los huesos no se comen
LPC en Reflexiones | Junio 25, 2006
A Josh Max le gustan las mujeres grandes. Voluminosas. Redonditas. Sanotas, curvilíneas, generosas, rellenitas y todos los eufemismos a los que nos agarramos desesperadamente cuando queremos decir gordo, pero sobre alguien que nos cae bien. Según se revela en su artículo para Salon, Josh Max atravesó la adolescencia agarrado a rubias dulces adictas al sorbitol mientras que su líbido se desparramaba secretamente sobre la zampabollos de clase, la vecina rotunda y todas aquellas púberes a las que ninguno de sus amigos invitaría a salir, aunque quisiera. A Josh Max, como a cualquier otro adolescente, le apasionaban otra cosas pero no se atrevía a pedirlas; una cosa es que te pongan las gordas y otra compartir su ostracismo social. Y, cuando sale del armario, lo hace poquito a poquito: en lugar de pedir una cita a las rechonchitas de la zona decide consultar los anuncios por palabras. En un pais donde más de la mitad de la población es obesa, Josh Max prefirió buscar a su voluminosa cenicienta en un club exclusivo que pescarla en el mismo río como todo el mundo. Al final -leemos con alivio- el amor triunfa y donde hubo avergonzados chinchulines reina ahora la paz, la tarta de manzana y la cama de llantas reforzadas. ¡Te queremos Josh!
Es revelador ver la cantidad de enlaces que este artículo ha conseguido. Todos le han dicho ¡ole tus cojones!, donde intuyo que querrían haber dicho "también yo". Si a alguien le parece que aquí se ha descubierto la pólvora es que las radiaciones del movil han cruzado la línea que pone perded toda esperanza. A la mayoría de los hombres les gustan las mujeres con carne y ni siquiera Chanel puede cargarse dos mil años de dictadura genética. Por eso, del pequeño cuento de hadas me quedo con esta observación:
Echando un vistazo al pasado, mis deseos quedaron justificados: el culto a la delgadez es un fenómeno estrictamente moderno. En el cásico de Billy Wilder Con faldas y a lo loco (1959) hay una escena en la que Marilyn Monroe -el más famoso sex-simbol de todos los tiempos- yace en la cama con una muy prominente y temblorosa barriguilla que se aprecia claramente bajo su ropa.(...) Claramente, hubo un tiempo en que la búsqueda de mujeres macizas no era nada de lo que sentirse avergonzado.
Cabe preguntarse por qué se va tan lejos Josh Max. Hace unos siete años una modelo llamada Sophie Dahl -nieta del escritor- posaba para un anuncio de perfume que cayó en el mercado publicitario como un alud. La campaña recibió innumerables premios y fué prohibida en Inglaterra y algunos estados americanos del sur porque su carnosa modelo resultaba demasiado voluptuosa para un mercado anestesiado por las yonquis anoréxicas de la agencia Elite. Y ya quisiera Kate Moss. Si los noventa pasarán a la historia como la era del sida, del Di No a las Drogas y el Póntelo, Pónselo, estas niñas enfurruñadas, cocainómanas y anoréxicas son la bandera del nihilismo postmoderno, Dicen: consúmete lo más rápido que sepas. Total, todos vamos a morir.
Woody Allen, casado dos veces con rubias flacuchillas, se desmarcó por primera vez desde La Dolce Vita con esa escena en la que Scarlett Johansson se revuelca con su (casi) cuñado en un trigal cercano a la casa donde esperan sus respectivos amantes y una vida regalada de ostras y champán. En esa toma, posiblemente la primera de Allen donde el sexo no es un chiste de diván, no se la folla Rhys Meyers (que de pronto parece su hijo y la quintaesencia del eyaculador precoz) sino la cámara de detrás, que se queda hipnotizada mirando los bultitos de carne fresca que se le salen a la Johansson de los vaqueros y los dos valles que se le forman a ambos lados de la espina dorsal. Cuando la ves por segunda vez notas cómo la sala entera de cine contiene el aliento sin darse cuenta. Hay que ser un pervertido para fijarse en nada más.
Curiosamente, Match Point no sólo fue la primera película de Allen en sacar pasta de taquilla en América desde Hanna y sus Hermanas, por encima de Desmontando a Harry que es claramente muy superior. Poco más tarde, su protagonista compartía portada con Keyra Knightley en el especial Hollywood de Vanity Fair, el número vende como los pitillos sueltos a la puerta del Instituto y la Johansson se convierte en la mujer más sexy del planeta. A su lado, la pobre Keyra K. resulta tan suculenta como un tubo de pasta de dientes.
Aquí no hay tu tía. Aunque estéticamente prometedor -y favorito de ésta, su casa- el nihilismo postmoderno tiene poco que ver con la carne. Vagamos entre gigantes siliconadas cubriendose la almejita con teléfonos de última generación, pero según las encuestas, se folla menos que nunca. Y, si a pesar de todo compramos, es porque pensamos menos con los genitales de lo que pretende el proverbio. ¡Y los genitales son listos! Kate Moss no sobreviviría un parto sin la asistencia de treinta matronas y la Johansson podría parir trillizos sietemesinos sentada en una roca y seguir pelando liebres con una piedra afilada y la mano que le queda libre. La pasión por la curva es puro instinto de supervivencia, y la obsesión por la flaca, un caso virulento de enfermedad generacional inducida y autodestructiva.
Dicho ésto, tengo que confesar que a mi la Johansson me da muy igual y que, al final, el peor enemigo de la líbido no son las grasas o su defecto, es claramente la estupidez. Y la Scarlett es muy burra. Yo, que soy muy sensible a la belleza, languidecí por Liv Tyler en cuanto salío del coche en aquel video de Aerosmith y hubiera matado por lamer el mechoncillo rubio de Valeria Marini que le goteaba bajo el brazo en Bámbola, pero me las cambiaba a todas por Genevieve Bujold, que no tiene curvas pero me enloquece sin remedio y no sabría decir por qué. A esa le pagaba la coca, los trapos, los psiquiatras y lo que haga falta. Y Angelina no tiene curvas pero Tiene Músculos Como Rocas Del Desierto Y Pilota Su Propio Avión. Angelina juega en una liga distinta que Scarlett Johansson. Vamos vamos.

¿La Johansson curvilínea? La vi en Lost in Translation y me pareció más bien flacuchilla. Vaya, una excusa más para cazar Matchpoint, que se me escapó.
La estética va por épocas y ciertamente es una lástima que desde hace muchos años, el canon sea demasiado flaco. Pero bueno, aún así, las Belluccis, las Castas (jeje) y tantas otras (mu bien, chiquilla, la bámbola Marini es una joya desconocida por aquí) nos alegran la vista...
Pero yo sigo echando de menos a Norma...
Puesto por marsupial anónimo a las Junio 25, 2006 09:49 PM