de gladiator a troy
LPC en Reflexiones | Mayo 26, 2004El modelo de belleza que ofrecen los anuncios de perfume, ropa y otros complementos de naturaleza femenina siempre me alteró un poco la sangre, pero no por sexy sino por misógino. Resulta obvio que la dictadura del creador de tendencias, claramente un hombre que ha superado la mediana edad y vive obsesionado por mocosos pubescentes que juegan con muñecas en lugar de camiones, se ve tristemente representada por modelos desnutridas de caderas angulosas que miran a la cámara con sonrisa famélica y aspecto de vivir de jaco y agua mineral. Estas muchachas, que no son mujeres sino niños, dan generalmente más grima que morbo y ningún hombre que yo conozca pierde el tiempo con Kate Moss cuando puede, por el mismo precio, visitar las páginas dedicadas a Monica Belucci, un prodigio de la naturaleza cuya rotundidad no conoce palabras lo suficientemente grandes. Las chicas, lamento decirlo, parecen algo más confusas.
Recuerdo el dia que se estrenó Gladiator en Madrid porque me encontré, por primera vez, contemplando extasiada un poster a todo color de un hombre en minifalda. Entre todo ese esplendor hortera de dorados y sangre de bote, la masculinidad rabiosa de Russell Crowe me dejó conmocionada para el resto del día. Aquel hombre, todo sudor y rodillas, podía partirle el cuello a un millar de romanos y volver a casa con tiempo suficiente para cortar toneladas de leña, fatigar a los perros y darle una buena alegría a su mujer. ¡Y no fui la única! Detrás de mi pude ver mujeres de todas las generaciones que perdían el respeto y la respiración ante ese despliegue impreso de hormonas, un momento que aún agradezco a Ridley Scott , por delicioso y por extraño, porque aquella fue la última soprpresa agradable que me ha dado la via pública.
Los hombres de los anuncios sufren, generalmente, el mismo mal que las modelos y me recuerdan vivamente al primito del personaje que inspiró este blog, del que Claudine dice nada más verle: ¡es mucho más niña que yo! Faltos de nutrientes y de atributos de género, los modelos de perfumes, calzoncillos y vaqueros languidecen en los soportes de los grandes stands como margaritas mústias, con un aire como de estar fumados y de no saber qué es lo que son, si niñas o lavadoras y una mirada abstracta al infinito de vaca mirando al tren que me pone muy nerviosa. Pero Troy es la gota.
A mi Brad Pitt me cae hasta bien. Después de hacer dinero -y el ridículo- en diversas producciones multimillonarias, conseguí cogerle cariño en dos de mis películas favoritas de los últimos tiempos: Snatch y El Club de la Lucha, donde dos papeles de terrorista imaginaro y tarado analfabeto le sientan de maravilla porque esconden su cara bonita de mimado de salón. Pero -seamos sinceros- ¿quién se va a creer que esta criaturita, todo gimnasio y acondicionador, es capaz de liderar una guerra por buena que este la rubia que se quiere beneficiar? ¿No estaría mejor de compras con Jennifer Aniston y sus amigas? Y, sobre todo, ¿por qué los tios no se dejan convencer por mujeres que no son mujeres y las chicas sin embargo se pirran por hombres que no lo son?

Esa es una pregunta tan compleja como la de "¿a qué huelen las nubes?". En cualquier caso, estoy completamente de acuerdo: que Laetitia Casta haya adelgazado tanto que se hace casi irreconocible es un desconfort de dimensiones bíblicas. O casi. Para las pocas mujeres-mujeres que en el mundo de la moda son. Ay.
Puesto por Dj Qs.JóB a las Mayo 26, 2004 01:38 PM