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la petite claudine

El arte de la ilusión óptica como interfaz radical

3010.08


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Los tres lugares que alumbran este post -una iglesia jesuíta en Viena, una calle de St. Etienne y el pasillo de un aristocrático edificio francés- son tres obras de arte con al menos una cosa en común: el arte sólo existe en el cerebro del espectador. O, dicho de otra manera, la obra sólo surge en el espacio vacío que existe entre su propia plataforma y los ojos del que mira. Se llama Anamorfosis y es un error de nuestro aparato visual, además del tema de la charla que da Julian esta tarde en el Medialab Prado, en Madrid.

Julian preparó esta charla a principios de año, cuando Erich Berger le pidió que escribiera algo sobre la interactividad en el arte para Homo Ludens, la última exposición de la trilogía de juegos de la LABoral en Gijón. Y sudó sangre, tinta y ceros hasta que descubrió el Op Art y, poco después, al genial Felice Varini, que crea espacios arquitectónicos con cinta de embalar en cualquier sitio y contexto que se le antoje.

Los que no puedan asistir a la charla, que es a las 19:00 en la sala del Medialab pueden leer su paper en V.O. y en castellano. La traducción es mía, con todas las pifias correspondientes. Los que puedan ir, consideren la posiblidad de asistir también al taller, donde estudiarán lo de Varini con la cinta, a ver qué pasa.

Todo esto es un proyecto del grupo de trabajo sobre Luz, espacio y percepción, dirigido por el propio Julian, Daniel Canogar y el muy querido Pablo Valbuena, que acaba de estrenar una instalación en La Haya que os hará tiritar de emoción.

La verdadera historia de Nancy Spungen

3010.08


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Treinta años después del sangriento episodio del Chelsea, Karen Schoemer escribe cinco páginas sobre Nancy Spungen -más conocida como la Nancy de Sid & Nancy o la fulana bulímica y dominante que destrozó la vida de Sid- con declaraciones de Neg McNeil y un tono que cambia un mito por otro: el de la zorra bulímica por el de la gordita perturbada y sedienta de amor a la que todos los macarras de la escena se follaron y despreciaron hasta que conoció a alguien que la quiso de verdad y que resultó ser el líder carismático de la banda más grande de Inglaterra y todos la odiaron por ello.

La odiaron tanto, que cuando Sid confesó haberla acuchillado en la habitación del Chelsea nadie le creyó. Todos pensaron que tenía que haber sido ella, bien porque se lo había pedido en uno de esos pactos de amor y muerte que hacen los yonquis, bien porque -y no cabe más veneno en una sola secuencia- Nancy tenía tanta necesidad de llamar la atención que se acuchilló ella sola esperando que Sid la salvaría pero, como el hombre estaba tan colocado, no se despertó hasta que Nancy estaba muerta y asumió inmediatamente que había sido el.

Al parecer, los muy yonquis se querían. "Sid very much loved Nancy -dice Bob Gruen, el fotógrafo que se fue con ellos de gira.- They seemed to communicate and connect". De la pequeña lista que recopila Miss Believer en I'm with the band, ninguna fue tan detestada y despreciada como Nancy Spungen, salvo la exepción, casi copycat, de Courtney Love. Pero ellas eran dulces, complacientes y bonitas. Hasta el punk tiene sus reglas.

The girl who wanted to be god

2910.08


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Cuando te ganas la vida en un periódico, suele ser malo escribir sobre alguien que te importa tanto desde hace tanto tiempo que podrías prepararle el desayuno sin equivocarte con la mermelada, el café o la cantidad de azúcar. Alguien que te importa como te importaba Michael Knight cuando tenías once años, pero sin la despreocupación de la infancia, que le quita hierro a casi todo y no es ridícula sino precoz y saludable. Pero justo antes de irme a BCN ocurrió que Bartleby presentaba la colección de poemas completa de Sylvia Plath, por primera vez en español. Así que lo hice. Jose Luis dice que es el comienzo más literario que he escrito jamás por dinero.

Sylvia Plath (Boston, 1932) publicó su primer poema a los nueve años, una cosa cortita "acerca de lo que yo veo y escucho en las calientes noches de verano". El último, Edge, lo envió al Observer el mismo día que se suicidó, el lunes 11 de febrero de 1963. Tenía 31 años, dos niños en el piso de arriba y el manuscrito de un poemario que empezaba con la palabra "amor" y acababa con "primavera", que dejó cuidadosamente atado sobre la mesa con instrucciones precisas para su publicación.

