pero plagiar es otra cosa
LPC en Reflexiones | Enero 10, 2007A las sociedades que viven del trabajo de otros les interesa que la diferencia entre el plagio y todo lo que no lo es (homenaje, cita, remezcla, referencia, derivado, paralelismo, inspiración, etc) sean cada vez más pequeñas. Afortunadamente, llevan las de perder: un plagio es lo que pasa cuando alguien coge un trabajo que no es suyo y lo firma con su nombre, y todo lo demás es todo lo demás.
Dos casos diferentes, pero iguales. Hace 27 años, Jacob Epstein copió y pegó 53 párrafos de Martin Amis en su primera novela "Wild Oats" y la firmó con su nombre. Hace un año, Ian McEwan tomó dos párrafos de las memorias de Lucilla Andrews y los añadió a su propia novela con unos ligeros retoques. McEwan incluyó una nota al final citando a Andrews como inspiración y ha reconocido su deuda con la escritora en entrevistas y lecturas públicas; Jacob Epstein no dijo nada. A pesar de las diferencias, en el tono y en la forma, los dos usaron el trabajo de otra persona y lo firmaron con su nombre. Los dos plagiaron. Y ya está.
Epstein y McEwan son culpables del mismo crimen. Sin embargo, Epstein fué excomulgado por la comunidad de escritores mientras que McEwan está siendo defendido fervientemente por un puñado de grandes firmas que incluye, irónicamente, al propio Martin Amis. Thomas Keneally llegó a decir que McEwan no había plagiado porque la ficción de depende de cierto valor añadido al material original y McEwan ha añadido un valor. Pero la diferencia entre el plagio y la copia no es moral sino literal. "La casa de los espíritus" de Isabel Allende es una copia de "Cien años de Soledad" pero no es un plagio, porque la copia no es literal. Los dos párrafos de Ian McEwan, sí.
Las excepciones. McEwan se ha defendido diciendo que la escena plagiada describe un proceso muy específico y que la descripción de dicho proceso deja poco márgen de maniobra. Este es un problema habitual en contextos científicos y técnicos como, por ejemplo, la programación. Cuando un programador escribe un bloque de código está creando una receta para conseguir un resultado concreto. Hay un número limitado de caminos para llegar al mismo sitio, algunos más rápidos y elegantes que otros. Dicen que el código perfecto es aquel al que no se le puede añadir ni quitar nada. Si consideramos la naturaleza misma de los lenguajes de programación, cuanto más perfecto sea ese código, más posiblidades hay de que otro programador con el mismo propósito y el mismo talento llegue a la misma conclusión. Esto no se considera un robo, salvo que la longitud de la coincidencia sea estadísticamente inverosímil. En la literatura y en el arte, ese tipo de coincidencia es prácticamente imposible. Puede que un mono inmortal tecleando infinitamente una máquina de escribir acabe firmando un HAmlet pero, de momento, no se sabe de ningún escritor que tenga tanto tiempo.
El problema se habría resuelto de manera sencilla en una nota a pie de página con la referencia correspondiente. Y McEwan no lo hizo, por eso plagió. A algunas sociedades les interesa que la distinción sea difícil para desarticular nuestros esfuerzos por liberar la cultura de sus codiciosas manos pero no lo es. Cuando defendemos el derecho a utilizar, remezclar y distribuir material ajeno, no defendemos el derecho a hacerlo ignorando al autor original. ¡Ya le gustaría a la SGAE que tuviéramos tanto morro! Lo que defendemos es el derecho a hacer uso de nuestra propia cultura, de nuestra propia lengua, en nuestros propios términos como lo han hecho todos los grandes novelistas, filósofos, científicos y artistas a lo largo de la historia.
El mito del genio y el copyright. Otra cosa es que la pretensión de originalidad sea una ilusión vanidosa y moderna, fomentada por tres industrias con intereses egoístas: la del arte, la del entretenimiento y la editorial. El genio -a ser posible atormentado, indigente o al menos un poco excéntrico- es mucho más publicitario que el esfuerzo de una vida.
