de freak a geek (en sólo diez años)
LPC en Reflexiones | Noviembre 30, 2004
Cuando estábamos en el colegio, mi amigo Rick y yo hicimos un mapa de popularidad con las mesas del comedor. Fue una tarea fácil porque todo el mundo se sentaba con chicos de el mismo grado de popularidad que ellos. Las clasificamos de la A a la E. En la mesa "A" se sentaban los jugadores de fútbol, las animadoras y gente así. En la mesa "E" se sentaban los chicos con síndrome de down.
Paul Graham y su amigo Rick se sentaban en la mesa "E"; todo lo bajo que podías estar sin tener ningún tipo de anormalidad física. El cuento se titula Why nerds are unpopular y es un extracto de su último libro, Hackers & Painters. La tesis final (del cuento, no del libro) es que los nerds no son populares porque tienen cosas más importantes en que pensar, aunque les duela.
Como tengo la suerte de no haber crecido en un colegio estadounidense, mi apreciación de la sociología de la popularidad adolescente se parece menos a mi vida que a una telecomedia cualquiera. No es mi culpa: el concepto de popularidad en un entorno en el que no existen los anuarios escolares, el equipo de animadoras, el club de ciencias o las ligas de fútbol interescolares tiene que ser, por necesidad, diferente del que vemos en las comedias teen de los 80, pero eso no impide que lo apreciemos como un pequeño laboratorio de la personalidad. Al fin y al cabo crecemos con ellos gracias al cine y la televisión y todos esos estereotipos que aparecen una y otra vez haciendo las mismas cosas de la misma forma se enquistan en nuestras vidas como si fueran vecinos, enseñándonos, entre otras cosas, a categorizar.
Pero yo de lo que quiero hablar no es de ellos sino de ellas. Nosotras. Para variar.
Paul Graham dice que ser listo en el colegio está penado con la mesa D y los capones. Pero ser lista, queridos, eso si que es un show. Ni siquiera estando buena te salvas de ser la rarita, al menos hasta que llegas a la universidad, y aún entonces. Por motivos de genética histórica los chicos se pueden permitir ser un poco desaliñados, tener preocupaciones extrañas, inquietudes poco habituales y seguir siendo monos. Pero una jovencita que lleva más libros que maquillaje compacto en su cartera escolar, eso tiene que mirárselo antes de que vaya a más. A menos que sea lesbiana. Y en ese caso, ¿a quién le importa?
Los ejemplos del sector. En un capítulo de la Nanny la hija adolescente del productor (que de todos modos es una resabida y tiene más pavo que el día de acción de gracias) vuelve a casa con un dilema clásico del género: el-chico-más-popular-de-la-escuela la ha invitado al baile. Es el momento más feliz de la vida de la estudiante pero Maggie ya se ha comprometido a ir con el chico que le hace los deberes; el freak. Y ahora quiere saber qué haría la Nanny en su lugar: ¿asistir al baile con el cachas que va a clase en moto y ser la envidia de toda la clase o con el perdedor que la saca de apuros en todos los exámenes? Fran, pozo inagotable de sabituría callejera, le contesta con voz de pito: a tí qué te gustaría oir cuando seas mayor: te he comprado un cadillac por tu cumpleaños o ¿quiere que le cambie el aceite, señorita?
No hay que ser del bronx para darse cuenta. El nerd no sólo nunca te romperá el corazón sino que encima será rico. Muy rico. Pero ¿qué pasa con las nerds? ¿Qué será de ellas cuando dejen el cole?
Del club de ciencias a la mansión Playboy.Quizá no se hayan fijado pero todas y cada una de las pedazo de pavas que se acuestan con James Bond y luego intentan matarle son nerds, y mucho. Van disfrazadas de supermodelos colaboracionistas pero en realidad son ingenieras diplomadas trabajando para la CIA o como agente doble de la KGB. Contruyen armas nucleares, pilotan naves espaciales, llevan el bolsito lleno de microchips y ya leían C++ antes de aprender a andar. Son tan listas que 007 a su lado parece un matón de barrio con pretensiones. ¿Dónde estaban estos portentos cuando tenían 14 años?
