tractor.

Steve O'Shea, un especialista de la Universidad Tecnológica de Auckland, ha dicho que el Colosal es una máquina de matar inclemente. La criatura ha sido congelada como un tronquito pescanova cualquiera y será trasladado a Te Papa, el museo nacional en Wellington, para su investigación y preservación.

Da igual que no sepan lo que hacen. Cthulhu no perdona.

Más avisos en nuestra sección dedicada.

BOLA EXTRA: Cthulhu, Cthulhu, Cthulhu (the song) (gracias pequeño jl)

Enero 25, 2007

At the Mountains of Sickness

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Como estoy enferma, no me voy a estirar mucho. Aquí unos cuantos enlaces que deberían llamar su atención.

Flora ha tenido cinco dragoncillos y medio sin tener contacto carnal con ningún dragón. Aquí, con menos pruebas, unos llevan de guerra santa desde el siglo III y otras desde lla década de los 70.

Get a first life. Fornicate using your actual genitals! (via)

Nacho Vigalondo abre un blog en El Pais. Si mis películas le parecen una birria, al menos déjeme intentar caerle bien. Querido doctor, la foto que ilustra la noticia podría ser un paso en la dirección correcta.

La sombra de JG Ballard es alargada. El Guardian sigue la pista del escritor en la música pop, de David Bowie a Burial, el último grito de Bristol. When it comes to authors in pop, you can't beat Ballard. Sure, Steinbeck inspired a Springsteen album or two, Camus prompted the Cure's Killing An Arab and Bulgakov led Mick Jagger to write Sympathy for the Devil, but those are isolated cases.

Shut Up, Hooker me recuerda a aquel interludio famoso de Notorious B.i.g.: you mothafuckin' gangsta killin', mutha fuckin black mafia ass muthafuckin, you, (oooh my god) you chronic smokin', Oreo cookie eatin' ... ¡pickle juice drinkin'!

La gala de los Goya será retransmitida este año con media hora de retraso para poder editar determinados momentos de la gala, con el fin de "enriquecerla y darle ritmo". En japón, cuarenta personas (entre ellos profesores universitarios y críticos culturales) han visitado al director Satoru Mizushima en su domicilio particular, para hablar sobre su proyecto "Nanking No Shinjitsu" (La verdad sobre Nanjing). No que tenga nada que ver. Just saying.

Jose Antonio Millán resume algunas reflexiones sobre El Canon en la Ley del Libro: Legislar sobre lo que no se conoce bien, consultando imperfectamente a las partes implicadas, y resolver en favor de los lobbies más poderosos en contra del desarrollo de un país que se está convirtiendo casi exclusivamente en un consumidor digital, éste es el resumen de lo ocurrido.

The Atlantic sobre el declive de las revistas dedicadas al bello sexo: Are We Not Men? Down the ladder from Playboy to Maxim. Me encantaría leerlo, junto con el fin del glamour aéreo pero yo tampoco tengo suscripción. ¿Algún suscriptor en la sala?

El síndrome del desplegable central: How Men Can Overcome Objectification and Achieve Intimacy with Women (Jossey Bass Social and Behavioral Science Series). Un rayo de esperanza en este oscuro mundo de hombres trastornados por la visión devastadora de una teta en el delicado periodo que va desde el final de la lactancia a la luna de miel.

Ya tenemos la formación del Coachella 2007 y los cabezas de cartel son Bjork, Red Hot Chili Peppers y Rage Against the Machine. Si no fuera por los indies de recambio pensaría que nos han mandado a 1994.

Los esfuerzos combinados de expertos en Harvard y Carolina del Sur han llegado a una conclusión poco sorprendente: el MDMA podría aliviar el sufrimiento de pacientes con trastornos post-traumáticos o enfermedades terminales. Ahora sólo les queda decidir si el mundo merece la prescripción.

Dell's lanza una línea open-source de ordenadores personales. The n Series desktop solution provides customers with a DimensionTM E520, E521 or C521 desktop without an installed or included Microsoft® operating system. Y están tirados de precio. Tirados, tirados.

