muerte de arthur miller
LPC en la biblioteca | Febrero 13, 2005
Las fotos de Arthur Miller, ese intelectual de cemento, premio Pulitzer a los 33 años, icono de un tipo de realismo moralista que no sobrevivió a su generación, no es la histórica en que le acompañan dos de los más brillantes genios de la escena del siglo XX, el dramaturgo Tennessee Williams y el cineasta Elia Kazan, ni aquella con Susan Sontag matando así -perdonen el chiste fácil- dos pájaros de un tiro en la edición dominical. No he visto ninguno de los eventos en los que recibió premios y homenajes, especialmente por su más famosa obra Muerte de un viajante. La mayoría de las fotos que veo estos dias en la prensa datan de 1956 y presentan a un joven serio y alargado que acompaña a la estrella más glamourosa de todos los tiempos, Marylin Monroe, que fue su mujer durante cinco años escasos y a la que dedicó una obra, After the Fall, en 1963. Y no he sabido qué pensar.
A mi Arthur Miller nunca me gustó especialmente. Siendo sinceros, me parecía algo plomo. Pero miro esa foto famosa en la que todos sonrien un poco a hurtadillas y pienso que hubo en tiempo en que Hollywood era un mundo en el que nada se empezaba sin un buen guión. Y que aquella historia tan graciosa de Martin Amis en Night Train (¿cómo demonios se titulaba? ¿Soneto?) igual no era tan graciosa despues de todo. O igual es que me he puesto algo tonta porque echo de menos mi colección de joyas de los años 40 y 50.
Alguien enlazaba ayer un articulo para el New Yorker en el que hablaba de The Crucible y el contexto político que la generó. Y su rincón en American Masters, en la PBS. Ambas lecturas interesantes para un domingo cualquiera como hoy.

Para el ser humano medio de cualquier país occidental se ha muerto simplemente uno como muy serio que se chingó a Marilyn. Para el ser humano medio de cualquier país no occidental no se ha muerto nadie.
Puesto por Trashi a las Febrero 13, 2005 08:15 PM