primeras ediciones a precio de saldo
LPC en la biblioteca | Julio 29, 2005
El coleccionismo sistemático de primeras ediciones (de imprenta, de vinilo original, de memorabilia de primera mano) es síntoma inequívoco de envidia. Celoso de lo no vivido, ladrón de memorias ajenas, el cazador profesional de primeras ediciones trata de reemplazar a otro que sí estuvo, que sí vivió y que supo reconocer el valor de un clásico antes de que lo hicieran las autoridades literarias. Estas tres características (contemporaneidad, proximidad geográfica e interés natural) convierten al primer comprador en una figura mítica a la altura del autor mismo ya que el autor, como tal, no podría haber sido otra cosa pero el comprador (el que se fue a Paris a por una edición del Ulysses de la mano de Sylvia Beach, el que asistió al primer concierto de los Sex Pistols, el que adquirió el primer Van Gogh por cuatro perras en una acera), ese podía haber sido otra cosa y comprar impresionistas como todos sus vecinos pero decidió que no. Los coleccionistas no envidian al artista, sólo lo veneran. Los coleccionistas quisieran ser el iluminado que lo descubrió.
No es una opinión gratuíta, es una confesión cuidadosamente elaborada con meditación y vergüenza. El coleccionismo es también un vicio trasnochado y snob. Nadie es perfecto. Y todo esto viene a cuento porque, tras echar un ojo a la mísera historia de Henry Roth que enlazaba hoy Antonio y siguiendo la pista de la srta. Walton, he caído en esta tienda de memorabilia donde se pueden encontrar primeras ediciones a precios que parten el corazón. Edna St. Vincent Millay. 20$. William Carlos Williams. 55$. William Faulkner. 25$.
Nota. Aqui hay una edición de 1950 que haría llorar de alegría a mi ex-suegro. Que lo sepas.

que buen post!
realmente has acuñado varias de mis próximas frases de cabecera...;)
Puesto por yaku a las Julio 30, 2005 01:04 AM