Las mujeres también son divertidas. En respuesta al Porqué las mujeres no son divertidas, Laura Kipnis contesta que las mujeres SÍ pueden ser divertidas y que ella conoce, al menos, a dos. Y su artículo es tan coñazo que prácticamente le da la razón.

Enlaces cthulhu del día: Day after the Day of the Tentacle y .. Guillermo del Toro y Matthew Robbins podrían (o no) estar preparando una adaptación al cine de At the Mountains of Madness (via). Digo podrían porque esta historia nos lleva rondando casi un año y no les quiero partir el corazón.

Enero 12, 2007

¿Qué parte de Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn no han entendido?

ohsnapp.jpgDejen de comer pulpo. Lo digo en serio: son extremadamente sensibles, adorables e inteligentes y hacen cosas demasiado asombrosas para tirarlos en agua hirviendo y cocinarlos al ajillo.

O sigan, que ya verán, ya. No será por falta de avisos. Algunos ya han empezado a cambiar. Las primeras uniones han dado su fruto atroz. Nadie está a salvo.

MAS: Dream of the Fisherman's Wife reloaded | The lighter side of tentacle porn | alt.sex.cthulhu archive | Toshio Saeki: "I don't engage in the morbid acts I depict"

La ilustración es del fantástico ilustrador Chris Devera. Unos enlaces estaban en BB, otros no.

Outside Earth's plane They linger and ever awaite the time of Their return; for the Earth has known Them and shall know Them in time yet to come.

Enero 05, 2007

historias para no dormir (de los últimos días)

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Tori Spelling feat. Cthulhu. Tori Spelling era la fea de Sensación de vivir y Cthulhu es un dios primordial subacuático con cabeza de calamar. La relación es: según Wired alguien está haciendo una versión de Shadow over Innsmouth (como Dagon, la Secta del Mar) con Tori Spelling de protagonista. La otra explicación posible es que, si un día fuera destruído, la esencia de Cthulhu fecundaría a su propia hija y, a través de ella, el primordial volvería a nacer. Pero eso significaría que las estrellas llevan en posición desde, por lo menos, el cuatro de octubre de 1990. Y nosotros tan anchos.

Siete miembros de la tripulación de un avión de United Airlines dicen haber visto un OVNI flotando sobre el aeropuerto internacional de O'Hare y después despegar súbitamente, dejando un extraño "agujero" en las nubes. El avistamiento se dió el pasado siete de noviembre (una vez más, mi cumpleaños). Los testigos están cabreados con las autoridades aéreas por no abrir una investigación. El controlador aéreo Craig Burzych está cabreado con el tráfico: Volar siete millones de años luz a O'Hare y tener que volverse porque no hay donde aparcar es completamente inadmisible.

El New Scientist ha compilado una lista de materiales inauditos para que ustedes y yo amenicemos la resaca postnavideña: fluidos que solidifican cuando los golpeas, que se densifican cuando los estiras, aguas imantadas que hacen esculturas muy de vestir y superfuídos que trepan paredes arriba como la señora de The Ring.
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El genoma negativo. Un grupo de investigadores de una universidad de Idaho buscan "primos" en las cadenas de ADN, secuencias de aminoácidos tan peligrosos para la vida que, sencillamente, no existen. De momento llevan contabilizados más de 60.000.

Korea del Norte tiene un "Proyecto Secreto de Armas Biológicas de Destrucción Masiva". Algunos de ustedes sentirán una fuerte sensación de Deja-vu. No se preocupen: es un error en Matrix.

Un robot da a luz en un hospital de korea del sur. Si no se atreven con el artículo pueden mirar la foto.

El Gensou Hyouhon Hakubutsukan es un museo virtual de criaturas monstruosas y fantásticas comisariado por Hajime Emoto. Hay tres plantas y nueve salas. Primera planta (salas 1, 2 y 3); segunda planta (4, 5, 6 y 7) y tercera (8 y 9). Si bajan al sótano encontrarán la tienda y la cafetería. Gracias PT por el enlace y la guía.

Diciembre 26, 2006

... y cosas que van tirando los renos en mi jardín

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-Pitchforkmedia: las mejores canciones del 2006. Con la dosis habitual de genialidad y tontería, si se descargan todos los mp3 y, además, los escuchan, será como renovarse el fondo de armario.

