la bella y lo bestia
LPC en the fetish garden | Abril 25, 2005
De Villiers de l'Isle Adam pasando por Sade hasta llegar a nuestro excelentísimo Juan Salom, responsable del Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil, la conclusión es una y trina, como Dios: el exceso lleva al exceso, el exceso excesivo lleva al hastío y el hastío a la pedofilia y otras perversiones de extrema gravedad. La sobrexposición diaria al cuerpo perfecto ha tenido consecuencias. SI los 80 fueron de las rockstars y los 90 de las supermodelos, la primera década del nuevo milenio tiene una sola reina: la freak. Para ejemplo, las dos curiosidades de hoy: sexy junkies y anorexic sex. Advierto de antemano que no son aptas para almas delicadas. Luego no me vengan a lloriquear aquí.
Hace unos meses le decía Manuel Fraga a Montserrat Dominguez, resolviendo la polémica del matrimonio homosexual : Usted comprenderá que el que yo prefiera un guardia civil a una señora guapa como usted, pues algo raro me tiene que pasar. Sin embargo es de común acuerdo que suspiremos al unísono por esas diosas recauchutadas con pechos sobrenaturales rebosantes de silicona, indefectiblemente rubias, permanentemente dispuestas, envasadas al vacío en un vestido imposible mientras sonríen con todos los dientes o miran a la cámara con aires de velocidad, de misteriosa hipermétrope o de alquilarse por horas en el cuarto oscuro de Pachá. De la venus de Willendorf a Pamela Anderson han pasado muchas cosas.
La automutilación, romántica, psicótica, quirúrgica o mística, sobrevive más que dignamente como una de las obsesiones más populares de la civilización occidental. La cacareada historia de las Amazonas, que se amputaban un pecho para poder tirar mejor con el arco, es una leyenda urbana cuyos orígenes no remiten a ninguna obra clásica ni posterior pero que se ha reencarnado en el cine, la literatura y la cultura oral infinitas veces, hasta reproducirse en los quirófanos del hospital, confundiendo a los médicos y haciendo las delicias de la prensa amarilla. Desde la pasión de los mártires, los sacrificios rituales o el jardin de las torturas de la santa inquisición a la crónica diaria de las brutalidades en Irak; cada vez que salimos a la calle, encendemos la tele o abrimos unas páginas en el navegador tenemos que cubrirnos los ojos con elegancia y musitar el horror, el horror, mientras miramos subrepticiamente por entre los dedos en busca de sangre y desperdicios. El ser humano es morboso, pero también hipócrita. De esos polvos vienen los lodos de la corrección política, la manifestación más repugnante de nuestra doble moral.
Según la Real Academia, el morbo -del latin morbus- significa enfermedad, interés malsano por personas o cosas y atracción hacia acontecimientos desagradables. Lo que separa nuestra curiosidad cotidiana de la enfermedad es una cuestión de grado. Lo difícil, en estos tiempos que corren, es definir ese grado y hacer válido ese mismo parámetro para nosotros y para los demás.
cheers Rebecca!

Si a D. Manuel se le rufuta eso tambien, estamos listos. Arriba España. Viva la Guardia Civil. Vivan las señoras.
Puesto por Juanlo de la cruz a las Abril 25, 2005 08:39 PM