la mosquita muerta
LPC en Reflexiones | Mayo 02, 2005
Señores, no se les puede dejar solos. Me voy de fin de semana y en lugar de organizarse para hacerse con el control mundial me ponen la casa hecha un asco. Hay, sin embargo, un comentario que me ha llegado al corazón y me ha inspirado algunas reflexiones. Es justo y necesario que al llorica de bar le corresponda por derecho un personaje análogo que equilibre la situación. Lamentablemente en este campo -lamentablemente para ustedes- la mujer es por naturaleza enemiga de la sencillez, y lo que este anónimo llama babosa con tan poco respeto es en realidad uno de los caracteres más carismáticos y formidables del gallinero contemporáneo, además de una debilidad especial de la casa. Estamos hablando, por supuesto, de la mosquita muerta.
Si el objetivo del baboso es follar o buscar un hombro sobre el que llorar a gusto, el de la mosquita muerta es destrozarte la vida. No conscientemente, por supuesto. Conscientemente sólo quiere controlar todos tus pasos y dominar tu actividad cerebral de la mañana a la noche para que nunca peques de obra, pensamiento, palabra u omisión aunque, por algún motivo, al final todo conduce al horror. Es verdad que se queja y que, en su versión menos sofisticada, podría confundirse con el castor herido del que hablábamos en el otro post pero su táctica es mucho más depurada, efectiva y devastadora que la de cualquier cantautor de barra. Cualquiera que haya pasado por una nos lo puede confirmar. Las líneas están abiertas. Desahóguense, muchachos. Apuesto a que esta vez se lo han ganado de verdad.
Ficha técnica. Hay dos clases de mosquita muerta: la florecilla tímida y la intensa o interesante. La primera hablará bajito mientras se mira obsesivamente las puntas de los zapatos con los pies para adentro y repite mecánicamente: Me gustaría salir más y conocer gente pero las relaciones sociales se me dan mal. La otra parloteará incesantemente acerca de crítica literaria, festivales de pintura, del papel del artista en el mundo dominado por el consumo material y de esa novela que está escribiendo desde los trece y que nunca terminará. Camina con la colección de Margarite Duras bien visible bajo el brazo y disfruta sólo con melodramas pretenciosos en los que ve reflejada su personalidad, como las películas de Lars Von Triers o los documentales sobre Sylvia Plath. Tan distintas y sin embargo idénticas, las dos son yonquis de la misma droga: el control.
Contrariamente a lo que se piensa, la mosquita muerta no tiene por qué ser un adefesio. Aunque todos los que la conocen la recuerdan con repulsión, su aspecto físico es poco relevante; su fealdad no se manifiesta con unos dientes de conejo o un problema serio de acné; es algo más sutil. Aunque no es propiamente mala -un factor que en otros iconos tiene un atractivo natural en sí mismo porque ser mala a propósito requiere mucho valor- sí es vulgar, egoísta, mentirosa y cobarde. Y sus efectos siempre serán perniciosos. Esperen y verán.
Técnicas y modos de apareamiento. Nuestra heroína jamás se acercará a su objetivo de manera franca y directa. Muy al contrario, volará en círculos concéntricos a su alrededor, asediando a la familia, a sus amigos, a sus hermanos o a su novia, a la que agasajará sistemáticamente hasta ganarse su simpatía. A todos les regalará cosas compulsivamente: poemas, flores, libros y dibujos con dedicatorias cuidadas y sentimentales. Sus armas son la pena, la modestia y el sentimiento de culpa. La más letal de todas, sin embargo, es la adulación. La vanidad, queridos amigos, la vanidad. A todos nos desarman los halagos.
Algunas mosquitas muertas, cuando crecen, se convierten en la Mia Farrow de Maridos y Mujeres, una persona entregada y dulce que se desvive por el prójimo sin esperar nada a cambio. Pero, -observa su primer ex-marido durante la película- ¿os habeis fijado que siempre consigue que todo el mundo haga lo que ella quiere?. Si llevara un cartel en la frente, diría: Yo sólo pido que me traten bien. Pero al final siempre sufre y nadie sabe porqué, y todo el mundo se siente terriblemente culpable. Otras son como la Nicole Kidman de Dogville, que despierta el odio colectivo del pueblo y alimenta su sadismo como un método exhaustivo de control mental. Una cocinará, limpiará y hará la compra; la otra analizará cualquier cosa que hagas o digas para sacar las conclusiones que más le convengan. El síntoma más representativo de tener una cerca es que las dos sacan lo peor de tí. ¿Quién no ha visto La extraña pareja y se ha partido de risa viendo cómo Jack Lemmon le amargaba la existencia a Walter Mathau? La próxima vez que la vean, recuerden: nunca metan a un vampiro en casa. Una vez le han invitado a entrar, sólo saldrá por su propio pié caminando sobre tu cadaver frío y muerto. Y lo harán directamente hacia la próxima fuente de alimentación.