-En más rápido, prefixmag. Coincido con su número uno al 100%. killah.

-Cthulu Dildonomicon: a cthonian compilation. Para medusas de pelo en pecho.

-Russ Meyer: the king of sexploitation (via)

-Listas (todas)

-Dreamgirls. Si David Denby dice que vale, a mi me vale.

-The Siege es un pequeño documental sobre Clayton James Cubitt aka Siege, el fotógrafo de moda; pero hay una serie de Justine Jolie que es para ponerla en un marco. Este regalo es de Susannah)

-Relatos, microrelatos y otras especias seleccionadas por Marcos Taracido.

-Production Rider for Kate Kershner's Holiday Visit Home Tour By Kate Kershner. En cristiano: a casa por navidad (cuando se contemplen adecuadamente las siguientes condiciones)

Bolas de nieve de Walter Martin & Paloma Muñoz (via + via)

Diciembre 12, 2006

My little cthulhu

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No sólo es un calamar adorable, con sus alitas y sus garritas prensiles. Fíjense en los aterrorizados padres: son como los muñecos de nieve de Calvin. La página dice que habrá otras seis Little Victims & Little Minions ™ para mediados de 2007. Es un regalo de Gonzalo para consolarme de la salada distancia que está a punto de abrir entre nosotros. Tengo tanta suerte con los hombres que me tocan todos los buenos y luego sufro como una margarita seca cuando vuelven a casa. Pardiez.

Segundo enlace cthulhu del día: runway-VIKTOR & ROLF (via). Los que ya han despertado están invadiéndolo todo. No me digan que no lo ven.

Noviembre 06, 2006

algunos ya han despertado

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Según este largo artículo del NYTimes (via), los elefantes de la India se han levantado en armas y arremeten contra 1) rinocerontes y 2) humanos, violando (?) y matando a unos, acosando y matando a otros y bloqueando de manera violenta -y organizada- las entradas y salidas de las ciudades. Tras estudiar su inesperado comportamiento y analizar todas las opciones avaladas por la ciencia, expertos biólogos de todas partes del mundo han llegado a la misma conclusión: los elefantes están hasta los cojones. El inusitado racismo antirino (aventuran) puede deberse a viejas rencillas familiares, un tu abuelo vino a cagar a mi charco y yo te meo el lozadal; pero la guerra contra los humanos indica claramente que ya han tenido bastante. Ya no nos aguantan más.

Más cerca de aquí, un revelador estudio sobre los octópodos ha demostrado de manera incontestable que los pulpos y sus primos, los calamares y las sepias, son mucho más inteligentes de lo que nos gustaría pensar y que sus habilidades incluyen la capacidad de sentir dolor, miedo y hacer uso de herramientas improvisadas para ciertos menesteres. La Unión Europea estudia la posiblidad de amparar a nuestros tentaculares amigos bajo las mismas leyes que protegen a monos, perros y gatos de las vivisecciones sin licencia, la experimentación indiscriminada en los institutos de enseñanza media y la crueldad en general, incluyendo la cazuela de agua hirviendo.

Señores, si saben lo que les conviene dejarán de comer pulpo, respetarán a los elefantes y otros Once consejos para sobrevivir al advenimiento de los que ya están de camino.

Octubre 26, 2006

some force from outside must serve to liberate their bodies

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... then the liberated Old Ones would teach them new ways to shout and kill and revel and enjoy themselves, and all the earth would flame with a holocaust of ecstasy and freedom.

Tha call of Cthulhu, HPLovecraft

Octubre 24, 2006

trabajos de amor perdidos

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Queridos lectores, den la bienvenida a mi nuevo Thinpad X60s (en adelante, el ordenador más bonito del mundo). Ha pesado un kilo trescientos y se ha metido en el bolsillo a toda la familia en menos de lo que se tarda en decir kurbiskernbrot. La aventura de instalar Debian sin tener lector de CD combinada con la extraña conexión a internet que tenemos en casa (una linea de tele por cable que es también Internet) ha puesto a prueba nuestra capacidad de inventiva y mi tarjeta de sonido todavía no funciona pero estamos en la senda de la luz y la sabiduría y or eso no nos quejamos. Mientras sigo con la instalación, les dejo con otra sarta de enlaces y la promesa de que este, su blog, volverá pronto a su programación habitual. Cosas que me han gustado esta semana:

