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espías como nosotros

LPC en Reflexiones | Febrero 05, 2007

modesty.gifHasta hace poco, cuando conocía a alguien interesante, me entregaba furiosamente a mi afición favorita: escribir. Mi diario era un laboratorio en constante ebullición: allí acumulaba anécdotas, detalles, citas, aficiones, tics y toda la información que me pareciera relevante sobre el objeto de mi entusiasmo hasta construir algo parecido a una personalidad que yo pudiera analizar, predecir y, de una manera retorcida y autista, disfrutar sin ser molestada. Desde mi punto de vista, el proceso era impecable: había tablas comparativas, nubes de categorías, árboles genealógicos de conocidos comunes, conjuntos y semiconjuntos que establecían relaciones en su contexto temporal y social. En algún momento de mi vida, alguien señaló que mi manera de relacionarme con la gente que me gustaba era convertirlos en un personaje ficticio para poder prescindir del original. No sólo tenía razón. Hojeando algunos de esos cuadernos antes de meterlos en cajas cuando me fuí de Madrid, me di cuenta de que el parecido entre el personaje y su original era prácticamente inexistente.

Hoy, por supuesto, está Google. Cuando conozco a alguien interesante en una fiesta, cena o conferencia, me voy a casa y peino la Red con dedicación patológica hasta encontrar el último chicle que haya quedado pegado bajo la esquina mugrienta de una mesa perdida en el rincón oscuro de un bar de carretera en el que nadie recuerda haber estado. No hay foto, colectivo, festival, fanzine, seudónimo, cuenta de flickr, comentario o grupo maquetero que escape a mi radar. Mi peine es muy fino. Si un día me conocen en una fiesta y me seducen con su animada, inteligente e inspiradora conversación, sepan que antes de que llegue el lunes les conoceré mejor que su propia madre.

Las ventajas son claras. Hace unos años, nuestro acceso a información sobre un fascinante recién llegado estaba limitada al ememento en cuestión y a nuestros puntos de contacto con él (el anfitrión de la fiesta, la organización del evento, la hermana de un amigo...). Y nuestros puntos de contacto son jodidos, se cobran la información con sangre. Preguntar casualmente a alguien por un tercero que has conocido en su mesa es el principio de una larga lista de humillaciones que incluyen una animada discusión acerca de nuestras vicisitudes sentimentales, la ristra de ex, el suculento anecdotario de un pasado de insconsciencia carnal y todo para qué, para saber lo que ellos saben que, normalmente, es muy poco. La investigación pública está necesariamente paralizada por el pudor social y el instinto de supervivencia. Google nos da la oportunidad de recibir información de fuentes que nos son felizmente ajenas y seguir todas las pistas intrépidamente, sin que nadie nos pregunte nada. Sin que nos toqueteen.

Pero no todo son ventajas. Como explicaba Malcolm Gladwell hace unas semanas, la cantidad inabarcable de datos que produce la Red ya no exige investigación sino un proceso que requiere mucho tiempo, mucho esfuerzo, conocimiento y capacidad crítica, no sólo con la información sino con uno mismo. La mentira estadística de que, a más información, más posiblidad de acierto es más mentira que nunca, porque la naturaleza misma de la información que buscamos es mucho más compleja que eso. Cada nuevo dato modifica en mayor o menor medida el peso de los anteriores, transformando o desestabilizando nuestro objeto de interés de maneras impredecibles. Hay que saber detectar los campos de distorsión de la realidad y hacer los ajustes pertinentes. Es trabajo de profesionales.

Además, la búsqueda misma sufre de una enfermedad inevitable. Cuando el objeto de mi pasión es académico, la información más relevante -la que tiene más poder de modificación sobre el resto- son las conexiones inesperadas y las contradicciones injustificables. Si es artístico, me interesa la complejidad de su evolución a lo largo del tiempo. Si es amistoso, el proceso es más amable, más suave, y tiene que ver con la ilusión de encontrar lugares comunes con el objeto de mi atención, proyectos compatibles y objetivos paralelos. Las contradicciones cuentan menos, los aciertos, más. Si hay lujuria, la finalidad es incierta y el proceso es compulsivo, una bulimia nerviosa de información que es como un hambre de besos, de arañazos y de habitaciones de hotel destrozadas.