Cuando ya es demasiado tarde. La tierna florecilla con sus vestiditos tontos y sus mohines de niña es la versión chunga de Kathy Bates. Es posible que nunca te corte un dedo para que no escapes de vuestro nidito de amor pero destrozará tu vida con la frase: cómo puedes hacerme ésto después de lo que he hecho por tí. Te calentará la cabeza dia y noche acusándote de pensar en otras mujeres, de no valorar sus cuidados y de ser una rata miserable y vil. Dirá que prefieres estar de parranda con tus amigotes a pasar el dia con ella y lo peor es que tendrá razón. En unos meses querrás matarla con tus propias manos. Eres un desagradecido, escoria humana. Si te descuidas te enterrarán con ella y todos dirán que fue una esposa ejemplar.
La intensa -que posiblemente también está como un cencerro- tampoco aceptará un no como respuesta. Cuando te hayas hartado de su interminable psicoanálisis y le pidas que te deje en paz encontrará una explicación exhaustiva a todos tus rechazos y te tendrá toda la noche en vela repasando punto por punto la siguiente argumentación: tu eres un ser inmaduro que no sabe lo que quiere y por eso te empeñas cobardemente en no aceptar la realidad. Habrá grandes escenas, drama, pasión. Si tienes novia la insultará apelando a tu orgullo; si está buena porque piensas con la polla, si es lista, tratará de rebajar su cociente intelectual. Si no la tienes, atacará donde crea que más te duele, generalmente tu virilidad. Lo que te pasa en realidad es que no eres lo suficientemente hombre para una mujer de su talla. También querrás matarla pero, en este caso, será interpretado como un síntoma de pasión. Del amor al odio, ya sabes.
La táctica de una es que te la folles por pena y una vez hayas acabado, te sientas responsable de ella, como si la hubieras desflorado y ahora os tuvierais que casar. La otra es un poco como el desesperado de discoteca que te come la oreja durante horas hasta que acabas enrollándote con él solo para que se calle. Acabas durmiendo con ella, no porque quieras dormir con ella, sino porque quieres dormir. La penitencia en ambos casos es larga y contundente. Yo arrastré mi sentimiento de culpa durante cuatro años por haberle destrozado la vida a un ser angelical. Mi hombre todavía está pagando atrasos: se tiró a una hace casi dos años y aún le acosa puntualmente al menos una vez al mes. Y ahora nos reimos pero entonces fue una telenovela que ríete tú de Jazmín.
Cuando uno se libra por fin de la mosquita muerta notará ciertos cambios físicos y psicológicos que conviene evaluar cuidadosamente. Sus efectos sobre la personalidad son variados y consistentes. Los más inmediatos son la culpa, la desazón, un cansancio extremo y ganas de matar. Los peores incluyen la pérdida de apetito sexual, la misoginia extrema y la vergüenza, siendo este último el más difícil de erradicar, como demuestra la existencia misma de este blog. Porque uno se pregunta, inevitable: ¿cómo pude tirarme a una desgraciada asi? ¿Realmente soy tan imbécil? ¿Acaso no merezco algo mejor? La respuesta es un rotundo sí. Por favor, sigan leyendo.
Hay vida despues de la mosqita muerta. Ustedes no son imbéciles, y tampoco yo. Todos hemos caido en las redes de la mosquita muerta al menos una vez y es bueno que asi sea: más vale aprender a reconocerlas de lejos cuando tienes 20 años que a los 40 en el altar. ¡Ni siquiera es culpa nuestra! Las madres nos advierten contra las chicas fáciles, los buscavidas, las divorciadas que pasean al perro los sábados a las tres de la mañana y el señor que regala caramelos a la salida del cole pero de la mosquita muerta nadie te dice ni mu. Porque encima la hijadeputa es como esos padres de familia que gasean la casa, se cargan a los niños y todos los vecinos comentan: era una persona tan educada. Para colmo el cine está llena de ellas pero es difícil reconocerlas cuando no tenemos manual y muchas veces hasta se convierte en la heroína de la historia. ¿Qué se pensaron que era Melania en Lo que el viento se llevó? Y la pobre Bette Davis, condenada por los críticos a llevar ese papelón, con los cojones que tuvo siempre. ¿Acaso fueron Jezabel o La loba personajes vulgares que actuaban de tapadillo mientras halagaban al personal?
La mosquita muerta es uno de esos insectos que todo el mundo conoce pero cuyo nombre y alergias asociadas es difícil recordar. ¿No es un escarabajo patatero? ¿No es una cucaracha trepadora con poderes telekinéticos de esas que sólo crecen en gibraltar? ¿No es ese que se te cuela por el hueco del oido y te come el cerebro con mucho dolor? A la mosquita muerta hay que aprendérsela con sudor y con sangre y, una vez aprendida, evitarla por todos los medios para siempre jamás. Y no olviden educar a sus hijos convenientemente y enseñarles dos frases que pueden salvar su vida: lárgate de mi casa zorra desgraciada y Como vuelvas a llamarme al movil a las cuatro de la mañana llamo al 911.
Nota final. Lamentando no haber descubierto este documento durante el proceso que nos llevó al inmediatamente anterior (esto es, el que probablemente acaban de leer), les comunico que todo lo dicho carece de valor ante la existencia del clásico instantáneo de Mill Millington: Cosas sobre las que hemos discutido mi novia y yo.
Breathless.

bravo peti! has vuelto y en que manera, gracias.
Puesto por pandebono a las Mayo 2, 2005 11:33 AM