-Retro + laptop = ¡¡raptop!! (via + via)

- as if it was 1983 again, but without the politics. Jarvis Cocker se sienta con Nick Cave, Paul Morley, Beth Orton, Antony Hegarty y Mary Margaret O'Hara (!!?) para hablar de lo que pasa cuando una canción como Lust for Life se convierte en la banda sonora de un anuncio de tarjetas de crédito, una major diseña y lanza un grupo indie o millones de personas en el mundo pueden descargar y escuchar lo que quieran, cuando quieran, durante todo el tiempo que quieran gracias a Limewire y al iPod. Y no sé qué resulta más extraño, si comprobar que incluso los más rebeldes acaban pareciendose a sus padres o descubrir que no siempre es así con todo el mundo. O que a Mary Margaret O'Hara le gustan Hot Chip.

- Terrifying Girls' Highschool - Lynch Law Classroom. El 31 de este mes, Panik House lanza a las calles este clásico del Pinku Eiga circa 1973. Disfruten el trailer y algunas fotos protederoras en la revisión de dvdmaniacs. Disfruten, pero no lo hagan durante las horas de trabajo. This is NSFW.

- ArtFutura. JL ha empezado la cuenta atrás en elástico, y se puede seguir aun más de cerca en el miniblog del festival.

- Los zapatos de la temporada no son para todos los públicos: One designer, who bought a job-lot of shoes for his catwalk show from a porn shop in Copenhagen, puts his finger on a more pressing problem: 'The models kept falling out of the shoes,' he admits. 'Little did we know that the shoes were not designed for walking but for lying down.'

- Biscuit Teacher and Sugar Candy es la serie de moda en Korea. Dense prisa antes de que los episodios sean limpiados del tubo uno a uno. (via)

- Brutus and I, por Rick Stoeckel:

After the assassination goes down successfully, everyone stands around, awkward, waiting for Brutus to say something. I look over Caesar's body, and I mention that we can get a few more stabs in below his rib cage. Brutus scoffs, tosses his dagger to the floor, and walks off as if he's better than me or something.

A Video History of YouTube:
From lip-sync videos to $1.65 billion in 14 months.

- 300 toma a toma: del comic a la pantalla.

Momento cthulhu del día: Octopussy: tentacles of desir (via). El título me ha recordado a una de las anecdotas literarias más divertidas que he leído en mi vida. La contaba Martin Amis en A Rougth Trade pero el protagonista es Salman Rushdie. Desde entonces los dos me caen mucho mejor.

Octubre 14, 2006

Como puta por rastrojos

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De vuelta de Atenas (mojados pero más felices y más sabios tras nuestra visita a la Acrópolis), estamos al bordecito mismo del Porn Film Festival de Berlin. Como aperitivo, esta noche estarán las dicharacheras Girlswholikeporno de charleta en algo llamado el Post Porn Politic Symposium. El ordenador no llegó -les agradezco, sin embargo, su interés sobre el particular- y por motivos que vienen al caso pero que no me siento capaz de explicarsin tragarme los puños, estoy a pan y ajo hasta la semana que viene. Les dejo con un coscorrón (pequeño) de links.

Philip Mond: Insexts

Clinton Curtis: And [US Representative Tom Feeney] asked you to design a program to rig an election "Yes."

It should happen to you (the anxieties of YouTube fame)

Julian explica nuestro Day of the Figurines con Blast Theory. Más fotos próximamente.

The Blanche Neige Project: blancanieves a go-go

BOLA EXTRA: Momento cthulhu del mes: Jellyfish Parade

Agosto 03, 2006

perfiles, recomendaciones y feliz verano

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Como complemento a los Malditos, Heterodoxos y Alucinados de Javier Memba y la lista de lecturas interesantes que -en otro orden- ha dejado Iñigo en Guerra Eterna, copio a continuación la colección de perfiles que ha recogido y archivado Marisol García con la pasión y el cariño de una madre:

