pegatinas anti-cacos
LPC en Reflexiones | Noviembre 29, 2004
Lo que tiene el amor: desde que tengo un portatil nuevo, seductor y apetecible, me obsesiona la posiblidad de que me lo roben en un descuido, en un café -o una encerrona clásica de callejón. Después de una semana de reseaching, he llegado a una conclusión: el mercado no protege, castiga. Al caco por caco y al dueño por imbécil. Y, si no, discurran conmigo: ¿qué impide a cualquiera de los que estan a su alrededor coger su bonito Vaio y llevárselo bajo el brazo como si fuera una baguette? ¿El candado? ¿La alarma? ¿Está vd seguro, jóven?
El mercado del laptop ha puesto la portabilidad al servicio del hampa y la seguridad, al de la más baja y deleznable de las pasiones: la venganza.
El candado es al ordenador lo que la cápsula de tinta al vestido de noche que todavía no has pagado; ambas cumplen dos funciones concretas, ninguna de las cuales incluye impedir el robo. La primera -la más importante-, es desmotivar al chorizo. Un ordenador roto viene a ser lo mismo que un vestido con un chorretón indeleble en medio del costillar, y no merece el riesgo de acabar en la oficina con el matón del local pagando por una pieza que, encima, está rota.
La segunda es la venganza: en caso de que al chorizo se la pele, queda al menos la satisfacción de saber que se lleva un artículo tarado. Nosotros nos quedamos sin portatil pero ¡já!; él chorizo también. Ja.
¡Nadie notará que lo llevas puesto! A efectos formales, desmotivar al caco es una buena medida: evitas enfrentamientos, denuncias, disgustos... eso no ha impedido, sin embargo, que algunos fabricantes opten por vender candados que no se ven. Este giro de tuerca, además de retorcido, es bastante idiota, porque está específicamente diseñado para joder al ladrón pero no para protegerte del mismo. Ya imagino, ya, al ejecutivo que acaba de perder, con su ordenador, veinte gigas de datos preciosos para su empresa de explotación de fincas celebrando con sus colegas el chasco que el pobre chorizo se llevará al llegar a casa. El muy idiota, he he he... ¡no sabia que tenia un candado!.
Esto incluye, para qué negarlo, la contraseña de arranque de más de veintiocho caracteres que combina letras y números, mayúsculas y minúsculas, versículos de la biblia y del corán que tan fácilmente se vuelve en tu contra. Recordemos con una sonrisa al membrillo aquel que se pasó la noche asegurando que tenía el password más difícil del mundo mientras bebia tequila con los colegas a lo largo de la ciudad. Cuántas lágrimas vertidas sobre el teclado al dia siguiente, cuando no podía recordar ni su segundo apellido. Resumiendo, el mejor candado para el portátil es aquel que se agarra a la mesa, como el de las bicicletas. Pero es un coñazo.
Las alarmas para el portatil son tan efectivas como las alarmas para coche. ¿Cuántas veces se han encontrado a las tres de la mañana al confuso dueño del coche tratando de desactivar la sirena anti-robo antes de que un vecino baje y le rompa la crisma? Gracias a la sensibilidad de estos aparatos y la incapacidad de sus dueños para mantenerlos controlados, la única reacción pública frente a una alarma es la irritación. Si tu alarma es particularmente crispante igual te quedas sin ordenador y encima te llevas un guantazo. Mientras tanto, el caco corre calle abajo con tu más preciado tesoro. Sonando y descojonándose.
Al final, la mejor manera de que no te roben es joder el ordenador. No por dentro, por supuesto, sino por fuera. Un rayajo, una mancha de pintura de coche o un montón de pegatinas le dan ese aspecto un poco costra que no repercute en su funcionamiento normal pero sí devalúa considerablemente su precio en el mercado negro, desviando la atención del ratero hacia otros modelos más pulidos y apetecibles.
Uno de mis amigos pasó un año viviendo en Amsterdam donde, como todo el mundo sabe, hasta los octogenarios conducen una bicicleta. Al llegar allí, se compró el modelo más ligero, veloz y versátil del mercado y se gastó una pasta que me da vergüenza mencionar aquí. Pero como solo la iba a utilizar un año, antes de sacar la bicicleta a la calle, la cubrió con una capa de cinta de embalar y varias capas de pintura negra y metálica. Después la rayó de arriba abajo con una lija de grano grueso hasta que la pobre bici daba penita de ver. Durante un año hizo cuatro trayectos de ida y vuelta a la universidad con el rastrojo más veloz y más ligero del mundo sin que nadie tuviera ganas de mirarlo siquiera. Cuando su beca terminó, arrancó la cinta adhesiva y revendió la bici por el mismo precio que la había comprado.
Una bonita colección de pegatinas sobre tu ordenador lo hacen facilmente identificable y confieren a la máquina algo de personalidad, un detalle que en el mundo de los acer, samsung y hp resulta agradable de ver, aunque sean pegatinas del che o de Amor es tomar el desayuno en la cama después de ver juntos el amanecer. Las pegatinas se pueden cambiar, superponer y hasta quitar; cada vez que lo haces es como tener un ordenador nuevo, que siempre es una alegría. Y combinado con una mochila/bolsa/maleta que no vaya proclamando este cacharro cuesta una pasta cada vez que te sientas en un bar, casi puedes asegurar que la niña de tus ojos queda bien protegida de cualquier tunante. Nadie da más por menos. De hecho, todos los productos del mercado dan menos por más.

jeje lo ultimo parece un briconsejo!!!
mxxx
Puesto por Mr Grieves a las Noviembre 29, 2004 04:57 PM