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I ♥ Cthulhu: la balada del elefante azul

LPC en cthulhu | Marzo 19, 2007

Javier Moreno envía una reflexión sobre una influencia -hasta ahora oculta- de la obra de lovecraft en la literatura latinoamericana:

En cambio de pensar en los monstruos, pensaba en las espirales que nos llevaban hasta ellos, ese camino previo que había que recorrer antes de iniciar el decenso. Los cuentos de Lovecraft escalaban sobre el horror de espaldas y luego se dejaban caer sobre su lengua como si fuera un tobogán, y era esa escalada de espaldas la que me hacía seguir, la que disfrutaba con morbo mientras veía pasar a mi lado esos pueblos muertos habitados por familias endogámicas donde, tras la regresión hacia el canibalismo de rigor, se gestaban los cultos que permitían invocar convenientemente a los primigenios y entrever las verdaderas fuerzas que regían el universo, un poco como en Cien años de soledad.

Los estudiosos casi siempre nos recuerdan que la obra de García Márquez es heredera de la tradición norteamericana encabezada por Faulkner, pero casi nunca ahondan en los estrechos vínculos que conectan Macondo y Dunwich. Aprovechemos los setenta años que lleva Lovecraft muerto y los ochenta que tiene García Márquez de vivo para revisitar la historia de Macondo y constatar lo familiar que resulta todo dentro del contexto Lovecraftiano:

Por un lado tenemos una familia y un pueblo, por el otro un gitano (¿un árabe loco? ¿ميلكياديس?) que despierta la curiosidad de la familia con sus espectáculos de feria y finalmente los induce a practicar artes arcanas que incluyen pero probablemente no se reducen a la alquimia. No debería sorprendernos que Melquiades, por ejemplo, desde su privilegiada posición como amigo y guía espiritual de la familia, promoviera sutilmente la endogamia en contra de las advertencias de los curas. Al fin y al cabo, podría estar abonando desde entonces el terreno para lo que preveía que ocurriría después. De este gitano macabro no se sabe gran cosa. Sabemos es un viajero, un sabio, alguien que no envejece, nada más. ¿De qué tipo de ser humano estamos hablando? ¿No será justo dudar de la humanidad de Melquiades? El libro nos cuenta la historia de la familia, su lento viaje hacia la miseria. Parafraseando a Howard Philip, no es dificil decir al respecto de los Buendía que «they have come to form a race by themselves, with the well-defined mental and physical stigmata of degeneracy and inbreeding», y mientras este proceso inevitable toma lugar entre guerras, masacres y desgracias, mientras los Buendía, pervertidos por la influencia nefasta de Melquiades, se convierten en una raza en sí misma, nunca perdemos de vista al gitano. Él siempre anda por ahí, yendo y viniendo, asegurándose que todo siga su curso, viene y va, hasta que se pierde y nos anuncian que ha muerto en Singapur, pero luego reaparece, directo de ultratumba, para asentarse en el pueblo para siempre.

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