Cuando presentó su relación E=mc2 en la revista Annalen der Physik en 1905, Einstein había usado de manera literal el Principio de Relatividad de Poincaré (1904) y se calló como una puta hasta 1955, cuando un historiador llamado Whittaker le puso en evidencia. Poincaré, por su parte, basó gran parte de su trabajo en el de Hendrick Lorentz, a quien atribuyó generosamente la paternidad de sus conclusiones. El trabajo derivativo es la arquitectura fundamental del desarrollo científico, y basarse en el trabajo de otros no es ningún desmérito. Pero Einstein presentó ideas ajenas como si fueran propias y Poincaré hizo referencia a ideas ajenas para llegar a conclusiones propias. La diferencia sigue estando clara.
Un "iluminado" siempre tendrá más glamour que un laboratorio de veinte personas trabajando noche y día en una institución. Es como si tuviera más mérito que la verdad te pegue en el ojo en un momento de inspiración divina a que sea la culminación de cuarenta años de trabajos forzados. Irónicamente, esto nos llevaría de vuelta a Platón. Pero, si las ideas están por ahí sueltas hasta que alguien llega y las identifica, ¿podemos hablar de autor?
Algo prestado, el artículo de Malcolm Gladwell que recomiendo con tanta frecuencia, lo explica muchas veces mejor que yo:
When I read the original reviews of "Frozen," I noticed that time and again critics would use, without attribution, some version of the sentence "The difference between a crime of evil and a crime of illness is the difference between a sin and a symptom." That's my phrase, of course. I wrote it. Lavery borrowed it from me, and now the critics were borrowing it from her. The plagiarist was being plagiarized. In this case, there is no "art" defense: nothing new was being done with that line. And this was not "news." Yet do I really own "sins and symptoms"? There is a quote by Gandhi, it turns out, using the same two words, and I'm sure that if I were to plow through the body of English literature I would find the path littered with crimes of evil and crimes of illness. The central fact about the "Phantom" case is that Ray Repp, if he was borrowing from Andrew Lloyd Webber, certainly didn't realize it, and Andrew Lloyd Webber didn't realize that he was borrowing from himself. Creative property, Lessig reminds us, has many lives—the newspaper arrives at our door, it becomes part of the archive of human knowledge, then it wraps fish. And, by the time ideas pass into their third and fourth lives, we lose track of where they came from, and we lose control of where they are going. The final dishonesty of the plagiarism fundamentalists is to encourage us to pretend that these chains of influence and evolution do not exist, and that a writer's words have a virgin birth and an eternal life. I suppose that I could get upset about what happened to my words. I could also simply acknowledge that I had a good, long ride with that line—and let it go.
nota. Me recuerda Julian que sí hay un contexto en el que sí se puede usar el trabajo ajeno sin referencia pero sin plagiar: la sátira.
La palabra "sátira" viene del latín "satura", que significa "plato lleno" o "mezcla". A veces, la sátira es una copia literal sacada de contexto para destacar sus elementos ridículos o enojosos. Aunque utiliza una obra ajena sin mencionar al autor, no es un plagio porque el autor original está implícito en la copia, hasta el punto de que sólo tiene sentido cuando el lector o la audiencia es capaz de identificarlo. Por eso la ley reconoce la sátira como una excepción al copyright y el plagio sigue siendo ilegal y vergonzoso.
MAS: Plagiarize, Plagiarize, Plagiarize... | El escándalo Kaavya Viswanathan/Opal Mehta en el Harvard Independent (I, II y III) | Dead Plagiarists Society (Google Book Search is a plagiarist's nightmare) + Girl Interrupted (How Kaavya “Wrote” Opal Mehta, Got into Harvard, and Got into Trouble)

Para mí lo de McEwan es una decepción (sólo en parte, porque mi parte favorita de Expiación es la primera, en la que se desencadena la tragedia; el resto me parece que no mantiene el nivel literario sobresaliente de ese arranque) y una vergüenza. Si lo copia, que lo diga. Punto. Si no es capaz de redactar de otra forma unos hechos, por muy descriptivos que sean y muy específicos, no merece ser llamado escritor.
Puesto por David a las Enero 10, 2007 10:48 AM