Por la G de genocida no me viene nada más...
LPC en Reflexiones | Diciembre 04, 2008Una de mis inquietudes más recurrentes son aquellos casos en los que un uso concreto de una palabra ha secuestrado el término de tal manera que nunca jamás puiedes volver a usarla, por adecuado que sea, sin despertar la indignación del que te escucha o te lee. Por ejemplo.
holocausto. (Del lat. holocaustum, y este del gr. ὁλόκαυστος).1. m. Gran matanza de seres humanos.
2. m. Acto de abnegación total que se lleva a cabo por amor.
3. m. Entre los israelitas especialmente, sacrificio en que se quemaba toda la víctima.
Y, sin embargo, sólo hay un contexto en el que utilizar la palabra holocausto sea socialmente aceptable, rechazando la posiblidad de que un acontecimiento tan brutal, de una escala tan disparatada, haya tenido o vaya a tener lugar en la historia de la humanidad. Aunque sabemos que eso no es, no será y no ha sido verdad.
Las dos únicas satisfacciones que me ha dado este tema han sido descubrir a Odo Marquard y su discurso sobre la gestión del asesinato por parte de gobiernos y organizaciones a lo largo del tiempo, porque la diferencia entre un asesinato y un genocidio es técnica, y tiene que ver con la cantidad de asesinatos que se cometen en determinado periodo de tiempo. Eso, y utilizar la palabra genocidio para hablar de las patentes farmaceuticas.
Hasta hora, a quien protestaba yo le daba un diccionario y un periódico. Sin embargo, me equivocaba todo el rato: hoy he descubierto que la palabra genocidio fue acuñada por Raphael Lemkin y no existió hasta el final de la IIGM.
Today, we call what happened at Auschwitz and the other death camps “genocide.” But at the time, there was no name for the Nazis’ crimes. The word “genocide” did not exist.In 1944, Lemkin wrote a book about the Nazis. In it, he combined the Greek “genos” for race with the Latin “-cide” for killing: Genocide. Lemkin had named the crime he spent a lifetime trying to prevent.
As a child in Poland, Lemkin was inspired by the stories his mother told him at the fireside — stories of history and heroism, of suffering and struggle. As a Jew he witnessed cruelty and persecution firsthand: from the bribes his parents were forced to pay, to a pogrom that killed dozens nearby.
From his mother, and from his circumstance, Lemkin developed early a strong desire to better the world and protect the innocent and the weak.
“The appeal for the protection of the innocent from destruction set a chain reaction in my mind,” Lemkin later wrote. “It followed me all my life.”

Grandísimo post... me ha encantado!
Muchas gracias!
Puesto por Ku a las Diciembre 4, 2008 07:54 PM