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la petite claudine

Baader-Meinhof

1502.11


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The woman knows there is someone else in the room with her without turning. She looks at the painting of Ulrike, one of three related images. The man asks, "Why do you think he(the artist) did it this way?" She does not answer. "I'm trying to think of what happened to them." She answers, "They committed suicide. Or the state killed them."

..."They were terrorists, weren't they?" He asks. "When they're not killing other people, they're killing themselves." He pesters her, asking her if she taught art. She didn't want to tell him that she is out of work and that she'd been there three straight days, staring at paintings made from photographs of the bodies of Andreas Baader, Gudrun Enssln, and a man whose name she could not recall. Then he asks her what she saw in the paintings. "At first, I was confused, and still am, a little, But I know I love the paintings now." "Tell the truth," he said then. "You teach art to handicapped children."

Todos los meses, la editora de ficción del New Yorker le pide a un colaborador que lea su historia favorita publicada en la revista desde su primer número, en 1925. En abril del pasado año, Chang-rae Lee eligió “Baader-Meinhof”, de Don DeLillo y yo, que no conocía el texto, lo escuché ayer y me gustó. Se puede descargar aquí.

Como introduccion: una mujer visita repetidamente la exposición de Gerhard Richter con los retratos de Andreas Baader, Gudrun Ensslin, Holger Meins y Ulrike Meinhof, más conocidos como la Red Army Faction (RAF). Richter los pinta tal y como los publicó la policía en la prensa alemana, muertos en sus celdas. Alli hay un hombre que la empuja extrañamente a hacer una serie de cosas que no quiere hacer.

El título de la exposición de Richter, October 18, 1977, es el día que los cuerpos de Baader y Ensslin fueron encontrados en la prisión de alta seguridad de Stammheim. Holger Meins había muerto un año antes en la misma prision en una huelga de hambre y Ulrike Meinhof se había colgado. Todas las muertes fueron anunciadas como suicidios, aunque la izquierda alemana siempre defendió que los chicos habían sido asesinados. La policía declaró que Baader se había disparado a sí mismo en la base de la nuca, después de disparar a la pared y al colchón para aparentar un supuesto forcejeo. Irmgard Möller, la única superviviente de Stammheim, niega haber intentado suicidarse "clavándose un cuchillo en el pecho repetidas veces" en la mañana del 18 de octubre de 1977, o que hubiera un pacto de suicidio entre ellos.

La historia me gusta porque es el retrato robot de la típica narrativa newyorquina de los ultimos años: el retrato de un retrato de un retrato que expone y a la vez esconde la realidad. Y porque, a pesar de su falta absoluta de sentido del humor, el momento en que el le dice "dime la verdad: tu le enseñas arte a niños discapacitados" me hace llorar de risa.

Como nota final (completamente irrelevante para la historia de DeLillo), dicen que el gobierno alemán hizo trasladar los cerebros de Andreas Baader, Ulrike Meinhof, Gudrun Ensslin y Jan-Carl Raspe al centro de estudios neurológicos de la Universidad de Tübingen para su estudio. Lamentablemente, tanto los archivos como los cerebros han desaparecido.

La wikipedia dice que Otto, de Un Pez llamado Wanda, es una parodia de Andreas Baader.

Primer trailer de la primera parte de Atlas Shrugged

1402.11


El trailer de la trilogia basada en la popular novela de Ayn Rand esta casi ya y la buena noticia es que Grant Bowler AKA Wolf West, patriarca del fantástico y adictivo melodrama Outrageous Fortunes, sera Hank. Digo por suerte porque Galt apenas aparece y porque Wolf West me inspira fantasias de dominacion mundial y porque el director Paul Johansson, director de la adaptacion y padre de la telenovela adolescente norteamericana One Tree Hill, se ha quedado el papel de Galt.

Una rubia sosipava con pinta de extra de Ally McBeal llamada Taylor Schilling será Dagny Taggart. Seguro que Ayn Rand y Patricia Neal ya estan desenterrandose solas.

Filosofía del comedor

1302.11


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Comer aquello que la mayor parte de la gente no se puede permitir ha sido siempre crucial para el placer del gourmet. Durante cientos de años, eso ha significado comer grandes cantidades de carne. La carne de animales azotados hasta la muerte ha sido especialmente valorada durante varios siglos, debido a la teoría de que el sufrimiento y el trauma realzan el sabor,"El verdadero gastrónomo -segun un manual británico de maneras en la mesa- es tan insensible al sufrimiento como el conquistador".