Frank Sinatra, por Esquire ("Frank Sinatra has a cold") / Greta Garbo, por Zadie Smith ("Nature's work of art") / James Dean, por Alan Pauls ("Máxima velocidad") / Marlon Brando, por Truman Capote ("The duke in his domain") / John Laroche ("el ladrón de orquídeas"), por Susan Orlean ("Orchid fever") / HP Lovecraft, por Michel Houellebecq ("The myth maker") /Katharine Hepburn, por Zadie Smith ("The divine Ms. H") / Larry David, por The New Yorker ("Angry middle-aged man") / Bob Dylan, por Marianne Faithful ("¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste?") / Sartre y Beauvoir, por The New Yorker ("Stand by your man") / Johnny Cash, por Diego A. Manrique ("El viejo roble") / François Truffaut, por Rodrigo Fresán ("El hombre doméstico") / Robert de Niro, por Rodrigo Fresán ("El rey de la comedia, del drama y de lo que venga") / George W. Bush, por n+1 ("W.") / John Lee Hooker, por Diego A. Manrique ("El abuelo del blues") / Eva Perón, por Rodrigo Fresán ("Esta mujer") / Marlon Brando, por Página 12 ("Un mes sin Brando") / Gabriela Mistral, por Alfredo Jocelyn-Holt ("La Mistral desde el más allá") / Andy Warhol, por Alan Pauls ("Retrato del artista como zombie") / George Harrison, por Ravi Shankar ("Remembering George Harrison") / Madonna, por Rodrigo Fresán ("¿Quién es esa mujer?") / Un perro callejero, por revista Soho ("Tarde de perro") / Raquel Argandoña, en La era ochentera ("Raquel") / Michael Moore, por The New Yorker ("The populist") / Abimael Guzmán, por El País ("El loco más peligroso de América") / Diane Keaton, por The New York Times ("Another woman") / Vladimir Putin, por The Atlantic Monthly ("Zar Vladimir") / Elizabeth Taylor, por The Observer ("The queen of Hollywood") / Bill Murray, por The Guardian ("Old stone face cracks") / Rosa Parks, por el New York Times / Alberto Korda, por Proceso ("La foto intuitiva del Che") / Zalo Reyes, por Cristián Huneeus ("Zalo en 'El parrungue'") / Johnn Lennon, por Diego A. Manrique ("Las mil caras de Lennon") / Andrea Dworkin, por The New York magazine ("The prisioner of sex") / Carlos Alberto Valderrama, por Soho ("La gran crónica del pibe") / Kid Pambelé, por Soho ("El oro y la oscuridad") / Sandro, por Página 12 ("Fire starter") / el Chato Velásquez, por Alberto Salcedo ("El árbitro que expulsó a Pelé") / Johnny Carson, por The New Yorker ("Fifteeen years of the Salto Mortale") / Walt Disney, por El País ("Mickey Mouse no era comunista") / Drácula, por El País ("El príncipe de las tinieblas") / Sean Penn, por The Guardian ("Citizen Penn")

Aunque no las he leído todas, he disfrutado infinito con el extracto de la autobiografía de Marianne Faithfull, en la que se ofrece un retrato divertido y poco halagueño de un personaje que me cae muy mal.

Les deseo que sean felices, lean mucho, vivan apasionados romances veraniegos con bellos desconocidos y, como decía mi profesora de matemáticas a final de curso, no quiero volver a verles hasta septiembre.

No habrá comentarios hasta mi regreso. No quiero enfrentarme a la pila de spam ;-)

Julio 31, 2006

choose wisely

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Julio 18, 2006

sus sci-fi favoritos, gracias

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Como no hay nada mejor que las vacaciones que leer ciencia ficción, se me ha ocurrido recopilar unas cuantas listas para que ustedes, mis venerados lectores, tengan algo que llevarse a los ojos entre la sombrilla y el Martini seco. Así, sin más:

En el NYTimes: de A Canticle for Leibowitz a Watchmen.

Premios Hugo : de The Demolished Man (Alfred Bester) a Jonathan Strange & Mr Norrell.

Nebulas: de Dune a Jonathan Strange and Mr Norrell.

En The Guardian, las mejores novelas geek desde 1937 por votación popular, con el autoestopista en primer lugar con un 85% de los votos.

