¡¡feliz Nadia Comăneci!!
LPC en la biblioteca | Julio 19, 2006
Me recuerda Jesús que hace hoy 30 años que una diminuta rumana de 14 años se convirtió en la mejor ginmnasta de la historia cuando consiguió el primer diez [perrrrrfect, A++, teeeen pua!] olímpico en las barras paralelas. Llegó a conseguir otros seis, pero aquel fué el primer 10 olímpico de la historia. Tanto era la primera vez que la calificación que dió la máquina no fue 10 sino 1.00: el sistema sólo estaba programado para un entero y un decimal. Como dijo Anca Grigoras, colega de Nadia en la selección, no estaba preparado para la perfección.
No fué la única anécdota de aquel año. Como ocurre en la vida misma que tanto más bella resulta al juntar lo sublime con lo trágico, al triunfante con el patán, en la puerta de al lado el japonés Shun Fujimoto se rompió la pierna calentando el piso y se dislocó el hombro al salir de los anillos y todo se lo pasó callado como una puta porque no se quería retirar de la competición.
La historia de Nadia Comăneci después de Montreal es la de una estrella del rock a medio camino entre James Bond y Top Secret: se come con patatas al resto de las gimnastas del mundo, dos años más tarde le viene la regla, se le pone el cuerpo del revés y se cae de las asimétricas, quedando cuarta en el Campeonato del Mundo de Gimnasia de 1978. Un año más tarde, delgadita y victoriosa, gana todos los títulos europeos del año hasta el 9.95 del Campeonato del Mundo en diciembre, donde participó con una muñeca gangrenada, recién salida del hospital. Se retiró de la alta competición al año siguiente tras las olimpiadas de Moscú (las de Misha), donde la bajó del oro la rusa Yelena Davidova. Fué entrenadora de la federación rumana durante la década siguiente y acabó fugándose a los Estados Unidos a la manera romántica de las películas de la Guerra Fría. Allí se casó, procreó y todos comieron perdices hasta el día de hoy.
De sus últimas olimpiadas ya me acuerdo yo, aunque tenía cinco años. Mi padre lloró con ella, como el resto del mundo, y yo lloré con él, aunque probablemente estuviera un poco confusa. Nos queda pues, el tubo, a rebosar de videos para la nostalgia. El anuncio de Adidas - Impossible is Nothing- es una repetición de la secuencia perfecta de Nadia en Montreal.
Ya lo habeis roto. Pues no funciona el tubo (¿les pasa también a ustedes que el altavoz no va?) así que tendrán que contentarse con mirar a la Comaneci en un estadio mudo. Imaginen que es de pura admiración y esperen tiempos mejores, como mañana o pasado.
¡¡Feliz Nadia Comăneci!!

Gracias, Marta.
A veces falla el tubo, sí.
Yo he podido verlo con sonido. El ejercicio en asimétricas (el de 10) dura apenas 20 segundos y se oye desde el primer minuto el rumor del público in-crescendo. Alucinante también ver la cara de la rusa esperando lo peor, que es lo mejor.
La Comaneci del 76 fue mi segundo amor y todavía se me remueve todo al ver ese video.
Puesto por jesúsb a las Julio 19, 2006 08:14 PM