JAmes Elroy: retrato de una obsesión
LPC en la biblioteca | Septiembre 06, 2006
El cine -dice James Ellroy- impregna la cultura mucho más inmediata y largamente que los libros. Los dos estrenos estrella de la temporada, Marie Antoinette y La Dalia Negra han aparecido como las tropas de Anibal, haciendo estragos semanas antes de llegar. Las más afectadas, al menos hasta el momento, han sido las pasarelas y la industria editorial.
Por los vídeos ya se entiende que Sofia Coppola va a hacer de Maria Antonieta una especia de Sisí al revés, de James Dean con peluca y que vamos a estar encantados porque vivió intensamente, llevó unos zapatos de fábula y su cabeza rodó como dios manda, en la flor divina de su juventud. La industria textil de copete encantados de la muerte porque les da la excusa para ponerse moñas con los lazos y los entrebajos de veinte capas. No trascenderá a su estreno, como el flequillo peek a boo de Verónica Lake que fue prohibido en las fábricas textiles para evitar sangrientos accidentes laborales o la chaquetita de lana de toda la vida que hoy se llama Rebeca por un equívoco en honor a Alfred Hitchcock. Pero será bonito mientras dure, que ya es.
Para las editoriales, es otro chollo: ya se han reeditado todas las biografías, rosas, azules y verdes de la Marie Antoinette y de su astuta rival Madame du Barry y lo que te rondaré morena. La necrofilia aristocrática desentierra a las viejas glorias de la biografía rosa-feminista y el género epistolar para que podamos regalar a las tías estas navidades. Para James Ellroy, sin embargo, que la Dalia Negra se convierta por fin en una estrella del celuloide significa mucho, mucho más.
A post-war Mona Lisa, an L.A. quintessential
Decía Thurston Moore hace ya muchos años que la diferencia entre una adicción y una obsesión es que las dos ocupan mucho espacio en tu cabeza, pero que la adicción no te deja hacer nada mientras que la obsesión no te deja parar. Es verdad que la obsesión no siempre te empuja a hacer cosas loables, como crear una molécula capaz de convencer a las células cancerígenas para que se suiciden (sic) o reconstruir un dinosaurio para ver qué talla tiene, pero es lo único que hace que la vida merezca la pena. Todos estamos obsesionados con algo y, si no lo estamos, es que ya estamos muertos. En el caso de James Ellroy, como en el de Truman Capote o de Tennessee Williams, la gran obsesión de su vida fue la madre que le parió.
Pero todo esto lo explica de manera ejemplar en un ensayo que será la antesala de la reedición del libro y está publicado íntegro en el siempre maravilloso Virginia Quaterly Review.
MAS: Biblioteca del crimen: the black Dahlia | Trailer de la película | Black Dahlia Confidential: entrevista al autor | repaso foto a foto del caso sin resolver | archivos de la investigación en el FBI
Extra: las fotos del estreno en el festival de Venecia. Las pongo porque Scarlett Johansson le hace sombra a Mia Kirshner. No se puede decir más.

Tiene muy abierta la biblioteca usted y eso me hace decir "bravo" de forma bastante babosilla e intermitente.
Varios pluses a su ellroyana del día: tubos (http://www.youtube.com/watch?v=bOOaATNCw8Y&mode=related&search=) de un documental dedicado a él Demon Dog of American Fiction y una pieza suya "Mis morbos más raros" publicada en Página/12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1462-2004-06-12.html)
¡Un saludo!
Puesto por Alvy Singer a las Septiembre 6, 2006 07:28 PM