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la petite claudine

La fuente

2205.10


I see the time approaching when we shall base modern history, no longer on the reports even of contemporary historians, except in-so-far as they were in the possession of personal and immediate knowledge of facts; and still less on work yet more remote from the source; but rather on the narratives of eyewitnesses, and on genuine and original documents

Leopold von Ranke, 1830

Encantada

2105.10


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Y luego dicen por ahí que vamos hacia atrás, como los cangrejos. Cuánto existencialismo humanista incompetente y vacío.

TX Reg!

Bibliotecas llenas de fantasmas

1805.10


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El primero de septiembre de 1932 se publicó en el diario O Século un anuncio para un puesto de conservador-bibliotecario en el Museo Condes de Castro Guimarães en Cascais, una pequeña ciudad costeraa 30 kilómetros de Lisboa. El 16 del mismo mes, Fernando Pessoa envió su candidatura por carta al ayuntamiento. El documento, de seis páginas, se encuentra reproducido en el libro de Maria José de Lancastre Fernando Pessoa, uma fotobiografia, coeditado en 1981 por la Imprensa Nacional-Casa da Moeda y el Centro de Estudos Pessoanos, que compré por quinientos escudos en una librería de Coimbra en noviembre de1983. Sólo había un ejemplar. En los cafés de la ciudad las mesas todavía tenían debajo del tablero un anaquel para poner el sombrero, y recuerdo a una mujer caminando por la calle con una máquina de coser en equilibrio sobre la cabeza. El texto de la carta ha sido reproducido en caracteres demasiado pequeños para que alguien que no lea perfectamente el portugués pueda descifrarlo. Pessoa, cansado de traducir el correo comercial de empresas de importación-exportación de Lisboa por un sueldo que apenas le daba para sobrevivir y emborracharse a diario, aunque sin excesos, tenía ganas de cambiar de vida y, por qué no, de dejar su piso del número 16 de la calle Coelho da Rocha por uno en una pequeña ciudad de la región de Lisboa. En la Fotobiografia, unas cuantas páginas antes de la carta, hay una foto en la que se ve a Pessoa bebiendo un vaso de vino tinto en la vinatería de Abel Ferreira da Fonseca, con unos pequeños toneles de Clarete, Abafado, Moscatel o Ginja detrás.

Es la foto que Pessoa le mandó en septiembre de 1929 a Ophelia Queiroz, la única relación sentimen-
tal que se le conoce, con la dedicatoria «Fernando Pessoa, em flagrante delitro», es decir «en flagrante
delitro». El envío de esta fotografía volvió a tejer unos lazos que llevaban rotos nueve años y que iban a ce-
der, esta vez definitivamente, seis meses más tarde. Al menos, en su forma material. Ophelia no se casó
nunca y contó que Pessoa se encontró, poco antes de su muerte, con su sobrino Carlos, al que le preguntó
cómo estaba ella y que luego, con los ojos llenos de lágrimas, le estrechó las manos mientras añadía:
«¡Qué alma tan bella, qué alma tan bella!»

Sigue leyendo el primer capítulo de Bibliotecas llenas de fantasmas, de Jacques Bonnet. El Boomerang tiene algo más.
En la foto, Pessoa, em flagrante delitro.

we will know, won't we?

Los usos de la ficción

1305.10


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Llevo un tiempo encaprichada con varios de los ensayos de Paidós, que en el último año ha publicado las dos Imposturas intelectuales de Alan Sokal, el bellísimo Imágenes del Cosmos de John D. Barrow y, últimamente, El instinto de arte de Denis Dutton, responsable de una de mis webs favoritas.

Hace unos días, El Boomerang adelantaba el capítulo VI: Los usos de la ficción:

De los doce criterios interculturales para el arte que expuse en el capítulo 3, el último, «la experiencia imaginativa», es posiblemente el más importante. Las obras de arte pueden quedar personificadas como objetos físicos, ya se trate de esculturas de piedra, lienzos pintados, oscuros garabatos de tinta sobre el papel o píxeles en pantallas de ordenador, o bien de las ondas de aire en vibración que producen los instrumentos musicales para activarlos mecanismos del oído interno. Pero en el sentido estricto de objetos de la experiencia estética, las obras de arte no ocurren en el mundo, sino en el teatro de la mente humana. La expresión «teatro de la mente» es una metáfora adecuada, puesto que sugiere dramatismo, montaje de escenarios, actores, y sobre todo la sensación de un mundo fantasioso.

La vida y el mundo no tendrían ningún sentido para nosotros si toda la experiencia fuera ficticia de la misma manera en que lo es la experiencia del arte. Oler el humo y sentir la emoción del temor es un acto de reconocimiento instantáneo de que la casa está en llamas, y requiere precisamente que entendamos que una amenaza es un hecho real y palpable. En términos de experiencia, resulta fundamental en tender que una ficción sobre alguien que huele el humo y tiene una sensación de temor no es la ocasión propicia para actuar. El modo en que se desarrolla esta distinción entre la realidad y la imaginación, en el arte y la experiencia de la belleza, es una cuestión compleja cuyo origen se remonta a hace ya mucho tiempo.


Sigue leyendo "Los usos de la ficción"

Brontë action figures

1305.10


Tengo que abrir una categoría para recoger a todas las damitas victorianas que están siendo resucitadas por esta ola de venganza revivalera y feminista. Ayer Patrick Gyger me envió también este bonito papel Mary Ward, Miss Microscopio 1858 y uno de los tres únicos suscriptores femeninos de la Real Sociedad Astronómica, junto con la gran Mary Sommerville y la Reina Victoria.




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