Sigue leyendo The Moral Crusade Against Foodies, en The Atlantic.

Nota. Si les da grima esta imagen, sepan que es la misma grima que siento todos los dias viendo comprar, comer, cocinar y hablar de comida a la mayor parte de la gente que me rodea, inluídos mis padres, mis colegas y mis mejores amigos.

Hay quienes creen que Benjamin se suicidó en Portbou

1202.11


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... y acuden a ese escarpado lugar en una peregrinación inútil, para leer un extraño y crítico epígrafe: una ironía más de las economías “veraneantes”. Bruno Tackels, no sin cierta audacia, afirma que de haber podido huir, Benjamin habría ido a América del sur “un lugar donde la catástrofe nunca ha prohibido la promesa de otro mundo” en palabras de Tackels. Pero también hay algunos mucho más osados que han asegurado -incluso dicen tener pruebas- de que Walter Benjamín sí logró escapar al horror para seguir buscando esa casa de sus sueños. Una casa en la que al fin poder despojarse del traje del errante. Esa búsqueda lo habría llevado a México, tras las pistas de Trotsky. Y aunque dicen que fue larga la travesía marítima y que durante el viaje llegaron las noticias de su asesinato por unos comunistas catalanes, esto no lo desanimó. Sino que muy al contrario le dio renovado ímpetu a ese deseo –ya frustrado- de reunirse con el pensador de la eterna revolución.

Dicen, que desembarcó en Veracruz y que antes de llegar a la ciudad de México, estuvo deambulando por muchos lugares. Atravesando pasajes desérticos, probando drogas inverosímiles, dejándose arrastrar hacia otras experiencias de la realidad. Y que sólo muchos años después, consiguió llegar a la ciudad infinita. Sus pasos de flaneur le condujeron directo a la casa de Trotsky en Coyoacán. Para entonces ya convertida en un museo del absurdo. A sus puertas y junto al custodio del museo -en horario de atención- se leía en un cartel: Cerrado. Pero tras mucho insistir consiguió entrar y al ver aquella combinación tan extraña: un museo que no es museo, una casa que no es casa, la reconstrucción absolutamente malograda de un refugio, un atentado, una muerte. Inmediatamente supo que esa podía ser la casa de su anhelo, ahí su eterno exilio, podía terminar.

Es el final de Consideraciones libres acerca del exilio / el destino final de Walter Benjamin, de María Virginia Jaua. Yo aun estoy leyendo la bellísima y delicadísima edición de los Archivos de Walter Benjamin que publicó el Círculo de Bellas Artes, junto con el Catálogo/Guía/Atlas de su exposición, que es la exposición en sí misma.

Hay fotos de la casa de Trotsky en Mexico, donde Adi Lavy

Il Feltrinelli

1102.11


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Noche del 14 de marzo de 1972. En las afueras de Milán. Sobre el suelo, un cuerpo desmembrado. Con una de sus piernas a un metro de la cabeza. Todo apuntaba a que el individuo había querido instalar una bomba artesanal que, por error, explotó prematuramente. Sólo dos días después se supo que se trataba de Giangiacomo Feltrinelli, uno de los editores más importantes de Europa.

Feltrinelli era activista del Gruppi de Azione Partigiana (GAP), con el cual planeaba dejar Milán a oscuras gracias a esa bomba que le quitó la vida. Pero su vida no se agotaba en ello. Viajaba por Europa buscando manuscritos de Engels, Marxs y Lenin, y había fundado en 1954 una editorial que, entre otras cosas, se hizo famosa por editar "Doctor Zhivago". Era distinto a sus colegas, uno de esos raros personajes del siglo XX que podía estar una mañana en Cuba, con Fidel, y la semana siguiente en Nueva York, junto a Mick Jagger y Andy Warhol.

En El otoño de Herralde, por Antonio Díaz Oliva

La mosquita muerta de Wikileaks

1002.11


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Mientras Julian Assange espera tranquilamente a que le levanten el castigo, su ex-mano derecha, el alemán Daniel Domscheit-Berg (antes conocido como Daniel Schmitt ) aprovecha para montar la competencia y publicar su primer libro, Inside WikiLeaks (Category: Current Affairs - Political). Entre las cosas que se ha guardado para la exclusiva mundial, estas son las más venenosas:

1. Que desde la gran pelea, Assange no tiene acceso al sistema de recepción de material de Wikileaks, porque Domscheit-Berg le ha cambiado todas las contraseñas. Si es verdad, a Assange le ha venido hasta bien que le pongan a la sombra, porque ya ha quedado mal con todos los periódicos colegas por no entregar lo suyo y se rumorea que tiene a gente mucho menos comprensiva esperando material por el que ya han pagado. Todo este tiempo había dicho que la cantidad de "leaks" en proceso tenían atascado el servidor. Queridos y confiados lectores, aprendan de su error: la contraseña root no se le da ni a la madre de uno.