Miquel Barceló, las más representativas de cada década: de Fundación a Marte Rojo.

En Quasar, las más premiadas: de Dune a Jonathan Strange y el señor Norrell, de Susanna Clarke.

Yo me estoy leyendo la serie Dangerous Visions en versión original por primera vez pero, visto lo que hay, me voy a comprar Jonathan Strange... que malinterpreté como otra harryputada cuando la vi en todos los aeropuertos. Si alguien tiene algo que decir al respecto que hable esta semana o calle para siempre. Y, como todas estas listas son más bien clasicorras, añado Diaspora de Greg Egan y Microsiervos, que no es mi favorita pero da nombre uno de sus blogs favoritos en la blogosfera española. Se admiten sugerencias siempre y cuando el título venga acompañado de una breve descripción de la obra. Sin espoilers.


BOLA EXTRA: las diez mejores películas de ciencia ficción que nunca existieron.

BOLA DOS: Phil Baker recomienda H. P. Lovecraft: Against the World, Against Life, de Michel Houellebecq.(via)

One of the truly great bad writers, Lovecraft is certainly here to stay. Bizarrely, the invented mythology he always insisted was not only evil but fictional (he was a convinced materialist) is now followed like a new religion by large numbers of occultists, offering a modern alternative to Satanism. What with the religion and the fact that the Old Ones have become available as cuddly toys - there is a 'Plush Cthulhu', no less - you can't help feeling Lovecraft's vision has been subverted and diluted. Not by Houellebecq.

Y añade con mala baba que, si Houellebecq califica a Lovecraft de estilista es sin duda porque el inglés es sólo su segunda lengua. Por supuesto da igual porque Lovecraft tendrá la última palabra: los arrogantes serán los segundos en ser devorados por las aguas negras. Los primeros serán los pescadores, escaldadores y degustadores de octópodos. Piensen en ello mientras pinchen calamares en una terraza costera porque una plaga de medusa les impide darse un chapuzón.

Mayo 31, 2006

Mayo 19, 2006

Fluorescent bleeding chaos

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La foto es fresquita de hoy, en Oranienburgertor y es parte de la Art Biennale en Berlin. A continuación, la semana en cuentagotas:

Hello Cthulhu. Incomparable. (visto en elastico, via insignificante). Recordemos al jovencito Lovecraft, Retorno a Arkham, mi jersey favorito y otros momentos marítimos e inquietantes.

Según el NYTimes, la inteligencia literaria americana -léase 100 personalidades del mundo editorial- la novela más importante de los últimos 25 años es Beloved, de Toni Morrison. A. O. Scott lo justifica como puede. Perdón: como si pudiera.

El mismo día que anuncia sus macboocks (lean por favor el comentario de The Guardian y echen un ojo a los anuncios), la empresa anuncia que la edición de OSX para PC sera código cerrado. A diferencia de antes que era... ¿qué era?

Mientras en la patria nuestra hay sentadas por una vivienda digna, un abogado de Pensilvania lleva a la empresa detrás de Second Life (your world, your imagination) a juicio por entorpecer su brillante carrera en el loable negocio de la especulación inmobiliaria en los MMPORG. Colectivistas, hay que decirlo más.

En el New Scientist, especial viajar (en el tiempo). Si algún alma generosa me presta su suscripción online, prometo hacer un resumen.

Darlington, UK: seguidores de las Cronicas de Gor, popular saga de ciencia ficcion del novelista John Norman, secuestran a una dama y la retienen como esclava sexual. Kaotianos y vecinos mantienen que la dama participaba sin coacción porque le gustaba mucho leer. (vía)

Lo mejor de la biennale de Berlin es que, en lugar de pasar en tres centros de cultura, la han repartido por casas particulares, oficinas y otros espacios privados de relevancia historica o apariencia sugestiva y hay gente con peinados inteligentes haciendo cola en cada esquina. Ya en serio, lo mejor-mejor, la pared Diesel, ilustrando estas lineas.

Como todos los años: las señoritas del E3. Sigan el evento en sus blogs de videojuegos favoritos y escuchen la charla mas esperada del salón: Nintendo.

