Ljubljana y alrededores
LPC en Reflexiones | Mayo 26, 2004Visitar Praga hace ahora casi un año me dió mucho que pensar. Hubo muchas cosas pequeñas que, sumadas todas juntas, hicieron que el viaje fuera una mierda pero la más endemoniada de todas fue sin duda la ciudad, un parque merengado con pretensiones románticas que me asqueó desde el primer día por su rotunda vulgaridad. Caminaba por el barrio judío sudando bilis por los poros. ¿Quién en su sano juicio encuentra encantador este paraíso de cartón piedra? Me cuesta imaginar un escenario más apropiado para una moderna adaptación de la matanza de texas. Especialmente cuando todos y cada uno de sus estúpidos puentes te da ganas de matar o rebanarte el cuello delante de los turistas
Una vez regresé a Madrid, más de uno de mis amigos me miró con preocupación. ¿Que no te ha gustado Praga? Y todos empezamos a pensar que me había vuelto un poco gruñona, incluída yo. Que no te guste Praga a estas alturas del mundo es como llegar a los treinta y no querer tener hijos: claramente hay algo extraño en tu código genético que te tienes que hacer mirar, antes de que sea tarde. Pero visitar la capital eslovena ha despejado todas mis dudas.
Ljubljana es pequeña y está distribuída en círculos alrededor de un castillo rodeado por un bosque. No hay bloques de edificios alineados a ambos lados de la calle principal sino casas rodeando parques, arcos de piedra cubiertos de verde y árboles creciendo en cada esquina, mitad vegetal, mitad mineral, abrazando la pared con un aire de felicidad, como si el arquitecto hubiera diseñado la casa con la única intención de resaltar su figura. El rio rodea gran parte de la ciudad, recordando vagamenta a Amsterdam, con sus puentecitos y sus bistros a la luz de las velas pero en mucho mejor.
Llegar allí desde Zagreb ha sido sin duda una de las experiencias más deliciosas de mi vida. Uno piensa de buena fe que las fronteras entre países son lineas artificiales que no representan en absoluto la individualidad de cada región pero lo cierto es que, en el mismo momento en el que cambias de tren en Dobova -pequeño pueblo fronterizo entre Eslovenia y Croacia- hasta la hierba que crece es de distinto color. Los arbustos croatas desaparecen de pronto para convertirse en bosques enteros de robles, hayas y coníferas salpicados de pequeñas casas con aire tirolés y balcones llenos de flores y cubren las montañas hasta la misma cima.
Una vez en Ljubljiana, decubres dos cosas fundamentales: que la ciudad está encantada y que -como consecuencia de la primera, o no- las eslovenas son un milagro de la naturaleza. Hasta ayer creía de buena fe que las mujeres más bonitas del mundo estaban repartidas entre Lisboa, Buenos Aires y Madrid. Pero queridas, no hay nada que hacer: durante las doce horas que he pasado en la ciudad, hasta Krafwerk quedaron ensombrecidos por la belleza fulminante de las eslovenas, un paraíso de gatas salvaje con ojos sagaces y risueños, acento cristalino y unas caderas que harían vacilar a la madre Teresa si le ofrecieran heroína en un bar. Julian y yo quedamos tan impresionados que hemos aceptado la generosa invitación del medialab de la zona y vamos a pasar una semana en la ciudad. Y que dios nos asista.
Desde que he vuelto -perdona Marco- Zagreb me resulta tristemente insoportable, los croatas unos bordes y del tiempo ya ni hablamos. Aunque quedan unos ocho días para que vayamos allí, aquí mi hombre y una servidora hemos hecho las maletas y hemos conseguido un plano detallado de la ciudad, nos hemos puesto de acuerdo para quedar con cierta pelirroja en cuanto metamos el culo en el pueblo y hacemos planes muy serios de quedarnos a vivir alli.
Nota: Krafwerk estuvieron fan-tás-ti-cos: un sonido grande como una catedral y dos horas y media de concierto. Me alegré mucho de poder verlos precisamente allí, donde su sonido -puro romanticismo al estilo de la vieja europa- adquiere un nuevo sentido, rotundo y total. Hasta me dieron ganas de llorar cuando tocaron RAdioactivity. Snif.

Así que eras tú la otra persona a la que TAMPOCO le había gustado Praga!!. Yo estuve hace unos diez años, no sé si habrá mejorado o empeorado desde entonces, pero no me gustó nadadenada. Vamos que has materializado en palabras lo que yo sentí entonces.
Puesto por Paco a las Mayo 27, 2004 09:11 PM