false friends
LPC en Reflexiones | Marzo 10, 2006
Hace tres años, el amor de mi vida se despidió de mi por primera y última vez con las siguientes palabras: I really appreciate you lots, que en inglés significa "te aprecio mucho, de verdad" y en español, como todo el mundo sabe, "ha estado genial ya te llamo yo si eso". Con una fortaleza de carácter que aún hoy me resulta sorprendente dije ah, metí los restos de mi corazón destrozado en un bolsito de mano y atravesé la puerta de embarque con una sonrisa, aguantándo la respiración y cagándome en sus muertos. Fue el primero de una larga lista de episodios de los modernos llaman "lost in translation" y que, cuando yo iba al colegio, se llamaban false friends.
Los false friends son palabras en otros idiomas que se hacen pasar por palabras nuestras de las de toda la vida pero que en realidad significan algo completamente distinto. Su única función es la de ponerte en ridículo cuando viajas al extranjero, recibes invitados de fuera o tienes una reunión en la que hay que hablar en inglés. Es un ridículo sofisticado, como la venganza, comparable sólo al trozo de perejil que queda enmarcado en los paletos delanteros y que se luce durante toda una noche en la que nos creemos espectaculares hasta que, al llegar a casa, el espejo nos devuelve a la realidad humillante. Por algún motivo, en el colegio te entrenan para reconocer false friends inofensivos, como actually, que no significa "actualmente" sino "de hecho" ; casualty, que no es "casualidad" sino "baja, pérdida" y un puñado más que en realidad no valen de nada. El resto, los que de ahora en adelante llamaremos amigos falsos y además hijosdeputa, esos te los tienes que aprender tú con el sudor de tu frente. El sudor frío que te baja por la espina dorsal cuando estas incubando algo raro o te das cuenta de que has hecho el ridículo delante de cien personas y que nadie, absolutamente nadie, ha tenido la delicadeza de llevarte al tocador de señoras y decirte lo del perejil.
Treas años más tarde, Julian y yo hemos ido listando todos los false friends que han ido surgiendo, como cucarachas de las tuberías, para no cagarla en momentos cruciales como aquella despedida en el aeropuerto que pudo acabar para siempre con nuestra bonita historia de amor. Y aún más importante, hemos aprendido a concedernos el beneficio de la duda, una práctica que les aconsejo vivamente porque tiene dos ventajas fundamentales: cuando uno de nosotros dice algo con clara intención de herir o fastidiar al otro, se asume por defecto que se trata de un false friend y asi es imposible pelearse. La segunda es que somos más conscientes que nunca de los innumerables sinsentidos de nuestras respectivas lenguas y, por tanto, las apreciamos más que nunca.
Un caso precioso que descubrimos hace unos meses es la tríada sensitive, sensible y sensate que, por oído y lógica, traducimos como "sensitivo", "sensible" y "sensato". Lo cierto es que los significados de estas palabras -todas hijas del latín- parecen haberse movido un espacio a lo largo de los siglos: sensitive significa sensible, sensible es sensato y sensate es sensitivo, en el sentido de la profesora de danza contemporánea que dice "sentir" el espíritu del hijo que nunca tuvo. Mucho más interesantes son los false friends invesrsos -que llamaremos false false friends (FFF)- y que son aquellas palabras que, por su orígen incierto y su carácter coloquial, sencillamente no pueden existir en otro idioma. Y mucho menos significar lo mismo. Los FFF son en realidad muy raros y en estos tres años sólo hemos conseguido aislar uno y medio.
Los False-FAlse Friends o FFF. El primero es garrulous (['gærʊləs] adjetivo locuaz, charlatán,-ana. En su definición oficial, garrulous no significa exáctamente lo mismo que nuestro muy castizo "garrulo", que es más bien pueblerino, zafio, rústico, pero en la práctica tienen tanto en común y resulta tan chocante que merece la categoría de FFF a medias o FFF/2. El segundo, la estrella del rock de los FFF hasta que se demuestre lo contrario, fue descubirto anoche durante la cena para jolgorio y asombro de dos australianos, dos neozelandeses, un inglés de liverpool, un suizo y una servidora: manta. No manta de de las que te calientan los pies en las noches de invierno sino ese ser que es una mezcla entre el gafe, el atontao, el insufrible y el patán. El manta.
El manta es aquella persona que, sin motivo aparente, tiene una opción extra en su abanico de posiblidades, una opción que para el resto del mundo no existe y es al menos siete grados peor que la peor. El manta decide arreglarse los pantalones con chinchetas, incendia el colegio tratando de quemar una mosca con lupa y acaba destrozando el único jarrón precioso de la casa aunque tu madre lo guarde en la vitrina más alta en una habitación cerrada con llave encadenado a la pared. Es un Peter Sellers del guateque sin encanto, un Ben Stiller sin posiblidad última de redención. El manta es el niño que, cuando se mete en líos, no recibe la amonestación habitual ni el castigo correspondiente sino la mirada atónita y aterrada de sus padres, vecinos y profesores y la pregunta: ¿cómo te las has arreglado para hacer una cosa así? Su origen es imposible de determinar, pues provienen de familias perfectamente normales y su existencia no parece estar relacionada con el abuso de drogas durante la lactancia o el consumo de grasas saturadas. El manta es un misterio corriente y aterrador. De mayor, el manta es ese amigo del instituto que te llama cada dos años cuando viene de visita a la ciudad, coincidiendo sistemáticamente con tu décimo aniversaio con tu novia, el cumpleaños de tu mejor amigo o cualquier evento que no te puedes perder y al que no le quieres llevar porque sabes que acabará reventándolo. Es un perdedor, pero no sólo. Despierta compasión pero no simpatía y nadie quiere ocuparse de él porque las consecuencias son siempre funestas. A diferencia de la perdedora-perdedora, no es un fracasado sino un desastre natural y su fatalidad, como la del gafe, parece contagiosa: todos los que intentan ayudarle -sus hermanos, amigos, novias- son víctimas de su condición irremediable.
En inglés, además, puede ser un verbo "to mant" que permite a un individuo normal sin cualidades especialmente nefastas "mantear" un objeto o una situación en un momento de infortunio, como cuando sales de la ducha buscando las gafas con los ojos cerrados llenos de jabón y plantas las manazas chorreando agua en el teclado de tu mortatil nuevo que suspira con una nube de humo y no vuelve a encenderse jamás. Entonces se puede decir que has "manteado" el ordenador, o que el ordenador está "manteado" (it's all manted), que implica que no sólo ha muerto de manera humillante, innecesaria y absurda sino que, además, no hay manera humana o divina de recuperar ni una sóla de sus piezas. El descubrimiento de este peso pesado de los FFF y su lustre internacional ha despertado cuestiones entre nosotros que iremos resolviendo con la ayuda de profesionales. ¿El manta nace o se hace? ¿es posible rehabilitar al manta e integrarlo en la sociedad? ¿Es la "mantez" un gen recesivo? ¿Se puede detectar genéticamente y desterrarlo para siempre de nuestra herencia biológica? ¿Está presente en otras razas, en otras culturas, en otros planetas? Algo me dice que la verdad está ahi fuera pero no sé por qué.

tres años
Uff, cómo pasa el tiempo...
Por cierto, tengo yo un false friend del que todavía me avergüenzo, creo que en su vida le habían dicho nada más cruel a esa chica, creo que en mi vida he dicho nada más cruel... y sin querer. No hubo manera de arreglarlo, y, por supuesto, me mandó para siempre a la mierda. En fin, esto nos viene bien a los de la profesión para ganarnos el pan.
Puesto por Antonio a las Marzo 10, 2006 02:35 PM