La Fundación ICO presenta la primera exposición colectiva que se realiza en Europa sobre el videoarte contemporáneo chino. Paralelo a The Thirteen: Chinese Video Now en el Moma y la itinerante http://www.icp.org/exhibitions/china/index.html, hoy en la Casa de Cultura de Berlin.

Lista flamante de ganadores y finalistas de los National Magazine Awards 2006. National de allá, no de acá, pero la lista ofrece varias joyas (si las encuentran, porque han quitado todos los enlaces menos dos). Triunfador de la noche, Virginia Quarterly Review.

Youtube tiene algo que no tienen los demás, pero es que hay muchos más.

We-Make_Money-Not-Art se ha llevado un merecido webby. ¡Felicidades Reg!

Mi último especial para Consumer es sobre Ubuntu. Si no saben lo que es o están a punto de probarlo, les interesará leerlo. Felicidades a Guadalinex por la V3.

Mayo 09, 2006

Abril 06, 2006

Malditos, heterodoxos y alucinados

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Louis-Ferdinand Céline (I) | Howard Phillips Lovecraft (II) | Jean Genet (III) | Yukio Mishima (IV) | Emilio Carrere (V) | Boris Vian (VI) | Algernon Blackwood (VII) | Alejandro Sawa (VIII) | François Villon (IX) | Neal Cassady (X) | Julio Verne (XI) | Arthur Machen (XII) | Marqués de Sade (XIII) | Rutebeuf (XIV) | Leopoldo María Panero (XV) | Malcolm Lowry (XVI) | Guy de Maupassant (XVII) | Eduardo Haro Ibars (XVIII) | Remigio Vega Armentero (XIX) | Andrés Carranque de Ríos (XX) | Cecco Angiolieri (XXI) | Arthur Rimbaud (XXII) | Hölderlin (XXIII) | Antonin Artaud (XXIV) | Robert Ervin Howard (XXV) | Luis Cernuda (XXVI) | Philip K. Dick (XXVII) | August Strindberg (XXVIII) | Pierre Drieu La Rochelle (XXIX) | Edgar Allan Poe (XXX) | Charles Baudelaire (XXXI) | Alfred Jarry (XXXII) | Paul Verlaine (XXXIII) | William S. Burroughs (XXXIV) | Joseph-Pétrus Borel (XXXV) | Horacio Quiroga (XXXVI) | Bram Stoker (XXXVII) | Julio Herrera y Reissig (XXXVIII) | Carson McCullers (XXXIX) | H.P. Blavatsky (XL) | Anne Radcliffe (XLI) | John Polidori (XLII) | Percy Bysshe Shelley (XLIII) | Raymond Radiguet (XLIV) | Djuna Barnes (XLV) | Chester Himes (XLVI) | Anaïs Nin (XLVII) | Flannery O'Connor (XLVIII) | Hunter Stockton Thompson (XLIX) | Jaime Gil de Biedma(L) | William Hope Hodgson (LI) | Maurice Sachs (LII) | Sheridan Le Fanu (LIII) | Charles Robert Maturin (LIV) | Mary Wollstoncraft Shelley (LV) | André Breton (LVI) | Kurt Siodmak (LVII) | Blaise Cendrards (LVIII) | H. G. Wells (LIX) | Jean Cocteau (LX) | Pierre Boulle (LXI) | Jack London (LXII) | Oscar Wilde (LXIII) | Francis Scott Fitzgerald (LXIV) | Charles Bukowski (LXV) | William Gibson (LXVI) | Thomas de Quincey (LXVII) | Dylan Thomas(LXVIII) | Paul Bowles (LXIX) | Guillaume Apollinaire (LXX) | Aphra Behn (LXXI) | Jan Potocki (LXXII) | Mijail Bakunin (LXXIII) | Samuel Butler(LXXIV) | Leo Ferré (y LXXV)

Disfruten de este alegre montón, arrimadito por Javier Memba, patrocinado por El Mundo y pescado por rocko. Y por favor: lean lo que lean, no lo intenten en casa. Ser maldito es cosa de profesionales.

Enero 14, 2006

este pixel está basado en una historia real

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Parecidos razonables en el mundo del pixel, David Bowie y otras suugerencias más o menos encubiertas.

¡Te juro jefe que estoy trabajando! ¡Gracias Tom!

