¡Qué idea más curiosa la de meter al splasher y al comisario en el mismo saco, cuando ocupan posiciones radicalmente distintas en el mundo del arte! Mientras el comisario reproduce viejas dinámicas dentro del sistema -diga lo que diga, lo hace-, al splasher le preocupa que el sistema le absorba, y por eso se expresa tan llamativamente ante los comisarios de exposiciones establecidos y el resto de observadores dejando claro qué es lo que no quiere. Para que nadie confunda la naturaleza auténtica de los grafittis con algo que no es, porque sabe que es fácil confundirla -a veces, mera cuestión de categorías.
Y, para ser más franco, creo que al splasher -con el que gratamente me identifico- le gusta provocar para estudiar las reacciones de quienes, desde el mundo del arte consagrado, contemplen sus acciones con la pintura. Nunca se está seguro de cuándo has establecido una saludable relación de entendimiento cordial que respeta los espacios de cada uno, la naturaleza de cada uno, y cuándo tratan de devorarte. Porque el splasher, lo que él representa, cae bien, y lo sabe. Tiene que hacer verdaderos esfuerzos para que no se lo coman. Y lo sabe.
Es anécdota de segunda mano, así que me vais a disculpar los parafraseos e inexactitudes:
Tuve un profesor de arte que, nos contaba, fué en una ocasión comisario de una exposición de Duchamp (en Alemania, no recuerdo exactamente dónde). Todo eran réplicas porque claro,es lo que hay...él sugirió que al finalizar la exposición podían darle un homenaje al autor pegándole fuego a los trastos.Se reía mucho contándolo,sobre todo cuando llegaba a la parte de las reacciones a semejante sugerencia.Claro, no le dejaron hacerlo al final (lástima).
Por cierto, que algún día me va a tener que explicar alguien porqué es malo que se ponga de moda lo que uno hace y poder ganarse la vida (incluso más que bién) haciendo lo que a uno le gusta.Ya no es por los graffitis, más bién en general.
Allegra, eso depende de si uno quiere poder ganarse la vida con ello. Quizá el "ganarse la vida" conlleva la democratización, la vulgarización -seamos un poco aristócratas- y la mercantilización de aquello que uno hace. Y a lo mejor, hay gente que prefiere que lo que hace no se pueda traducir en euros.
"Burn the museums, wipe your ass with the Mona Lisa, this way, at least God will know your name" (Tyler Durden / Fight Club) de un Space Monkey.
Creo que es de Jean Cocteau:"Si ardiese un museo yo salvaría el fuego".
Ponerse de moda y vivir de eso no está mal. Creo. Lo malo es que normalmente los que se han puesto de moda han sido los que más cómodos le resultaban al mercado, mientras que se han dejado de lado otras muchísimas ideas muy válidas.
En el caso de las propuestas alternativas, peor todavía. Se plantean como alternativa a un status quo. Necesariamente eso pide que después vengan otras propuestas alternativas, que quitarán a esos que se han convertido en el status quo. (los exhippies convertidos en millonarios de California, los rojos que se han hecho "rosa pálido",...). Lógico.
De todos modos, creo también que en el terreno de la cultura, la idea de "contra cultural" viene de una mala interpretación (a mi entender) del término "counterculture". Se entiende que tiene que ir contra el estado de cosas establecido, cuando la idea es que "equilibre" ese estado de cosas.
Porque los tiempos de "barrer al enemigo" para aplicar sólo una manera de entender las cosas son cada vez menos aplicables, solución a la que se tendía antiguamente... Nos hace falta tener cintura para tener alrededor un montón cosas contradictorias.
Un graffiti en un museo es un fraude.
Me quedo con eso, en el fondo creo que es lo que resume todo el asunto. La única razón por la que se puede aceptar la inmensa mayoría del llamado "arte contemporáneo" en un plano superior al de chatarra es precisamente por existir en otro contexto. Desde el momento en que sale de él vuelve a ser chatarra. Por supuesto los Malos saben porque no son tontos que explotar esa debilidad es la mejor forma de anular su significado y su poder, y lo consiguen tomos de tapa dura en las estanterías de la FNAC y problema solucionado.
