diario de una heterosexual a la que le gustan las mujeres (II): amazonas
LPC en mis articulos | Diciembre 11, 2006
Cuando en 1992 los espectadores de la MTV eligieron a Linda Hamilton como la mujer más sexy del planeta, a mi amiga Pía se le salían las amígdalas de la boca. Sus palabras fueron (y cito textualmente): ¡¡¡Perosiesunmarimacho Porlosclavosdecristo!!! (y fin de la cita). Secretamente, sin embargo, yo les dí la razón: ninguna sirena de largas pestañas puede competir con una Mujer Que Tiene Su Propio Arsenal. ¿Por veinticinco pesetas cada una? Linda Hamilton.
La leyenda dice que las amazonas se cercenaban un pecho para tirar mejor con el arco. Aunque ningún texto clásico lo confirme, dicha leyenda ha sobrevivido a otras de gusto más dudoso, como su costumbre de hacer prisioneros, repartirlos para la cópula y después desmembrarlos para dar de comer a sus perros, a los que querían con devoción. Como Hitler. Mientras mujeres quizá más bellas se ponen pecho sobre el que ya tienen para hechizar a magnates y futbolistas de primera división, las amazonas nos parecen aún más hermosas porque, entre la guerra y la teta, han elegido la guerra. De una manera enfermiza y equívoca, eso pone mucho más.
Amazonas urbanas, alabado sea el señor. Su descendiente moderno y urbano, la Mujer que Tiene Su Propio Arsenal, es peligrosa pero no chunga, como la chiflada autodestructiva que te mete en una pelea de bar y luego se queda detrás de la barra mirando cómo te dan. Sabe defenderse sola, es poco probable que nos llame a gritos desde el armario porque ha visto una araña. Si se la pegas con otra no llorará después de follar ni empezará un curso de cerámica a domicilio; te romperá la mandíbula y ya está. Una mujer capaz de manejar un aka47 o pilotar un bombardero tiene poco tiempo para el chantaje emocional. Pero, sobre todo, nos gusta por puro sentido común: es como salir con tu mejor amigo y que, al final de la noche, se transforme por arte de magia en una diosa del sexo. No se le puede pedir más a la vida.
Dicho esto quiero aclarar que lo de Linda Hamilton es sólo una anécdota. El 92 fue un año difícil para los espectadores de la MTV, pero hay un antes y después de Angelina Jolie. No es sólo Tomb Raider. Angelina no es una de esas famosas que tiene un jet privado y una casa en Malibú; ella pilota su propio avión y lo aparca en una selva de Namibia donde tiene su casa de vacaciones en medio de la jungla. A la bella Angelina deberían darle sólo papeles de acción: se mueve como una araña, trepa como un mono y, cuando se enamora del malo, se da cuenta enseguida y le rebana la yugular sin demasiada pena. Con franqueza, no creo que Brad Pitt esté a la altura. Hasta en Mr y Mrs Smith -pelicula que a mi, por cierto, me gustó- queda bien claro hasta qué punto no lo está.
Lo que no puede ser. A la mujer guerrera no le van los dramas y, cuando los hay, se los cura bebiendo tequila con un grupo de mercenarios. Para desenmascarar a una amazona de pega basta con decirle que su novio ha estado vendiendo secretos militares a una compañía de patentes en Corea del Norte o que ha sido elegido por una negra hippy para salvar el planeta. Kate Beckinsale no sólo lloriquea por un humano de mierda sino que además lanza las balas como si fueran polvos mágicos en una función escolar. Las tres Nikitas, psicópatas de diseño, se la pasan haciendo pucheros delante de su jefe y dejando el azote del crimen para marcharse con un holgazán. Y no me hagan empezar con la Trinity, con su cara de mal rollo y venga dale que te pego con el puto Oráculo. Eso es dime de qué presumes y te diré que te vuelvas al pueblo de donde nunca debiste salir. Menudo ejemplo le dan a las niñas.
En los últimos años, el cine ha producido unas cuantas amazonas inesperadas, como el asombroso caso de Milla Jovovich (Resident Evil, 2002) que se pasa hora y media matando zombies, maridos y esquivando trampas mortales con el camisón de saten rojo más sexy que haya visto una sábana. O Monica Bellucci en Doberman (1997), donde es gitana, sordomuda y se mueve por entre las balas como el coronel Kilgore en Apocalypse Now, con el demonio en el cuerpo. Hay una guerrera sin escrúpulos ni entrañas en el extraño y excitante experimento Battelle Royale pero a esa le dedicaremos más tiempo más adelante.
Mirando hacia atrás, la única amazona que se me antoja comparable a Angelina, aunque sea solo por un instante maravilloso, surge de un traje espacial con una breve camiseta blanca y unas más breves braguitas de talle bajo, minúsculas, después de perseguir a muerte a un villano perfecto que ya no se sabe si se la quiere comer o se la quiere follar. No se sabe si no te has visto la cuarta entrega, claro. Sólo por ese momento alguien como Sigourney Weaver puede compararse a la incomparable Angelina Jolie. Después de semejante hazaña, yo no habría hecho ninguna secuela. Me habría retirado y ya.
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En episodios anteriores. Diario de una heterosexual a la que (brlbrl) (I)

intersante pensar el er arco silvando junto a un seno turgente.
Puesto por gonzalo a las Diciembre 11, 2006 03:38 AM