Noviembre 12, 2005

El joven Lovecraft

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Un envio especial de CiRC

Agosto 03, 2005

miskatonic forever!

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¿Pues no dicen que en la era digital las cosas pasan muy desprisa? Esta bonita sudadera y otras muchas que ven en la web se pueden adquirir, a precios desorbitados, en una pequeña tienda en la ciudad vecina que hace dos años me enamoró desde el tren: Lund.

Serendipity, etc.

Return to Arkham

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Los amantes de Cthulhu están de doble enhorabuena: Skotos lanza 'Return to Arkham' con una licencia CC. Está disponible en la rec para que lo lean, se lo descarguen en PDF o, si se ponen vagos o fetichistas, se lo encarguen a Cafepress para que lo envie en formato impreso por un módico precio.

El cómic está ambientado en 1933, en la Universidad más Famosa de la Historia de la Literatura. Lo que me recuerda que hace unas semanas asalté impúdicamente a un caballero en la Plaza Real de Barcelona porque lucía con el mayor descaro la única camiseta oficial de Dagon que he visto nunca. Me explicó que a él se la había regalado un muy buen amigo suyo que trabajaba en Sitges el año que la película se estrenó. Si por alguna feliz casualidad alguno de ustedes también trabajaba en sitges, en Fantastic Factory, fue miembro del equipo de rodaje o ha recibido en herencia, en una ruptura o durante una mudanza una de esas camisetas, le ruego encarecidamente que empiece a pensar en los términos de un posible acuerdo y se ponga en contacto con una servidora.

Y, si por otro casual, alguien posee la sudadera de color naranja de la universidad que lucía su desafortunado protagonista -que gracias a un amabilísimo lector ya sé que fue diseñada específicamente para el rodaje y que nunca llegó a manos de ningún distribuidor- estoy dispuesta a ser chantajeada emocional y económicamente por ella, aunque esté en las condiciones que se describen en dicha película o haya sido utilizada para limpiar letrinas.

Les agradezco de antemano su colaboración.

Febrero 17, 2005

head-squid

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Una semana interesante: después de los sorprendentes descubrimientos de la Universidad de Jerusalém acerca del cerebro distribuido de los octópodos, la CFGOA anuncia que varias criaturas tentaculates con capacidad para despedazar el cráneo de un humano han sido encontradas en las profundidades del mar de Bering por un pescador de la zona. La foto del documento esconde más información.

Mi hombre lleva años diciendo lo mismo: no enojeis a las aguas...

via GM

Diciembre 23, 2004

Cthulhu strikes back

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La H.P. Lovecraft Historical Society ha casi terminado la horror-movie-muda-estilo-años-veinte que tiene entre manos y ha dejado un pequeño trailer en la web para calentar al personal. La película se llama The Call of Cthulhu y la mitad de los enlaces de la página están rotos pero, a poco lovecraftiano que uno sea, es de imaginar lo que vamos a encontrar. Pulpo, mucho pulpo.

Mayo 07, 2004

Cthulhu style

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lovecraftsign


Los responsables de la formidable Cthulhu Lives han encontrado tiempo y ganas para recopilar la replica de la escritura del propio Lovecraft, Sidney Lanier, poeta americano del XiX y otras bonitas fuentes de imprenda de principios de siglo y las han publicado aquí.

La Librería // Lovecraft Archive // H.P. Lovecraf Page // HP Lovecraft Film Festival Flash Detection // Scriptorium // Cthulhu for president // Cthulhu Sex Mag (Blood, Sex and Tentacles) // Miskatonic University // Miskatonic University Press // The Miskatonic Mansion //


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proyectos elásticos





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free_culture-thumb.jpg

free culture
en español


++++


GET CREATIVE
getcreativesmall.gif
Un vídeo CC
sobre el Copyleft




GALERIAS de LPC


techmuseumzagreb.GIF

+ + + +

bollywoodgal.JPG



¡Y más cosas!

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BIBLIOTECA
PEQUEÑA GUIA DEL HIPERESPACIO
Free Culture
Move your MP3
El bello sexo
Tokio ni itta koto ga arimasu ka?
Estimulantes


Almacén

Una joven petite

El garaje




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