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el imperio de los sentidos

LPC en Reflexiones | Marzo 19, 2005

sketchingpencs.jpgBuscando un regalo para la pequeña Dorrit, que cumple mañana ocho años y es lista como un ratón, hemos acabado en una de esas macropapelerías que tienen secciones enteras sólo para los sobres y una galería kilométrica de pinceles de dibujo, desde el modelo Kate Moss hasta la escobilla mutante con efecto rastrillo. Cuando yo tenía ocho años, éste era el único templo de mi devoción.

Yo no pintaba al óleo y sólo dibujaba por obligación. Mis trabajos de pretecnología hacían suspirar a mis profesores y mi padre tachó arquitectura de su lista de posiblidades poco después de que aprendiera a andar. A mi me gustaba escribir y cualquier cosa destinada a ese propósito fue mi primer fetiche de juventud. Por ese motivo, la operación Vuelta al Cole se convirtió rápidamente en mi verdadera navidad.

Más que ratón de biblioteca, yo fuí gourmet de papelería. Desarrollé una pasión sensual por las reglas de 90 sin rayajos que cortaban el aire con un latigazo característico, la textura de los folios galgo -¡más finos y elegantes que los aburridos DINA-4!-, el aroma de las milan nata justo después de quitarles el celofán y la tensión erótica de ese juego de compases con escuadra y cartabón que eran el delirio de mi madre, porque costaban una dineral y yo los rompía indefectiblemente o los perdía a las dos semanas por prestarselos a alguien.

De mi padre heredé la pasión por los nº2 de Staedtler, que astillaba con los dientes un poquito cada día porque me gustaba el olor de la madera por dentro y el sabor dulzón de la mina me hacía levitar. Prefería los bic cristal a los de punta fina porque dejaban pegotes sobre el papel, manchándome las manos, la cara y la camisa con patrones marinos y aromáticos. Me pintaba las uñas con Tipp-ex, esa combinación perfecta de tiza y pegamento que luego me rascaba -tris-tris-tris con el colmillo derecho y me acuerdo del chute alcohólico de los rotuladores Carioca, el olor a sugus de piña de la cina adhesiva Scotch y las puntas afiladas de los colores Alpino, perfectamente ordenados en degradé, que apretaba hasta dejarme la palma de las manos llena de puntitos blancos y luego rojos y luego vuelta a empezar. Así vivía yo, felizmente intoxicada en ese mundo privado de accidentes íntimos hasta que ocurrieron dos cosas: la edad y los Todo a Cien.

La primera no me quitó nada pero si me distrajo con otras cosas: primero Vanesa, después el Amstrad 64 y después una larga ristra de preocupaciones, incluyendo los discos, los recreativos, el cine y los demás. Los segundos fueron como sustituir un cuerpo a cuerpo por una peli porno de las californianas: incoloros, inodoros, insípidos e infames; en la papelería del Todo a Cien cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Hoy he pensado que probablemente la mía sea la última generación que ha disfrutado el placer perverso de los objetos de escritorio, un fetiche comparable al del coleccionista de vinilos o al fumador de pipa, que guarda el tabaco en cajas especiales de madera forradas de algodón borracho de azucar y cognac. Y le he comprado a la pequeña Dorrit una muestra de mi añorado arsenal.

Espero que su padre me perdone. Una vez desatada la fiebre, nadie sabe lo que puede pasar.



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Uff! Hasta ahora prefiero los lápices, sólo por el placer de oler la madera.

Me has hecho recordar, además, que hasta hace un par de años me dedicaba a buscar papel de 80 gramos de cierta marca colombiana, muy bueno, durable, y con una blancura excepcional. Ahora ya no tengo tanto tiempo, que si no... :D Era todo un lujo entregar trabajos en la universidad con ese papel tan brillante, grueso.

Saludos!


Puesto por Franc a las Marzo 20, 2005 05:11 AM

Gracias Marta, me ha dado nostalgia al leer esta entrada,¡¡¡que tiempos aquellos!!!

Por cierto, este es mi primer comentario, no soy habitual de escribirlos así que aprovecho para felicitarte por tu weblog, me encanta.

Un saludo


Puesto por In the Nightside Eclipse a las Marzo 20, 2005 11:54 AM

No oblidis els llapissos, llapissos per tot arreu i tot tipus de paper i de blocs.
Un petó,
Lemoç


Puesto por Lemoç a las Marzo 20, 2005 02:44 PM

Qué regresión más precisa has hecho. Me has encarrilado el domingo.


Puesto por R. a las Marzo 20, 2005 07:19 PM

"Más que ratón de biblioteca, yo fuí gourmet de papelería" Que bueno!!!

Que recuerdos, snif!! Sólo te dejaste las ceras Manley...

Queda algún templo para "paperholics" como las papelerías suecas de Ording&Reda (en Madrid hay una en serrano noventaitantos).

Gracias por recordarme que soy analógico y no tan joven :-)


Puesto por Pixel a las Marzo 20, 2005 08:09 PM

Yo también adoro las librerías y no conocía a nadie más que lo hiciese! Educa bien a la pequeña Dorrit y que no caiga nunca en las redes del Todo a Cien y que pase ese gusto por lo bien hecho a generaciones venideras. Así, las buenas librerías no se extinguiran nunca y podremos seguir llendo a visitarlas cuando seamos viejas y los años escolares sólo sean un vago recuerdo que sólo se despierte con el olor de una mina recién afilada.


