Un ratón entre rejas
LPC en copyfight | Noviembre 18, 2008
Mickey Mouse ha cumplido 80 años, pero no saldrá de la cárcel hasta dentro de 16, que es cuando expira el máximo de 96 años de prórroga aceptados en EE.UU. desde la última extensión del Copyright.
Cuando nació Mickey Mouse, en 1928, no se llamaba Mickey Mouse sino Steamboat Willie. Se llamaba así por Steamboat Bill Jr., una película de Buster Keaton que se había estrenado ese mismo año y de la que la animación era una parodia. Tanto es así, que cualquiera que tenga la edición en DVD de lujo de esta película puede ver la primera página de un guión donde dice "La orquesta toca las primeras estrofas de Seteamboat Bill", compuesta por Ren Shields y los Leighton Bros en 1910. O, en los términos que maneja la Disney hoy día, un crímen contra la cultura, los artistas y la humanidad en general.
Esto, por supuesto, no tiene nada de extraño. El imperio Disney ha crecido, no sin dificultad y varios nacimientos fallidos, gracias a material ajeno, especialmente las adaptaciones animadas de cuentos de hadas populares y una serie que años más tarde se convertiría en la maravillosa Alicia en el Pais de las Maravillas, basado en el clásico de Lewis Carroll.
Las dos caras del Copyright. Si lo hubiera hecho hoy, sin embargo, la compañía de el Estado de Lewis Carroll habría inerpuesto una demanda contra la compañía de Walt Disney por infringir el derecho intelectual de la obra de Carroll, publicada en 1865, sin pasar primero por caja, la empresa se habría hundido antes de empezar y ya no habría Mickey Mouse, ni Walt Disney ni, probablemente, más Alicia.
Por suerte para Disney, para Carroll y para nosotros, en aquel entonces el Copyright todavía existía para "promover el Progreso de las Ciencias y de las Artes, asegurando a los autores e inventores el uso restringido de su material durante un tiempo limitado".
Limitado es la palabra clave. Significa que los autores pueden vivir de su trabajo y seguir creando, pero no monopolizarlo de manera que la cultura se atasque. Gracias a esa limitación, Disney consiguió popularizar para siempre una de las obras más maravillosas jamás escritas y afianzar la industria de la animación en tiempos difíciles, cumpliendo su función de alimentar al artista y proteger el desarrollo cultural.
La limitación era de 42 años. Desde entonces, Disney otras compañías del sector han ejercido como grupo de presión para extender esa limitación hasta el infinito, la última vez en el año 2000 con la Sonny Bono Copyright Term Extension Act. Esta extensión, que tuvo lugar cuatro años antes de que la Disney perdiera al ratón, fue rebautizada como la Mickey Mouse Protection Act por los cientos de millones que la compañía invirtió para evitarlo. Como dice el famoso profesor de derecho y fundador de Creative Commons Lawrence Lessig, el copyright se renueva cada vez que Mickey Mouse está a punto de entrar en el dominio público porque Disney no quiere dejar que otros hagan con Mickey lo que hicieron ellos con el legado de los hermanos Grimm.
Quien roba a un ladrón. Lo peor es que, aunque sea irrelevante, es que Mickey Mouse ni siquiera era suyo. Walt Disney, que puso su voz al personaje durante 17 años, contaba que el roedor se le "apareció" en un sueño que tuvo en el tren. Supuestamente, en el sueño se llamaba Mortimer pero, como a su mujer no le gustaba el nombre, se convirtió rápidamente en Mickey y el resto es historia. En otra ocasión se dijo que fue inspirado por un ratón domesticado que jugaba entorno a su mesa de dibujo de Kansas City.
Lo cierto es que Mickey Mouse nació de la mano del dibujante Ub Iwerks para la productora Cinephone, un proyecto que compró la Disney para compensar la pérdida de los derechos de su estrella Oswald, el conejo afortunado, a manos de la Universal. Y, por eso, que hace 50 años habría sido importante y que hoy es sólo un tecnicismo, es posible que Mickey Mouse consiga liberarse de su prisión interminable.
Si no, el ratón seguirá cumpliendo sentencia bajo el yugo de la Disney. Quizá para siempre.
Este articulo, ilustrado, editado y con sus correspondientes enlaces, mañana en ADN.es.

La lección de Pixar demuestra que sería mejor hacer más sitio a la inventiva y cuidar menos los intereses de dinosaurios demasiado propensos a vivir de pasadas glorias. Si idear el futuro consiste en contratar abogados, estás acabado en lo tuyo.
Puesto por sm a las Noviembre 19, 2008 01:27 AM