50 herederos a dedo
LPC en la biblioteca | Agosto 21, 2007
Un buen manifesto necesita generar violencia porque demanda un cambio. Al mismo tiempo, el creador del manifesto necesita carisma, sentido del humor y, por supuesto, ilusión. En los 60, los Situacionistas predecían que todo el mundo sería un artista, mientras que Yves Klein declaraba que el cielo era su mejor obra. "Hay que acabar con los pájaros" -escribió en 1961. Estropeaban su azul.Sin embargo, los manifestos del canon arquitecónico han sido documentos más bien piadosos, exentos de humor. Crimen y Ornamento, de Adolf Loos (1908) se llevó toda la diversión -junto con los elementos decorativos- del edificio, mientras que Hacia una nueva arquitectura (1923) y La Carta de Atenas (1933) de Le Corbusier predicaban la pureza - el orden normalizado sobre el caos. En ambos casos, sus visiones encontraron una realización plena.
En los 70, Aprendiendo de Las Vegas de Venturi Scott Brown y Delirante Nueva York (un manifesto retroactivo) de Rem Koolhaas celebraron los frutos del capitalismo rampante y su contemporaneidad. Pero había una grieta en la forma después de la Visión de Inglaterra del príncipe Carlos (1989), seguida de cerca por Unabomber (1995) y el manifesto Stuckista (1999), que establecía que sólo la pintura era arte. De pronto parecía que los manifestos habían sido apropiados por asesinos o, lo que es todavía peor, reaccionatios. ¡Retarguardistas!
La conclusión final es que, en el siglo XXI, hay tantos manifestos como personas y que, como no les dio tiempo a llamarnos a todos, han pedido a 50 arquitectos que propongan su propio manifesto. Teniendo en cuenta lo disparatado de un manifesto de encargo (igual es un chiste de esos de arquitecto tan posmoderno que no lo cojo), no es de extrañar que lo más emocionante sea la introducción (de la que tan generosamente les he traducido un trozo).
Pero tiene momentos. Pasen y lean.

Pues yo creo que no es una broma, sino algo verdaderamente irónico -un humor negro zaíno- eso de que a los arquitectos haya que encargarles un manifiesto. En un mundo donde todo es mercado y todos somos mercancía, no es de extrañar que eso de hacer cosas "porque sí" no se lleve, y menos en un mundo como el de la arquitectura, que siempre ha trabajado por encargo.
Si a eso le añadimos la aceleración que experimenta ese mundillo, donde con bocetos y renderizaciones uno pasa de ser un desconocido a una estrella, aunque no haya construido nada, no me parece mal que la gente de la revista haya cortado por la tangente.
Lo dicho, el sarcasmo se les ve, pero está muy bien.
Puesto por Antonio Jiménez Morato a las Agosto 21, 2007 12:02 PM