SebastianDell, yo de la aristocratización me curé en la facultad, al ver que los más "contraculturales" de todos eran los de los pantalones pseudohippies de noventa euros y viajes a new york a cuenta de los papis.Entre otros detalles.
No sé, yo tengo el corazón dividido en estos temas. Por un lado, la gran mayoría de artistas contemporáneos venden puro humo. Por otro,¿no es admirable que sean capaces de salirse con la suya y vivir del cuento, aunque sea la admiración culpable que se siente por los ladrones de guante blanco?
Y sin embargo soy la primera que no duda en criticar el arte inutil, los elitismos y lo que se aleje del "vendo cosas bonitas, ¿me compras una?".Rara que es una.
Lo más indicado para las tentaciones pirómanas es el uso de extintores por vía rectal.
En un documental de graffiti ochentero (Style Wars? Wild Style? los confundo) salía un tipo que se dedicaba a tachar de forma sistemática los graffitis de los demás. Le dieron para el pelo, claro.
A mí me parece bien, pero es que a mí todo el arte actual me parece un fraude, en la calle y en el museo.
Allegra, no puedo estar más de acuerdo contigo (bueno, sí que puedo, pero no es cuestión de ponerse a dar todos los detalles). Al fin y al cabo, el contraculturalismo puede considerarse, excepto casos puntuales, como otra tendencia más. Si hasta Calvin Klein y Tommy Hilfiger tienen ropa "alternativa", por algo será.
El problema de vivir del cuento es que muy a menudo esos cuentos van rodeados de favoritismos y amiguismos políticos en museos y exposiciones que todos pagamos. Aunque a veces, también es verdad, no.
Y en estos casos es donde están los pocos que no suelen ser cosa de humo.
Lo sé, lo sé.Si lo he visto, y me he negado a bailar esa danza en favor de cosas más, ejém, mundanas y materialistas (insertar risas de bote).
Si no digo que no haya gente como la que dices; alguno tiene que haber, por pura estadística.Yo no he conocido a ninguno, pero no niego su existencia.
¿Y no sería mejor quemar a los comisarios de exposiciones?
Corregidme si me equivoco -si es que alguien lee esto todavía-, pero la naturaleza del arte no es mercantil en su concepción más pura. En mi concepción, al menos. Y aunque parezca lo contrario en este mundo capitalista en que vivimos, todavía quedan más artistas de los que creemos que no se venden si creen en lo que hacen. ¿Soy un alma cándida?
Los comisarios son criaturas que forman parte del plan del Señor como las mariquitas y las ladillas. ¿Quién destacaría la evidente profundidad en la textura subyacente del fondo cromático para que alguien respondiera: ¡Exactamente!? ¿Podría vivir yo sin esas escenas?
Sin ir mas lejos el propio Ajuntament de Barcelona está sistemáticamente borrando todos los graffiti de la ciudad con pintura crema. ¿Tal vez “The Splater” trabaja en el consistorio?
Las mariquitas no son parásitas, así que no pueden ir en el mismo saco. Pero, en fin, habrá que seguir tolerando comisarios para solaz de su Señoría A.Q.D.G.
Advertencia para la audiencia infantil: 1) Para evitar denuncias por maltrato algunos de los comisarios a introducir en el saco de las ladillas debe tener sangre en las venas. 2) Nunca debemos perder el amor por los animalitos ni el miedo a Ondurman.
Para volver al tema, yo diría que el splasher ni es un comisario, ni es un parásito, ni le teme al lobo feroz por muchas críticas que reciba. Y añado que le encanta ser el centro de atención por dar la nota y estar todos comentándole.
q sean tres los q proponen eso, no podria estar mas de acuerdo.
