Genios
LPC en la biblioteca | Noviembre 15, 2009
Nabokov escribió Sobre un libro llamado Lolita en 1956, un año después de la aparición de la novela. En dicha obra, el autor se choteaba alegremente de los cinco grandes editores norteamericanos que rechazaron su libro por obsceno y escandaloso. Según Nabokov, tenían tres motivos: había un ateo feliz, un matrimonio mixto bendecido por hijos sanos y un adulto que seduce a su hijastra menor de edad. En retrospectiva, a Nabokov le hacía gracia que estos señores citaban a Dante y a su oscura selva en su italiano original pero ponían los ojos en blanco pensando en la pequeña Lo. Lo de Dante era otra cosa, por supuesto. Lo de Machado, Petrarca, Lewis Carroll, Edgar Allan Poe y John Ruskin también. La pedofilia es carne de ensayo, no de novela. Sólo los grandes genios se la pueden permitir.
En su día, también Byron nombró a los Genios (en su caso griegos, franceses y alemanes de pompa internacional) para justificar la cosa recurrente que tenía con el incesto y, al parecer, con su media hermana Augusta, una relación que le llevó, en ese orden, a la paternidad, el exilio, la cumbre creativa y la muerte. Dicen que nadie es profeta en su tierra pero lo que dicen lo dice mal. Hay que tenerlos cuadrados para soltarse de todas las manos en tu propio pueblo y qué gasto inútil pasar toda tu vida tratando de reunir el valor. Todo el que tenga ambiciones y no los tenga cuadrados hace bien en huir de su casa cuanto antes.
Quisieron Dios y la academia que Nabokov fuera un gran genio y Lolita prosperó. En 2006, Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas, cumplió cincuenta dos veces: cincuenta años y cincuenta millones de copias. Uno de los libros más venerados de la literatura contemporánea, escrito en inglés por un emigrante ruso que escapó por los pelos del campo de concentración (su familia no tuvo, ay, tanta suerte) cumplió sus bodas de oro en perfecto estado de salud. Lo que, en estos días, significa domesticado hasta el lugar común, la editorial de moda, la boutique especializada, el remake.
Aunque Byron los tuvo cuadrados, tanto dentro como fuera de Inglaterra, su valor tampoco impidió que el incesto se pusiera de moda, igual que las tijeritas después de T.A.T.U. y The L word.
En una entrevista para Playboy, Nabokov dijo que lo único relevante que había conseguido su libro era que, a partir de su pulicación, los padres dejaron de llamar a sus hijas Lolita. El nombre, sin embargo, alcanzó una gran popularidad entre los caniches.

Como has dicho una obra absolutamente vigente en la actualidad
Puesto por R a las Noviembre 15, 2009 05:57 PM