2. Que en su lanzamiento en diciembre de 2006, WikiLeaks funcionaba en un sólo servidor, donde el sistema de recepción de material y el servidor de correo estan conectados con el html público. Esto me suena altamente improbable (por choricero y elemental), pero no del todo imposible.

También dice que, aunque Assange ha declarado en muchas ocasiones que docenas de empleados y cientos de colaboradores comprueban los datos antes de publicarse, los únicos miembros de Wikileaks han sido Assange y el propio Domscheit-Berg, que "comprobaba" la veracidad del material haciendo una búsqueda rápida en Google y manejaba varias cuentas de correo con distintos nombres para dar la impresión de tener varias personas a su cargo.

3. Que debido a esto y a la falta de SSL del servidor, cualquiera que visite la web puede ser monitorizado. Como diciendo que su IP guardada en una lista negra, que por lo demás incluye a todos los periódicos del planeta más un número indeterminado de curiosos, despistados y ociosos que probablemente supera las ocho cifras. Menos lobos.

4. Que Assange miente como una perra sobre la seguridad de su sistema y el volumen de su organización, que el video titulado “Collateral Murder" no fue "desencriptado" por habilidosos hackers porque Manning les dio la única contraseña que lo protegía y que WikiLeaks “falló estrepitosamente” a la hora de ofrecer apoyo o respaldo financiero para el soldado raso Bradley Manning. Esto, ni es sorpresa, ni es noticia; la evidencia ha estado siempre a simple vista.


5. Que "a veces le odia tanto que tiene miedo de llegar a las manos si sus caminos se cruzan de nuevo". Esto es involuntariamente cómico; si miran la foto sabrán que si algun día se vuelve a cruzar con Assange probablemente se moje los pantalones.

Aunque desde el artículo del New Yorker estoy convencida de que Julian Assange es un megalomaníaco paranoide y un mentiroso compulsivo, además de un gran peligro para la salud de su propio proyecto; me quito el sombrero ante el sonrojante y patético oportunismo del alemán. Hell hath no fury like a system administrator scorned.

El Guardian apunta una cosa más: que Assange's "alardea regularmente sobre todos los hijos que ha dejado por el mundo" y que las prefiere "menores de 22". Si tuvieramos que meteros a todos presos por eso.

En ningún momento se menciona el hecho -nada banal- de que tanto Daniel Domscheit-Berg como sus dos colegas de motín, el "programador" y el arquitecto" eran asalariados de Assange que decidieron cerrale las puertas de su propio proyecto por vanidad y avaricia. Hoy dicen que no estaban de acuerdo con cobrar a las televisiones por el famoso video de Afganistan Collateral murder, pero antes se ha dicho que querían saber de dónde sacaba Assange el dinero y de cuánto dinero estamos hablando.

Wikileaks, por su parte, ha respondido a la publicación diciendo que Domscheit-Berg llegó en 2008 a una organización que se hizo pública en 2006 (el congreso del Chaos Computer Club empieza el 26 de diciembre) y que el alemán no sabe programar. Y que a Assange le gustan de 22, no menores de 22. Los pasaportes de las dos damnificadas por sus presuntos abusos sexuales en Suecia corroboran la veracidad de este singular fetiche.

Los tres periódicos que cerraron el acuerdo con Wikileaks ya han contado su versión del deteriorado romance con Assange: The day Julian Assange threatened to sue The Guardian over the US embassy cables story, Bill Keller en The New York Times: Dealing With Assange and the WikiLeaks Secrets y Marcel Rosenbach en Der Spiegel: An Inside Look at Difficult Negotiations with Julian Assange. Si no hay tiempo para leerlos todos, queda el excepcional relato en tercera persona de Sarah Ellison para Vanity Fair: The Man Who Spilled the Secrets.

Guardian Books publica el retato de la colaboración, donde se cuenta que Assange se disfrazó de viejo con peluca para viajar a Ellingham Hall, desde donde se montó el cablegate, para despistar a la CIA.




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