y tú, ¿qué clase de libro eres?
LPC en Reflexiones | Agosto 02, 2006
Lo normal, por supuesto, es juzgar el libro por la cubierta. Hay quien lo hace con talento; hace años conocí a alguien que se compraba libros según le cayera la foto del autor. Con esa táctica se llevó a la cama (a la mesilla de la cama) a la canadiense Elizabeth Smart a quien, si hubiera tenido que juzgar por el espantoso nombre de su única novela, jamás habríamos conocido, ni él ni yo. Pero lo que dicen en el Guardian es que todos juzgamos al portador por el libro. Y que, en una secuencia que es pura lógica de enunciados, se llega antes a la alcoba llevando el libro apropiado que los 35 cm de John Holmes.
Claro, el libro apropiado. Uno pensaría que, en estos tiempos que corren, demostrar que sabes leer ya te sube unos cuatro puntos pero me dicen que es porque hace mucho que no voy en metro. Según los ingleses el libro apropiado es: clásicos, biografías y ficción literaria moderna. Erótica, horror, autoayuda y chick-lit, no. La Chick-lit, por si no lo saben, es un género que se popularizó con El Diario de Bridget Jones y cuyo último best-seller es The Devil Wears Prada. Si quieren profundizar, en la revista Print han hecho un esquema.
El maquetador del Guardian dice que le ponen las que leen a Elizabeth Bishop pero que no sé no sé y que tiene debilidad por las lectoras de Elmore Leonard, Gabriel Garcia Marquez y el Inferno de Dante (?). También dice que huye de Dinero, de Martin Amis y de cualquier cosa de DH Lawrence. Y, a lo tonto a lo tonto, es un tema interesante porque yo me pongo a pensarlo y enseguida caigo en una inesperada contradicción. Por ejemplo, aunque me apasionan Sylvia Plath y Camille Paglia, he comprobado que discutir con sus fans es como echarse lejía en los ojos y me ponen entre dos y menos cuatro los coleccionistas de superhéroes. (No sé cuánto me costaría analizar esta aversión profesionalmente, ¿algún médico en la sala?) Pero sé que un manual de matemáticas, cualquier obra de Tennessee Williams o cualquier presocrático despierta inmediatamente mi interés. Y me lanzo sobre cualquiera que tenga la Alicia editada por Martin Gardner. Esto, que lo sepan, no ha pasado una vez sino dos. Dos. Con resultados muy desiguales.
Curiosamente, me resulta mucho más fácil juzgar por ordenadores. Sólo tengo aversión a toda la gama de Apple incluído el iPod, y los Acers, HPs y el 90% de los Sony me dan bastante igual, pero se me van los ojos como perras en celo detrás de cualquiera que tenga un Thinkpad. El TP es como la Alicia en el Pais de las Maravillas de los ordenadores. Si es un T42p puede pasar que me fije más en la máquina que en el dueño, pero si dicho TP lleva Debian con WMII es como si me enchufaran un intravenoso con una mezcla de éxtasis, cachondina y mula de Moscú. Soy un ángel del amor. Y vuelo.

Desde que editaron la Alicia de Gardner en nuestro bello idioma, créame, ha dejado de ser un motivo decente para encapricharse con alguien. Lo descubrí hace un tiempo, cuando me encapriché de alguien que no debía solo por esto, y yo qué se, cámbielo a La Edición Original De La Alicia De Gardner, o a cualquier otra cosa más interesante.
Yo tengo debilidad por las hembras que leen Trigger Happy, el libro. Una vez me enamoré fugazmente de una criatura de, lo juro, no más de veinte años que comenzó a echarle un vistazo, asintiendo sonoramente.
Puesto por Tones a las Agosto 2, 2006 09:13 PM