Ariel y otros poemas fue publicado por su marido el poeta inglés Ted Hughes en 1965, pero alteró el orden, añadió dos poemas y eliminó otros cinco, por motivos medio editoriales, medio personales. Hoy es uno de los libros de poemas más vendidos de la segunda mitad del siglo XX. La selección de Poemas escogidos, editada y prologada por Hughes en 1981 y en 1982, recibió el primer Pulitzer de literatura concedido a una obra póstuma.

El volumen que estos días publica Bartleby es la edición española de su Poesía completa, que conserva el prólogo de Hugues con dos añadidos sobre el original: las impagables notas del traductor, Xoán Abeleira, que señalizan y desentrañan la obra de Plath con un cuidado y rigor exquisitos y el Ariel original.

Aquí, el resto del artículo, apto para no plathófilos. Si lo hubiera hecho aquí, habría que oirme. Noten por favor que va acompañado de tres poemas que no estaban en Ariel (publicado hace años por Hiperión, en castellano) y que he seleccionado por razones pura y exclusivamente fetichistas; además de unas notas de su traductor, el poeta gallego Xoán Abeleira y un poema que escribió sobre Sylvia, muchos años antes de comenzar esta edición. Y fotos, porque no soy de piedra.

Vagamente relacionado, posiblemente interesante. Editores: la nueva generación es una cosa que organiza el Caixa Fórum el próximo 6 de noviembre dentro del ciclo de diálogos La edición se reinventa. La cosa es que a este último, dedicado al recambio generacional del mundo del libro, viene Lee Brackstone, director de Faber & Faber. ¡Faber & Faber! También estarán Marco Cassini, director de Minimum Fax y Julián Viñuales, director de Global Rythm Press. A las 19.30 h.

I believe in the death of emotions

2910.08


ibelieve.jpegMe disculpo de antemano con todos aquellos amigos a los que no avisé, pero ya saben qué vida esta. Hace unos días participé en un evento que despertó la envidia cochina del resto de Elásticos, gracias a la generosidad, fe y posiblemente demencia prematura de Jordi Costa: Kosmópolis. Me quité una espina muy grande que llevaba clavada desde la primera edición, cuando quedé al borde de entrevistar a William Gibson porque una urgencia de las malas me hizo subirme al primer avión. Y así, hasta ahora, por si la mala suerte.

Lo único malo fue que mi mesa coincidió con Dave Eggers y me lo perdí. A cambio tuve el placer de conocer al ballardiano Toby Litt, a Marcial Souto -a quien todos los que no leen a Ballard en V.O. probablemente le deben una cena cara- y a Agustín Fernández Mallo, a quien no conocía y del que tanto oí hablar. Todo lo demás, excelente, incluída la exposición.

De toda, hay tres cosas que me gustan especialmente y que, si van sin tiempo, no deben despreciar. La primera es el credo de la entrada, que así escuchado me recordó de pronto al de Baz Luhrman, Everybody's Free (To Wear Sunscreen). Hay también una cinta de Crash antes de Crash que el mismo Ballard protagonizó, no sólo antes de la peli de Cronenberg sino antes de su propio libro, cuando la historia era sólo una partícula de la Exhibición de atrocidades. ¡Yo ni sabía que existía!

Finalmente, en pantalla grande y justo antes de la sala de libros, Supergego. Es mi favorita, una batería de preguntas de sí o no destinada, claramente, a descubrir si Ballard es un replicante.

Fijensé en la última pregunta, tan reveladora. También le hice fotos a un señor junto a su móvil, que contenía una de las minipelículas del festival de Ballardian seleccionadas para la última sala de la expo. Creo que aún sigue allí. Barcelona, muy fantástica y agotadora, como siempre.

Jordi, me debes un catálogo.

I ♥ Cthulhu: Cyclopean

2910.08


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Me escribe Scott Hamm, animador y director de un proyecto de RPG llamado (de momento) Cyclopean. Es muy tradicional, se juega por turnos y está ambientado en Massachusetts, 1923. La aventura comienza en Arkham y se desarrolla por varios escenarios lovecraftianos.

La cosa está muy en bragas, pero sabiendo cómo son -cómo somos- los optofílicos, Iron Tower Studioha montado un foro en el que se discuten conceptos de juego, arte y desarrollo. Aquellos interesados, Aquí la sinopsis, aquí algunos ejemplos y los dibujos (I y II) .

Son ustedes bienvenidos.




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