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El otro Delibes

LPC en la biblioteca | Marzo 12, 2010

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De los obituarios que leo -algunos perpetrados sin cariño por becarios maldispuestos para el archivo de moribles- me quedo con el propio texto que dejó Delibes como introducción a sus obras completas y que publica hoy La Información.

Advierto que es tristísimo, y que a mí me afectó mucho más que la noticia de su muerte, hace unas horas. En él cuenta que murió como escritor hace doce años en la sala de un quirófano y que acabó como más temía, "incapaz de abatir una perdiz roja ni de escribir una cuartilla con profesionalidad". Y que el otro Delibes, el que le sobrevivió, se dedicó a la vida contemplativa.

Pero también describe a un hombre que dedicó su vida a su verdadera pasión, y lo hizo con verdadera pasión, hasta que ya no pudo. Ojalá pudiera yo, que me pierdo en la más minúscula de las efervescencias, decir lo mismo.


Después de El hereje
Aunque viví hasta el 2000..., el escritor Miguel Delibes murió en Madrid el 21 de mayo de 1998, en la mesa de operaciones de la clínica La Luz. Esto es, los últimos años literariamente no le sirvieron de nada.

El balance de la intervención quirúrgica fue desfavorable. Perdí todo: perdí hematíes, memoria, dioptrías, capacidad de concentración... En el quirófano entró un hombre inteligente y salió un lerdo. Imposible volver a escribir. Lo noté enseguida. No era capaz de ordenar mi cerebro. La memoria fallaba y me faltaba capacidad para concentrarme. ¿Cómo abordar una novela y mantener vivos en mi imaginación, durante dos o tres años, personajes con su vida propia y sus propias características? ¿Cómo profundizar en las ideas exigidas por un encargo de mediana entidad? Estaba acabado. El cazador que escribe se termina al tiempo que el escritor que caza. Me faltaban facultades físicas e intelectuales. Y los que no me creyeron y vaticinaron que escribiría más novelas después de El hereje, se equivocaron de medio a medio. Terminé como siempre había imaginado: incapaz de abatir una perdiz roja ni de escribir una cuartilla con profesionalidad.

No me quejaba. Otros tuvieron menos tiempo. Al fin y al cabo, setenta y ocho años son bastantes para realizar una obra. Le di gracias a Dios, que me permitió terminar El hereje, y me dediqué a la vida contemplativa. Las cosas que intenté no eran serias. Con mi hijo Miguel hicimos un libro sobre el cambio climático, en el que no intervine más que para hacer preguntas propias de un ciudadano preocupado, pero no aporté una sola idea. En Muerte y resurrección de la novela di a la estampa algo que tenía hecho para dar la sensación de que trabajaba, de que aún disponía de una vida activa.

Los optimistas que sobreviven a un cáncer suelen decir que lo vencieron. Yo no me atrevo a tanto. Los cirujanos impidieron que el cáncer me matara, pero no pudieron evitar que me afectara gravemente. No me mató pero me inutilizó para trabajar el resto de mi vida. ¿Quién fue el vencedor?

Y bien: cuando mi obra, dicho lo dicho, está concluida, y por tal la doy, veo con satisfacción que los prestigiosos editores de Círculo de Lectores y Ediciones Destino se ocupan ahora de recopilarla y reunirla en los siete volúmenes que van a configurar esta serie. Cada volumen, además, irá prologado por un destacado estudioso de mi obra. ¿Qué hacer sino sentirme halagado y agradecido? Si mi primera novela apareció en 1948 —hace ahora sesenta años— y la última en 1998, ha sido media centuria, la segunda del siglo XX, la que me he ocupado escribiendo y publicando libros. Y siempre con el beneplácito de mis lectores. También a ellos, y a cuantos ahora se asomen a las páginas de estas Obras completas, quiero agradecer sinceramente su benevolencia y fidelidad.