A mí tampoco me gusta Pollock redivivo. Pero lo que importa es lo que señala La Señorita. Sería bonito que esto desencadenara en una guerra de patentes eterna, una oda al bucle infinito.
A los delegados del Santo Oficio se les llamaba comisarios. La palabra viene del latín: cometer. Los que buscan una conexión con el tercer grado sólo lo hacen por mala idea.
Hay personas y plazas a las que merece la pena conectarse con mala, buena o regular idea; estarán de acuerdo conmigo. Pollock redivivo no es un santo, pero tampoco es un demonio. Y entre ambos, el beneficio de la duda. Aunque sólo fuese para evitar bucles sin fin, por hermosos que fueran.
No. Nuestro abyecto plan es de orden superior: digitalizar las obras maestras y destruir los originales.
El destino reservado a los comisarios es cosa aparte.
Mi intención al hablar aquí, en su momento, intentando colar duros por pesetas, era bienintencionada buscando lo evidente, y así fue entendida en su momento por casi todos. Y alguien tiene que explicarme, algún día, por qué es malo ser creído, que se ponga de moda lo que uno hace y poder ganarse la vida haciendo lo que a uno le gusta. No entiendo qué ha cambiado desde entonces.
Alguna vez escuché que el graffitti es la imprenta del pobre.
Algunas joyitas trilladísimas:
"La masturbación causa pérdida de la memoria, y otras cosas que no recuerdo." -Lima, Perú
"Democracia: cuántos muros pinto en tu nombre." -San Juan, Puerto Rico
Alguna vez escuché que el graffitti es la imprenta del pobre.
Algunas joyitas trilladísimas:
"La masturbación causa pérdida de la memoria, y otras cosas que no recuerdo." -Lima, Perú
"Democracia: cuántos muros pinto en tu nombre." -San Juan, Puerto Rico
La contracultura es un negocio, el negocio de la contracultura.
un hecho irrefutable es que el arte es una industria. me refiero al arte legitimado por las estructuras interdependientes de los medios, de la economía, de la paralela industria cultural.
no viven del cuento: ocupan un lugar específico en la industria, y han tenido que "opositar" para ello: concursos, bienales, residencias de artistas o de curadores, masters en qué sé yo, exposiciones individuales y colectivas y mucha mucha mucha suerte.
la coca cola es uno de los productos más vendidos en el mundo. y, en realidad, no se trata nada más que de agua con burbujas, mucha azúcar y polvitos de sabor y colores. pero es un producto que genera increíbles beneficios a quienes lo fabrican y distribuyen.
el arte siempre tuvo un mercado, que ahora, como casi todo en este siglo, se ha maximizado.
ya no hay mercado del arte. hay industria del arte.
y las reglas son otras. nada de vivir del cuento. hay que trabajar duro para que te den un puesto en esta fábrica.
|
¡Qué idea más curiosa la de meter al splasher y al comisario en el mismo saco, cuando ocupan posiciones radicalmente distintas en el mundo del arte! Mientras el comisario reproduce viejas dinámicas dentro del sistema -diga lo que diga, lo hace-, al splasher le preocupa que el sistema le absorba, y por eso se expresa tan llamativamente ante los comisarios de exposiciones establecidos y el resto de observadores dejando claro qué es lo que no quiere. Para que nadie confunda la naturaleza auténtica de los grafittis con algo que no es, porque sabe que es fácil confundirla -a veces, mera cuestión de categorías.
Y, para ser más franco, creo que al splasher -con el que gratamente me identifico- le gusta provocar para estudiar las reacciones de quienes, desde el mundo del arte consagrado, contemplen sus acciones con la pintura. Nunca se está seguro de cuándo has establecido una saludable relación de entendimiento cordial que respeta los espacios de cada uno, la naturaleza de cada uno, y cuándo tratan de devorarte. Porque el splasher, lo que él representa, cae bien, y lo sabe. Tiene que hacer verdaderos esfuerzos para que no se lo coman. Y lo sabe.
Puesto por Dri a las Marzo 2, 2007 05:31 AM