En el pupitre de al lado, capullos. Estudiando.
Un dia sabrina, la bruja adolescente, quiere unirse al club de ciencas pero tiene que hacerlo en secreto porque si alguien se entera será el hazmerreir de todo el instituto. A mi sabrina me parece una niña insufrible pero su verdadero problema en la serie no es su enorme trasero ni su cara de vaca mirando al tren. Incluso el hecho de que sea bruja o que su gato se pase el dia tratando de dominar el mundo resulta del todo intrascendente. El verdadero problema de la chica es que quiere estudiar. Y no es la única. El único momento de popularidad de Lisa Simpson empieza el día que decide abandonar los libros, el saxo y su acento merengado para haraganear con una panda de skaters que escupen en el suelo y hablan como analfabetos. Y acaba el día que es descubierta leyendo en la biblioteca. A Buffy cazavampiros la llaman anormal porque sabe deletrear su nombre sin usar papel y lápiz y el número de veces que la chica de rosa se ha quedado a dos velas por culpa de su afición a la literatura tiende claramente a infinito. El hecho de que la empollona de Salvados por la campana acabara haciendo guarradas en un club de streaptease es, definitivamente, la gran excepción. El resto las pasarán putas en el colegio pero antes o después se convertirán en los ángeles de charlie: listas, guapas y mortales.
De justicia divina nada, monada.En Why I hate Saturn, la obra maestra de Kyle Baker, Ann mantiene una discusión con su mejor amigo.
Ricky: La mayoría de las mujeres inteligentes e interesantes se ven obligadas a ser inteligentes e interesantes porque son físicamente poco atractivas. O están locas.
Anne: ¡Ricky, eres terrible!
R: Es verdad. Piensa en ello. La mayoría de las mujeres guapas de verdad que conoces, ¿no son un poco tontas? ¿No te has preguntado por qué?
A: Siempre lo he tomado como una cuestión de justicia cósmica.
R: No, es porque a los hombres nos gusta así. Como señores de la creación tenemos todo cuanto necesitamos. Sólo necesitamos a las mujeres por una razón. Por lo tanto, no nos hace falta que las mujeres sean nada más, aparte de guapas.
A: ¿Y una mujer hermosa, no puede querer desarrollar la mente?
R: Si puedes sacar un 9 sin estudiar ¿por qué vas a esforzarte en sacar un 10?
De esta reflexión se pueden sacar conclusiones de muchas clases. La más popular, sin duda, es que las guapas no estudian porque no les hace falta y que las listas son listas porque, como no son guapas, estudian. Personalmente pienso que hay que ser muy corto de vista para llegar a esa conclusión. Desde mi perspectiva, quizá no muy generosa pero largamente meditada, coincido con Paul Graham y su tesis fundamental: es cuestión de prioridades.
El maquillaje, la manicura francesa, la limpieza de poros, el ahuecado/alisado/rizado diario del pelo, la revisión de calorías de cada dorito por separado y la peregrinación semanal por los escaparates del centro requiere un esfuerzo y una cantidad de tiempo que no todo el mundo está dispuesto a perder, sobre todo si tiene cosas mejores que hacer. Y el resultado, con los años, me queda más y más claro cada vez que me encuentro con alguna antigua compañera de clase.
Mira que se jodieron el pelo a base de tintes, la cara a base de potes y el cuerpo a base de dietas. Pero lo peor es que encima son tan burras como lo eran antes. Pobres...

Sobre el papel te doy la razón en todo, pero luego me pongo a pensar y no sé. Yo diría que lo que dices sí sirve para Europa pero no para acá. Llevo dos cerebritos norteamericanos en mi historial, dos empollonas inteligentísimas devoralibros de esas a las que nadie hacia ni puto caso en el instituto, y la cantidad de complejos que llevan encima es de susto. Ni una más, Santo Tomás. Y no quiera Dios que tenga una hija así. Listas sí, por favor, cuanto más mejor; nerds a la americana, nunca jamás. Yo creo que a pesar de todo, por más películas que veamos, los europeos no nos podemos hacer idea de qué es eso, hay que vivirlo.
Puesto por Antonio a las Noviembre 30, 2004 09:35 PM