la petite claudine
LPC en Reflexiones | Mayo 25, 2005
Viene siendo habitual en las entrevistas que me pregunten de dónde sale el nombre de este blog, La Petite Claudine. Porque yo me llamo Marta y no Claudine. Ya lo sabían. En cualquier caso, es una buena pregunta y una buena historia que nunca tengo tiempo ni ganas de contar por e-mail. Hoy es un día tan bueno como cualquier otro para despejar esas sombras.
Claudine es un personaje literario excepcional creado por la no menos excepcional Colette, temperamental escritora francesa a la que no deberían leer después de cierta edad porque resulta contraproducente. Claudine cayó en mis manos al principio de mi adolescencia de manera fortuita y providencial. Un viejito me la regaló en la feria del libro antiguo, junto con una edición de Humo de Turgeniev tras haber comprado yo las obras completas de Shakespeare en un arrebato de pasión anglófila sin madurar. Como tantos extraños de nuestra infancia, aquel viejito me cambió la vida dos veces. La primera, cuando leí Humo y me enamoré de Turgeniev. La segunda, varios meses más tarde, cuando leí a Colette y me enamoré de Claudine.
Claudine en la escuela. Los cuatro libros que componen la vida de la pequeña Claudine son versiones editadas y condimentadas de los diarios de su autora. Su marido, Henry Gauthier-Villars -Willy-, un bon vivant de la época dedicado a la crítica de teatro y la literatura de sociedad, editó y publicó el primero con su nombre en el año 1900, explicando que una joven desconocida le había hecho llegar el manuscrito atado con una cinta de color rosa. Claudine en la escuela, un relato vivo, exuberante y perverso de la vida de una colegiala de la borgoña francesa, fue un escándalo enorme y un inmediato éxito comercial. Rachilde, la única representante femenina de la escuela decadente europea, escribió en su crítica: Este libro es de verdad... Claudine no es una novela, ni una tesis, ni un diario... es alguien, una persona viva, una persona terrible... Es la mujer total gritando por encima de su propia voz acerca de su pubertad, sus deseos y sí, sus crímenes. Viniendo de Mademoiselle Baudelaire no estaba nada mal. Para empezar.
Claudine en ménage. Willy y Colette trabajaron sin descanso. Claudine en Paris apareció en 1901, Claudine se casa un año después y la trilogía se convirtió en un musical, protagonizado por Polaire, estrella del music-hall y modelo de Toulouse-Lautrec, que disparó la fiebre claudinesca por todo París. Las mujeres se cortaron el pelo a lo garçon y se vistieron de uniforme, con camisa blanca, corbata negra y zapatos abotonados. Hubo un helado Claudine, una tarta Claudine, el perfume, los jabones y hasta una marca de cigarrillos Claudine. Willy asistía a fiestas y estrenos con las dos chicas del brazo, Colette y Polaire, vestidas de colegialas gemelas. Los rumores de menage a trois inundaron la ciudad.
Las dos novelas documentan con mucho detalle la vida del matrimonio en París, en una época desquiciada en la que el teatro, los salones literarios y los cafés de la riviera eran escenario de apasionados romances, tormentosas rupturas y complicados triángulos amorosos. Los aristócratas, políticos y banqueros se mezclaban con las cortesanas y las artistas de variété y los herederos de las grandes familias perdían gracia y fortuna por culpa de alguna mujer. París era la cuna del vicio, del arte y del sexo, todo el mundo quería estar allí. Pero, sobre todo, París estaba enamorada del amor. Colette y su marido vivieron en el epicentro de la agitada fiesta y Claudine lo cuenta todo con un inimitable -y perverso- candor, incluyendo la obsesión que acabó con su matrimonio; la mundana Georgie Raoul-Duval.
Claudine s'en va. Tal y como se relata en Claudine en ménage, Colette perdió la cabeza por aquella americana casada, rica y coqueta hasta el punto de seguirla como un perro de las boutiques de Paris a su dormitorio. Algunas mujeres -comentó su marido -necesitan a otras mujeres para preservar su gusto por los hombres. Lejos de condenar el affaire, Willy alquiló un apartamento para que las dos palomitas pudieran encontrarse sin ser molestadas. Pero se quedó con la llave. Traicionada por ambos, Colette abandonó a su marido pero Claudine no. El último libro, Claudine s'en va, es la resaca después de la fiesta que apenas se deja leer, por lo cansino y quejicoso.
Colette arremetió contra Claudine más adelante, considerando aquellos tres primeros libros inmaduros y superficiales y negándose a hablar de ellos con la crítica y la prensa. Es por eso, probablemente, que ahora se considera un libro para jovencitas, junto con obras infinitamente más convencionales como el moralizante Mujercitas de Louise Mary Alcott y otras sagas inofensivas de internado unisex. Lo que no sé si es una pena o una feliz casualidad. Irónicamente, Claudine es la mejor introducción posible a los demonios de la carne para niñas y adolescentes; un catálogo de perversiones del que ningún padre, por quisquilloso que sea, podría sospechar.

hola, cómo se puede contactar contigo?
Puesto por a las Mayo 25, 2005 02:10 PM