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Escalofriante forma de hablar de uno mismo. Coincido en desear poder tener esa pasión y ese saber estar.


Puesto por Juamba a las Marzo 12, 2010 08:19 PM

Recuerdo que cuando tenía 14 años me encontré, en la calle, un ejemplar de bolsillo de El camino. Me lo llevé a casa y lo leí casi de un tirón. Y me enamoré de Delibes. Esta mañana, mientras me duchaba, he oído que había muerto. He buscado por las estanterías aquél libro y no ha aparecido por ningún sitio. Debió quedarse en casa de mis padres o vete tú a saber dónde. Quizá lo tenga algún chavalín de 14 años que se lo encontró en la calle.

Bien por acordarte de Delibes.


Puesto por Borde a las Marzo 12, 2010 11:14 PM

"Ojalá pudiera yo, que me pierdo en la más minúscula de las efervescencias, decir lo mismo".

Y yo...


Puesto por Antonio a las Marzo 13, 2010 01:39 AM

Hola,

Sigo tu blog desde hace tiempo, felicidades por él, pero nunca dejo comentarios.... No sé ni porqué me suscribí... pero el caso es que te sigo.

Me alegro de que te hayas acordado de Delibes... y no por él, sino por que me ha hecho recordar a mi abuelo (????). Soy español pero vivo en México, y hace tiempo que no veo a mi abuelo, y el otro día cumplió 90 años y ni he podido llamarle... La noticia de Delibes me ha hecho recordar que mi abuelo, Cipriano (como el protagonista de El Hereje), y Delibes eran amigos en su juventud y que me encantaba que me contara sus anécdotas. Mi abuelo fue el primero que leyó La sombra del ciprés es alargada. Mi abuela y la mujer de Delibes eran amigas. Y salían en parejas y compartían todo.... Por desgracia (supongo) la vida les separó y mantuvieron esporádicos contactos a lo largo del resto de sus vidas (la de Delibes ya no)... En los últimos años mi abuelo no quiso siquiera llamarle, cosa que hacía de vez en cuando antes... y me decía que desde que se murió su mujer estaba muy apagado.

El texto de Delibes es espeluznante por realista y muy acorde a la idea de mi abuelo: "ya estaba apagado (muerto)"


Puesto por pablozeta a las Marzo 13, 2010 06:54 AM

Triste pero lúcido y valiente...


Puesto por Cristina Muñoz a las Marzo 13, 2010 02:40 PM

Tengo una deuda con Delibes y su novela El Hereje. Algo muy prosaico en realidad, pero que fue determinante en mi vida en cierto momento. Gracias a que leí esa novela poco antes de hacer un examen eliminatiorio, conseguí pasar el corte.
En la prueba del examen había que disertar sobre la influencia de Lutero y el protestantismo en el desarrollo del capitalismo en Europa.


Puesto por Rafael a las Marzo 17, 2010 01:55 PM

El disputado voto de Cayo, fue la tercera novela que leí, después de "El camino" y "Las ratas" y fue la que más me impresionó en el proceso de lectura, mientras la iba leyendo, que me costó entender y empezar, pero que según iba leyendo veía como la naturaleza, en la persona de Paco Rabal y su personaje, se va apoderando no sólo del lector, sino de los jóvenes-niñatos inexpertos que acuden allí, al caserío, a pedir un voto o convencer con su verborrea juvenil a la naturalez, y como esta es la que queda, muy por encima, y suficientemente del progreso de la ciudad y sin necesitarla para nada, sí, sin necsitarla, vamos que otro mundo es posible, y por ello trtan como loco, tonto o insociable, cuando no enemigo a batir al no consumidor, al que se conforma y hace su vida, la vida al fin y al cabo, en la aldea, en su entorno, con la cultura sufiente como para dar sentido a la misma. ¡Todo un monumento!


Puesto por R.Nativo a las Abril 2, 2010 02:00 AM