Bibliotecas llenas de fantasmas
LPC en la biblioteca | Mayo 18, 2010
El primero de septiembre de 1932 se publicó en el diario O Século un anuncio para un puesto de conservador-bibliotecario en el Museo Condes de Castro Guimarães en Cascais, una pequeña ciudad costeraa 30 kilómetros de Lisboa. El 16 del mismo mes, Fernando Pessoa envió su candidatura por carta al ayuntamiento. El documento, de seis páginas, se encuentra reproducido en el libro de Maria José de Lancastre Fernando Pessoa, uma fotobiografia, coeditado en 1981 por la Imprensa Nacional-Casa da Moeda y el Centro de Estudos Pessoanos, que compré por quinientos escudos en una librería de Coimbra en noviembre de1983. Sólo había un ejemplar. En los cafés de la ciudad las mesas todavía tenían debajo del tablero un anaquel para poner el sombrero, y recuerdo a una mujer caminando por la calle con una máquina de coser en equilibrio sobre la cabeza. El texto de la carta ha sido reproducido en caracteres demasiado pequeños para que alguien que no lea perfectamente el portugués pueda descifrarlo. Pessoa, cansado de traducir el correo comercial de empresas de importación-exportación de Lisboa por un sueldo que apenas le daba para sobrevivir y emborracharse a diario, aunque sin excesos, tenía ganas de cambiar de vida y, por qué no, de dejar su piso del número 16 de la calle Coelho da Rocha por uno en una pequeña ciudad de la región de Lisboa. En la Fotobiografia, unas cuantas páginas antes de la carta, hay una foto en la que se ve a Pessoa bebiendo un vaso de vino tinto en la vinatería de Abel Ferreira da Fonseca, con unos pequeños toneles de Clarete, Abafado, Moscatel o Ginja detrás.Es la foto que Pessoa le mandó en septiembre de 1929 a Ophelia Queiroz, la única relación sentimen-
tal que se le conoce, con la dedicatoria «Fernando Pessoa, em flagrante delitro», es decir «en flagrante
delitro». El envío de esta fotografía volvió a tejer unos lazos que llevaban rotos nueve años y que iban a ce-
der, esta vez definitivamente, seis meses más tarde. Al menos, en su forma material. Ophelia no se casó
nunca y contó que Pessoa se encontró, poco antes de su muerte, con su sobrino Carlos, al que le preguntó
cómo estaba ella y que luego, con los ojos llenos de lágrimas, le estrechó las manos mientras añadía:
«¡Qué alma tan bella, qué alma tan bella!»
Sigue leyendo el primer capítulo de Bibliotecas llenas de fantasmas, de Jacques Bonnet. El Boomerang tiene algo más.
En la foto, Pessoa, em flagrante delitro.

Llámame bibliófago, pero estoy deseando leerlo.
Puesto por Rubén a las Mayo 18, 2010 01:26 PM