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LPC en la biblioteca | Agosto 02, 2010

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[Antonio] Magliabecchi, librero del Gran Duque de la Toscana, era capaz de dirigirte a cualquier libro en cualquier parte del mundo, con la precisión de un policía metropolitano que te indica el camino a la Catedral de San Pablo o a Picadilly. Es sobre el que se cuentan historias sobre peticiones de libros en estos términos: De ese libro existe una sola copia en el mundo. Está en la Biblioteca del Grand Seignior en Constantinopla y es el séptimo libro del segundo estante de la derecha según se entra.

Sus habilidades eran, como son las de los grandes hombres, autodidactas. Tan lejos estaba el triste suelo en que vivió su primera infancia de la que sería su pasión en la vida, que sus padres ni se molestaron en enseñarle a leer, y su primer trabajo fue en la tienda de un verdulero. Si su talento hubiera bebido de las Ciencias Naturales, habría encontrado su camino allí, pero fue su felicidad y su fortuna el acabar trabajando en la tienda de un librero paternal. Allí encontró la educación que ningún batallón de la maquinaria académica le habría inclulcado. Devoraba libros, y la hoja impresa se volvió tan necesaria para la subsistencia como las hojas de repollo para las orugas que hacían las visitas no bienvenidas en su trabajo anterior.

Como aquellos reptiles verdulentos, también él asimiló el alimento que consumía, tanto que ya parecía haber sido comprimido al calor, encuadernado, acabado en tapa de mármol y colocado en la estantería. No soportana nada que no fueran libros a su alrededor y no dejaba espacio para ninguna otra cosa; sus muebles, decían por ahí, se limitaban a dos sillas, la segunda de las cuales era tolerada únicamente porque las dos juntas le servían de cama.

The Book-Hunter, by John Hill Burton (1882)

Magliabecchi falleció en 1714 a los 81 años, en el monasterio de Sta. Maria Novella. Antes de morir le pidió al Duque que donara su dinero a los pobres y sus libros a la biblioteca pública. En 1861, la Biblioteca Magliabechiana se unió a la gran colección ducal en el matrimonio que hoy se conoce como La Biblioteca Nazionale Centrale Firenze, en la Piazza dei Cavalleggeri.

Tanto la Biblioteca como su contenido sufrieron un golpe fatal el 4 de noviembre de 1966, cuando Florencia se enfrentó a la peor inundación de una historia pasada por agua. De la primera registrada, en 1333, se cuenta que el río se llevó los cuatro puentes de la ciudad. En 1966, el Arno arrasó la ciudad con una ola de cinco metros de altura. Una de las fotos más impactantes de aquel año muestra los más de cien mil preciosos volúmenes de la Biblioteca Nacional flotando en el lodo.

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El daño fue tan profundo que miles de originales se perdieron para siempre y muchos otros continúan en quirófano, esperando tecnologías que permitan su recuperación. Pero el salón de lectura fue finalmente restaurado a su gloria original y abrió sus puertas en 1990. El gobierno italiano ha llegado a un acuerdo con Google para digitalizar la colección y evitar futuras pérdidas.

MÁS: Some Old-Time Old-World Librarians, By Theodore W. Koch



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