muérdeme
LPC en la biblioteca | Diciembre 08, 2006
Nos provocan rechazo porque son el fruto insólito de una dentellada o de una cópula bestial, porque son híbridos antinaturales, compuestos informes; pero sobre todo porque su apariencia extraña, inaudita, parece revelar la perversidad de su alma menoscabada, sin interlocutor. ¿A qué se debe su ferocidad lunática, esa ferocidad que, por ser hombre, es maldad? El licántropo es un humano monstruoso, desamparado, sin identidad definida ni estable, un humano que experimenta una metamorfosis con la Luna llena, un ser que da aullidos de soledad y que mata provocando dolor gratuito. Es la suya una doble naturaleza, mitad hombre, mitad bestia, y eso, esa aleación incongruente, nos repugna, pues atenta contra el buen sentido y el orden natural, contra la sensatez y la estabilidad previsible de las cosas. El género de terror hizo suyo este miedo ancestral al híbrido, al monstruo, a la metamorfosis, porque ese cambio de naturaleza explicaría los instintos más dañinos, la propensión a infligir mal que anida en nuestra alma. Pulsión de muerte, la llamó Freud.
Justo Serna (gracias Marcos y Alberto :-) aprovecha La noche del lobo (Javier Tomeo, Anagrama) para reflexionar sobre la naturaleza licántropa y el terror de lo mutable. Un post muy bonito, aunque se le olvida lo fundamental, posiblemente (y no lo digo por mal) porque Justo no es señorita. Si lo fuera, sabría que el lobo visita siempre de noche y que, aunque es la naturaleza del hombre el darle caza, la nuestra es abrirle la puerta de atrás.

Gracias, Marta, pero no fui yo sino Alberto Haj-Saleh el que seleccionó ese artículo; al César lo que es del César.
Por otro lado, preciosa introducción la tuya.
Saludos.
Puesto por Marcos a las Diciembre 8, 2006 07:26 PM