Puesto por Arikel a las Marzo 20, 2005 11:09 PM

Las papelerías huelen muy bien. Son un lugar perfecto para fetichistas. He echado de menos una pequeña mención por el papel secante. Cuando aprendí a escribir, y pude usar la Parker aquella que dejaba un rastro de bolitas temblorosas de tinta brillante si te detenías más de medio nanosegundo sobre el mismo punto, era imprescindible poner el secante sobre lo escrito si querías conservar limpias las manos, el texto, la ropa o cualquier cosa susceptible de mancharse. No se podía ni dudar. Recuerdo mis márgenes llenos de dibujos(los bitles)o en los resquicios entre cuentas de multiplicar...

Qué viejo soy.

Me ha gustado leer tu imperio de los sentidos, Marta.


Puesto por cád a las Marzo 21, 2005 05:16 PM

He llegado de otros remotos lugares, por azar, hasta este post. Ahora que lo leo con la mínima perspectiva que da unos meses, cuéntame: ¿Se le va desatando la fiebre?


Puesto por Escéptico a las Octubre 25, 2007 11:45 AM

Un post precioso. Gracias.


Puesto por Marius a las Octubre 25, 2007 12:34 PM

Llegué aquí por el enlace de tu post de hoy, en un extraño viaje al pasado. Y este nuevo post me hizo retroceder aún más atrás, como si en el pasado hubiera vuelto a subirme a la máquina para aterrizar en lo que fue mi adolescencia y época estudiantil, donde como buena fetichista de papelería (como tú) me regalaba algún mágico y maravilloso objeto cada vez que rendía bien un examen. Era mi premio.
Saludos a la Petite del futuro.


Puesto por Laura a las Octubre 25, 2007 01:22 PM

Quiero añadir: el olor al abrir las carteras de cuero, el de la tinta china, ..... ¡Ah! Y la fascinación de los primeros estuches: 9 pinturas de colores, 1 sacapuntas, 1 lápiz, 1 goma de borrar y espacio para dos o tres bolígrafos....


Puesto por Fernando a las Octubre 25, 2007 04:14 PM

Amstrad 64?

Y los Plastidecor? y cuando los afilábamos encima de papel, lo doblábamos y luego planchábamos las virutas a través del papel para hacer una suerte de pueriles tests de Rorschach?

Uno de tus posts más hermosos. Props!.


Puesto por andré a las Octubre 27, 2007 01:16 AM

Yo tuve la suerte de q unos amigos de mis padres tuviesen papeleria... hoy me dedico al mundo del arte...algo tuvieron q ver sin duda, la proxima vez q vaya a casa les llevare un pastelito o algo.
Saludos, y magnifico blog!
C.


Puesto por Moijereve a las Octubre 27, 2007 03:01 PM

¡Que delicia! yo no sólo me siento identificada sino que sigo cultivando el gozo de encontrar una pequeña papeleria donde los olores sigan intactos...ahora mi cruzada está en generar en todas las pequeñas Dorrit que hay cerca de mi el placer descubrir la magia de los articulos de papelería...hay tanto por hacer...


Puesto por Montse a las Octubre 28, 2007 10:51 PM

tan blancas qe cuando borrabas los trazos del lápiz deformaban sus contornos y los manchaban de negros y grises qe luego habría qe borrar devotamente con agua y jabón.
Me gustan mucho todavía los papeles de colores, me apasiona pasearme por los muestrarios para ver sus colores y sentir sus texturas.
Gracias por recordármelo.


Puesto por Y las gomas y los papeles a las Octubre 30, 2007 03:27 AM

Nunca le perdone a los plastidecor su condición de inodoros.
Ni a los rotring que marcasen una distancia entre "clases" dentro de clase.
Precioso post, muchas gracias.


Puesto por yiyi a las Noviembre 3, 2007 04:06 PM

Cuando uno pasa por una ferretería, una especie de atracción irracional lo invade: da la impresión de que podrías necesitar cualquier cosa. O quizá sea solo por hacer sacar y juguetear con esas cajitas de cartón donde los ferreteros guardan todo.

Cuando algunos pasa por una papelería de verdad, una papelería técnica... es difícil decidirse a salir. Quisiera comprarse un nuevo compás, un papel que aún no has probado, todos los portaminas, las sanguinas, los grafito puros y un puñado de sacapuntas... todo así como si fuesen chucherías. Como si fuesen chucherías dan ganas de volver a por más.
Existen esa papelerías, y esta especie de adicto al sonido ras clik clak, el olor... el poder increíble que inspira el material de dibujo.


Puesto por Golfo a las Noviembre 4, 2007 05:05 AM

pues a mi, eto me valia mela todo esto psss. io mal estudiante . jhi jhi jhi me reprobaron pro entregar un trabajo en papel revolucion, y pues prefieria el punto fino, pue mi letra es muy.... estetica por decirlo de un modo , saludos , gracias por hacerme recordar .. joh johjohjho


Puesto por a las Noviembre 9, 2007 01:53 AM