I ♥ Cthulhu: el blog ausente
LPC en cthulhu | Marzo 20, 2007Una adolescencia sin Lovecraft es una adolescencia incompleta. Con dieciséis años creo que leí todos sus relatos, o casi. Y los disfruté. Alguien debería analizar porqué si uno llega por primera vez al genio de Providence convertido en un adulto de tomo y lomo tendrá más difícil arrebatarse en sus abisales horrores. En cambio, y a cambio, si uno disfrutó de sus cuentos antes de cumplir la veintena, nunca volverá a ver el mar en un ocaso tormentoso sin pensar en las pavorosas criaturas que habitan en las profundidades, y sin dejar de percibir la humedad y la brisa marína como algo más que una fragancia de la naturaleza. Es lo que me pasó el año pasado cuando releí La Sombra sobre Insmouth, probablemente su obra maestra.
Otra cosa que me cautivaba de Lovecraft en mi adolescencia (una adolescencia en la que yo era tan gilipollas que ante la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” respondía “escritor”) es ese juego autoreferencial a las dimensiones primigenias dominadas por Chtulhu, esa construcción de un universo compactado a base de partes. Lovecraft no esta tan lejos de Joyce (y seguro que Robert Antón Wilson lo afirmaría feliz) y de Cervantes (y al Necronomicon pongo por testigo aunque eso me condene a la noche de los tiempos) en la conformación de la literatura (pos)moderna, y aún así, y antes que nada, era pulp. Con esa idea del círculo de escritores pajeros formada alrededor de Weird Tales, pasándose cuentos de unos a otros e incluso continuándolos. O gestando conexiones que nos llevan por Arthur Machen, Willian Hope Hogdson, Poe o incluse Jules Verne: recordemos esa extraña e inaudita trilogía que conforman Arturo Gordon Pym, La esfinge de los Hielos y Las Montañas de la Locura.
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Yo de pequeño no quería ser escritor, quería ser Lord Dunsany. Y si no, William Beckford.
Puesto por Ondurman a las Marzo 20, 2007 11:00 PM