Ayer me preguntaba hasta qué punto google es más fiable que mi diario como laboratorio de información. Yo creo que no mucho, pero el viaje es tan emocionante que me da completamente igual.



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Que gran verdad, uno de los "defectos" de internet es que todos vamos dejando nuestras huellas. Me has recordado a la novela "La voz de los muertos" donde Ender se dedicaba a indagar todo lo posible sobre los fallecidos para conocerlos mejor y quizás darle sentido a esa vida que se acababa de ir.

De todas formas, imagino que de momento solo practicas tu afición con los vivos.. ;-).

Tampoco olvides que el indagador puede ser indagado :-)


Puesto por Pontifex a las Febrero 5, 2007 07:38 PM

Una mayor proporción de mentiras conduce irremediablemente a un acercamiento a la supuesta verdad.

Si es que hay realmente diferencias entre la mentira subjetiva y la verdad objetiva.

Por si acaso. Aunque firme la tontería. No te molestes. No vale la pena.


Puesto por ese a las Febrero 5, 2007 08:01 PM

Mmmmh... ¿Y toda esa gente que no sale en internet? Unos misteriosos...


Puesto por marta marmota a las Febrero 5, 2007 08:45 PM

Porque existen.


Puesto por marta marmota a las Febrero 5, 2007 08:45 PM

no


Puesto por ellosnoexisten a las Febrero 6, 2007 01:28 AM

Entonces, esos desconocidos y atractivos seres que lo son desde su propio misterio, se convierten en personajes cercanos para tí, mientras tú -a no ser que compartan contigo sus aficiones, y no precisamente por los libros descatalogados- eres un personaje lejano para ellos.
Cerca-lejos.
Una manera complicada de empezar...


Puesto por investigadora a las Febrero 6, 2007 06:26 AM

el problema es que ahora eso también lo hacen las empresas cuando buscas curro...


Puesto por mosca cojonera a las Febrero 6, 2007 11:47 AM

Marta... ¿Modesty Blaise?


Puesto por Sebastian Dell a las Febrero 6, 2007 12:53 PM

sick sick sick


Puesto por freudorsito a las Febrero 6, 2007 06:22 PM

Qué gracia, yo también hago lo mismo...


Puesto por Neikos a las Febrero 6, 2007 08:07 PM

Vaya. Toda la vida tanteando reacciones con juegos conversacionales para juzgar su carácter, indagando experiencias pasadas con preguntas del tipo "alguna vez has hecho/te ha pasado que", sacando a relucir temas inesperadamente para ver puntos de encuentro y desacuerdo, y buscando posibles emociones/debilidades/sueños/miedos mirando a los ojos, cuando resulta que no hacía falta tanto esfuerzo y basta con hacer click para saber quién es una persona. Anotado para la próxima.
En resumen, yo diría que no; Google no es muy fiable como laboratorio de información. Tampoco un diario. Y no estoy siendo malo deliberadamente, es que veo con claridad que toda información no obtenida mediante interacción (sí, bidireccional) es ilegal y no tiene validez ante un jurado, entre otras cosas porque todo lo que aprendamos de forma tan sigilosa se ajustará a un esquema previo en nuestras cabezas sobre lo que deseemos/supongamos que la otra persona sea.
Por cierto, creo que las obsesiones se construyen a solas reconsiderando una y otra vez lo poco que sepamos con certeza de alguien, pero también rellenando espacios en blanco con pruebas ilegales e invenciones oníricas. Y quizá también los sentimientos, o cierta clase de ellos. Sugiero cautela.


Puesto por Dri a las Febrero 6, 2007 11:14 PM

Tu blog es increible, interesante... pero este artículo es preocupante. ¿No crees que no es muy sano hacer eso?


Puesto por Bellum Internecinum a las Febrero 12, 2007 12:45 PM